A principios de diciembre de 2010, la Guardia Civil detenía a varias personas relacionadas con el deporte, entre ellas la campeona del mundo Marta Domínguez, registraba varios de sus domicilios dentro de la Operación Galgo. Esta operación en contra del dopaje servía para desarticular una red de distribución de sustancias dopantes.
Esto no es nada nuevo. El deporte bajo el actual sistema capitalista, donde el único objetivo es el beneficio y no el bienestar de la mayoría de la sociedad, es una mercancía más. Un sistema podrido, lleno de mafias, que sólo tiene el objetivo de beneficiar a unos pocos en detrimento de las masas que practican deporte. Con sólo echar un vistazo a las operaciones antidopaje que ha habido en el Estado español en los últimos cinco años nos podemos hacer una idea. En la Operación Puerto, ocurrida en febrero de 2006, se castigó a ciclistas por indicios, pero no a los que administraban las sustancias para doparse. Algo que no ha ocurrido en esta ocasión. Respecto a 2006, la ley ha cambiado y ahora se castiga como delito penal la distribución de sustancias ilegales. En cambio, al deportista que consume sólo se le aplica una sanción deportiva.

Cuantos más éxitos, más dinero

La prensa burguesa y sensacionalista siempre basa el éxito del deporte en las victorias. Así nos lo quieren vender. Muchas federaciones deportivas y el Comité Olímpico Español, basan el sistema de obtención de ayudas económicas en los resultados conseguidos. Un claro ejemplo es el actual presidente de la Federación de Atletismo de España, José María Odriozola, que se dedica a hacer quinielas sobre posibles medallas, en vez de cuidar la salud de sus deportistas cuando se acercan campeonatos importantes. Claro, cuantos más éxitos tengan los deportistas más dinero recibirá su federación. Dicho esto, es normal pensar que el deportista y, sobre todo en deportes individuales, sufre una presión enorme para que el día D y a la hora H esté en perfectas condiciones y obtenga los mejores resultados, así podrá seguir practicando su profesión sin ningún agobio económico.
Estos resultados ayudan a que alguna marca comercial se interese en el deportista y le haga alguna oferta para publicitarlo. El problema es que son humanos y pueden fallar, es muy normal que ocurra esto. En ese momento comienzan los quebraderos de cabeza para los deportistas, así que se les ofrecen atajos para mejorar resultados y en consecuencia mantener los sueldos. Detrás de ese ofrecimiento suele haber toda una red de distribución bien atada para que si atrapan al deportista haciendo trampas, no sean capturados los camellos y, en consecuencia, condenados. Unas redes en las que se mueven miles de millones de euros y en las que están implicados muchos intereses económicos. Por ello cada vez que se atrapa a un deportista usando sustancias ilegales se intenta lincharlo y dejarlo fuera de la escena pública, así todas estas personas que han jugado con la salud de esa persona se escapen y no sufran ninguna sanción, así podrán continuar con su lucrativo negocio.

El deporte es un derecho, no un negocio

El deporte debe ayudar y no ser un peligro para el cuerpo humano, como sucede en muchos casos con el deporte profesional, que debido a las presiones que reciben los deportistas ponen en peligro su salud para obtener resultados. Hay que luchar por una red de infraestructuras deportivas públicas, dignas y gratuitas, con financiación suficiente y bajo el control de ayuntamientos, asociaciones deportivas y vecinales. Además se debe potenciar el deporte en los centros de estudio públicos, mejorando sus instalaciones y no reduciendo las horas de gimnasia. El deporte es un derecho y no un negocio.


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