Dimisión de Pablo Iglesias, debacle del PSOE y un fuerte voto de castigo hacia las políticas del Gobierno de coalición

Las elecciones autonómicas de Madrid se han saldado con un rotundo triunfo de la derecha. El PP más que dobla sus diputados a la hora de escribir estas líneas, pasando de 30 a 65 diputados, y se convierte en el partido más votado en todos los distritos de la capital y en la mayoría de las poblaciones de la Comunidad. Vox a su vez avanza en un escaño, de 12 a 13, y mejora sus resultados en algunas zonas obreras.

La alta participación, con más del 75%, ha supuesto una movilización formidable pero no a favor del bloque de la izquierda sino para respaldar el discurso demagógico y reaccionario de Ayuso. El PSOE sufre una debacle sin paliativos y pierde 13 escaños, pasando de 37 a 24. Los resultados de Más Madrid, que obtiene 24 y mejora su marca en 4, no compensa lo que pierde Gabilondo, y la participación de Pablo Iglesias en la campaña solo logra tres escaños más para Unidas Podemos, que pasa de 7 a 10.

La otra gran noticia de la noche es la dimisión de Pablo Iglesias de todos sus cargos y su anuncio de que abandona la política. Tomada de manera fulminante, con el argumento de dar paso a “nuevos liderazgos”, la renuncia de Iglesias ha pillado por sorpresa a miles de activistas de la izquierda y a millones de votantes de UP. Es inaceptable que este abandono se produzca de esta manera, al estilo de la política burguesa clásica, ofreciendo la imagen de una deserción y proporcionando munición a la derecha que evidentemente la va a utilizar a fondo.

Desde Izquierda Revolucionaria hemos participado activamente en esta campaña electoral defendiendo un programa anticapitalista, antifascista y antirracista, y sin ocultar nuestras diferencias hemos llamado públicamente a votar críticamente a Unidas Podemos y Pablo Iglesias. Lo hemos hecho desplegando una intervención masiva en los barrios obreros. Estamos plenamente convencidos de que nuestra posición ha sido correcta, algo que hemos comprobado en la acción, en las calles y en los mítines. Mantenernos al margen de esta batalla electoral y renunciar en la práctica a combatir a la derecha exponiendo nuestros argumentos no es una política revolucionaria. Mucho menos todavía es pedir la abstención o el voto nulo, una postura que solo beneficia a la reacción y es la antítesis de la táctica marxista del frente único, precisamente en un momento en que la amenaza de la ultraderecha es tan evidente.

Los resultados de Madrid abren un nuevo ciclo para lucha de clases en el conjunto del Estado. La propia dimisión de Pablo Iglesias es lo que mejor lo simboliza. Y hay que ser concretos para analizar lo ocurrido y no justificarse con falsas disquisiciones. El problema no es solo de liderazgo, y es muy cuestionable que el de Yolanda Díaz sea mejor que el Pablo Iglesias. No se trata de personas, aunque las personas son importantes por supuesto, sino de política, de la estrategia y el programa que la izquierda que se llama así misma transformadora defiende.

No es nuestro método el sectarismo ni despreciar el punto de inflexión en la lucha de clases que representó la irrupción de Podemos impulsado por la gran movilización social abierta con el 15M. Pero hay que aportar luz para entender las causas de la victoria de la derecha, no oscurecer la reflexión y escabullirse de la pelea cuando más necesario es mantenerse en ella. La clase obrera no puede abandonar, tiene que luchar todos los días.

Por eso es imposible entender lo ocurrido en Madrid sin hacer referencia a hechos objetivos: primero, la ausencia de una oposición contundente por parte de la izquierda parlamentaria contra el PP en estos años, y particularmente en el periodo de pandemia; segundo, la falta de beligerancia contra los grandes poderes económicos con los que se ha trazado una estrategia de “unidad nacional”; y tercero, la desmovilización social propiciada desde el Gobierno de coalición. Todo esto ha pasado una dura factura en las urnas.

Es evidente que se ha producido un voto de castigo hacia las políticas que lidera Pedro Sánchez y que han supuesto enormes beneficios para la banca, el Ibex 35 y la CEOE, que no han impedido los despidos masivos y tampoco el empobrecimiento de amplias capas de la población. También contra una gestión de la pandemia que ha permitido la saturación de los hospitales y miles de muertes que podían haberse evitado con recursos para la sanidad pública.

Tal como hemos señalado en numerosas ocasiones, la participación de Unidas Podemos en este Gobierno está sirviendo de “coartada progresista” a una gestión que no rompe con la lógica del capitalismo, y que lejos de arrastrar al PSOE hacia la izquierda se está mostrando impotente para cumplir con las aspiraciones por las que los trabajadores y los jóvenes hemos luchado con tanto ahínco durante años. La conclusión es clara: UP debe salir inmediatamente del Consejo de Ministros y pasar a una oposición de izquierdas contundente, impulsando la movilización de la clase obrera para hacer frente a la ofensiva patronal y contra los recortes a los derechos democráticos.

La demagogia y el discurso falso de Ayuso y del PP presentando Madrid como un oasis de libertad, donde todo está abierto y los empleos se defienden, han conectado con amplios sectores, incluso de trabajadores, en un momento en el que la crisis se hace más devastadora. Se ha hecho evidente que la propaganda del Gobierno de coalición insistiendo en que en esta ocasión sí se está llevando a cabo una salida social en beneficio de la mayoría, no goza credibilidad entre capas de la población que están siendo muy golpeadas.

La renuncia a llevar a cabo medidas enérgicas, como la nacionalización de la banca o de las eléctricas, de romper de una vez por todas con los recortes y la austeridad, detener los desahucios, blindar la sanidad y la educación pública con recursos materiales suficientes, y depurar el aparato del Estado de fascistas, ha allanado el avance del PP y la ultraderecha. La defensa del régimen del 78 y de su institucionalidad desde el Gobierno de coalición, a pesar de las diferencias retóricas que Pablo Iglesias ha tratado de mantener con Pedro Sánchez, ha contribuido a este triunfo.

Estos resultados suponen un mazazo para la moral de miles de activistas de la izquierda en Madrid y en el resto de los territorios, que ven con profunda preocupación el ascenso del PP y Vox y la potencia de la que disponen ahora para asaltar el gobierno en las próximas elecciones generales. Es inevitable que en los próximos días y semanas asistamos a una orgía de ideas reaccionarias amplificadas por los medios de comunicación, y también de los consabidos análisis desde el campo de la izquierda reformista que culpabilizarán a la clase trabajadora y a la juventud de lo ocurrido en Madrid. No es la primera vez.

Desde Izquierda Revolucionaria pensamos que es necesario entender lo que ha pasado más allá de este primer shock. Ni llorar, ni reír, comprender. Es imprescindible no solo un rearme ideológico del movimiento obrero y la juventud, es la hora también de construir una izquierda anticapitalista armada con el programa del marxismo para levantar con coherencia y determinación en el movimiento obrero, en los sindicatos de clase, en los barrios y centros de estudio, en los movimientos sociales la bandera de la transformación socialista de la sociedad.

En las próximas horas realizaremos una declaración más amplia con un análisis detallado de los resultados y las perspectivas que se abren para la lucha de clases en el próximo periodo.

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