Las elecciones de Castilla y León han supuesto una debacle para la izquierda, mientras las fuerzas reaccionarias obtienen una victoria inapelable con un clarísimo vencedor: la ultraderecha de Vox. Por mucho que se intente maquillar la realidad, los datos son contundentes y cuestionan duramente el discurso oficial sobre la gestión del Gobierno PSOE-UP.

El crecimiento de la abstención, aunque todavía no sea muy significativa, se profundizará inevitablemente en el futuro animada por la desmovilización social y el escepticismo que se está instalando entre sectores de los trabajadores y la juventud. La perspectiva de futuros Gobiernos con participación de la ultraderecha en Andalucía e incluso a nivel estatal, constituye un peligro muy real. Es hora de entender cómo hemos llegado hasta aquí, cual es la responsabilidad de los dirigentes reformistas de la izquierda parlamentaria, tanto del PSOE como de UP, y qué políticas son necesarias para frenar este ascenso y derrotar a la reacción.

Los resultados son elocuentes

A pesar de que la maniobra de Pablo Casado de adelantar las elecciones y demostrar que su equipo podía repetir la “hazaña” de Ayuso en Madrid ha fracasado, el bloque reaccionario ha logrado una mayoría clara con un espectacular crecimiento de la extrema derecha. Vox pasa de 1 procurador en 2019 a obtener 13 en 2022, de un 5,49% (75.331 votos) a un 17,64% (212.605 votos), con un incremento de casi 140.000 sufragios. El PP, con 2,36 puntos menos de participación electoral en 2022, reduce ligeramente su porcentaje de votos del 31,50 de 2019 al 31,43% pero también pierde 55.000 votos (de 433.905 en 2019 a 378.896 en 2022). En cuanto a los procuradores su incremento es limitado, de 29 a 31.

Aunque Ciudadanos se hunde retrocediendo del 14,94% (205.855 votos) al 4,49% (54.186 votos), el bloque de la derecha avanza con rotundidad, sacando 18,43 puntos de diferencia al bloque de la izquierda (en 2019 fueron 12 puntos y en 2015 7,89 puntos). En votos, la derecha obtiene 222.093 votos más que la izquierda.

   Votos 2019  % 2019 Voto 2022   % 2022
 PP+VOX+Cs  745.491  51,94%  645.687  53,56%
 PSOE+UP  580.360  39,83%  423.594  35,13%

 

Por mucho que los editoriales de El País o las tertulias de La Sexta incidan en disimular lo evidente, el desplome del PSOE y de UP ha sido claro y los datos no dejan lugar a dudas. El PSOE, cuyo candidato se retiraba entre lágrimas la noche electoral, pierde 117.000 votos, casi el 25% de los sufragios, pasando de un 34,84% (479.916 votos) a un 30,05% (362.304 votos), y de 35 a 28 procuradores.

En cuanto a Podemos e IU, que ahora se presentaban juntos con la marca de UP, retroceden con respecto a 2019 un 39%, pasando de un 7,28% (100.444 votos) a un 5,08% (61.290 votos), y de 2 a 1 procurador. Desde las elecciones de 2015, cuando UP e IU presentándose separados obtuvieron conjuntamente 221.991 votos (un 16,29%), la coalición ha perdido el 72% de sus apoyos. Que con estos datos Pablo Iglesias señale que “UP resiste en el mapa electoral de Castilla”, es muy llamativo: no solo le cuesta lo indecible realizar la menor autocrítica, lo peor es que la estrategia de abandonar la lucha de masas, garantizar la paz social y presentar un discurso triunfalista de la gestión del Gobierno le sigue pareciendo la más acertada.

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Por mucho que los editoriales de El País o las tertulias de La Sexta incidan en disimular lo evidente, el desplome del PSOE y de UP ha sido claro y los datos no dejan lugar a dudas. 


El PSOE y UP también sufren el trasvase de una parte de su voto a candidaturas como Soria Ya, que obtiene en la provincia más despoblada de Castilla y León algo más de 18.000 votos (un 42,57%). En Soria PSOE y UP caen en un 26,66%, pero el bloque reaccionario también cae otro 15%, de modo que parece evidente que esta lista de la España vaciada recibe más votos desde la izquierda que desde la derecha. Lo mismo se puede señalar respeto a la Unión del Pueblo Leonés, que crece en 24.000 votos y pasa del 10,21% (26.705 votos) al 21,31% (47.952 votos).

La propaganda sobre la política del Gobierno  queda en evidencia

Estos resultados han supuesto otro jarro de agua fría para miles de activistas y militantes de la izquierda, que ven con horror el peligroso ascenso de una ultraderecha que reivindica su pasado franquista, que hace gala de su machismo, su homofobia y su racismo, que exige ilegalizar a los partidos independentistas y “antisistema” y que pide mano dura, muy dura, contra aquellos que luchamos en las calles contra este sistema y sus lacras.

Pero la pregunta que hay que hacerse es cómo ha podido ocurrir algo así, sobre todo existiendo un Gobierno de coalición con la presencia de UP que supuestamente lleva adelante políticas progresistas “que están cambiando la vida de la gente”.

El candidato de UP en Castilla y León, Pablo Fernández, insistía tras conocerse estos desastrosos resultados que “a la ultraderecha se la combate y se le hace frente con políticas más progresistas, y esas políticas se tienen que implantar desde el Gobierno central”. Pero ¿No es exactamente esto lo que Yolanda Díaz y los dirigentes de Podemos y de IU señalan que están haciendo desde el Consejo de Ministros?

También Pablo Iglesias volvía a sacar pecho de la gestión gubernamental, señalando en un artículo que publicó al día siguiente de las elecciones en la web de CTXT que estos pírricos resultados se obtenían “a pesar de una reforma laboral buena para los trabajadores en un territorio referencia de la industria del automóvil… y a pesar de la subida del SMI a 1.000 euros la última semana de campaña.”[1]

En definitiva, lo mismo de siempre, que la culpa la tienen los trabajadores, que son tontos y no aprecian lo bien que se hace todo desde la Moncloa. Pero este mensaje, tan del gusto de la burocracia sindical, de los apoltronados en la izquierda institucional, no cuadra con la realidad. Por mucho que se diga que Castilla y León es un territorio de derechas, lo que no se explica es por qué UP ha perdido el 72% de sus votos en tan solo 7 años. ¿Qué ha pasado en este periodo de tiempo?

En primer lugar, las ilusiones en que UP mantendría el desafío al régimen del 78, se basaría en la movilización para acabar con la política de recortes sociales, y enfrentaría con determinación a los grandes poderes económicos, se han frustrado y marchitado. La sangría electoral de UP es el reflejo de su giro permanente a la moderación y a la colaboración con el sistema en todos los planos.

En segundo lugar, no hay más ciego que el que no quiere ver y se cree su propia propaganda. Iglesias y los ministros de UP piensan que apoyando las políticas capitalistas del PSOE están mejorando sustancialmente la vida de millones de trabajadores y jóvenes. Pero tras dos años de pandemia y crisis económica, no solo no se han resuelto ninguno de los gravísimos problemas que venía a combatir el Gobierno de coalición más “progresista” y “feminista” de la historia, sino que se siguen profundizando.

Tal y como señalábamos en nuestra declaración de balance de estos dos años de Gobierno de coalición[2], la premisa de entrar en el Gobierno para empujar al PSOE hacia la izquierda no se ha cumplido. Al revés, UP no ha dejado de girar a la derecha, asumiendo las posiciones del PSOE en defensa de los intereses estratégicos de la banca y del Ibex35, y aceptando que se incumpla abiertamente el propio Acuerdo de Gobierno firmado con Pedro Sánchez.

El último ejemplo fue la NO derogación de la reforma laboral del PP del año 2012, pero lo mismo ha ocurrido con la Ley Mordaza, que sigue vigente, con la Ley de Vivienda, criticada duramente por la PAH y los sindicatos de inquilinos porque deja intacto el poder de los grandes especuladores inmobiliarios y renuncia a la vivienda pública, con el Ingreso Mínimo Vital, que ha sido un fiasco en toda regla, o con la respuesta represiva del Gobierno ante conflictos sociales como la reciente huelga del metal de Cádiz.

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La sangría electoral de UP es el reflejo de su giro a la moderación y a la colaboración con el sistema, y de que tras dos años de pandemia y crisis económica, todas las lacras que hunden las condiciones de vida de las familias trabajadoras, se siguen profundizando. 


Intentar justificar esta derrota apelando, como de nuevo vuelve a hacer el ex vicepresidente Pablo Iglesias, a una correlación de fuerzas mediática desfavorable, o a que se está perdiendo la batalla ideológica y cultural, solo introduce más confusión. La cuestión a la que debería responder Iglesias es concreta. Si la correlación de fuerzas es desfavorable ¿por qué se ha llegado a este punto y cómo se cambia esa correlación de fuerzas? ¿Cómo se avanza en esa supuesta batalla ideológica? ¿Escuchando el podcast de La Base y a Iglesias en La Ser, pero bloqueando la lucha social y permitiendo que Sánchez y Calviño lleven a la práctica la hoja de ruta del IBEX 35?

Si todos los días el mensaje es nada de huelgas, paz social y colaboración con la patronal, o apoyar al PSOE y a Nadia Calviño es lo único posible… entonces ¿cómo cambias la correlación de fuerzas? ¿Cómo combates la demagogia de Vox si la política del Gobierno central es incapaz de mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la mayoría de la población, si la inflación está por las nubes, si el acceso a la vivienda es imposible, si la juventud es presa de la precariedad, el desempleo y los problemas de salud mental, y los recortes en sanidad y educación continúan igual que antes?

A pesar de que es evidente que la política de UP solo cosecha fracasos en el terreno electoral, no existe ningún tipo de reflexión ni rectificación por parte de sus dirigentes. Es más, como en su opinión el nivel de conciencia es tan bajo, como hay un giro tan profundo a la derecha en la sociedad, lo que hay que hacer es intensificar esta política de mimetización con el PSOE, “con llegada a sectores a los que la izquierda no llega y capacidad teórica de penetración en el PSOE.” Y esto a pesar del brutal retroceso electoral que también sufre el propio PSOE.

Intentar explicar esta derrota, como trata de hacer Pablo Iglesias, porque “la batalla ideológica ahora es mucho más áspera y la correlación mediática es abrumadora en contra de UP y casi no contiene fisuras”, oculta las consecuencias de la participación del UP en el Gobierno. En primer lugar, porque la ofensiva mediática de la reacción se produjo desde el mismo momento del nacimiento de Podemos, y eso no impidió que arrebatará la mitad de su electorado al PSOE obteniendo más de 5 millones de votos en 2015. En segundo lugar, porque si “contiene fisuras”, ¿o es que no estamos asistiendo a campañas elogiosas y persistentes hacia Yolanda Díaz desde periódicos como El País o televisiones como La Sexta?

A la ultraderecha se la combate con un programa anticapitalista, no con “cordones sanitarios” en el Parlamento

Las elecciones en Castilla León ponen en evidencia un futuro de inestabilidad, polarización extrema y crisis. Sus resultados están agravando el enfrentamiento en el seno del PP, fortaleciendo la posiciones de Díaz Ayuso que ha demostrado que cuanto más se parezca el PP a Vox y la ultraderecha, mejor le irá desde el punto de vista electoral. Un fenómeno generalizado que vemos en el resto de Europa y del mundo, a pesar de la insistencia de muchos comentaristas progres sobre la necesidad de contar con partidos conservadores responsables, modernos y equilibrados.

La derecha tradicional, si quiere sobrevivir en esta época de decadencia orgánica del capitalismo, se está viendo obligada a asumir progresivamente las posiciones de la ultraderecha. Así ocurre con el Partido Republicano en EEUU, con Johnson en Gran Bretaña, con la CDU en Alemania, Macron en Francia, o con la casi extinta derecha berlusconiana en Italia, donde actualmente hay un Gobierno de concentración nacional que incluye a la Liga Norte de Salvini. La extrema derecha se alimenta de la descomposición social y, a medida que esta avanza fruto de la crisis capitalista, el terreno de la derecha tradicional se empequeñece.

Vox ya ha exigido entrar en el Gobierno de Castilla y León, y aunque la dirección nacional del PP lo ha rechazado, Mañueco no lo ha descartado. Si el PP quiere gobernar en esta Comunidad de manera estable y no perder más apoyos hacia Vox, está condenado a realizar una política en sintonía con la ultraderecha, sea en un Gobierno de coalición o con un pacto de legislatura. Al fin y al cabo Vox no es más que una escisión nacida del propio PP. Sus dirigentes, Abascal, Espinosa de los Monteros, etc., se formaron en el seno de ese partido, fundado por seis ex ministros de Franco.

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A la extrema derecha se la vence no con gestos, ni con discursos huecos, ni implorando a Casado que sea demócrata, sino mediante la lucha organizada, con una política realmente de izquierdas y con una estrategia revolucionaria. 


Plantear como se hace desde la izquierda reformista, desde el PSOE y amplios sectores de UP, desde medios de comunicación supuestamente alternativos[3], que no hay otra opción que establecer un cordón sanitario parlamentario para frenar a la extrema derecha y exigir  al PP, nacido de la derecha franquista, que asuma este planteamiento, no solo es una fantasía, es una política que cosechará lo contrario a lo que persigue. Esta estrategia reduce toda la batalla contra la extrema derecha al mero juego parlamentario, al margen de la movilización social y la lucha de clases, y si tiene éxito solo favorecerá al partido de Abascal que acentuará aún más su demagogia populista logrando más apoyos.

Basta reflexionar seriamente en lo que ocurre hoy, y lo que pasó bajo la República de Weimar en Alemania, para darse cuenta de que esta política solo conduce al crecimiento del fascismo.

A la extrema derecha y a la reacción se la puede vencer sí, pero no con gestos, ni con discursos huecos, ni implorando a Casado que sea demócrata, sino mediante la lucha organizada y con una política realmente de izquierdas que enfrente al poder que concentran la banca y los grandes monopolios del Ibex, y ante el que se arrodillan todos los Gobiernos. Sí, al fascismo se lo puede combatir con una estrategia revolucionaria, basada en la movilización contundente de la clase obrera.

Es evidente que algunos dirigentes, desmoralizados y muy cómodos en su espacio de confort, solo les queda lamentarse, quejarse y dedicarse a especular sobre lo que debería ser, pero no es. Otros pensamos que para conquistar derechos y condiciones de vida dignas para la clase obrera y conjurar el ascenso de la extrema derecha, solo hay un camino: construir una alternativa revolucionaria que batalle por la transformación socialista de la sociedad.

A la extrema derecha se la vence no con gestos, ni con discursos huecos, ni implorando a Casado que sea demócrata, sino mediante la lucha organizada, con una política realmente de izquierdas y con una estrategia revolucionaria.

 

Notas:

[1] Algunas consideraciones sobre las elecciones en Castilla y León

[2] ¿Cuál es el balance de la participación de Unidas Podemos en el Gobierno?

[3] El último editorial de CTXT es una buena prueba de esta bancarrota política: “Debe de ser la primera vez en siete años que la línea editorial de CTXT coincide con una propuesta política sustancial de Ciudadanos. Pero así es: tal y como pidió el partido naranja tras las elecciones regionales del domingo 13 de febrero, nosotras también creemos que el resto de partidos, con el PSOE a la cabeza, deben acordar con el PP un nuevo Gobierno en Castilla y León para evitar que la extrema derecha forme parte por primera vez de un Ejecutivo en el Estado español. Por un cordón democrático en Castilla y León


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