El pasado sábado 26 de febrero tuvo lugar la manifestación convocada por las direcciones regionales de IU y PCA en la capital sevillana, a la que acudieron miles de personas. El gobierno y los empresarios, con la inestimable ayuda de los máximos representantes sindicales de UGT y CCOO, han intentado encubrir bajo el llamado pacto social lo que en realidad no es otra cosa que una continuación de los ataques a los trabajadores y una sumisión a los intereses de los mercados financieros. Frente a esto, se ha alzado la voz de una organización histórica del movimiento obrero que ha llamado a expresar en la calle un rechazo a las políticas del capital. No puede haber paz social con casi cinco millones de parados. Las intervenciones del coordinador de IU en Andalucía, Diego Valderas, y, especialmente, de Cayo Lara volvieron a plantear la farsa de una democracia donde los que deciden sobre nuestras viviendas, nuestros salarios y nuestras pensiones son los bancos y los poderes económicos, llamando a la lucha contra este orden impuesto con consignas como la expropiación y la nacionalización de la banca.

La importancia de una alternativa sindical

La manifestación discurrió por el centro de Sevilla con una importante asistencia de afiliados y simpatizantes que se desplazaron en autobús desde todas las provincias de Andalucía. Sin embargo, a diferencia de las últimas movilizaciones convocadas por IU-PCA, se echó en falta la presencia organizada de los centenares de trabajadores de las distintas empresas y fábricas en lucha afectadas por cierres, despidos, EREs, reducción de plantilla o condiciones laborales, etc., donde correctamente se está volcando el trabajo del partido, principalmente a través de la intervención del sector crítico de CCOO donde militan muchos comunistas. No había ninguna pancarta en este sentido, y la impresión es que no se había hecho el trabajo necesario para conseguir la participación de estos colectivos que hubieran dado a la manifestación un aumento numérico pero fundamentalmente un salto de calidad.
Lo que ha pesado en la decisión consciente de eludir la cuestión sindical en esta protesta es que precisamente, las direcciones confederales de CCOO y UGT son firmantes y defensoras del acuerdo. Al parecer, se entendería como contradictorio que banderas y pancartas de Comisiones Obreras poblaran una manifestación en contra de los acuerdos que este mismo sindicato había avalado. Y, sin embargo esta apreciación es completamente incorrecta y perjudicial para las enormes posibilidades que IU y el PCE tienen en este momento de conectar con los sectores más combativos y conscientes de la sociedad, con los jóvenes y los activistas de las fábricas y los tajos que están hartos de esta práctica sindical de concesiones y capitulaciones que lleva a una derrota tras otra. La posición acertada, la que hubiera atraído la atención de muchos trabajadores, especialmente los más combativos, la que hubiera sido un cauce para evitar la frustración que para muchos afiliados y delegados del sindicato ha supuesto este acuerdo, hubiera sido que el sector crítico de CCOO junto a IU y PCA, encabezara la manifestación con una gran pancarta en contra del acuerdo a las pensiones y un cortejo con centenares de banderas de CCOO detrás. ¡Qué imagen más maravillosa captada por las cámaras de televisión! ¡Qué golpe para los colaboracionistas que se pliegan al gran capital! ¡Y qué ejemplo para todos los trabajadores que quieren luchar por sus derechos, que pensarían: éstos nos defienden hasta en las situaciones más comprometidas!

Por un sindicalismo de clase, democrático y combativo

Los sindicalistas que militamos en el PCE, en IU y en el sector crítico de CCOO no podemos soslayar ni obviar la responsabilidad de las máximas direcciones sindicales de CCOO y UGT que han avalado el acuerdo. No hay ninguna “democracia” interna que nos obligue a asumir ni a defender unos acuerdos contrarios a los intereses de los trabajadores y que se han firmado en su nombre, desoyendo las llamadas a la lucha y negando los límites que públicamente habían dicho que no se rebasarían.
Precisamente, ahora más que nunca es necesario decir claramente que estamos en contra de los acuerdos y lo que suponen, pero también que no compartimos ni nos sentimos vinculados a ese modelo sindical de despacho, de retrocesos y pactos a costa de los trabajadores. Es necesario que los trabajadores, que de forma mayoritaria valoran negativamente la reforma, pero además sienten indignación porque se haya producido con la colaboración de los sindicatos de clase, sepan que existen sindicalistas en CCOO que no comparten estos métodos, que lo declaran públicamente y que están dispuestos a luchar contra todas las contrarreformas y por defender dentro del sindicato una alternativa democrática, asamblearia y combativa.


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