Ayer, 23 de enero de 1977, en calle Estrella esquina Silva de Madrid, durante una manifestación por la amnistía de los presos políticos, un joven de 19 años llamado Arturo, libertario en activo, recibió dos disparos, uno de ellos mortal.
Resulta evidente que el asesinato fue causado por el odio, ciego y brutal contra alguien, Arturo, que se atrevió a discrepar de la sinrazón.
El autor material, quien no merece que se le cite por su nombre, era un colaborador del Estado en las operaciones de represión y violencia frente a quien se alejase del surco alambrado de la Transición.
Los encubridores, Policía y Guardia Civil, abrieron las puertas necesarias para la huida, antesala de la impunidad.
El autor intelectual, otra vez el Estado, no permite nuevas indagaciones a fin no relevar su actuación criminal.
Hoy, metáfora del próximo viernes 23 de enero de 2026, a las 12 en la Plaza Soledad Torres Acosta, junto a la placa en la que figura Arturo Ruiz, se recordará a nuestro compañero, un año más.



















