Desde el inicio de la crisis los jóvenes hemos sido uno de los sectores más golpeados: obstáculos para acceder a la universidad, explotación y precariedad laboral, recortes, leyes represivas… En nuestras familias la recuperación de la que tanto se ha hablado ha sido inexistente.

Lo que sí que hemos visto ha sido la degradación de nuestros barrios, la proliferación de las casas de apuestas frente a los institutos, mientras las opciones de un ocio no alienante brillan por su ausencia. Es en los barrios más humildes donde sufrimos en mayor proporción el abandono escolar y los trabajos más precarios, por no hablar de la imposibilidad de independizarnos debido al abusivo precio de los alquileres.

Destruir la educación pública: una cuestión de clase

La destrucción de la educación pública ha sido siempre uno de objetivos de la derecha y la burguesía: porque es un tremendo negocio para los empresarios de los centros concertados y privados, por el control ideológico ejercido especialmente a través de la Iglesia católica… Pero también como una medida estratégica de cara al futuro: privar a los hijos de los trabajadores de la cultura y formación superior hoy, significa una clase trabajadora sin formación y más desarmada mañana: es decir, mano de obra barata a la que poder explotar aún más.

Esta era la razón de ser de las reválidas franquistas y de la LOMCE, de la subida de tasas y de todas las medidas clasistas que llevó a cabo el PP. También es el motivo por el que ninguna de estas medidas se ha revertido por parte del Gobierno del PSOE. Esto ha provocado una situación de verdadera emergencia social en la educación pública: más de 9.500 millones de euros recortados en los últimos ocho años, hacinamiento y falta de recursos en nuestras aulas, despido de más de 30.000 profesores o más de 50.000 estudiantes en barracones este curso, etc., son solo algunos ejemplos. La inmensa mayoría de las familias trabajadoras no pueden ni plantearse hoy llevar a sus hijos a la universidad, y el acceso a la Formación Profesional (FP) es una auténtica carrera de obstáculos por la falta de plazas. Este curso, solo en Madrid, el número de no admitidos en este tramo educativo supera los 30.000.

Sin embargo, hay quien se ha beneficiado y mucho de estas cifras. Mientas que 120.000 estudiantes hemos abandonado la universidad por no poder hacer frente a la subida de tasas —desde 2011 se han incrementado un 66%—, la universidad privada ha ganado casi 27.000 estudiantes. En la última década el gasto del Estado en educación pública se incrementó un ridículo 1,4%, que contrasta con el aumento del 25% en la privada y privada-concertada.

Por otro lado, los estudiantes más desfavorecidos económicamente sacan 67 puntos menos en el Informe PISA, equivalente a dos cursos completos, y tienen 5,5 veces más de probabilidades de repetir curso que los de un entorno rico. Pero eso no es todo, quienes nacen en una familia con bajos ingresos, tardan cuatro generaciones (120 años) en conseguir un nivel de renta medio.

Somos jóvenes, no esclavos

Sobre esta base han preparado las condiciones para el siguiente paso de la operación: la precarización de nuestras condiciones laborales. En el Estado español el 73,5% de los menores de 25 años tiene contratos temporales, de los cuales alrededor del 30% son de menos de una semana y solo un 2% supera los dos años. El trabajo temporal entre la juventud duplica la media, y la tasa de paro juvenil es del 35%, la segunda más alta de la Unión Europea.

Sufrimos las peores condiciones laborales de la UE. El salario medio de los jóvenes entre los 16 y 29 años es de 11.418 euros anuales, algo que nos impide independizarnos. El precio medio del alquiler es de 674 euros al mes: bastante más de dos tercios del salario medio. Unas cifras que se disparan aún más en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, donde los alquileres están por encima de los 800 y 900 euros, y que hacen que solo el 19% pueda independizarse antes de los 30 años.

La juventud ha pasado a convertirse en el colectivo más vulnerable: el 34,8% de los jóvenes entre 16 y 29 años está en riesgo de pobreza o exclusión social.

Nuestros barrios son un ejemplo muy claro de este proceso de degradación. Junto al crecimiento de la tasa de abandono escolar —la segunda más alta de la UE— proliferan los datos que ilustran las enfermedades sociales que esto conlleva. La tasa de ludopatía en nuestro país es la más alta de Europa entre jóvenes de 14 a 21 años. De esta lacra también hay quien se beneficia. Buen ejemplo de ello es el aumento de las casas de apuestas en nuestros barrios: solo en Madrid han aumentado un 140% en cinco años.

Pero esta degradación se traslada a todas las esferas de nuestra vida. La juventud también es víctima del repunte de las enfermedades mentales y de las enfermedades de trasmisión sexual: los casos de sífilis se triplicaron entre 2015 y 2017 y los de gonorrea han aumentado un 26% cada año desde 2013.

¡Queremos un futuro digno!

Tras más de un año de Gobierno del PSOE la situación de la juventud no ha cambiado absolutamente nada. La renuncia a derogar los ataques del PP, tanto en materia educativa como en el terreno laboral, en pensiones, o con la Ley Mordaza, es una cesión a las presiones del Ibex 35, el aparato del Estado y las directrices marcadas por la UE para mantener la agenda de recortes y ataques a los derechos democráticos.

Millones de jóvenes, mujeres, pensionistas y trabajadores hemos protagonizado estos últimos años enormes movilizaciones en defensa de nuestros derechos más básicos, y en ellas hemos aprendido que la lucha es el único camino. Esta lección nos la enseñó la dignidad de nuestros profesores y familias en las movilizaciones de la Marea Verde y las más de 30 huelgas estudiantiles que convocó el Sindicato de Estudiantes contra la LOMCE, el decreto 3+2 y los recortes hasta que logramos una victoria histórica: echar abajo las reválidas franquistas del PP.

Hemos salido masivamente a frenar a la derecha en las urnas y en las calles y lo haremos las veces que sea necesario para impedir otro Gobierno de pesadilla de PP, Cs y Vox como los que tenemos en Madrid o Andalucía. Pero eso no significa que demos un cheque en blanco a un Gobierno que solo nos ofrezca migajas. Queremos los derechos por los que nuestros padres y abuelos pelearon y que nos están arrebatando. Las lecciones de estos años nos han enseñado que la única salida al futuro de miseria al que nos empuja el sistema capitalista es volver al espíritu del 15M, de las mareas, de las marchas de la dignidad y de las huelgas generales para luchar por transformar la sociedad. Y eso solo lo conseguiremos organizándonos y construyendo una izquierda revolucionaria que rompa con el capitalismo.

Seamos realistas, ¡luchemos por el socialismo!

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