Una oleada de huelgas y movilizaciones recorre toda la geografía estadounidense. Miles de trabajadores a lo largo y ancho del país están exigiendo aumentos salariales (la inflación alcanza en estos momentos el 5,4%), más días de descanso para acabar con las jornadas laborales interminables, más prestaciones sociales, etc.

Este notable incremento de la actividad huelguística se produce particularmente en el sector manufacturero, entre las plantillas de los Gobiernos locales, en la construcción, la minería, la logística, la hostelería y una larga lista de servicios.

Es difícil conocer el dato real ya que la estadística elaborada por el Gobierno federal solo recoge los paros laborales que afectan a empresas de más de 1.000 empleados. Según la Universidad Cornell, ha habido 255 paros en lo que va de año, 44 de ellos solo en octubre (El Confidencial, 24/10/21).

Los trabajadores muestran determinación para vencer la resistencia patronal

Los sindicatos estadounidenses, comprometidos con intentar garantizar la paz social y siempre dispuestos a colaborar con los empresarios, están siendo sometidos a una gran presión por parte de una clase obrera que en numerosas ocasiones supera los límites que los dirigentes sindicales quieren imponer. 

Los 1.400 operarios de la empresa de cereales Kellogg’s en Battle Creek (Míchigan), Omaha (Nebraska), Lancaster (Pensilvania) y Memphis (Tennessee) permanecen en huelga desde el pasado 5 de octubre y realizan piquetes de forma periódica exigiendo mejoras laborales; también han parado, desde el 14 de octubre, 10.000 empleados de las plantas de maquinaria agrícola de John Deere en Iowa, Illinois, Kansas, Colorado y Georgia. En la misma situación se encuentran los 2.000 del Mercy Hospital de Búfalo (Nueva York) y los 31.000 de la empresa de servicios sanitarios Kaiser Permanente han votado ir a la huelga… La lista es muy larga.

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Los 1.400 operarios de la empresa de cereales Kellogg’s permanecen en huelga desde el pasado 5 de octubre y realizan piquetes de forma periódica exigiendo mejoras laborales.

Los capitalistas, pese a los grandes beneficios que están acumulando[1], ofrecen una dura resistencia. Sin embargo, los trabajadores están oponiendo también una fuerte determinación y están logrando importantes victorias, que a su vez animan a otros sectores a luchar.

Los obreros de Frito-Lay (fabricante de Cheetos, Doritos, Ruffles, etc.), subsidiaria de Pepsico en Kansas, después de 19 jornadas de huelga lograron un significativo aumento salarial y más tiempo libre. En la fábrica de snacks Nabisco, perteneciente al grupo Mondelez International, tras cinco semanas en huelga, la empresa se vio obligada a abandonar un plan para introducir la doble escala salarial. Uno de los casos más emblemáticos está siendo el de los técnicos de sonido y operadores de cámara de Hollywood. Unos 60.000 operarios, a través de su sindicato IATSE[2], aprobaron un paro a partir del 18 de octubre; antes de esa fecha la empresa ofreció serias concesiones (incrementos del tiempo libre y de descanso y aumentos salariales). El sindicato ha firmado un preacuerdo con la patronal del sector que está pendiente de ser ratificado por unas bases que lo han recibido con frialdad.

Ofensiva obrera para conquistar empleos decentes

Tras el parón provocado por la pandemia, millones están negándose a aceptar muchos de los empleos basura que les ofrecen. Más de 10 millones de empleos estaban vacantes a finales de agosto de este año, según cifras oficiales. Liz Schuler, presidenta del AFL-CIO, explicaba gráficamente las razones de esta supuesta falta de mano de obra: “La pandemia realmente evidenció las inequidades de nuestro sistema y la gente trabajadora se está negando a volver a trabajos cutres que ponen sus vidas en peligro” (El Confidencial, 24/10/21).

Una gran mayoría de familias obreras estadounidenses se encuentran al límite. La presión cotidiana que sufren alcanza niveles críticos. En estas condiciones son muchos quienes recurren a los fármacos para resistir el ritmo. Cada vez son más los que se rebelan contra esta situación.

Kellogg’s obliga a hacer turnos de 12 horas los siete días de la semana; muchos obreros de Frito-Lay no habían recibido un aumento salarial en diez años, mientras se veían obligados a trabajar 84 horas a la semana a altas temperaturas (aldianews.com/es, 27/10/21), solo la lucha ha logrado aliviar esta situación; los técnicos de sonido y operadores de cámara de Hollywood tienen que lidiar con jornadas de rodaje maratonianas, que oscilan entre las 12 y las 14 horas, sin pausas para comer y sin días de descanso.

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Con decenas de millones de hombres, mujeres y jóvenes participando en la lucha social, cada vez sectores más amplios empiezan a decir basta y a exigir poder trabajar y vivir dignamente.

Los derechos laborales en los EEUU no han dejado de retroceder en las últimas décadas. Las vacaciones pagadas son un “lujo” al alcance de una minoría; no hay baja remunerada por maternidad, únicamente las empresas de más de 50 empleados tienen la obligación legal de guardar a la mujer su puesto durante doce semanas; ningún trabajador tiene seguro médico público, teniendo que recurrir a uno privado por su cuenta o a través de su empresa, etc.

El 44% de asalariados estadounidenses entre 18 y 64 años (53 millones de personas) ganan unos 10 dólares a la hora, 18.000 anuales, con lo que apenas pueden subsistir, y un 40% se ve forzado a tener un empleo a tiempo parcial (El blog salmón, 30/01/20). El Salario Mínimo Federal es de 7,25 dólares desde hace doce años. Y aunque hay estados en los que es mayor, rara vez supera los diez dólares.

La presión obrera está siendo muy intensa, lo que está provocando que las empresas se vean obligadas a hacer algún gesto. Compañías de paquetería como Amazon, Target y UPS o grandes cadenas comerciales como Walmart, que necesitan contratar a cientos de miles de para la temporada de navidad, están ofreciendo incrementos salariales y mejoras laborales.

Décadas de legislación antiobrera y antisindical, de colaboración entre sindicatos y capitalistas[3], han hundido las condiciones laborales a la vez que los beneficios empresariales han superado récords año tras año. En un contexto de enorme polarización social, con decenas de millones de hombres, mujeres y jóvenes participando en la lucha social, cada vez sectores más amplios empiezan a decir basta y a exigir poder trabajar y vivir dignamente. Este caldo de cultivo provocará que, más pronto que tarde, la clase obrera estadounidense recupere plenamente sus grandes tradiciones reivindicativas y de combate por su emancipación social.

 

[1] Por ejemplo, Kellogg’s obtuvo unas ganancias el primer trimestre en América del Norte de 379 millones de dólares, un 3,6% más que en el primer trimestre de 2020 y los ingresos de Amazon han subido un 15,3%, hasta 110.800 millones, con unos beneficios en el tercer trimestre de 2021 de 3.200 millones.

[2] Alianza Internacional de Empleados de Cine, Teatro y Televisión.

[3] Una de sus consecuencias ha sido el debilitamiento histórico de los sindicatos. La tasa actual media de sindicalización en EEUU es del 10,3% frente al de 20,3% de1983.

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