La oleada de incendios iniciada el 23 de marzo en Asturias ha arrasado más de 15.000 hectáreas de territorio, convirtiéndose en un verdadero desastre ecológico, el más extenso desde octubre de 2017.

El fuego se ha cebado especialmente con la zona occidental donde se han llegado a evacuar cerca de 400 personas y multitud de casas y otras construcciones han sido arrasadas por las llamas.

Barbón lanza cortinas de humo para ocultar su responsabilidad

“Asturias no arde, la queman”. Esta es la frase repetida como un mantra hasta la saciedad por el presidente del Principado de Asturias, el “socialista” Adrián Barbón, para intentar ocultar su responsabilidad y la de su Gobierno.

Hasta de “estrategia coordinada de terroristas” llegó a hablar Barbón utilizando el mismo argumento que Núñez Feijoo en Galicia para ocultar las consecuencias de años de recortes y de falta de inversión que ha dejado un SEPA (Servicio de Emergencias del Principado de Asturias) absolutamente incapaz de afrontar este tipo de situaciones.

Años apostando por un plan forestal en contra de toda lógica medio ambiental incrementando aún más la superficie de pinos y eucaliptos que duplican la combustibilidad frente al bosque autóctono; años de abandono de los montes cuya falta de limpieza los ha convertido en auténticas bombas incendiarias.

Centrar toda la responsabilidad en los ganaderos y a la quema descontrolada para obtener pastos es un pobre argumento en un intento de esquivar la gran responsabilidad que tiene la Administración.

Lamentablemente la mayoría de la izquierda asturiana y los grupos ecologistas están poniendo el foco principal también en los ganaderos facilitando el lavado de cara a Barbón.

Los bomberos ya habían avisado del posible desastre

Los bomberos del SEPA ya desde el pasado 8 de marzo habían iniciado acampadas frente a las instalaciones del 112, haciendo turnos de mañana, tarde y noche para protestar por la falta de personal, la falta de estabilidad y la falta de organización.

Antes de iniciarse la oleada de incendios, ya denunciaron que los últimos 11 camiones forestales que se compraron por 5 millones de euros para sustituir los siniestrados y los retirados por no llevar cinturón de seguridad, que fueron presentados a bombo y platillo en el Centro Oscar Niemeyer, siguen sin estar en servicio porque una vez adquiridos se dieron cuenta de que presentaban  deficiencias que los hacían no aptos para la ITV.

Por si esto no fuera suficiente escándalo, el gerente del SEPA Óscar Rodríguez, se permitió el lujo de afirmar que la ausencia de estos nuevos vehículos no ha perjudicado las labores de extinción de estos últimos días.

Desde esta misma gerencia se argumenta que “aunque hubiese más personal no servirá para nada porque son incendios fuera de capacidad de extinción”, pero acude a la UME, en vez de dotar a sus parques de personal suficiente y capaz.

Como dice Natividad Canto, portavoz de los bomberos del SEPA: “¿Qué pasa si un día tienes 20 incendios y nos das para extinguir 15? Pues que si siguen las mismas condiciones meteorológicas, al día siguiente tendrás 30”.

La semana de los incendios con un nivel de alerta 2 tenían el mismo número de efectivos. Los colectivos ecologistas van más allá y argumentan que no se activó este nivel a tiempo a pesar de haber más de 20 incendios porque eso suponía pagar más personal.

Hartos de esta situación los bomberos del SEPA iniciaron este 3 de abril una huelga indefinida exigiendo la reorganización del servicio y mayor dotación de personal en los parques que les permita trabajar con seguridad. Su portavoz es muy clara: “llevamos muchos años trabajando en incendios y lo sabemos, las campañas de incendios forestales son totalmente previsibles y con esa ventaja deberían de ponerse los medios para combatirlos con seguridad y eficacia”.

La denuncia de sus condiciones de trabajo demuestra lo lejos que ha llegado la Administración “socialista” de Barbón y los distintos Ayuntamientos en el abandono de los servicios sociales más elementales.

Las dotaciones mínimas para los parques son de tres bomberos por turno, no existe ningún procedimiento operativo para tres bomberos, es imposible apagar un incendio con tres bomberos, hasta es imposible llevar una camilla.

Cuando el incendio es importante deben esperar a que se sumen otros parques. En un 8% de los grandes incendios que se producen en Asturias cada tres semanas (según las estadísticas), cuando llegan ya no solucionan nada.

La plantilla cada día está más envejecida, la media de edad supera los 45 años y cada año se jubila un buen puñado de bomberos; actualmente hay 68 vacantes sin cubrir.

La formación práctica y actualizada no existe, es online, para un trabajo eminentemente práctico.

No se han creado puestos de trabajos compatibles para todas aquellas y aquellos que por lesiones, enfermedad o incapacidad por edad no pueden seguir dando el 100% en un trabajo físicamente muy exigente.

Los recortes matan

Es un absoluto escándalo en un panorama de récord tras récord de beneficios empresariales, comprobar como nuestros servicios sociales más elementales sufren un deterioro cada vez más profundo. Y más escandaloso aún cuando vienen de las Administraciones que se autodenominan socialistas que dicen enorgullecerse de defender lo público.

Si en Asturias hemos empezado la primavera con esta oleada de incendios, qué podemos esperar cuando llegue el verano.

Los recortes y la falta de inversión en servicios sociales básicos simplemente matan y los responsables directos son quienes gestionan.

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