Tres meses después de iniciarse la agresión de EEUU e Israel contra Irán y el Líbano, la Administración norteamericana ha firmado con la república islámica el acuerdo para acabar con una guerra que ha perdido en todos los frentes. Rubricado por Trump en Versalles donde acudía a la cumbre del G7, el texto no deja lugar a dudas: es una capitulación humillante y sin precedentes para el imperialismo estadounidense y una rotunda victoria para el régimen iraní. Lo que iba a ser una acción militar relámpago y letal para acabar con el Estado integrista de los ayatolás, que no olvidemos era el objetivo de Netanyahu y Trump, ha terminado convirtiéndose en un completo fracaso militar, diplomático y económico para Washington y Tel Aviv. Por supuesto, China y también Rusia, salen como vencedores indirectos de esta “paz”.

EEUU, con el rabo entre las piernas

Los términos del acuerdo, denominado jocosamente “memorándum de entendimiento” para camuflar el fiasco encajado, es impactante. En primer lugar, Trump deja sin efecto todas las sanciones que operan sobre el petróleo iraní, eliminando los vetos existentes en el sistema bancario, de transportes y seguros de cara a que Teherán pueda comerciar con absoluta normalidad.

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El memorandum, rubricado por Trump en Versalles donde acudía a la cumbre del G7, no deja lugar a dudas: es una capitulación humillante y sin precedentes para el imperialismo estadounidense y una rotunda victoria para el régimen iraní. 

El acuerdo señala también que, tras la próxima fase de negociación, de 60 días, “los Estados Unidos de América se comprometen a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán —incluidas las derivadas de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Junta de Gobernadores del OIEA, así como todas las sanciones unilaterales de EEUU, tanto primarias como secundarias— conforme a un calendario acordado como parte del acuerdo definitivo”. Unas sanciones que condicionan la economía iraní desde que comenzaron a imponerse en 1979 y que se han ido endureciendo durante las décadas siguientes. Sin duda, solo ya este punto supone una victoria apabullante del régimen iraní.

En segundo lugar, y a medida que avancen las negociaciones, se desbloquearían gradualmente los fondos de la república islámica en el extranjero, y que ascienden hasta los 100.000 millones de dólares. Esta medida liberaría inmediatamente 24.000 millones, gran parte de los cuales se encuentran depositados en entidades financieras de los Emiratos Árabes Unidos (EAU)[1].

En tercer lugar, “los Estados Unidos de América se comprometen, junto con socios regionales, a elaborar un plan definitivo y mutuamente acordado, dotado con al menos 300.000 millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán”. Los términos de este punto resultan tan apabullantes, que el vicepresidente Vance ha intentado restarle importancia señalando que Washington no pagará ni un dólar a la república islámica, y que se tratará de un fondo constituido por los países del Golfo y por inversores privados[2]. ¡Como si esto, en caso de concretarse, no fuera ya una derrota inimaginable hace pocas semanas!

Por último, el memorándum establece que su entrada en vigor supondrá el fin “inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano”, es decir, un revés sin paliativos para el régimen sionista de Netanyahu, que hará todo lo posible, como ya ha señalado, para boicotearlo. Además, de acuerdo con el memorándum, se respetará la integridad territorial y la soberanía del Líbano lo que implicaría, una vez terminado el proceso subsiguiente de negociaciones, la retirada de las tropas sionistas del sur del país. 

EEUU se compromete a los 30 días de la firma del acuerdo definitivo a retirar sus fuerzas militares próximas a Irán, lo que podría suponer el desalojo de parte de las bases norteamericanas en la región.

A cambio de todo esto, Irán se compromete a abrir y desminar el estrecho de Ormuz, aunque el estatus y la administración del mismo, es decir, el posible cobro de tasas por tránsito —algo que no ocurría antes de la guerra—, quedará a expensas de lo que acuerden la república islámica y el Sultanato de Omán, conforme al “derecho internacional”.

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En el acuerdo no hay ninguna mención al programa de misiles de Irán, cuya eliminación fue uno de los objetivos planteados públicamente tanto por Trump como por Netanyahu al inicio de la guerra, ni el apoyo a sus aliados en la región. 

En cuanto a las concesiones de Teherán —el compromiso de no desarrollar armas nucleares— ya fue asumido anteriormente por Irán en el acuerdo firmado con Obama, y que Trump rompió. Los ayatolás han aceptado sin mayor problema que vuelvan las inspecciones sobre su programa nuclear y “la reducción del grado de enriquecimiento in situ bajo la supervisión de la OIEA”, o lo que es lo mismo, que las reservas de uranio permanezcan en suelo iraní. ¡Otro duro golpe a las pretensiones norteamericanas!

Por último, en el acuerdo no hay ninguna mención al programa de misiles de Irán, cuya eliminación fue uno de los objetivos planteados públicamente tanto por Trump como por Netanyahu al inicio de la guerra, ni el apoyo a sus aliados en la región, tanto a Hezbolá como a los Hutíes de Yemen o a las milicias proiraníes en Irak.

Un paso más en la decadencia del imperialismo norteamericano

Tal y como hemos venido explicando, la guerra de Irán se ha terminado convirtiendo en un nuevo jalón de la decadencia imperial norteamericana. Tras la humillante retirada de Afganistán, y tras la cada vez más evidente derrota en Ucrania, Irán se ha convertido en el mejor ejemplo de las enormes debilidades industriales y militares del imperialismo norteamericano.

Como han señalado numerosos analistas[3], esta guerra ha puesto en evidencia, con toda crudeza, las enormes limitaciones del poder norteamericano. A pesar de tener el ejército más poderoso del planeta, el mayor presupuesto en defensa, y una tecnología punta en misiles o Inteligencia Artificial aplicada al ámbito militar, se han estrellado contra una potencia regional como Irán, que obviamente ha contado con el pleno apoyo de China y de Rusia.

EEUU ha gastado cerca de 30.000 millones en estos meses de ataques aéreos y bloqueo naval, y ha bombardeado 13.000 objetivos matando a cerca de 3.000 personas. Sin embargo, como ya ha reconocido la propia inteligencia norteamericana, el 70% de las capacidades misilísticas de la república islámica siguen intactas. Y todo ello para dejar tiritando las reservas estadounidenses de misiles y munición, y que ha llevado al secretario de Defensa, Pete Hegseth, a declarar que reponer las existencias utilizadas en la guerra podría llevar "meses e incluso años", con las consecuencias que ello tiene en la carrera armamentística frente a China y Rusia.

Irán ha demostrado que produciendo miles de drones de bajo coste –que no superan los 30.000 dólares- puede enfrentar los mísiles de última generación norteamericanos con un coste de 3 millones de dólares, y hacer un daño agudo a las defensas e interceptores de EEUU e Israel. Según el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv, Irán ha lanzado más de 1.500 misiles y 4.700 ataques con drones en Oriente Medio durante los últimos meses, golpeando infraestructuras críticas de los países del Golfo –con daños por valor de 58.000 millones de dólares y que tardarán años en repararse-, y 17 bases militares de EEUU, además de embajadas y otras instalaciones.

La otra arma con la que Irán ha emergido tras el conflicto, es la posibilidad de cerrar cuando lo desee el vital estrecho de Ormuz. Recientemente un informe de las agencias de inteligencia de EEUU señalaba: “hemos cedido el control del estrecho a Irán, una herramienta más poderosa que cualquier arma nuclear”[4]. Según el informe, Irán ha constatado que tiene capacidad para cerrarlo en cualquier momento, y que las consecuencias de ello para la economía mundial ponen a EEUU, como ha quedado demostrado, al pie de los caballos. El informe también señala que la república islámica “se ha dado cuenta de que puede emplear ataques selectivos contra la infraestructura energética de los países del Golfo como herramienta asimétrica… aumentado la influencia futura de Teherán”.

En definitiva, la Casa Blanca minusvaloró el poder estratégico que esto otorgaría a Irán en el plano militar, y no tuvieron en cuenta el shock energético, las posibilidades de que un bloqueo de envergadura animase una recesión global y la profunda crisis de confianza que han generado con sus aliados del Golfo.

Y este último es otro de los puntos más significativos. Esta guerra ha desnudado la incapacidad de Washington para proteger a socios clave en un área decisiva de la batalla interimperialista. Miembros destacados de la OTAN, como Alemania, Gran Bretaña o Francia han rechazado una implicación directa y a gran escala. Y esto, no hay duda, constituye un duro revés y erosiona la credibilidad de Trump, como ha simbolizado la sonrisa maliciosa del presidente francés Macron cuando aquél estampaba su firma en Versalles.

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EEUU minusvaloró el poder estratégico que el cierre de Ormuz otorgaría a Irán en el plano militar, y no tuvieron en cuenta el shock energético, que un bloqueo animase una recesión global y la crisis de confianza que han generado con sus aliados del Golfo. 

Este desenlace tiene serias consecuencias para el balance de fuerzas: no solo aumentará la desconfianza de muchos aliados hacia Washington, reforzará el papel de China en toda la región. Arabia Saudí, que ha sido la que menos ataques ha recibido desde Irán, ya ha planteado estar dispuesta a firmar un amplio acuerdo de no agresión con el régimen de Teherán, y continuar avanzando en el restablecimiento de relaciones diplomáticas que iniciaron hace tres años.

Tanto China como Rusia emergen del conflicto más fuertes, y se agranda el signo de interrogación que pesa sobre la capacidad industrial y militar estadounidense, y su auténtica efectividad cuando se enfrenta no a Venezuela o a Cuba, sino a Estados que cuentan con una base productiva mucho más sólida.

Al final de todo, las presiones de amplios sectores de la burguesía norteamericana y de sus socios de la OTAN para que se garantizara la apertura del estrecho, y la crítica situación interna que enfrenta Trump, con índices históricos de desaprobación y a las puertas de unas elecciones de medio mandato que puede perder, han forzado al presidente estadounidense a sellar un acuerdo que supone un fracaso rotundo. 

Y este fracaso se extiende también a su socio fundamental, Netanyahu, que ve como una guerra iniciada para extender su poderío en el Líbano y toda la región y garantizar su relección, se ha transformado en un fiasco notable que le deja en una posición muy comprometida, que pueden aprovechar sus aliados más nazis. Por eso se ha reservado el derecho de reactivar la guerra en el Líbano cuando sus intereses lo requieran.

Está por ver cómo se desarrollan los acontecimientos en los próximos meses. Pero una vuelta a las hostilidades crearía graves problemas a Donald Trump. Si se ha llegado a este punto es precisamente porque las contradicciones, y el escenario negativo al que se enfrenta Washington y la economía global, no le han dejado otra opción.

Las críticas de Netanyahu ya han sido respondidas con firmeza por el vicepresidente, J.D. Vance, que ha encabezado el equipo negociador estadounidense con Irán. En una rueda de prensa posterior a la firma del acuerdo ha advertido al líder sionista: “Yo no me metería con el único aliado poderoso que me queda en todo el mundo”.

Hace unos días también se filtraron una serie de llamadas telefónicas al primer ministro israelí, en las que el presidente estadounidense calificó a Netanyahu de “puto loco” y le acusó de “no tener una puta brizna de juicio”. Este jueves, en un mensaje publicado en redes sociales, lanzaba un nuevo dardo al jefe de Gobierno israelí: “Estados Unidos está comprometido con la PAZ… esperamos un alto el fuego total en todos los frentes, incluido Líbano, Hezbolá e Israel”.

Volver a la casilla de salida no es una perspectiva creíble, a pesar de las presiones sionistas. En todo caso, el acuerdo entre EEUU e Irán no supone ni mucho menos el fin de la barbarie, de las guerras y de los genocidios. La paz de los imperialistas es el preludio de nuevas batallas por el control de los mercados, de materias primas esenciales, de áreas geoestratégicas, y los pueblos de todo el mundo pagarán un alto precio por ello.

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Tanto China como Rusia emergen del conflicto más fuertes, y se agranda el signo de interrogación que pesa sobre la capacidad industrial y militar estadounidense, y su auténtica efectividad cuando se enfrenta a Estados con una base productiva más sólida. 

La creciente decadencia de EEUU, como ocurrió en muchos momentos de la historia pasada con otros imperios en retroceso, implicará más caos y más barbarie. Washington nunca aceptará renunciar a la supremacía y por eso desata la mayor destrucción posible en cada esquina del planeta. Pero lo que no puede evitar es que este recurso sistemático a la violencia para defender su posición consiga los efectos contrarios e incendie la lucha de clases internacional.

Reproducimos íntegramente el memorándum tal y como fue leído por un alto cargo de la Administración Trump y publicado por la prensa internacional[5]:

1. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán, así como sus aliados en la guerra actual, mediante la firma de este Memorando de Entendimiento (MdE), declaran el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen a partir de ahora a no iniciar ninguna guerra ni operación militar entre sí, a abstenerse de amenazar o utilizar la fuerza mutuamente, y a garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano. El acuerdo definitivo confirmará el fin permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, así como las demás disposiciones de este párrafo.

2. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a respetar la soberanía y la integridad territorial de la otra parte, y a abstenerse de interferir en los asuntos internos de la otra.

3. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a negociar y alcanzar el acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable por mutuo consentimiento.

4. Inmediatamente tras la firma de este MdE, los Estados Unidos de América comenzarán a levantar el bloqueo naval y a eliminar cualquier perturbación u obstáculo contra la República Islámica de Irán, poniendo fin totalmente al bloqueo naval en un plazo de 30 días. Durante este periodo, el tráfico de buques será proporcional a los niveles de tráfico previos a la guerra que la República Islámica de Irán esté restableciendo. Asimismo, los Estados Unidos de América se comprometen a retirar sus fuerzas de las proximidades de la República Islámica de Irán en un plazo de 30 días tras la firma del acuerdo definitivo.

5. Tras la firma de este MdE, la República Islámica de Irán realizará las gestiones necesarias, empleando sus mejores esfuerzos, para permitir el paso seguro y gratuito de buques comerciales durante 60 días, desde el Golfo Pérsico hasta el Mar de Omán y viceversa. El tráfico de buques comerciales comenzará de inmediato y, teniendo en cuenta la necesidad de eliminar obstáculos técnicos y militares y de realizar labores de desminado por parte de la República Islámica de Irán, se establecerá plenamente en un plazo de 30 días. La República Islámica de Irán mantendrá un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el Estrecho de Ormuz —en consulta con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico—, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados costeros del Estrecho de Ormuz.

6. Los Estados Unidos de América se comprometen, junto con socios regionales, a elaborar un plan definitivo y mutuamente acordado, dotado con al menos 300.000 millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán. El mecanismo para la implementación de este plan se concretará como parte de un acuerdo definitivo en un plazo de 60 días. Los Estados Unidos de América otorgarán todas las licencias, exenciones y permisos necesarios para las transacciones financieras pertinentes.

7. Los Estados Unidos de América se comprometen a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán —incluidas las derivadas de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Junta de Gobernadores del OIEA, así como todas las sanciones unilaterales de EEUU, tanto primarias como secundarias— conforme a un calendario acordado como parte del acuerdo definitivo. La República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América reconocen la importancia crítica de la cuestión del levantamiento de sanciones antes mencionada y expresan su intención de abordar estos asuntos de inmediato en las negociaciones, a fin de alcanzar un acuerdo mutuo al respecto.

8. La República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán han acordado resolver el destino del material enriquecido almacenado mediante un mecanismo que se acordará mutuamente, de conformidad con el calendario mencionado en el párrafo siete, estableciendo como metodología mínima la reducción del grado de enriquecimiento (*down-blending*) *in situ* bajo la supervisión del OIEA. Ambas partes también acordaron debatir la cuestión del enriquecimiento y otros asuntos mutuamente acordados relacionados con las necesidades nucleares de la República Islámica de Irán, basándose en un marco satisfactorio que se acordará en el acuerdo definitivo. El acuerdo definitivo confirmará las disposiciones de este párrafo. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán reconocen la importancia crítica de las cuestiones nucleares antes mencionadas y expresan su intención de abordarlas de inmediato en las negociaciones, a fin de alcanzar un acuerdo mutuo al respecto.

9. A la espera del acuerdo definitivo, los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán acuerdan mantener el statu quo. La República Islámica de Irán mantendrá el statu quo actual de su programa nuclear, y los Estados Unidos de América no impondrán nuevas sanciones ni desplegarán fuerzas adicionales en la región.

10. Los Estados Unidos de América se comprometen a que, inmediatamente después de la firma del presente Memorando de Entendimiento y hasta el levantamiento de las sanciones, el Departamento del Tesoro de los EE UU emitirá exenciones para la exportación de crudo, productos petrolíferos y derivados iraníes, así como de todos los elementos asociados. Servicios, incluyendo transacciones bancarias, seguros, transporte, etc.

11. Estados Unidos se compromete a poner a disposición los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán una vez implementado el Memorando de Entendimiento. Estados Unidos y la República Islámica de Irán acordarán mutuamente los procedimientos para la liberación de estos fondos durante las negociaciones. Dichos fondos, ya sea que permanezcan en la cuenta original o sean transferidos, estarán disponibles para el pago a cualquier beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete a emitir todas las licencias y autorizaciones necesarias.

12. Estados Unidos y la República Islámica de Irán acuerdan establecer un mecanismo ejecutivo para supervisar la implementación exitosa de este Memorando de Entendimiento y el cumplimiento futuro del acuerdo final.

13. Tras la firma de este Memorando de Entendimiento y una vez iniciada la aplicación de los párrafos 1, 4, 5, 10 y 11 del mismo, y continuada la aplicación de dichas medidas, Estados Unidos y la República Islámica de Irán iniciarán negociaciones sobre el acuerdo final, centrándose exclusivamente en los demás párrafos.

14. El acuerdo final será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

 

Notas:

[1] Exclusiva: Emiratos Árabes Unidos desbloqueará miles de millones de dólares para Irán, según fuentes.

[2] Un plan Marshall para Irán. La Vanguardia, 17 de junio.

[3] Lo que acabamos de aprender sobre el poder estadounidense. New York Times de 17 de junio.

[4] Evaluación de la inteligencia estadounidense: Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz cuando quiera.

[5] https://elpais.com/internacional/2026-06-17/texto-integro-del-memorando-de-entendimiento-entre-estados-unidos-e-iran.html

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