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Casi una década ha pasado desde que en 2015 la clase obrera y la juventud griega se levantaron contra la dictadura de la Troika y el FMI. También desde que el Gobierno de Tsipras, que contó con un apoyo masivo de la población para combatir la austeridad, traicionara esa lucha ejemplar y siguiera sometiendo al pueblo griego a años de privaciones, recortes y ataques salvajes. El poso de esta claudicación ha sido profundo y duro, pero nada dura para siempre.

En los últimos años y especialmente en los últimos meses asistimos a una cierta recuperación de la respuesta social, aunque esta convive con el escepticismo y la desmoralización que la traición de Syriza sembró y que aún pervive en capas muy amplias de las masas griegas.

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En los últimos años y especialmente en los últimos meses asistimos a una cierta recuperación de la respuesta social, en el proceso de recuperación del golpe que supuso la traición de Syriza. 

Un crecimiento económico levantado sobre la precariedad extrema

La prensa económica internacional da palmas ante los resultado macroeconómicos del país heleno. Un crecimiento del 5,9% en 2022 y una inversión extranjera directa que aumentó un 50% en el mismo año, fundamentalmente en sectores al alza como el tecnológico o las renovables. A esto hay que sumar la remontada espectacular de la locomotora de la economía griega – el turismo – que también en 2022 aumentaba más de un 89% y rozaba los datos récord de 2019, con 27,8 millones de turistas.

El Gobierno conservador de Nueva Democracia, que el pasado junio volvió a ganar las elecciones, esta vez con mayoría absoluta, quiere hacer llegar un mensaje claro a los capitales extranjeros y ha llevado a cabo una bajada drástica de los impuestos a las empresas y anunciado que sus políticas de derechas son tan eficientes que devolverán los préstamos del rescate dos años antes de los previsto. “Es un compromiso con los inversores” explicaba el presidente Mitsotakis. Y así lo han corroborado agencias de calificación de deuda como DBRS Morningstar o Moody´s elevando la calificación de su deuda.

Pero estas grandes noticias para los inversores tienen poco que ver con la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora griega. O más bien, tienen mucho que ver, pero en sentido contrario, habiendo convertido Grecia en un paraíso para la inversión atraída por una durísima devaluación de la mano de obra. Actualmente, el 40% de las familias sobreviven con ingresos menores a 12.000 euros al año, mientras más del 30% de la población se encuentra en riesgo de pobreza. Ese escenario se combina con más de 7.000 despidos al día, mientras que la jubilación real se ha extendido este verano hasta los 74 años[1].

Huelga general masiva contra una reforma laboral draconiana

La reforma laboral aprobada por Nueva Democracia es otra llamada internacional a los inversores. ¡Mano de obra barata! ¡Trae aquí tus empresas y verás qué bien! Ese es el motivo de este nuevo ataque que regula algo que hasta ahora no era legal: el pluriempleo para trabajar – con la ley en la mano – hasta 13 horas diarias[2]. También legaliza la sexta jornada laboral en ciertos sectores como el turismo[3]; los despidos gratis durante el primer año; la posibilidad de cambiar la jornada avisando con 24 horas al trabajador; un nuevo contrato ultraprecario, los empleados “de guardia”, que imita el contrato cero horas británico donde el empresario puede llamar y mandar a casa al trabajador a discreción pagándole solo las horas trabajadas; y un ataque al derecho de huelga castigando los piquetes con multas o prisión de hasta 6 meses.

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Grecia se ha convertido en un paraíso para la inversión atraída por una durísima devaluación de la mano de obra. 

En contestación a esta (contra) reforma draconiana, cientos de miles de griegos y griegas salieron a las calles en la huelga general del pasado 21 de septiembre, con manifestaciones masivas en Atenas, Salónica y Patras, las principales ciudades del país. El impacto de la huelga ha sido mayoritario en los centros industriales, donde la presencia del PAME, la corriente sindical comunista, es mayor, y en las ciudades en donde el KKE obtuvo los mejores resultados en las pasadas elecciones.

Aunque el PAME no puede convocar una huelga general formalmente, esto no ha   frenado la lucha. Los delegados y afiliados del PAME, con cientos de miles de miembros, presionaron en los centros de trabajo, y a través de una manifestación a inicios de mes, a la dirección de la GSEE[4] (donde el PAME tiene 11 representantes, el 22%) forzando la convocatoria de huelga. Este hecho es muy relevante: con la organización y la presión desde abajo es posible superar las trabas burocráticas e impulsar la lucha.

Aunque el PAME formalmente es minoritario en la dirección de la GSEE, la realidad es que su influencia entre el conjunto de la clase obrera por abajo no ha dejado de crecer, jugando sus militantes un papel central en el éxito de la huelga y dominando sus banderas y cortejos todas las acciones y manifestaciones de ese día.

El KKE gana posiciones en la calle mientras Syriza entra en descomposición

Dos días después de la jornada de huelga, el KKE continuaba mostrando músculo con el Festival de la Juventud Comunista, organizado por su fracción juvenil (KNE), en donde se reunieron miles de jóvenes y trabajadores. El evento fue cerrado con un mitin masivo de Dimitris Koutsoumbas, secretario general del Partido. Este fortalecimiento del KKE entre los sectores más avanzados de la clase trabajadora y la juventud, y especialmente en el movimiento sindical, en un momento de dificultades y de duros retrocesos, ha sido posible gracias a una estrategia que se centra en la organización y la movilización masiva desde abajo conectando con el instinto y la oposición de las masas frente a la ofensiva de la derecha, y evitando caer, como le ha ocurrido a gran parte de las formaciones de la nueva izquierda reformista en Europa, en el peor cretinismo parlamentario e institucional.

La otra cara de la moneda es Syriza. Tras sus terribles resultados en las pasadas elecciones de junio y la dimisión de Tsipras, acaban de elegir a su nuevo dirigente – Stefanos Kasselakis-. Stefanos es un empresario, exejecutivo de Goldman Sachs, que vivía en EEUU, que dice estar preparado para enfrentar a Mitsotakis por sus “mejores conocimientos de inglés y de finanzas y negocios”, y que aboga por seguir el ejemplo de Joe Biden y del Partido Demócrata. Sobran las palabras. En todo caso podemos hacer nuestro el titular del último artículo publicado por el KKE: “Syriza en el punto más bajo de su degeneración política”.

Desde Izquierda Revolucionaria realizamos un exhaustivo análisis respecto a la estrepitosa derrota de Syriza y la mayoría absoluta de ND e insistimos en una idea clara. Si bien la desmoralización de la clase trabajadora por la traición de Tsipras y Syriza sigue jugando un papel negativo, desmovilizador y de reflujo, esto no es lo único que existe. Durante estos años tan duros, muchos trabajadores, trabajadoras y jóvenes han sacado conclusiones y buscado una alternativa de lucha. Una alternativa, que con aciertos y errores, sí ha levantado el KKE.

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El KKE tiene una gran oportunidad para seguir extendiendo su influencia y convertirse en un factor clave. Aplicando una política verdaderamente leninista en todos los frentes, en un contexto de crisis capitalista podrá jugar un papel decisivo. 

El KKE tiene una gran oportunidad para seguir extendiendo su influencia y convertirse en un factor clave. Para ello es indispensable la firmeza en sus principios políticos, pero también rectificar errores que en el pasado han costado muy caro. Deben romper con cualquier tipo de sectarismo para poder ganar a esos cientos de miles que Tsipras ha dejado huérfanos, abandonar la transfobia, sus posiciones contra los derechos del colectivo LGTBI y sus errores en torno al movimiento feminista, tomando como ejemplo las posiciones de los bolchevique en 1917. Un KKE aplicando una política verdaderamente leninista en todos los frentes, en un contexto de crisis capitalista y lucha de clases feroz, podrá jugar un papel decisivo.

 

Notas:  

[1]Si bien formalmente la edad de jubilación es a los 67 años, un 54% de los pensionistas cobra menos de 665 euros (el umbral de pobreza). El Gobierno de Nueva Democracia desarrolló los Programas DYPA, puestos de trabajo en el sector público dirigidos a los pensionistas pobres hasta los 74 años para complementar sus pensiones de miseria. En la práctica, gran parte de los pensionistas siguen trabajando hasta los 74 años.

[2]La jornada en un mismo trabajo seguirá sin poder sobrepasar las 8 horas. En el Estado español no existe limitación de horas de trabajo en el caso del pluriempleo.

[3]La nueva normativa establece que ese día se pagará un 40% más de salario al trabajador, aunque los sindicatos ya han señalado que será difícil controlarlo y que se generalizarán los seis días de trabajo.

[4]Confederación sindical griega en el sector privado.


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