El miércoles 9 de noviembre la clase trabajadora griega y belga protagonizaron la mayor jornada de huelga general en años, y llenaron las capitales de ambos países con manifestaciones multitudinarias. El aumento desbocado de los precios de la energía y los alimentos, los bajos salarios, la precariedad y la amenaza de más despidos y recortes sociales,  están colocando a los trabajadores de toda Europa en una situación imposible.

Esta crisis económica y social devastadora está preparando una lucha de clases encarnizada de la que vemos sus primeros destellos.

Grecia paralizada contra el Gobierno reaccionario de Kyriakos Mitsotakis

Atenas y las principales ciudades del país heleno amanecían sin metro, autobuses, trenes ni taxis. Del puerto de Pireo, junto a la capital, no salió ningún barco, ni ferry, y los vuelos nacionales también sufrieron cancelaciones por la gran participación en la huelga de los controladores aéreos.

El paro general de 24 horas, convocado por los sindicatos de los sectores privados y público GSEE y ADEDY, y por toda la izquierda combativa, el Partido Comunista de Grecia (KKE) y su fracción sindical PAME, ha sido respaldado mayoritariamente por los trabajadores del transporte, el sector educativo y la administración pública. “La huelga de hoy es un mensaje de la escalada de la lucha. Un mensaje del levantamiento en cada centro de trabajo, en cada sector, en cada región. Ahora, el pueblo trabajador debe convertirse en protagonista de la lucha por su vida y un trabajo con derechos”, destacó el mensaje del Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME).

La clase trabajadora griega sufre una inflación del 12%, una pérdida del poder adquisitivo de los hogares con bajos ingresos de un 40%, y cuenta con un salario mínimo de poco más de 700 euros. Por eso los trabajadores, los jóvenes y los pensionistas de Grecia han dicho basta, y han tomado con las dos manos este llamamiento a la huelga. En las manifestaciones en Atenas y Salónica, las más masivas, decenas de miles han denunciado que, mientras la clase obrera vive una crisis permanente desde hace más de 12 años, los capitalistas y la burguesía tanto griega como internacional aumentan escandalosamente sus beneficios y riqueza.

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“La huelga de hoy es un mensaje de la escalada de la lucha. Un mensaje del levantamiento en cada centro de trabajo…", destacó el Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME). 


Estas protestas, bajo el lema “vivir con dignidad”, han servido también para denunciar la reforma laboral del Gobierno de Nueva Democracia (ND) que, entre otras cosas, restringe el derecho a huelga, las reaccionarias políticas educativas, y el regalo de miles de millones de euros del presupuesto estatal para apoyar las intervenciones bélicas del imperialismo occidental y para la compra de armamento.

No es casualidad que los estudiantes hayan participado con contundencia en esta jornada de huelga general. Desde hace meses, huelgas estudiantiles y de profesores, manifestaciones gigantescas e incluso grupos de autodefensa en las Universidades marcan la agenda educativa en Grecia. A principios de 2019, el Gobierno de ND revocó la prohibición de que la policía pudiera entrar en los espacios universitarios. Desde entonces hasta ahora, los ataques policiales contra el movimiento estudiantil se han agudizado, poniendo en marcha los “Equipos de Protección de Instituciones Universitarias”, es decir, militarizando los Campus para subyugar la libertad de expresión y la organización política de los más jóvenes.

La huelga general del 9 de noviembre ha sido un gran paso adelante en la unificación de las distintas luchas obreras y juveniles. Esta acción muestra con claridad cuál es el ambiente que existe entre la sociedad griega y la posibilidad de transformar esta furia en un movimiento de masas capaz de derribar a Mitsotakis.

La rabia de los trabajadores belgas estalla

A principios de septiembre, el primer ministro belga Alexander de Croo, un empresario liberal y nacionalista flamenco de derechas, anunciaba que el aumento de los precios de la energía tendría “un devastador efecto a largo plazo” y que “nos preparamos para de 5 a 10 inviernos difíciles”. En ese mismo discurso, copiando el estilo de Macron, pedía “los esfuerzos necesarios” a la población.

Menuda sorpresa tan desagradable se ha llevado este firme portavoz de la patronal al ver el éxito de la huelga general. Los oprimidos y oprimidas belgas demostraron este 9 de noviembre que no están dispuestos a aceptar más ataques.

La chispa que desencadenó la convocatoria de la huelga ha sido la nueva legislación que impide negociar la subida de los salarios durante los próximos años bajo la excusa de la crisis. Con una inflación del 13% (récord en la historia reciente del país), una subida del precio del 130% del gas y un 85% de la electricidad, el Gobierno está aprovechando para apretar todavía más las tuercas a una clase obrera ya asfixiada. “No llegamos a fin de mes” o “ya no podemos pagar la comida” son las expresiones que más se escucharon durante las manifestaciones. Mientras, las grandes empresas se están embolsando ganancias estratosféricas.

El seguimiento de la huelga ha llegado a todos los sectores productivos. El paro en el transporte público en Bruselas ha sido tal que solo funcionaba una línea de metro, la red de autobuses de la región de Valonia (en el sur) contaba con prácticamente todas sus líneas detenidas y en Flandes, al norte, el servicio solo funcionaba al 50%. El aeropuerto de la capital suspendió el 60% de los vuelos y el segundo más importante, el de Charleroi, estuvo cerrado 24h.

Los supermercados y los grandes centros comerciales estaban totalmente bloqueados, principalmente en el sur del país; la huelga también resonó con fuerza en los hospitales, correos, bomberos e incluso en la policía. El día de ayer comenzó además con numerosos piquetes en las zonas más industriales del país y frente a las sedes de Otis, Aquiris, Brucargo, Renault, Mercedes-Benz y BMW en Bruselas.

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La chispa que desencadenó la convocatoria de la huelga en Bélgica ha sido la nueva legislación que impide negociar la subida de los salarios durante los próximos años bajo la excusa de la crisis. 


Organizarse bajo un programa revolucionario

El descontento del conjunto de la clase trabajadora europea se está comenzando a expresar. La huelga general en Grecia y Bélgica se suma a la oleada huelguística que sacude el Reino Unido, a la rebelión de las refinerías y de otros sectores en Francia, y a los conflictos obreros que están estallando en Alemania. Todos estos ejemplos son una gran inspiración para los oprimidos de toda Europa y demuestran que la única forma de conseguir una vida digna es luchando en las calles.

País tras país, la burguesía ha declarado la guerra a la clase obrera. En muchas ocasiones, los capitalistas cuentan con la colaboración de la izquierda reformista parlamentaria y la burocracia sindical para imponer la paz social. Por eso, la tarea principal que tenemos por delante los trabajadores y jóvenes es armarnos con un programa revolucionario y anticapitalista; organizarnos desde abajo para celebrar asambleas democráticas en los centros de trabajo y estudio, elegir comités de huelga para extender la movilización… Tenemos que vincular la batalla por las subidas salariales, en defensa de los servicios públicos y contra la inflación, a la nacionalización y expropiación bajo control de los trabajadores de los sectores estratégicos de la economía y a la lucha contra el sistema capitalista. ¡Ahora es el momento de resistir y frenar la ofensiva del capital!

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