Durante los últimos meses la clase obrera y la juventud argentinas han protagonizado movilizaciones de masas que han vuelto a mostrar la indignación masiva que existe contra el Gobierno ultraderechista de Javier Milei, que cosecha los mayores niveles de rechazo desde su llegada al poder.

El 19 de febrero una huelga general masiva contra la reforma laboral, la cuarta desde la llegada a la Casa Rosada de este elemento que no oculta sus ideas totalitarias, sacudía el país[1]. El 8 de marzo y el 24 del mismo mes, Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia se convirtieron un año más en un clamor contra sus políticas machistas, negacionistas de la represión de la dictadura y ultrarreaccionarias. Y este 12 de mayo estudiantes, docentes y trabajadores de las universidades públicas argentinas inundaban nuevamente las calles, protagonizando la mayor de las cuatro grandes jornadas de huelga y movilización en defensa de la universidad pública celebradas desde abril de 2024.

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Durante los últimos meses la clase obrera y la juventud argentinas han protagonizado movilizaciones de masas contra el Gobierno ultraderechista de Javier Milei, que cosecha los mayores niveles de rechazo desde su llegada al poder. 

¡Hay fuerza para vencer!

La lucha de los 2.100.000 estudiantes y  159.000 docentes de las universidades públicas se ha transformado en un pilar fundamental de la movilización contra el Gobierno, poniendo de manifiesto que hay fuerza más que suficiente para echar a Milei.

Solo en Buenos Aires, 600.000 manifestantes desbordaron las calles. Las imágenes de la movilización hablan por sí solas. Ríos humanos ocupando avenidas enteras. Facultades completas marchando juntas. Ocupación de espacios académicos. Jóvenes que  participaban por primera vez en una protesta coreando consignas contra los recortes y la motosierra fascista.

Una Plaza de Mayo completamente desbordada volvió a convertirse en símbolo de la protesta. Y no fue únicamente la capital: Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Mar del Plata, Neuquén y decenas de ciudades protagonizaron movilizaciones multitudinarias que según los organizadores reunieron a más de millón y medio de personas.

En dos años de Gobierno las universidades han sufrido una caída presupuestaria acumulada del 45,6%, mientras los salarios docentes y no docentes se desploman pulverizados por la inflación. En los últimos 28 meses los profesores universitarios han perdido el equivalente a 8 salarios[2] y cada vez más docentes abandonan la universidad pública porque sus salarios no alcanzan para sobrevivir.

La situación es tan límite que numerosas facultades denuncian que no pueden garantizar el funcionamiento básico: faltan recursos para mantener edificios, laboratorios, hospitales universitarios, becas y programas de investigación.

Unificar todas las luchas contra el verdadero Gobierno de “la casta”

La universidad pública se ha convertido en uno de los principales objetivos de la ofensiva de la oligarquía y la ultraderecha porque representa lo contrario al proyecto reaccionario de Milei: el acceso de los hijos e hijas de la clase trabajadora al conocimiento, la investigación, la cultura y a la organización política.

Por eso la respuesta gubernamental a la gigantesca movilización del 12M ha sido el desprecio y las amenazas. Algo que inmediatamente ha sido contestado por los sectores más a la izquierda del movimiento exigiendo continuar la lucha y unificarla con el resto de la clase obrera y la juventud.

Todas las luchas que mencionábamos al inicio de este artículo tienen el mismo origen. En dos años, Milei redujo el gasto público en una cuarta parte: del 19 al 14% del PIB. Pero su discurso de que no hay dinero y es imprescindible aplicar recortes ya no engaña a nadie, siendo cuestionado hasta por amplios sectores de las capas medias y  de los trabajadores que, desmoralizados por los recortes de los Gobiernos peronistas,  le votaron creyendo su discurso demagógico contra “la casta”.

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La lucha de estudiantes y docentes de las universidades públicas se ha transformado en un pilar fundamental de la movilización contra el Gobierno. Solo en Buenos Aires, 600.000 manifestantes desbordaron las calles. 

La verdadera casta es la que forman los corruptos y oligarcas que integran y apoyan este Gobierno de extrema derecha que no para de protagonizar escándalos de corrupción, empezando por el propio presidente, su hermana Karina y el jefe de Gabinete Adorni[3] Mientras aplican la motosierra contra la educación y la sanidad públicas, las pensiones, los salarios y los derechos sociales, los capitalistas argentinos hacen negocios millonarios especulando y saqueando el país.

El vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento denunciaba que el  costo de la ley de financiamiento universitario vetada por Milei representa la mitad de lo que el Gobierno dejará de recaudar por la reducción del impuesto a las ganancias empresariales incluida en la “ley de modernización laboral” que provocó la huelga general del 19F. “Solamente en junio de 2025, en intereses capitalizables de letras emitidas por este Gobierno se comprometió un gasto equivalente a 10 años de la ley de financiamiento universitario”[4].

La lucha por la universidad pública marca un jalón en el incremento del rechazo al Gobierno. Junto a familias obreras que defienden el derecho de sus hijas e hijos a la educación superior ha impactado a sectores de las capas medias empobrecidos por la crisis e indignados por los recortes y la corrupción.

Como señalamos cuando fue elegido, Milei no era ningún outsider sino una apuesta estratégica de sectores decisivos de la oligarquía, que buscaban doblar el espinazo a la clase obrera argentina e infligirle una derrota histórica. Su proyecto, como el de su aliado y protector Trump,  es profundamente autoritario y antidemocrático. Si pudiese implantaría una dictadura. Lo que se lo ha impedido, y lo único que puede acabar con la pesadilla que está significando su Gobierno, es la lucha masiva y organizada de la clase obrera y la juventud.

Por una huelga general de 48 horas y un plan de lucha para vencer

La cuestión decisiva es cómo organizar toda esa fuerza. Esta es la tarea central del momento. Mientras la juventud y los trabajadores protagonizan una movilización histórica tras otra, las direcciones sindicales y los dirigentes del peronismo continúan actuando como freno. Convocan protestas aisladas, paros limitados y jornadas testimoniales, negándose sistemáticamente a impulsar un verdadero plan de lucha para derrotar al Gobierno y la oligarquía.

Como explicamos en el balance de las elecciones legislativas de octubre del año pasado[5], la negativa de los dirigentes sindicales a convocar una nueva huelga general de 48 horas, tras el éxito de la que se habían visto obligados a organizar el 10 de abril de 2025 por la presión de las bases, dio oxígeno a  un Gobierno noqueado.

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La burocracia sindical de la CGT y la CTA fiaron todo a la estrategia de los dirigentes peronistas de desviar la lucha de las calles al terreno electoral y a revindicar la nefasta gestión del peronista Alberto Fernández, que acabó en un desastre social. 

La burocracia sindical de la CGT y la CTA fiaron todo a la estrategia de los dirigentes peronistas de desviar la lucha de las calles al terreno electoral. Estos dirigentes se dedicaron además a revindicar su nefasta gestión durante el Gobierno  de Alberto Fernández, que acabó en un desastre social. El resultado fue una victoria electoral del partido de Milei gracias a la movilización electoral de las capas medias más beneficiadas por la especulación y radicalizadas a la derecha y la abstención de millones de trabajadores y jóvenes.

Pero la euforia por esa victoria ha durado poco. El rechazo al Gobierno de la oligarquía se refleja cada vez de forma más clara y contundente en la calle y las encuestas, que muestran los niveles de popularidad más bajos de Milei desde su elección, con un rechazo del 62%.

La enorme respuesta de la juventud y los trabajadores universitarios tiene que unirse con las luchas de los trabajadores industriales, los docentes del resto de tramos educativos, el personal sanitario, los jubilados y el resto de sectores, organizando ya una huelga general de 48 horas y un plan que continúe, extienda y endurezca la movilización hasta ganar.

Levantar una alternativa revolucionaria de masas

La acción directa de las masas, empezando por la huelga general, es la herramienta decisiva para tumbar a Milei. Su caída como producto de la movilización de masas abriría una situación revolucionaria en Argentina con consecuencias en todo el continente y a escala global. Sería un misil en la línea de flotación de la internacional reaccionaria liderada por Trump que impulsaría la lucha antifascista y revolucionaria en todo el mundo.

El ascenso de la lucha de masas, la  creciente polarización y profundas divisiones dentro de las direcciones sindicales (con el surgimiento de un agrupamiento sindical como el FreSu, que expresa la crítica a los dirigentes sindicales de la CGT) ofrece una oportunidad histórica a la izquierda combativa argentina, organizada alrededor del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad.

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La izquierda revolucionaria anticapitalista argentina está en condiciones de llegar con las ideas del socialismo a los sectores más combativos de la CGT, la CTA y el FreSu y a las bases de la izquierda peronista, aplicando una estrategia de frente único. 

El FIT-U cuenta con miles de luchadores probados, dirigentes sindicales combativos y activistas con una autoridad ganada en años de pelea en las calles, los centros de estudio y los lugares de trabajo. Su dirigente más conocida, Myriam Bregman tiene un apoyo en diferentes encuestas electorales de entre 10 y 14%. Y según un sondeo de la encuestadora Atlas es la política mejor valorada del país, con un 49%  de aprobación, por delante de Axel Kicillof (probable candidato peronista) y Cristina Kirchner, y superando por un amplísimo margen a Milei.

La izquierda revolucionaria anticapitalista argentina está en condiciones de llegar con las ideas del socialismo a los sectores más combativos de la CGT, la CTA y el FreSu y a las bases de la izquierda peronista, aplicando una estrategia de frente único: un plan común para echar al Gobierno de Milei, unificando las luchas contra el ajuste, la reforma laboral y los ataques a la educación pública, los pensionistas, las mujeres, la comunidad LGTBI. Explicando que la fuerza para derrotar a la oligarquía está en las calles y los centros de estudio y trabajo, paralizando el país mediante la movilización de masas y la huelga general, y uniendo a todo ello la defensa de un programa socialista que plantee la expropiación de los grandes bancos y empresas bajo control de la clase trabajadora para planificar democráticamente la economía y satisfacer las necesidades sociales.

Esta orientación conectaría con miles de trabajadores y jóvenes que rechazan la pasividad de las burocracias sindicales y buscan una alternativa política y sindical de clase, combativa y consecuente.

 

Notas:

[1]Argentina. Hay que continuar la lucha hasta tumbar la reforma laboral esclavista de Milei

[2] Los docentes universitarios perdieron el equivalente a 8 sueldos en 28 meses

[3]El discurso de Milei contra “la casta” choca con los escándalos de corrupción de su Gobierno

[4]Las universidades exponen el doble discurso de Milei: no hay plata para educación, pero sobra para bajar impuestos

[5]Argentina. Milei gana las elecciones legislativas, pero la clase obrera no le dará tregua

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