El miércoles 3 de junio fueron detenidos 28 estudiantes antifascistas. ¿Su delito? participar en las movilizaciones contra el agitador ultraderechista Vito Quiles, que el pasado 30 de octubre intentó celebrar un acto de su gira “España combativa” en la Universidad de Iruña.

Ya se sabe lo que pasa aquí: los que cantan El cara el sol y atizan las agresiones nazis siempre se van de rositas, mimados por las fuerzas policiales y los tribunales. Pero para los que ponen el cuerpo contra el fascismo, la policía descarga su puño. En este caso no se han cortado y han entrado encapuchados en un instituto para detener a uno de los jóvenes, y hacer lo mismo con otros dos después de que realizaran los exámenes de la PAU. Una escenificación repugnante, propias de un régimen totalitario.

La conexión entre Vito y las bandas fascistas con las fuerzas policiales son tan evidentes, que sonroja incluso el tener que señalarlo. Que los “sindicatos” de extrema derecha obtengan resultados espectaculares tanto en la Policía Nacional, Ertzaintza y Mossos, que Desokupa firme acuerdos con estos sindicatos para proporcionar “instrucción física” a sus afiliados, y aquí no pasa nada, dice mucho del momento político. Las bandas fascistas no están solo agrupadas en torno a grupúsculos como Núcleo Nacional y otros semejantes. En estos años miles de fascistas con placa, uniformados, con pistola y porras, campan a sus anchas protegidos por sus uniformes policiales y empleando una violencia salvaje contra la izquierda militante y el sindicalismo combativo.

Ya sea en las movilizaciones contra el genocidio palestino, en las manifestaciones por la vivienda digna, contra los desahucios, en las luchas que nuestros docentes están protagonizando en el País Valencia, en el recibimiento a los activistas vascos de la Global Sumud en el aeropuerto de Bilbo, la actuación es la misma: una brutalidad de la que se enorgullecen públicamente.

La escalada represiva, y la fascistización de los cuerpos policiales, no son ninguna casualidad. Es la manera en que el capital responde a la lucha de clases y con la que intentan doblegar nuestro espíritu de resistencia. Por supuesto, la policía es un instrumento más del aparato del Estado. A su lado, y en coordinación perfecta, actúa el partido fascista de las togas, el mismo que organiza montajes judiciales al servicio de la extrema derecha. Y lo hacen conscientes de que nadie desde el Gobierno ni las llamadas instituciones democráticas, es decir, capitalistas, les va a parar. Lo hemos visto tantas veces que es grotesco: cinco años en prisión Pablo Hassel por cantar las verdades del corrupto de Juan Carlos I, ¡cinco años! El procesamiento y posterior encarcelamiento de los 6 jóvenes antifascistas de Zaragoza, de las 6 sindicalistas de la Suiza, la causa contra las 7 estudiantes de Somosaguas… la lista es interminable. 

Toda esta persecución policial se produce con un ministro del Interior de un gobierno que se declara “progresista” y “antifascista”. Fuerzas policiales que actúan bajo el mando de Marlaska, que las otorga una completa impunidad para ir a saco. ¡Que insulto a la causa verdadera del antifascismo! En la práctica, la socialdemocracia no hace más que allanar el camino a los mismos que nos quieren aplastar, a los herederos de los falangistas y requetés que hicieron correr ríos de sangre, de los que torturaron a miles de luchadores antifranquistas en comisarias, cuartelillos y e la DGS de Madrid. 

Desde el Sindicato de Estudiantes queremos mandar toda nuestra solidaridad a los jóvenes antifascistas de Iruña detenidos. Sabemos que solo podremos enfrentar esta persecución con organización, conciencia y lucha.

¡Al fascismo no se le discute, se lo combate!

¡Basta de montajes policiales y de brutalidad policial!

¡Cese inmediato de Marlaska!

¡La lucha antifascista no es delito, es una obligación!

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