El 22 de enero Donald Trump presentó en la Cumbre de Davos la llamada Junta de “Paz” para Gaza. En medio de una cuidada escenificación para trasladar una imagen de poderío, los imperialistas estadounidenses acompañados de toda su corte mundial de lacayos, presentaron la culminación de los planes de limpieza étnica, exterminio y opresión para el pueblo gazatí, la barbarie más terrible.

Como ya explicamos en anteriores declaraciones, los planes de los sionistas israelíes para Gaza se han desarrollado tal y como ellos planearon y acordaron con el Gobierno de Trump. El exterminio de la población gazatí ha continuado, al igual que el bloqueo humanitario y la hambruna; y lo mismo con el avance de la colonización sionista en Cisjordania, la violencia despiadada de miles de colonos fascistas contra la población palestina y el régimen de apartheid.

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El exterminio de la población gazatí, el bloqueo humanitario y la hambruna han continuado. Igual que el avance de la colonización sionista en Cisjordania, la violencia despiadada de miles de colonos fascistas contra la población palestina y el régimen de apartheid. 

Gaza sometida y explotada por los imperialistas

Lo que hemos visto en Davos fue un paso más en ese plan criminal. La ceremonia contó con asistentes destacados: los gobiernos de Israel, Argentina, Hungría, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Turquía y Bielorrusia estaban representados, entre otros. Todos ellos ya han confirmado su participación en la Junta de Paz, para lo que han tenido que desembolsar 1.000 millones de dólares. Una inversión de estos estados que les será devuelta a sus burguesías nacionales con suculentos intereses. Estos son los términos para estos criminales: los de un negocio jugoso sin importar las vidas humanas que han costado y costarán.

Todas las palabras sobre la retirada de las tropas sionistas y la conformación de una entidad neutral que gobierne Gaza han quedado desmentidas durante estos meses. El ejército israelí no solo no se ha retirado, sino que ha continuado masacrando y cercando cada vez más al pueblo palestino. La carta fundacional de la Junta de Paz no menciona a Palestina ni al pueblo palestino. Es la presentación de un proyecto colonial para que los grandes empresarios puedan sacar tajada del exterminio de un pueblo entero. Este es el motor de la “locura” sionista, que a su vez es el eje de coordenadas de la legalidad internacional bajo el sistema capitalista: el lucro empresarial.

Es evidente que este paso pretende lanzar un mensaje al mundo. Bajo el capitalismo no hay más legalidad internacional que el poder del bloque imperialista dominante. Pero las formas, la diplomacia y la apariencia de legalidad, son un instrumento muy valioso de los capitalistas para disfrazar su dominación. Eso es precisamente lo que Trump y Netanyahu desprecian y sustituyen por la agresividad, mostrando sin disimulo sus intereses imperialistas y coloniales ante los pueblos de todo el mundo. No hay diferencia alguna con lo que hicieron los nazis al proclamar que Europa les pertenecía.

El plan para Gaza fue presentado en unas diapositivas en las que no aparecía la Gaza que conocemos, arrasada por las bombas sionistas. Era una Gaza diseñada por y para los imperialistas, una ciudad de ensueño dedicada al turismo costero. Kushner, empresario y yerno de Trump, habló de una inversión de 25.000 millones de dólares para levantar en diez años un centro económico, con la construcción de 180 torres de uso mixto para la construcción de centros de datos e instalaciones de fabricación avanzada. La propuesta de Trump plantea monetizar el 70% del litoral gazatí a partir del décimo año, generando más de 55.000 millones de dólares de retornos de inversión en ese plazo.

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La diplomacia y la apariencia de legalidad son un instrumento muy valioso de los capitalistas para disfrazar su dominación. Eso es lo que Trump y Netanyahu desprecian y sustituyen por la agresividad, mostrando sin disimulo sus intereses imperialistas y coloniales. 

El pueblo gazatí convertido en mano de obra esclava

El proyecto ya contempla los obstáculos que tendrán que enfrentar para desarrollar sus planes, es decir, la completa destrucción generada por el Estado de Israel: 10.000 cadáveres que todavía se encuentran bajo 68 toneladas de escombros, bombas sin explotar y un suelo tóxico cuya capa fértil ha sido completamente arrasada. Por eso el plan ya señala quién va a efectuar todas esas obras: lo que quede del pueblo gazatí, convertido en mano de obra, sometida y esclavizada por el régimen colonial israelí.

Para ello la reconstrucción empezará en Rafah, donde se pretende construir la vivienda para la mano de obra que emprenderá esta reconstrucción. Será la primera “comunidad planificada” de la “nueva Gaza”. Las condiciones de esas “comunidades planificadas” ya vienen descritas en un informe del Centro de Coordinación Civil-Militar[1], el órgano que lidera EEUU para llevar adelante el Plan de Paz. Este informe, que consta de casi 50 puntos, detalla y regula la totalidad de la vida social: los desplazamientos, la administración pública, la sanidad, la educación… El plan de los genocidas para las y los palestinos que no huyan es el sometimiento más completo, una vida controlada y esclavizada.

En un punto del informe incluso se llega a decir que “todos los residentes que ingresen serán registrados con documentación biométrica para permitir su identificación para el movimiento y los servicios civiles”. Los nazisionistas prescinden de los famosos brazaletes que usaron sus inspiradores, los nazis de los años 30, y plantean abiertamente usar la tecnología biométrica para controlar a los palestinos. Un campo de concentración con la tecnología del siglo XXI, la vuelta al mismo horror de los guetos donde los nazis masacraban y esclavizaban a los judíos pero bajo las banderas estadounidense y sionista. Es un horror y es terrible, pero esta es la “civilización” que declaran abiertamente los genocidas y sus aliados.

El “plan de paz” culmina la limpieza étnica sionista

El pueblo palestino está siendo sometido a una opresión descarnada. Con la entrega del cuerpo del último rehén en manos de Hamás, Netanyahu ya ha anunciado la apertura parcial del paso de Rafah. En sus declaraciones, afirmaba que se limitará la entrada a 50 personas al día. Si estas declaraciones se convierten en realidad podremos asistir a un desplazamiento masivo. Una tercera Nakba reivindicada abiertamente por el sionismo asesino. El propio Netanyahu fue claro: “He escuchado que voy a permitir el establecimiento de un Estado palestino en Gaza, pero eso no ha sucedido y no va a suceder. Creo que todos saben que quien ha bloqueado repetidamente el establecimiento de un Estado palestino soy yo”.

Ante esta realidad, los llamamientos de la socialdemocracia internacional a respetar la legalidad internacional son impotentes e hipócritas. Estos mismos socialdemócratas, como Pedro Sánchez —que anuncia que no se sentará en la Junta de Paz, pero no tuvo problemas en correr a estrechar la mano de Trump cuando presentó su farsa de plan de paz—, pese a todos sus discursos y promesas sobre el embargo de armas a Israel mantienen todos los lazos económicos y militares con el Estado sionista.

Tampoco podemos decir que China y Rusia hayan adoptado una actitud consecuente de oposición a los planes del sionismo. De hecho, aunque no han aceptado ni rechazado todavía de forma oficial la invitación a participar en la Junta de Paz, lo que sí ha hecho Rusia es ofrecer los fondos rusos congelados por EEUU durante la guerra de Ucrania para financiar los planes colonialistas de la Junta de Paz. Una gran lección para quienes todavía depositan ilusiones en la “multipolaridad” y este supuesto “imperialismo bueno”: apoyo a la limpieza étnica en Gaza y colaboración para sacar tajada del proyecto colonial.

El grado de barbarie, destrucción y opresión que el imperialismo estadounidense y el sionismo han provocado en Oriente Medio parecía inimaginable hace pocos años. Que todos los monstruos que parecían haber quedado en los libros de historia sobre los años 30 ahora cobren vida puede parecer sorprendente, pero no es más que el producto legítimo del capitalismo en su fase imperialista y la pugna por la hegemonía mundial.

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Este acuerdo de paz es la enésima traición contra el pueblo palestino. Ahora más que nunca la solidaridad internacionalista de la clase obrera y la juventud ha demostrado ser la única resistencia para derrotar los planes de los genocidas. 

Este acuerdo de paz es la enésima traición contra el pueblo palestino. Todos los gobiernos capitalistas árabes y de otros países que se pretendían presentarse como sus aliados se han desenmascarado y puesto de rodillas una vez más ante el amo de Washington y solo piensan en ganar lo máximo posible.

Ahora más que nunca la solidaridad internacionalista de la clase obrera y la juventud ha demostrado ser la única resistencia para derrotar los planes de los genocidas. La rebelión mundial contra el genocidio sionista ha señalado al corazón de este sistema decrépito y deja una lección clara: para derrotar a los imperialistas hay que acabar con el capitalismo, hay que hacer la revolución socialista mundial.

¡Palestina libre desde el río hasta el mar!

¡Por la federación socialista de Oriente Medio!
¡Socialismo o barbarie!

 

[1]Documentos filtrados: “Comunidad planificada” en Rafah obligaría a los palestinos a entrar en el Panóptico israelí

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