¡Ahora hacia la huelga general!

El sábado 17 de marzo y convocados por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, cientos de miles de pensionistas, acompañados de miles de trabajadoras, trabajadores, jóvenes y estudiantes, inundaron las calles de las principales ciudades del Estado español, a pesar del mal tiempo dominante en la mayoría de ellas. En Pamplona más de 20.000, otros tantos en Donostia y Vitoria-Gasteiz, casi 20.000 en Vigo, decenas de miles en Málaga, Sevilla, y un largo etc. Las más numerosas, desbordando todas las previsiones, han sido las de Bilbao con cerca de 200.000 manifestantes, Madrid con más de un cuarto de millón y Barcelona con cerca de 400.000.

Al grito de “Ladrones, nos roban las pensiones”, “Por unas pensiones dignas” o “Si hay dinero, lo tienen los banqueros”, volvieron a señalar con el dedo a los responsables de la dramática situación que viven la mayoría de los pensionistas, que no son otros que el Gobierno del PP, Ciudadanos, que lo mantiene a flote y el PSOE, que además de ser uno de los puntos de apoyo del Gobierno de la derecha, ha contribuido decisivamente a esta situación de los pensionistas con la política que aplicó en los años en los que gobernó.

Otra de las consignas más coreadas fue “Hace falta ya una huelga general”. Ésta apuntaba directamente contra las direcciones de CCOO y UGT y su nefasta política de desmovilización y paz social; otro de los pilares sobre los que se está sustentando el Gobierno de Rajoy.

La indignación de los pensionistas está más que justificada. El detonante de la movilización ha sido la aprobación por parte del Gabinete de Rajoy, por quinto año consecutivo, de una escandalosa y ridícula “subida” del 0,25% de las pensiones, ahondando en la pérdida de poder adquisitivo de uno de los sectores más empobrecidos de la población.

Los pensionistas, al igual que todos los que sufrimos la política de recortes sociales del PP, han estallado ante esta subida indignante y ante el cinismo mostrado con todo el descaro por parte de los altos dirigentes del PP. Cospedal, Rajoy, Hernando y toda la caterva del PP, han insistido en que, en los años en que el PP ha gobernado, los pensionistas apenas han perdido poder adquisitivo.

El insulto es todavía más cruel cuando la mentira afecta a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad. Los datos son claros e irrefutables. En los años en los que según el Índice de Precios al Consumo (IPC), el coste de la vida bajaba, los precios de los artículos que suponen el grueso de los gastos de la mayoría (trabajadores, pensionistas, etc), subieron espectacularmente. El coste de los elementos que componen la llamada cesta básica de la compra, repuntó un 8,1%. A esto hay que sumar la subida brutal de los recibos de la luz y del gas en estos años; sólo en 2017 se han incrementado un 12% y un 10% respectivamente.

Por encima de las cifras mentirosas esgrimidas por el PP y sus voceros en los medios de comunicación, se impone la realidad de las condiciones de vida que padecen la mayoría de los pensionistas. Y ésta es tozuda: a la dramática pérdida del poder adquisitivo señalada, hay que sumar que de los 9 millones de pensionistas, más del 50% cobran menos del SMI, el 38% vive bajo el umbral de la pobreza y hay un 34% de familias cuyo único ingreso son las pensiones.

Los pensionistas se lanzan a la lucha y se convierten en la punta de lanza de la ruptura de la paz social

Los pensionistas se han lanzado a la lucha con fuerza, valentía y decisión. Al igual que ocurrió con el 15-M o las mareas ciudadanas, se trata de un movimiento que ha surgido desde abajo. Los jubilados se han convertido en la vanguardia del profundo descontento social que hay acumulado en los cimientos más profundos de la sociedad y hoy son el ariete más poderoso que golpea contundentemente contra la paz social construida por los dirigentes de CCOO y UGT. Esa paz social impuesta artificialmente por unos dirigentes sindicales más preocupados por mantener la estabilidad económica y política del sistema capitalista, y dar balones de oxígeno a Rajoy, que por la defensa de los más oprimidos.

Después de años en los que estos dirigentes han empleado la mayor parte de sus esfuerzos en pactar con el Gobierno del PP y la CEOE, los pensionistas, al igual que las mujeres trabajadoras, han salido a la lucha sin contar con CCOO y UGT, desbordándolos y descolocándolos por completo. 

Los “grandes sindicatos” no están jugando ningún papel en la ola de movilizaciones que está empezando a desarrollarse. Su credibilidad entre los trabajadores y trabajadoras, jóvenes, pensionistas, etc, es inexistente. Su autoridad se encuentra a niveles históricamente bajos y su capacidad de convocatoria se encuentra bajo mínimos. La mayoría de los trabajadores consideran meros actos testimoniales, realizados para cubrir el expediente, las poquísimas acciones que CCOO y UGT han convocado en estos años, esto y la rutina burocrática con la que han sido organizadas, explica que hayan tenido una asistencia muy limitada.

CCOO y UGT no han generado este movimiento. Y no lo han hecho porque como decimos, su estrategia general es la desmovilización y porque hoy en día no tienen ni el prestigio, ni la autoridad, ni la credibilidad para ser un referente para los colectivos que quieren luchar de verdad.

Preocupados ante su manifiesta pérdida de influencia, los dirigentes de CCOO y UGT, de cara a la jornada de movilización del 17-M, al igual que intentaron hacer en la huelga general del 8-M, han llevado a cabo todo tipo de maniobras divisionistas en todo el estado para hacerse notar y para intentar ponerse a la cabeza de esta lucha. Pero les ha salido el tiro por la culata. En las principales zonas, estas maniobras han servido para destacar su gran debilidad. El caso de Madrid es uno de los más significativos; mientras CCOO y UGT, acompañados entre otros por el PSOE, congregaban a unos miles en la Puerta del Sol, la manifestación de por la tarde convocada por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, se convirtió en una marea de cientos de miles de personas.

Por otro lado, una de las reivindicaciones fundamentales del movimiento encabezado por esta Coordinadora, es la derogación de la reforma de las pensiones de 2011 del Gobierno de Zapatero, con el que se atrasaba la edad de jubilación a los 67 años. Millones de trabajadores y pensionistas todavía tenemos muy fresco en nuestra memoria que fueron los dirigentes de CCOO y UGT, los que estamparon su firma en ese infame acuerdo.

La condición previa para que los sindicatos puedan recuperar el prestigio perdido, es que den un giro de 180 grados en su estrategia sindical; que abandonen realmente la desmovilización, la paz social y dejen de firmar acuerdos regresivos para los trabajadores.

Los pensionistas están marcando el camino: el único posible, el de la movilización, cuanto más contundente y masiva mejor. Ninguno de los derechos sociales que tenemos se ha conseguido sin lucha. Además, la lucha por unas pensiones dignas es, sobre todo, una lucha por las futuras generaciones. ¡Este es el camino! Hay que ampliar la protesta en las calles sumando a cada vez más sectores, ampliando la plataforma reivindicativa con la exigencia de no más precariedad, por un empleo digno, acceso a la vivienda, sanidad y educación públicas de calidad, el fin de la represión de los derechos democráticos, y preparar las condiciones para organizar una gran huelga general.

Derogación de las reformas de pensiones del PSOE y PP. Restablecer la jubilación ordinaria a los 65 años

Revalorización automática de las pensiones en relación al IPC real. Recuperación de lo perdido desde 2011.

No a la privatización del sistema público de pensiones. Por una pensión mínima de 1.100 euros. No a la brecha de género en las pensiones.

Basta de recortes sociales. Prohibición de los desahucios por ley.

Derogación de las contrarreformas laborales. ¡Por un empleo y unas pensiones dignas!

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