La expansión de las guerras imperialistas y del militarismo está teniendo terribles consecuencias para millones de personas en todo el planeta. El reciente genocidio sionista en Gaza, que ha supuesto el exterminio del 10% de la población palestina reduciendo a cenizas el territorio, o la actual agresión imperialista norteamericana e israelí sobre Irán y Líbano, donde más de 2.000 personas han sido asesinadas y cientos de miles desplazadas por bombardeos indiscriminados, están impactando en la conciencia de la humanidad.
Pero toda esta barbarie de muerte y destrucción, toda esta espiral inacabable de recortes, austeridad y hundimiento de los niveles de vida que financian la carrera armamentística y las aventuras imperialistas, es una fuente inagotable de grandes negocios para la oligarquía financiera y el conglomerado empresarial del armamento.
Como señaló Lenin: sí, la guerra es terrible, terriblemente lucrativa.

Una carrera armamentística sin precedentes en 80 años
La guerra de Irán y de Ucrania, igual que el genocidio en Gaza y Sudán, entre otros muchos escenarios de violencia, son parte de la batalla por la supremacía mundial y está dando lugar a una carrera armamentística sin precedentes desde los años previos a la Primera Guerra Mundial.
Mientras millones padecen hambre o no pueden acceder a una vivienda, carecen de educación y sanidad, o luchan desesperadamente por llegar a fin de mes, se alcanzan cifras récord en el gasto militar. Este derroche formidable que consume una gran parte de la plusvalía generada por la clase obrera, lo encabeza, cómo no, EEUU, la principal fuerza contrarrevolucionaria y belicista en el escenario actual.
De acuerdo con SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) en 2024, último año del que tiene datos, se alcanzó un gasto militar mundial de 2,718 billones de dólares, el 2,5% del PIB mundial, lo que supone un incremento del 9,4% respecto al año anterior, y 10 años consecutivos de aumentos. EEUU, con cerca de un billón de dólares y un presupuesto equivalente al de sus siguientes nueve competidores, es seguido de China, con un desembolso de 314.000 millones, y de Rusia que incrementó su partida militar un 38%, fruto de la guerra de Ucrania, hasta los 149.000 millones.
Pero la región que aumentó exponencialmente la compra de armamento ha sido la “humanitaria” Europa. Con la excusa de la guerra de Ucrania, el gasto en defensa de la UE se calcula que alcanzará en 2025 los 381.000 millones de euros, un 11% más que en 2024 y el 80% más que en 2022, cuando comenzó la guerra de Ucrania. No hay recursos para sanidad, vivienda, educación o salarios dignos, pero si para hacer la guerra y que se forren los directivos de las grandes empresas armamentísticas.
El comercio de armas mundial se incrementó un 9,2% entre los periodos de 2016-2020 y 2021-2025, y EEUU pasó de acaparar el 36% de dicho comercio al 42%. Y por primera vez, el primer destino de la venta de armas no fue Oriente Medio (33%) sino Europa con un 38%.
A su vez, muchas naciones europeas han aumentado sustancialmente sus exportaciones de armamento entre 2023 y 2024, comenzado por Dinamarca (739%), Noruega (349%), Bélgica (270%) e Italia (157%) seguidas de República Checa (62%), Suecia (58%) Francia (21%) o Alemania (15%). A pesar de toda la palabrería sobre los derechos humanos y la legislación internacional, la realidad es que los monopolios implicados y los Gobiernos de la UE que los protegen sacan una enorme tajada de la carrera armamentística y de las masacres imperialistas.
En el caso del genocidio sionista en Gaza es muy claro: tras EEUU, que suministró el 68% del armamento que importó Israel, el siguiente país en la lista fue Alemania que representa ya el 31% de las importaciones militares de Tel Aviv. Por eso Mertz y Von der Leyen se arrastran como gusanos ante Trump y Netanyahu. ¡Negocios son negocios! ¡Y la guerra de Irán es un gran negocio!

Pero sin duda el punto central es lo que todo esto está suponiendo para los grandes monopolios armamentísticos, que no dejan de ver crecer su cuenta de resultados año tras año a costa de más muerte y destrucción. En 2024, según SIPRI, 39 compañías norteamericanas incrementaron sus ingresos en un 3,8% alcanzando los 334.000 millones de dólares, de los que 262.000 millones correspondieron a 10 empresas. De hecho, las firmas armamentísticas norteamericanas se han disparado en Bolsa en los últimos años, haciendo uso también de mecanismos especulativos, con subidas desde marzo de 2023 hasta hoy de más del 110% en el caso de RTX, del 60% para Northrop Grumman y General Dynamics, o del 37,7% para Lockheed Martin[1].
Pero las compañías europeas no se quedaron cortas, con una subida del 13% por valor de 151.000 millones de dólares. Empresas alemanas como Rheinmetall, muy activa en el suministro de armamento a Israel, han visto crecer sus ingresos en un 47%. Globalmente las empresas alemanas han disparado sus ingresos un 36%, las francesas un 12% y las italianas un 9,1%. Y lo mismo está ocurriendo con otros aliados del imperialismo norteamericano, como Japón, con un incremento del 40%, Corea del Sur, con un 31%, o el propio Israel con un 16%[2].
Obviamente con estos datos encima de la mesa, plantear como hacen los medios occidentales que el problema es el avance de Rusia o China, no es más que una cortina de humo para justificar un derroche en gasto militar que empobrece a la clase trabajadora. China y Rusia se rearman obviamente, pero no más que EEUU, el gran hacedor de guerras y masacres, o que la UE y los aliados asiáticos de Washington.
La dinámica de enfrentamiento imperialista, consustancial al capitalismo, no hace más que agravar esta deriva militarista y la necesidad de nuevos conflictos armados cada vez más devastadores. Y esta barbarie no se va a frenar ni con discursos morales, ni con apelaciones a un orden internacional que defiende con uñas y dientes el poder de la plutocracia.
Si quieres la paz, lucha por el socialismo.
Notas:
[1] ¿Qué empresas militares estadounidenses e israelíes se están beneficiando de la guerra con Irán?
[2] SIPRI Top 100 arms producers see combined revenues surge as states rush to modernize and expand arsenals



















