El próximo 1 de febrero se cumple el 40 aniversario del asesinato de Yolanda González, militante trotskista, por pistoleros de la organización de extrema derecha Fuerza Nueva (FN). También, el 13 de diciembre de 2019, se cumplieron 40 años del asesinato por disparos de la policía de los estudiantes Emilio Martínez Menéndez y José Luis Montañés Gil en una manifestación en el centro de Madrid. No fueron las únicas víctimas de los fascistas y policías durante la Transición “modélica” que nos intentan vender la crónica oficial de aquellos años, y que alumbró el régimen del 78.

Una Transición bañada con la sangre de los trabajadores y la juventud

Según los investigadores Sophie Baby y Mariano Sánchez Soler, entre el 20 de noviembre de 1975 y diciembre de 1982, 54 personas fueron asesinadas por las fuerzas de orden público y 630 fueron heridas en manifestaciones por las porras y los famosos “disparos al aire” de los guardias civiles y miembros de la policía armada. Otras 8 personas murieron y 275 fueron heridas a causa de las torturas policiales en comisaría y en las cárceles. Y en esos años, la extrema derecha asesino a 50 personas, la mayoría militantes de la izquierda política y sindical. Ante la tremenda movilización de los trabajadores y la juventud para derrocar a la dictadura, la respuesta del régimen fue la represión pura y dura.

El final del año 1979 fue un momento de grandes movilizaciones contra el gobierno de UCD. Los obreros contra el Estatuto de los Trabajadores y los estudiantes contra el Estatuto de Centros Docentes y la Ley de Autonomía Universitaria. Las huelgas estudiantes comienzan en octubre. Los días 5, 6 y 7 de diciembre la huelga se extiende por Madrid, Euskal Herria, Asturias, Galicia y Cataluña... El 13 de diciembre una movilización de 100.000 estudiantes iniciada en la Universidad Complutense a la mañana recorre Madrid. Ese mismo día hay otra manifestación de trabajadores a la tarde, convocada por CCOO.

Durante toda la jornada las fuerzas policiales reprimen duramente a los estudiantes, que en grupos de miles protagonizan numerosas “saltos” en el centro de la capital. Lo más duro llegaría al caer la tarde, en la Plaza Embajadores y Ronda de Valencia, cuando miles de estudiantes tratan de aproximarse a la manifestación obrera y la policía interviene violentamente con porras, gases lacrimógenos y disparos de pistola.

Dos estudiantes caen muertos por las balas policiales: Emilio Martínez, de 20 años y José Luis Montañés, de 23 años, y otros 53 jóvenes fueron heridos. El Gobierno defendió la actuación policial acusando a la manifestación de “tumultuaria” y a los jóvenes de “haber rodeado un jeep de la policía”. Los medios de comunicación, con TVE a la cabeza, llevaron a cabo una campaña de manipulación: primero afirmando que los jóvenes no eran estudiantes, y después acusando a José Luis Montañés de tener 70.000 pesetas en su mochila robados (cuando era dinero de su trabajo en una agencia de viajes).

Ese día también el servicio de orden de CCOO y del PCE jugó un papel bastante lamentable. En lugar de acoger a los estudiantes que eran reprimidos de manera salvaje por la policía, se emplearon en repeler a los jóvenes e impedir que se fusionaran con la manifestación. Eran los tiempos en que Santiago Carrillo pregonaba su idea de “Gobierno de Concentración Nacional” y se mostraba como un fiel aliado de Suarez y de Juan Carlos I en la consolidación del régimen del 78. Los estudiantes en lucha, y todos aquellos que se salieran del guion de colaboración de clases y paz social que impuso la dirección del PCE, eran tildados abiertamente de “agente provocador”.

El movimiento estudiantil respondió con contundencia a las mentiras de los medios de comunicación, el Gobierno y la policía, y también al abandono de las direcciones de la izquierda reformista: miles acudieron al entierro de los jóvenes asesinados, y se convocó una semana de huelga del 28 de enero al 3 de febrero.

Los fascistas asesinan Yolanda González

En medio de todas estas movilizaciones, la extrema derecha no dejó de actuar. Tenían mucha experiencia en atacar movilizaciones y matar a militantes de la izquierda: en 1979 fueron asesinados por las bandas de Fuerza Nueva el militante de la UJCE Andrés García (29 de abril), José Prudencio García (31 de agosto), y José Luis Alcazo (13 de septiembre). Para 1980, los fascistas tenían planeado ya el crimen horrendo contra la joven Yolanda González.

Nacida en Deusto (Vizcaya) en 1961, Yolanda era militante de las Juventudes Socialista donde se integró a la corriente trotskista organizada en torno al periódico “La razón socialista” que posteriormente fundaría el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Ya como militante del PST se trasladó a Madrid, donde se convirtió en una activista del movimiento estudiantil en el FP de Vallecas. Fue una de las dirigentes de las movilizaciones estudiantiles en Madrid contra las leyes educativas de UCD. Por ello se convirtió en objetivo de la extrema derecha.

La noche del 1 de febrero, Emilio Hellín, ingeniero informático e Ignacio Abad, estudiante de Químicas, militantes de FN, que formaban parte del “Grupo 41”, dedicado a poner bombas en diarios de izquierda y dirigido por David Martínez Loza, jefe de seguridad de la organización ultraderechista y guardaespaldas de Blas Piñar (secretario general de FN), fueron hasta la casa de Yolanda, en la calle Tembleque en el barrio de Aluche. Los acompañó un policía, Juan Carlos Rodas Crespo y otros dos militantes ultraderechistas, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto.

Hellín entró en casa de Yolanda con una placa del Ministerio del Interior y se la llevaron de casa a punto de pistola. Durante el viaje, la interrogaron y la golpearon. En la carretera de Alcorcón a San Martín de Valdeiglesias, Hellín y Abad le pegaron 3 tiros y la dejaron muerta en un descampado. Periódicos como ABC o Ya dijeron que Yolanda era “una joven etarra”, difundiendo la versión de la ultraderecha.

La juventud se movilizó contra este asesinato. Hubo una huelga general estudiantil los días 4 y 5 de febrero y una manifestación en Madrid con 5.000 estudiantes. El velatorio del entierro, en el instituto de Vallecas donde estudiaba, fue visitado por más de 10.000 personas. En Deusto hubo una huelga general el día que la enterraron.

El 5 de marzo de 1980 fue el juicio, un montaje farsa típico de la época. Sólo se juzgó a los militantes de Fuerza Nueva que habían estado allí, dejando fuera a Martínez Loza y a policías que habían colaborado en el secuestro y asesinato. Y eso que los propios acusados dijeron que la información sobre Yolanda se la había dado un miembro de la brigada operativa de Bilbao, dirigida por Manuel Ballesteros, miembro de la Brigada Político Social franquista.

Sin embargo, debido a la presión de los familiares y de los partidos de izquierda (mediante movilizaciones, recogidas de firmas…) se volvió a reabrir el caso. Martínez Loza fue juzgado, siendo condenado a 6 años de cárcel. Pero Fuerza Nueva no fue condenada como organización política ni fue juzgado ningún miembro policial más allá de José Carlos Rodas Crespo.

Emilio Hellín, el principal encausado, fue condenado a 43 años de cárcel. Sin embargo, la justicia le dio varios permisos penitenciarios. El 27 de febrero de 1987 se escapó de la cárcel de Zamora con uno de esos permisos. No sería hasta agosto de 1989, cuando la revista Interviú encontró a Hellín en Paraguay, trabajando para la dictadura de Stoessner y fue detenido y extraditado. En 1996 salió de la cárcel y se cambió el nombre. En 2013 se descubrió que Hellín trabajó como perito informático para el ministerio del Interior entre 2006 y 2011 en 15 ocasiones, por las que cobró 140000 euros. En se periodo presidía el Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en nombre del PSOE.

Basta de impunidad ¡Depuración del aparato de Estado, castigo ejemplar a los responsables de los asesinatos fascistas y a sus cómplices!

Frente a los que nos han dicho desde los grandes medios de comunicación, o cuando muchos dirigentes de la izquierda que antes clamaban contra la casta ahora blanquean a la Transición y su régimen, hay que recordar que aquellos años estuvieron teñidos por una intensa y brutal lucha de clases.

Las grandes movilizaciones de obreros y estudiantes para acabar con la dictadura y conseguir transformar la sociedad lo determinó todo. Ante estos intentos de cambio, el aparato del Estado utilizó los medios represivos a su alcance para aplastar la lucha, de la mano de los grupos fascistas en muchas ocasiones. Y, sin embargo, no fue la represión lo que hizo descarrilar el movimiento revolucionario de la clase obrera, sino la política de cesiones y capitulación de los dirigentes de la izquierda con el argumento de que no se podía conseguir más, que la lucha por el socialismo era una utopía y nos debíamos conformar con esta democracia lastrada por el autoritarismo y gobernada por los bancos y los grandes empresarios.

Emilio Martínez, José Luis Montañés y Yolanda González derramaron su sangre en defensa de la escuela pública, los derechos democráticos y sociales, y por superar este sistema injusto. La mayoría de estos crímenes quedaron en la más absoluta impunidad, sin que los jueces investigaran lo más mínimo. Ya es hora de que todos estos luchadores reciben su merecido tributo, juzgando a los culpables de sus muertes, contando la verdad de lo que pasó y reconociendo su compromiso con la causa de la libertad. Y la mejor forma de mantener viva su memoria es seguir movilizándonos contra la impunidad de los fascistas y por la transformación socialista del mundo.

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