China y EEUU pelean por el trono del mundo y lo hacen de una forma cada vez más abierta y descarnada. Las ondas expansivas de este enfrentamiento están provocando una inestabilidad crónica en todo el mundo. La agresividad extrema de EEUU, fruto de su desesperación por recuperar el terreno perdido en los últimos años en sus tradicionales áreas de influencia está poniendo el sello en la situación.
El genocidio en Gaza, llevado a cabo gracias a su apoyo total a Netanyahu, es una muestra clara de hasta dónde están dispuestos a llegar. La agresión imperialista en Venezuela, sus planes de hacerse con Groenlandia y su actitud respecto a la UE, vuelven a poner de manifiesto dos cosas: la primera es que van a pelear con todo hasta su último aliento; a pesar de ser la potencia en decadencia siguen siendo la primera fuerza, con un enorme poder que van a seguir utilizando, logrando incluso asestarle golpes importantes a sus contrincantes.
África no escapa de esta dinámica y también se ha convertido en escenario de esta disputa. El imperialismo occidental ha retrocedido decisivamente en el continente desplazado por China y Rusia. El gigante asiático se ha convertido, en los últimos 20 años, en el mayor socio comercial de África, el mayor inversor individual en los países africanos y, además, su mayor acreedor.

África: capital Beijing
La relación entre África y China va mucho más allá de sus fuertes relaciones comerciales. Se puede decir que el gigante asiático ha sido el autor del diseño de toda la infraestructura logística del continente. Las inversiones en ferrocarriles, carreteras, instalaciones de energía, desarrollo de la minería e infraestructura tecnológica como el 5G han marcado esta última época.
China está presente en más de una cuarta parte de los puertos comerciales de África (unos 78 proyectos en 32 países), especialmente en África Occidental (35 puertos), un punto de la máxima importancia, por su acceso al Océano Atlántico y la exportación de minerales críticos. Y no hablamos solo de la construcción de infraestructura, sino de cómo las empresas estatales la utilizan para asegurar el control de la cadena de suministro desde el origen.
El músculo económico es la clave de la expansión China. Su socio, Rusia —que constituye la otra pata del desplazamiento de Francia y EEUU en África— lo hace a través de su poderío militar: ofreciendo servicios de seguridad y protección a Gobiernos locales a cambio de derechos mineros y acceso a recursos naturales a través de lo que antes era el Grupo Wagner —ahora rebautizado como Africa Corps— han logrado su expansión a países como Malí, Burkina Faso, Níger, República Centroafricana, Libia, Sudán, Chad, Mozambique y Madagascar.
EEUU se revuelve contra la reconfiguración de fuerzas en el Sahel
La región del Sahel — la franja que recorre África desde el Atlántico hasta el Mar Rojo y que une el Sáhara con la zona tropical del África subsahariana— se ha convertido en un punto central. No únicamente por su posición estratégica para las rutas comerciales — un aspecto de mucha importancia, tal y como se refleja en que la Nueva Ruta de la Seda impulsada por Beijing pase por el Sahel—. El otro aspecto que la hace una región clave son sus recursos minerales. Tiene una de las mayores reservas de oro del mundo. También es rica en petróleo, gas natural, uranio, litio y tierras raras, componentes esenciales para la batalla tecnológica.
Desde 2019, el Sahel ha sido escenario golpes de Estado que se enmarcan precisamente en esta disputa. Golpes de Estado que han provocado cambios de Gobierno en seis países de la zona. Cinco de ellos antiguas colonias francesas –Guinea, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad–, y el sexto, Sudán, antigua colonia británica. Incluso, saliéndonos por el sur de lo que estrictamente es el Sahel, Gabón, otra excolonia francesa, también fue escenario de este mismo fenómeno.

Esto ha dado pie a una nueva reconfiguración de la zona en la que Rusia ha utilizado para extender su influencia el rechazo masivo a las décadas de saqueo, asesinatos, violaciones y pobreza que han dejado a su paso el colonialismo francés y el imperialismo occidental en general. Tanto en Malí como después en Burkina Faso y Níger, en las manifestaciones de apoyo a los militares que tomaron el poder se podía ver a manifestantes que portaban banderas rusas y quemaban las francesas.
Hasta tal punto ha llegado la ruptura que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) —nacida en 1975 como organismo títere de EEUU, con Nigeria a la cabeza— ha saltado por los aires. Esta alianza, que trató de frenar esta oleada de golpes de Estado que amenazaba su dominio en la zona, respondió al pronunciamiento en Níger amenazando con una intervención militar respaldada políticamente por Francia y EEUU, provocando la respuesta social y manifestaciones masivas en apoyo a los militares y con la rebelión contra el dominio colonial por bandera.
La resultante de este enfrentamiento abierto fue la salida, el pasado 2025, de Mali, Burkina Faso y Níger de la CEDEAO, conformando una nueva alianza, un nuevo bloque — la Alianza de Estados del Sahel (AES)— posicionados con Rusia y que han expulsado a las tropas y empresas francesas de sus respectivos países arrancando un gran apoyo social a esta medida.
Coincidiendo con el salto adelante del imperialismo USA en su ofensiva mundial en las últimas semanas y apenas unos días antes de su intervención en Venezuela, EEUU bombardeaba Nigeria. En una operación coordinada con el Gobierno nigeriano, aliado suyo, descargaba diez misiles que mandaban un mensaje muy claro. A pesar de la cobertura oficial para justificar este ataque bajo el pretexto de la lucha antiterrorista contra la persecución de la población cristiana en Nigeria, el mensaje real era otro bien distinto: en África tampoco vamos a ceder sin pelear, y si es necesario tiraremos bombas, ¡para eso somos la primera potencia! ¡Podemos hacerlo y lo haremos! Todo un aviso a navegantes.
No hay imperialismo bueno
Es cierto que Rusia y China no tienen el historial sangriento de EEUU, Francia o Reino Unido y pueden aprovechar esto para hacer demagogia y presentarse como alternativa, como un factor político de estabilidad y que además traen bajo el brazo inversiones millonarias. Pero no nos engañemos. Eso es una cosa, y otra cosa muy distinta es que sus intereses y ambiciones en estos países sean diferentes a los de EEUU.
Sudán es un gran ejemplo de esto en el mismo Sahel. En 2018 vivió una revolución que acabó con el régimen de Ahmad al Bashir tras 30 años en el poder, y en 2021 protagonizó otro levantamiento revolucionario frente al golpe de Estado que pretendía enterrar para siempre la revolución sudanesa. En la actualidad el país está inmerso en una guerra civil que está provocando la mayor emergencia humanitaria del planeta. Las cifras disponibles hablan de 150.000 muertos, de 13 millones de desplazados y más de la mitad de la población en riesgo de hambruna. Dos tercios de la población necesitan asistencia humanitaria para sobrevivir.

En mitad de esta barbarie, tanto China como Rusia, mantienen relaciones con todos los implicados en esta guerra sangrienta, en la que no hay ningún bando progresista, incluidos los responsables de haber ahogado en sangre la revolución sudanesa a través de la represión más salvaje. En este amasijo de luchas de poder que entrelaza los intereses de los grandes bloques, con los de las potencias regionales —también implicadas en el conflicto— y que genera una complejidad extrema en esta guerra, ambos aguardan a ver de qué lado se decanta la balanza para tratar de asegurar sus negocios en la zona.
Lo único que conmueve al imperialismo del bloque chino-ruso en África son los billetes. En eso coinciden con el imperialismo yanqui. En eso y en su odio total a la revolución. Precisamente esto explica no solo lo que han hecho en Sudán, sino que a pesar del poderío económico, militar y político hayan permitido el genocidio en Gaza sin mover un solo dedo, la agresión imperialista en Venezuela o la represión salvaje contra las masas en Irán.
La lucha de clases, el factor que ningún bando imperialista puede apagar
Ni el imperialismo yanqui ni el chino-ruso pueden tolerar que las masas pretendan convertirse en dueñas de su destino. Saben que esto es una amenaza a sus intereses pero ninguno de ellos es capaz de conjurarlo. Al revés, lo avivan permanentemente con su expolio, sus guerras y su barbarie. Es la única salida posible para las masas en África y de hecho todo el continente está siendo sacudido de arriba abajo por la revolución y la contrarrevolución.
Las movilizaciones y los estallidos que están teniendo lugar en Marruecos, en Madagascar, en Tanzania o Camerún reflejan que, frente a la barbarie impuesta por las intrigas de los imperialistas y sus peones locales, una y otra vez la clase trabajadora se abre paso buscando una salida revolucionaria.
Los oprimidos de África son los únicos que pueden presentar batalla contra el yugo imperialista, expropiando a las multinacionales, a la burguesía corrupta, enfrentándose a los señores de la guerra y a las fuerzas reaccionarias del yihadismo. En definitiva, con el programa del socialismo, a través de la huelga general, las ocupaciones de fábricas y tierras, la insurrección y la lucha armada de masas. Este es el único camino posible para la liberación de las masas en África.



















