0123030303033¡Nuestra fuerza está en la unidad! ¡Todos a la lucha el 23M!

Contra la reforma laboral y sus consecuencias: Basta de pacto social. Por una huelga general que exija la dimisión del gobierno de Rajoy.

A raíz de la convocatoria de huelga del sector del metal de Catalunya para el 23 de mayo para desbloquear la negociación del convenio colectivo, otros sectores y empresas de Catalunya, afectados por una situación similar, se han sumado a esta convocatoria: transporte de mercancías por carretera, construcción, masas congeladas, panadería, chocolates, ocio educativo y sociocultural así como empresas como Cements Molins. La jornada de lucha del 23 de mayo convocada por CCOO y UGT, con huelga, paros, concentraciones y manifestaciones, supone un paso adelante a la hora de unificar la lucha y responder a las provocaciones y ataques de la patronal.

Las mentiras y maniobras de la patronal

Desde la imposición de la última reforma laboral por parte del gobierno del PP –y apoyada por CiU-, los empresarios han boicoteado conscientemente la negociación colectiva, buscando la caducidad de los convenios. Con sólo un año de ultra-actividad, el próximo 7 de julio decaían numerosos convenios caducados, provocando que sólo en Catalunya 800.000 trabajadores sufrieran un retroceso salvaje en sus condiciones laborales. En numerosos casos, los trabajadores afectados verían retroceder su situación a los mínimos reconocidos por el Estatuto de los trabajadores. Toda una espada de Damocles sobre las cabezas de los trabajadores que las patronales quieren utilizar para renegociar los convenios a la baja. Así quieren salir de la crisis los empresarios: exprimiendo más y más a los trabajadores.

Lamentablemente durante un año y medio los máximos dirigentes de nuestros sindicatos han seguido confiando en la voluntad negociadora de la patronal, cuando realmente los empresarios lo único que buscaban era dejar correr el tiempo para alcanzar la fatídica fecha del 7 de julio. Ya desde mucho antes, los sindicatos deberían de haber recurrido a la lucha y la movilización para exigir la consecución de convenios dignos. Sin embargo, y sobre todo tras la huelga general del 14 de noviembre, que se saldó con un gran éxito de seguimiento y participación, los dirigentes de CCOO y UGT han apostado, no por la continuación de la lucha, sino por el pacto y el consenso, buscando casi desesperadamente un pacto social con Rajoy –y Artur Mas en Catalunya-. En el pasado, el sindicalismo de negociación y pacto podía, en determinados casos, conseguir algunos resultados, sin embargo, con la actual crisis del capitalismo, los empresarios y sus representantes políticos no tienen ni voluntad, ni margen para hacer concesiones: Los únicos acuerdos a los que las patronales, Rajoy y Mas están dispuestos a llegar son aquellos que suponen grandes retrocesos en los derechos laborales de los trabajadores, retrocesos históricos que nos llevan de vuelta a las relaciones laborales del franquismo. Así ha sucedido con los convenios colectivos: los empresarios veían con la reforma laboral una oportunidad de oro para hacer retroceder el reloj de la historia.

El 23 de mayo es una convocatoria que nace fundamentalmente de la presión de los trabajadores para luchar por los convenios, y no tanto de la voluntad de los dirigentes de los sindicatos. Desde febrero, numerosas empresas y sectores veían como el tiempo se agotaba y las reuniones de negociación no conseguían ningún acuerdo. Cuando el metal anunció la huelga el 23 de mayo, los demás sectores vieron una oportunidad para unificar las luchas y hacer por tanto más presión para doblegar a la patronal: ¡Ese es el camino! La fuerza de los trabajadores viene de la unidad en la lucha. Antes de la desconvocatoria en el metal, el 23 de mayo se estaba convirtiendo en casi una huelga general con una convocatoria conjunta de más de 250.000 trabajadores, todo un polo de atracción para decenas de miles de trabajadores y jóvenes que buscan un camino de lucha y movilización.

Desconvocatoria del metal: un grave error de los dirigentes sindicales

En la madrugada del 18 de mayo patronal y sindicatos del metal llegaron a un acuerdo: UGT y CCOO desconvocaban la huelga del metal el 23 de mayo y, a cambio, la patronal se comprometía a respetar la ultra-actividad de los convenios del metal mientras continúen negociando. La jornada de lucha del 23 se mantiene para las demás sectores, pero los compañeros del metal se descuelgan.

En nuestra opinión desconvocar la huelga en el metal es un grave error: La patronal ha logrado romper la unidad de todos los sectores en lucha, crea un grave precedente y deja al conjunto de los trabajadores afectados por la caducidad de los convenios en una situación de indefensión.

En primer lugar se desconvoca una huelga que estaba haciendo temblar a la patronal: el 23 de mayo se estaba convirtiendo en un poderoso referente de lucha y movilización. El éxito de la convocatoria podía conseguir una situación más ventajosa para negociar los nuevos convenios e impulsar otras luchas y convocatorias. ¡Ese escenario lo querían evitar por todos los medios, la patronal y el gobierno de la Generalitat!

Pero es que además se desconvoca la huelga en el metal a cambio de muy poco: mantener la ultra-actividad mientras se negocia. Ni si quiera se alcanza dentro del acuerdo un nuevo convenio, sólo que la patronal negociará. ¿Negociará? ¿Cómo hasta ahora? En el acuerdo no se garantiza que en el futuro la patronal no se levante de la mesa de negociación y por tanto los convenios actuales automáticamente decaigan. Tampoco garantiza que no se firmen convenios que supongan un grave retroceso con respecto a los actuales.

La desconvocatoria de la huelga deja a los trabajadores del metal en una situación de tremenda debilidad. Favorece que la patronal pueda imponer un acuerdo a la baja que suponga un duro retroceso en las condiciones actuales y si en el futuro los sindicatos se ven obligados a recurrir a una nueva convocatoria, su credibilidad estará muy mermada y su capacidad de presión ante la patronal se verá reducida.

Pero además, deja en una situación de debilidad a los demás sectores implicados. La fuerza del 23 de mayo estriba en que unifica a distintos sectores y empresas. El tremendo potencial de esta movilización conjunta aterraba a la patronal y a CiU y por eso han intensificado la presión para buscar la desconvocatoria del metal. Lejos de fortalecer a los trabajadores y al sindicalismo, la desconvocatoria del metal debilita a los sindicatos y debilita la contundencia del 23 de mayo.

Ahora los demás sectores en lucha tenemos que redoblar esfuerzos y salir el 23 de mayo con más contundencia: participar en la huelga, los paros y las manifestaciones convocadas para demostrar que no nos dejamos engañar por las maniobras de la patronal, así como para dejar claro que la lucha es el único camino. Debemos exigir a los dirigentes de CCOO y UGT que dejen de buscar pactos que inevitablemente nos perjudican y que se pongan a la cabeza de la lucha.

Si pese a la desconvocatoria del metal, el 23 de mayo participamos cientos de trabajadores en la jornada de lucha, estaremos en mejor situación para continuar la lucha por los convenios dignos, siempre que al 23 se le de continuidad con un plan de lucha serio y contundente que apueste por mantener la unidad de los sectores en lucha.

Necesitamos un sindicalismo combativo: ¡Por una huelga general!

Lo que ha sucedido con respecto al 23 de mayo demuestra el alejamiento que existe entre la política que siguen los dirigentes sindicales y las necesidades de la clase obrera: Mientras en las fábricas sufrimos retrocesos tras retrocesos, Cándido y Toxo siguen pidiendo a Rajoy la consecución de un pacto social. Los marxistas no rechazamos negociar, pero la negociación no es un fin en sí mismo: es una herramienta para conseguir mejoras, siempre que esté apoyada en la lucha y la movilización. De hecho, la experiencia reciente demuestra que ni siquiera días aislados de huelga son suficientes para frenar los ataques que sufrimos los trabajadores: son necesarias respuestas más contundentes, movilizaciones más fuertes y duras que recuperen las tradiciones de lucha de los años 70, cuando se conquistaron los derechos que hoy nos están arrebatando.

Tenemos fuerza para frenar los recortes. Lamentablemente los dirigentes sindicales no confían en la capacidad y voluntad de lucha de los trabajadores y no cuentan con ninguna alternativa real a los actuales recortes y a la crisis del capitalismo. Los problemas que hoy en día sufren nuestros sindicatos –alejamiento de muchos trabajadores, capas desmoralizadas, conflictos internos…- son producto, precisamente, de la crisis ideológica que sufre la dirección sindical: Luchar por nuestros derechos para evitar nuevos retrocesos necesita más que nunca que los trabajadores conscientes nos organicemos y emprendamos una batalla para recuperar nuestras organizaciones para la lucha.

Los trabajadores tenemos una gran voluntad de lucha: si no, no se explicaría que en este contexto, los trabajadores de Catalunya trataran con el 23 de mayo de alcanzar la unidad en la lucha. Tampoco se explicaría la extraordinaria respuesta de la huelga general educativa del 9 de mayo contra la contrarreforma educativa del PP, o el seguimiento y simpatía que despierta la PAH o el 15M, o el éxito de participación y seguimiento que conseguimos el pasado 14 de noviembre en la huelga general. Pero los trabajadores comprendemos que no sirve la lucha aislada, que necesitamos unificar y extender las luchas mediante un plan de lucha contundente, con más huelgas, escalonadas y que vayan de menos a más, la coordinación de las empresas en lucha, la creación de cajas de resistencia y, de manera urgente, la convocatoria en junio de una nueva huelga general, cuyas reivindicaciones incluyan la dimisión en bloque del gobierno de Rajoy, la convocatoria de nuevas elecciones y la elección de un gobierno de izquierdas que suprima todas las contrarreformas impuestas por el PP –empezando por la reforma laboral- así como rechace todos los recortes y ataques a los trabajadores, vengan de donde vengan.

TODOS A LA LUCHA EL 23 DE MAYO:
- Barcelona, 18.00 h, plaça de Catalunya amb Passeig de Gràcia.
- Girona, 19.00 h, plaça de la Independència.
- Tarragona: 18.30 h, Rambla Vella (davant Sta. Tecla)

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