El anuncio de que Great Wall Motors (GMW) no acepta las condiciones actuales para quedarse con las plantas de Nissan y rechaza absorber a su plantilla, ha destapado la caja de los truenos.

Todo el malestar acumulado por los trabajadores de Nissan en estos meses ha salido a la luz. Reuniones secretas de la “mesa de reindustrialización” sin avances, descenso de la actividad productiva en las plantas, reducción progresiva e incentivada de la plantilla con promesas de un puesto de trabajo que no llega, el despido de miles de compañeros de empresas proveedoras y subcontratas, ERE y cierres en el sector automovilístico e industrial de Catalunya y de todo el Estado… La paciencia de los trabajadores ha colmado el vaso.

Los Comités de Empresa, sintiendo el hartazgo de la plantilla, convocaron asambleas informativas para este jueves 25. Su objetivo era echar hielo al asunto y calmar las cosas, pero han logrado todo lo contrario. Centenares de gargantas les han increpado al grito de “¡Fuera, fuera, fuera!” y con críticas vehementes al acuerdo firmado con Nissan hace 16 meses y a su gestión durante este tiempo.

Los trabajadores de Nissan y las auxiliares demostraron en innumerables ocasiones, incluso en los momentos más duros de la pandemia, su disposición a la lucha, haciendo gala de un tesón y una fortaleza formidables. Miles y miles llenaron las calles repetidamente gritando “¡Nissan no se cierra!”. Pero los dirigentes sindicales, con los Comités de Empresa y las Federaciones de sus sindicatos a la cabeza, echaron por tierra la fuerza de los trabajadores y firmaron el cierre de Nissan a cambio de indemnizaciones, prejubilaciones y una vana promesa de reindustrialización.

De todas las empresas candidatas a tomar el relevo de Nissan en las plantas de Barcelona, la única y con diferencia que notificó la posibilidad de contratar a buena parte de la plantilla de Nissan (únicamente de la principal, eso sí) fue GMW, multinacional china fabricante de coches eléctricos. Ahora, a pocas semanas del cierre definitivo de Nissan y en la última fase de las negociaciones, GMW reclama un aumento drástico de ayudas públicas e informa que no piensa respetar las condiciones laborales de contratación acordadas en el papel por los Comités y Nissan. Si no, no abrirá fábrica en Barcelona.

Éstas son las consecuencias nefastas de un acuerdo podrido. Éstas son sus verdades. Los Comités de Nissan desarmaron a los trabajadores diciendo que para que hubiera reindustrialización y mantuvieran su puesto de trabajo debían confiar en la misma empresa que les echaba a la calle y en un ministerio y una conselleria de trabajo que no han movido ni un dedo para enfrentarse a Nissan y defender los 25.000 puestos de trabajo mediante la nacionalización sin indemnización de la empresa.

GMW, igual que cualquier otra multinacional, sólo aceptará “reindustrializar” a cambio de un chorro a espuertas de dinero público, bajadas de salarios, despidos, menos derechos y aumento de la precariedad. Además, los más de 20.000 trabajadores de las auxiliares no recuperarán su puesto de trabajo porque no serán necesarios para el tipo de producción de GMW.

En los distintos conflictos obreros estamos viendo que la burocracia sindical se rinde sin luchar y firma acuerdos que benefician a la patronal, como ahora pretenden en la lucha del metal de Cádiz. El sindicalismo de moqueta, de la paz social y del “mal menor” nos condena al desastre. Es urgente desarrollar las fuerzas del sindicalismo combativo, de clase y democrático.

¡Basta ya de engaños a los trabajadores! ¡La lucha es el único camino para defender el empleo!

Puedes consultar nuestro balance del acuerdo de los Comités de Nissan con la empresa clicando aquí.


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