El 16 de febrero se cumplieron 5 años desde la detención y entrada en prisión de Pablo Hasél. Las imágenes de los antidisturbios asaltando la Universitat de Lleida para detenerle provocaron una conmoción en cientos de miles de jóvenes de todo el Estado. Muchos fuimos los que salimos a las calles en aquellos días entendiendo que aquel acontecimiento era un grave golpe sobre la libertad de expresión y un ataque directo a todos los que luchamos contra la monarquía corrupta y este sistema criminal. Estas movilizaciones fueron respondidas con la represión policial más salvaje, dejando 109 detenidos solo en Catalunya.
Pablo Hasél fue encarcelado por denunciar la corrupción del sistema que nos oprime y señalar en sus letras a la monarquía como la institución podrida que es. Esto, que ya entonces era un clamor, ha sido confirmado una y otra vez. Ahora, mientras Pablo cumple condena por decir verdades como puños, el emérito publica sus memorias en las que, entre otras perlas, reconoce su admiración por el dictador sanguinario Francisco Franco, el mismo que le colocó en el trono.
Esta es la moderna, consolidada y brillante democracia del Estado español en la que el Gobierno del PSOE y Sumar protege esa institución corrupta que es la monarquía, pero mantiene en prisión a Hasél, negándose a amnistiarle. Es la misma lógica que vemos cuando no derogan la Ley mordaza que nos intenta hacer callar y que, entre otras cosas, permite la infiltración policial en los movimientos sociales y la izquierda combativa.
La existencia en el código penal de delitos como el enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y las instituciones del Estado —por los que oficialmente ha sido condenado Hasél— han sido y son un herramienta muy útil en manos del aparato del Estado para amedrentar, reprimir, enjuiciar y encarcelar a todos aquellos que luchamos contra este sistema y denunciamos sus lacras e injusticias. Y sí, lo decimos alto y claro: Pablo Hasél es un preso político. Porque “lo llaman democracia y no lo es”.
Han pasado ya 5 años. No solo es el caso de Hasél: son las 6 de la Suiza, los 6 de Zaragoza, las 7 de Somosaguas, trabajadores del metal de la Bahía de Cádiz… la represión contra los que luchan no cesa y mientras tanto los responsables de que la vivienda se haya convertido en un negocio, los empresarios que nos explotan todos los dias, los que despiden sindicalistas, los policías que arman montajes policiales o los que nos apalean en las manifestaciones… todos ellos gozan de total impunidad y pueden hacer lo que hacen sin ningún problema.
Desde el Sindicato de Estudiantes e Izquierda Revolucionaria queremos manifestar una vez más nuestra solidaridad militante con Hasél y con todos y todas las luchadoras que al defender la libertad de expresión y manifestarse contra la opresión y por el derecho de la mayoría a tener una vida digna son víctimas de la represión judicial y policial. Nos sumamos al grito incansable que exige su libertad.
Solo la lucha puede devolver la libertad a todas las y los presos políticos que permanecen en las cárceles de este Estado heredado de la dictadura franquista. Por ellos, y por acabar con este sistema criminal, luchamos hoy y todos los dias de nuestra vida.
¡Rapear no es delito!
¡Libertad para Pablo Hasél!



















