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¡Basta de represión, burocracia y ataques a la clase obrera. A la derecha y al imperialismo se les combate con políticas socialistas de verdad!

El jueves 25 de marzo el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciaba los candidatos que podrán presentarse a las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de Julio.

Por un lado, el imperialismo estadounidense y los medios de comunicación capitalistas han puesto el grito en el cielo por la inhabilitación de su títere, la ultraderechista María Corina Machado, amenazando con recrudecer las criminales sanciones que mantienen desde hace años, y que golpean duramente al pueblo venezolano.

¡Que cinismo más despreciable! Los mismos que apoyan la masacre del pueblo palestino a manos del gobierno sionista de Netanyahu, los responsables directos de guerras atroces, golpes de estado y dictaduras que han costado millones de vidas en todo el mundo, llenándose la boca a favor de lo que entienden por su “democracia”.

Pero nuestro firme rechazo al imperialismo y sus agentes no puede ocultar el comportamiento anti obrero y cada vez más represivo del Gobierno de Nicolás Maduro. En estas elecciones también ha sido excluida la izquierda crítica con sus políticas, su estrategia de desmantelamiento de los avances conquistados por la clase obrera durante los gobiernos de Hugo Chávez y los brutales recortes de derechos sociales y pactos con la burguesía.

El CNE ha invalidado las candidaturas del Encuentro Popular Alternativo (EPA), coalición del Partido Comunista de Venezuela (PCV) con otros partidos de izquierda (PPT-APR, Marea Socialista, PSL y MPA) o del dirigente chavista crítico Andrés Giuseppe. Otros sectores del chavismo críticos con Maduro también han denunciado coacciones y amenazas para que no se presentasen.

Mientras, entre los candidatos autorizados destacan reconocidos golpistas, corruptos y asesinos.  Los ejemplos son abundantes: el gobernador del Estado Zulia Manuel Rosales, los candidatos de partidos responsables de la corrupción y represión durante los 40 años de IV República (AD y Copei), líderes de la arremetida fascista (guarimba) de 2019, que asesinó a varios trabajadores y militantes chavistas, como José Brito; el empresario ultraderechista Luis Ratti o el propio candidato “tapado” buscado a última hora por Machado: Edmundo González.

Este doble rasero hace más escandalosa aún la posición de dirigentes de la izquierda gubernamental latinoamericana como Boric, Lula y Petro, que no han tardado ni un minuto en sumarse al coro exigiendo que Machado (o la primera sustituta que buscó: la también ultraderechista Corina Yoris) pueda optar a la presidencia. Sin embargo, llevan años sin decir esta boca es mía frente a las políticas represivas del gobierno de Maduro contra la izquierda crítica y el sindicalismo combativo.

Desde Izquierda Revolucionaria lo tenemos muy claro. Maria Corina Machado es la Milei venezolana. Ella y el resto de la derecha y ultraderecha, financiados por Washington,  buscan recuperar el terreno perdido tras la ofensiva golpista fracasada de 2018-2019.

En este momento se ponen la piel de cordero y critican los bajos salarios, el deterioro de los servicios sociales, el crecimiento de la pobreza, inseguridad, etc. intentado aprovecharse de la tremenda decepción y rabia que hay entre las masas. Si llegasen al poder, sus ataques a los trabajadores serían iguales o peores que los que ya estamos sufriendo. Sumisión total a las multinacionales gringas, despidos masivos, cierres de empresas, represión  salvaje contra las luchas obreras y populares,... como vemos en Argentina, Perú o Ecuador.

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Maria Corina Machado es la Milei venezolana. Ella y el resto de la derecha y ultraderecha, financiados por Washington,  buscan recuperar el terreno perdido tras la ofensiva golpista fracasada de 2018-2019.

Un gobierno cada vez más autoritario y comprometido con los capitalistas

Por otra parte, el carácter del régimen político que existe hoy en Venezuela ha roto por completo con el legado revolucionario de Chávez, y cada vez se encuentra más ligado a la burguesía y a una burocracia privilegiada. Sus vínculos con el objetivo socialista de la revolución bolivariana han desaparecido.

De la mano de sus principales sostenedores, los imperialistas chinos y rusos, la burocracia madurista está desarrollando un régimen de capitalismo de estado y un gobierno de tipo bonapartista burgués, en el que tienen un peso cada vez más decisivo los militares.

Maduro ha establecido acuerdos ventajosos con la oligarquía y la burguesía de siempre, ha favorecido el renacimiento de la pequeña burguesía, con la que se fusiona la burocracia media y alta del Estado y del ejército, y ha dado la espalda a cualquier medida socialista, igualitaria y de defensa de la clase obrera y los desposeídos.

Mientras los ricos vuelven a hacer buenos negocios, acumulando capital en bancos norteamericanos y europeos, Maduro concede migajas en forma de bonos y bolsas de comida que no resuelven el empobrecimiento ni compensan los retrocesos sociales. De hecho, el deterioro de las condiciones de vida del pueblo se agudiza con los recortes a los precios subvencionados de la  luz, el agua, el teléfono o la vivienda y el estado cada vez peor de todos estos servicios. Y cuando los trabajadores respondemos con la lucha, el gobierno activa la represión, los despidos, los juicios farsa y las condenas de cárcel.

Este es el riesgo cotidiano que sufren miles de luchadores consecuentes bajo un Gobierno que tiene la desfachatez de utilizar a Chávez y palabras como “revolución” y “socialismo” en su propaganda.

El autoritarismo, la violencia y el terror contra los trabajadores y sus organizaciones de lucha no tiene nada que ver con el socialismo. Utilizar sistemáticamente el aparato judicial y policíal para amenazar, despedir e incluso encarcelar a activistas sindicales por organizar huelgas o sindicatos independientes, o buscar la ilegalización de partidos como el PCV, no es socialismo. Es su negación burocrática para beneficio exclusivo de la burguesía y la nueva élite capitalista que se está formando desde el poder estatal.

Temerosos del creciente malestar popular, que está haciendo que millones que apoyaron a Chávez rechacen a Maduro, con niveles de abstención récord en las últimas convocatorias electorales y un aumento espectacular de la intención de voto a candidatos opositores, el gobierno maniobra para evitar una derrota. Y lo hace de dos maneras:  impidiendo cualquier candidatura que pueda expresar ese enorme descontento por la izquierda y frenando a la candidata de Washington, que podría obtener un apoyo considerable aprovechándose del desapego creciente al régimen.

Un régimen que se esfuerza en  presentar la candidatura de Maduro como la única opción para evitar la  llegada de un títere de EEUU a Miraflores. Pero su descrédito es tal que les dificulta movilizar incluso a las bases del PSUV. 

Aunque afirman que la candidatura de Maduro  fue apoyada por millones de firmas recogidas en supuestas asambleas populares, militantes y dirigentes  de base del PSUV han denunciado que esas asambleas nunca se celebraron o lo han hecho bajo el control férreo de la burocracia, falisficando actas y amenazando a comunidades con perder los bonos y bolsas de comida que concede el gobierno si no firmaban.

El rechazo al gobierno podría expresarse en apoyo a alguno de los candidatos de la derecha autorizados, como voto de castigo y para intentar salir de la actual situación, o en una abstención altísima, como forma de protesta silenciosa.

Lo que parece claro es que la burocracia del estado, incluida la cúpula militar, recurrirán a todos los medios para garantizar la reelección de Maduro. No van a abrir las puertas de Miraflores a la oposición de derechas financiada por el imperialismo estadounidense precisamente cuando éste tiene menos margen de maniobra para nuevas ofensivas golpistas, y en el escenario internacional muestra cada vez más  su decadencia frente a China y Rusia.

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La burocracia madurista está desarrollando un régimen de capitalismo de estado y un gobierno de tipo bonapartista burgués, con un peso cada vez más decisivo de los militares.

Reconstruir el movimiento obrero y popular con un programa comunista

Para la izquierda combativa y militante el desafío es claro: hay que combatir al imperialismo y la derecha y a esta contrarrevolución capitalista dirigida por la burocracia. Y eso pasa por reconstruir el movimiento obrero y popular con  un trabajo paciente, un programa de clase que recoja y unifique todas las necesidades y reivindicaciones obreras y populares y rechazando cualquier concesión, confianza o compromiso tanto con sectores burocráticos que intentan frenar las luchas y la organización de la clase obrera como con sectores de la derecha que intentan manipular el descontento con discursos demagógicos.

Por eso los comunistas de Izquierda Revolucionaria rechazamos totalmente las declaraciones del candidato apoyado por el Encuentro Popular Alternativo, el periodista Manuel Isidro Molina, vinculando la anulación de su candidatura a la de María Corina Machado y saludando a esta enemiga de la izquierda, agente del imperialismo, como “honesta y luchadora”.

Esta posición reaccionaria es inaceptable. Solo contribuye a lavarle la cara a la extrema derecha y facilta a la burocracia y su aparato estatal la labor de atacar a la izquierda crítica e intentar separarla de sectores de las masas que aún miran hacia al PSUV porque es el partido que creó Chávez y no ven una alternativa suficientemente fuerte a su izquierda.

Los dirigentes del PCV y las demás organizaciones del EPA deben desmarcarse de estas declaraciones y romper con estos sectores de la pequeña-burguesía que dan bandazos a derecha e izquierda persiguiendo sus propios intereses.

Las masas trabajadoras necesitan una verdadera alternativa, clasista y revolucionaria. La tarea del momento es reconstruir el movimiento sindical y las organizaciones obreras y populares con una política de independencia de clase y  un frente único de todas las organizaciones de izquierda anticapitalistas y antiburocráticas.

Nada de atajos. Tenemos que desarollar un trabajo paciente junto al pueblo, en los barrios, centros de trabajo, liceos y universidades, en el movimiento sindical, feminista y LGTBI.

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Los dirigentes del PCV y las demás organizaciones del EPA deben romper con los sectores de la pequeña-burguesía que dan bandazos a derecha e izquierda persiguiendo sus propios intereses.

Hay que impulsar comités de acción independientes que sirvan para organizar la lucha contra las políticas capitalistas del gobierno, la corrupción y la derecha con un programa y plan de acción debatidos en asambleas democráticas.

Necesitamos levantar un liderazgo genuino nacido de las entrañas obreras y populares y enfrentar este estado putrefacto de burócratas y capitalistas, confiscando las industrias fundamentales, los latifundios y los bancos para colocarlos bajo la administración directa y democrática de representantes revocables y elegibles por los propios trabajadores y que respondan a las necesidades del pueblo trabajador.  

¡Ningún desánimo! Claridad y determinación es lo que necesitamos ¡Únete a  los comunistas de Izquierda Revolucionaria para continuar la batalla!


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