No a la firma del convenio. ¡Hay fuerza para lograr más!

La noche del 17 de julio, después de que miles de trabajadores estuvieran pendientes de saber qué había pasado en la reunión entre patronal y sindicatos y a escasas horas del inicio de la huelga indefinida convocada a partir del día 18, llegaba la noticia: CIG, CCOO y UGT alcanzaban un preacuerdo con la patronal y la huelga indefinida quedaba “en suspenso”, término utilizado por los sindicatos para evitar decir abiertamente que se desconvocaba.

El contenido: un convenio a tres años (2023/25), con una subida del 3% anual y revisión conforme al IPC topada al 2%, reducción de 16 horas de la jornada anual (nada este año, ocho horas en 2024 y otras ocho en 2025), aumento en un día de vacaciones y algunas mejoras en licencias. La subrogación entre empresas privadas, una reivindicación central, queda fuera.

CCOO, UGT y CIG sacaban un comunicado conjunto defendiendo el voto a favor del mismo en las asambleas, argumentando que se trata de un buen convenio en relación con los que existen en las demás provincias gallegas. Pero poco después las bases de CCOO, sindicato que ostenta un tercio de la representación en el sector, daban la sorpresa. A pesar del carácter restrictivo de estas asambleas, solo para afiliados y delegados, a pesar de que ninguna organización sindical ha puesto encima de la mesa ningún plan de lucha alternativo, a pesar de todas las dificultades, con el 59% de los votos salía el NO.

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El 17 de julio, a escasas horas del inicio de la huelga indefinida convocada a partir del día 18, CIG, CCOO y UGT alcanzaban un preacuerdo con la patronal, y con el eufemismo ""dejamos en suspenso"" la huelga indefinida, esta quedaba desconvocada. 

Un reflejo claro del descontento brutal entre miles de trabajadores y de las condiciones favorables que hay, si se continúa la lucha, para arrancar mucho más. Increíblemente, y como si este resultado no tuviese trascendencia, UGT y CIG, en cuyas asambleas sí se aprobó el preacuerdo, ya han dicho que les da igual y que van a firmar. Pero ¡este convenio no se puede firmar!

Lo pactado no se corresponde con la fuerza de esta lucha ejemplar

Sin duda, la contundencia en la movilización y el empuje desde abajo de un sector que agrupa a más de 33.000 trabajadores es lo que ha arrancado a la patronal algunas mejoras que hasta hace poco negaba (sin ir más lejos, hasta que se anunciaron las huelgas solo ofrecía una insultante subida salarial en tres años del 4,5%). Sin embargo, lo cierto es que ni siquiera eso evita la pérdida de poder adquisitivo, en un contexto donde el IPC oficial no refleja el hundimiento real que están sufriendo nuestros salarios y donde por ejemplo la subida de los alimentos en el último año ha sido del 12%.

En el comunicado conjunto de los tres sindicatos se afirma, con datos comparativos, que es un buen convenio en relación con los otros tres convenios del Metal gallego. Sin embargo, esto no es para nada cierto. Primero porque los otros convenios recogen la subrogación. En segundo lugar, porque se da a entender que los incrementos son mejores que los del Metal de Coruña, al señalar que el incremento en el período 2023-2025 es del 6,5% en Coruña y del 9% en Pontevedra, ocultando que si ampliamos la perspectiva al periodo 2021-2025 (más correcto teniendo en cuenta la inflación de 2021 y 2022) el incremento de Coruña es del 16,7% frente al 12,5% del de Pontevedra. Y finalmente, porque siendo el convenio con la peor cláusula de revisión, ya que solo permite subidas adicionales de hasta un 2% frente al 3% de Ourense y la ausencia de topes en Lugo y Coruña, la presenta como mejor apoyándose en la paga de atrasos que se abona el año del incremento.

Cabe preguntarse entonces si esto es todo lo que se puede lograr con la fuerza que los trabajadores han demostrado y, sobre todo, a quién ha beneficiado la táctica de retirar la presión de las calles en plena “negociación”.

Retomar la lucha en septiembre con un plan contundente

Después de seis exitosas jornadas de huelga general, de manifestaciones masivas que han desafiado la represión salvaje, de resistir la campaña de criminalización de la patronal hacia los trabajadores en lucha y de demostrar la fuerza que existe para arrancar mejoras decisivas, las direcciones sindicales de CIG, CCOO y UGT, sin mediar consulta a los trabajadores, decidieron “suspender” la huelga, plegándose a la “exigencia” patronal de que desconvocasen las fechas previstas para sentarse a la mesa de negociación.

Del mismo modo fueron desconvocadas las jornadas de huelga previstas para los pasados 12 y 13 de julio, en el momento álgido de la lucha, cuando la patronal sintió la máxima presión y existía la posibilidad de convertir la huelga del metal en un conflicto social de envergadura. Los dirigentes de CCOO fueron los encargados de anunciarlo en la asamblea del 7 de julio en Bouzas; eso sí, para contener las protestas de cientos de trabajadores presentes, se lanzó como señuelo una hipotética convocatoria de huelga indefinida que nunca comenzó.

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A pesar de que las asambleas se convocaron divididas por sindicato y restringiendo la asistencia exclusivamente a los “delegados y afiliados"", sin dar posibilidad de decidir al resto de los trabajadores, las bases de CCOO han votado NO al convenio. 

En lugar de mantener las huelgas ya convocadas para presionar de verdad en la mesa de negociación y seguir organizando la lucha en cada centro de trabajo, extendiéndola y ampliando la solidaridad entre el conjunto de la población, empezando por preparar una gran movilización en Vigo que permitiera convertir el conflicto laboral en un conflicto social y continuando con la convocatoria de una huelga general de toda la provincia y de todo el sector del Metal de Galicia, si fuera necesario... En lugar de esta estrategia, los dirigentes de CIG, CCOO y UGT cedieron ante la patronal “en aras de la paz social”. En el momento decisivo se echaron atrás.

Ahora se utiliza la huelga indefinida como espada de Damocles ante los trabajadores para que acepten este preacuerdo como lo máximo que se puede conseguir en este contexto.

En el comunicado conjunto de CIG, CCOO y UGT se dice: “el preacuerdo se alcanzó a las puertas de una huelga indefinida en un momento complicado y difícil como es el verano, cuestión que debe hacernos reflexionar”. No podemos olvidar que estos dirigentes que ahora hacen esta afirmación son los mismos que la decidieron. Ante este argumento la respuesta es clara: no existe ninguna obligación de llevar adelante una huelga indefinida en verano si las condiciones no son favorables a los trabajadores. No firmar el convenio ahora y retomar las movilizaciones en septiembre con un plan contundente, ese es el mejor escenario para arrancar el convenio que los trabajadores necesitan.

Por una asamblea general en la que todos los trabajadores puedan decidir

Las asambleas del jueves 20 de julio se convocaron divididas por sindicato y restringiendo la asistencia exclusivamente a los “delegados y afiliados”, limitando así la participación y decisión democrática de todos los trabajadores que han estado en primera línea de la batalla, y evitando la celebración de una asamblea general masiva del sector. Es profundamente antidemocrático que el resto de los trabajadores, que también han hecho huelga, pierden dinero en cada jornada, arriesgan su puesto de trabajo y, sobre todo, sufren la precariedad y las malas condiciones en el sector, no puedan decidir.

Es fácil imaginar el ambiente de rabia e insatisfacción que debe existir entre amplios sectores después de lo ocurrido. Desde el principio del conflicto, la sombra de la anterior firma del convenio hace dos años por parte de CCOO y UGT, a espaldas y contra la voluntad de los trabajadores, ha estado muy presente. En esta ocasión con el añadido de que la CIG, que no hay que olvidar que es el primer sindicato de Galicia, con capacidad sobrada para paralizar completamente la comarca de Vigo, y que hace dos años no firmó el convenio, ahora ha utilizado toda su autoridad para defender un preacuerdo que se queda muy lejos de lo que los trabajadores podían conseguir.

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Los delegados de CCOO que han dicho NO al preacuerdo, los trabajadores, afiliados y delegados combativos de todas las organizaciones deben convocar una gran asamblea de trabajadores y discutir un calendario de movilizaciones para septiembre. 

Pero también es evidente el contraste que existe entre la actitud conciliadora de los dirigentes sindicales y su negativa a llevar la lucha hasta el final y la potencia de fuego mostrada por los trabajadores durante estas semanas. La experiencia de esta huelga es que hay fuerza y valentía de sobra, y es necesario aprovecharlas para superar a las direcciones sindicales y derrotar a la patronal.

Los delegados de CCOO que han dicho NO al preacuerdo, los trabajadores, afiliados y delegados sindicales combativos de todas las organizaciones y sindicatos pueden y deben convocar una asamblea masiva de trabajadores lo antes posible y discutir un nuevo y contundente calendario de movilizaciones a la vuelta del verano. Esta sería la mejor manera de introducir la máxima presión para que los dirigentes de CIG y UGT no firmen este convenio y escuchen la voz de todos los trabajadores. Es el momento de reagrupar y recuperar fuerzas, y mantener las espadas en alto para volver a dar la batalla en septiembre.

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