El pasado 6 de marzo más de dos millones de estudiantes secundaban la huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas y más de 100.000 tomaban las calles de todo el Estado en más de 40 manifestaciones contra la violencia machista y la ofensiva franquista del Vox, PP y Cs. Al grito de ¡No pasarán! daban el pistoletazo de salida a las movilizaciones del 8-M con una fuerza arrolladora.

Un año más, las multitudinarias manifestaciones del 8-M, con más de tres millones de personas inundando las plazas de centenares de grandes ciudades, pequeñas localidades y pueblos, han confirmado la voluntad y determinación de este movimiento. La lucha masiva por los derechos de las mujeres oprimidas es una de las expresiones más importantes de la lucha de clases a nivel internacional. Así lo revela también las inmensas manifestaciones que han tenido lugar en América Latina, desde Argentina o Colombia, hasta la histórica convocatoria de huelga general feminista el 9 de marzo en países como Chile y México, donde millones han salido a las calles contra este sistema violento y opresor.

6-M: Las y los estudiantes sí hacen huelga feminista

La marea morada de la juventud ha vuelto a tomar las calles. El 6-M en Barcelona, Tarragona y el resto de las capitales catalanas, más de 60.000 jóvenes abarrotaban las principales arterias. Más de 20.000 en Madrid marchábamos desde la Puerta del Sol hasta el Ministerio de Igualdad en la calle Alcalá; más de 10.000 en el País Valencià (València, Alacant y Castelló); otras 15.000 en las ocho manifestaciones andaluzas; más de 3.000 en las ciudades de Euskal Herria, más de 2.500 en Asturias, miles en Galiza, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Canarias, Balears y, por supuesto, en Murcia. Encabezadas por enormes pancartas del Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas con las consignas de ¡No pasarán! y ¡Fuera el machismo de nuestras aulas!, el ambiente era realmente eléctrico y excepcionalmente combativo.

Miles de carteles y pancartas caseras se fundían con las consignas que coreaban en las protestas y recogían sus principales reivindicaciones. ¡Fuera el machismo de nuestras aulas! ¡Con o sin ropa mi cuerpo no se toca! ¡El pin parental es mierda de Abascal! ¡Contra el pin parental, educación sexual! ¡Patriarcado y capital alianza criminal! ¡El adoctrinamiento viene del convento! ¡Vox y PP, la misma mierda es! También en Catalunya, el País Valencià y Euskal Herria el mismo mensaje resonaba con fuerza: ¡Els carrers seran feministes! Zuek faxistak zarate terroristak!

La gran jornada del 6-M confirmaba también lo que desde el Sindicato de Estudiantes, Libres y Combativas e Izquierda Revolucionaria hemos defendido en todas las asambleas del 8-M del estado: la necesidad de que este año también hubiera una huelga general feminista de trabajadoras y trabajadores, involucrando al movimiento sindical y a todos los colectivos y asambleas, como sucedió en 2018 y 2019. Lamentablemente, una parte de las compañeras vinculadas a CCOO y UGT y a los partidos que ahora conforman el Gobierno se han negado en redondo a aceptar esta propuesta.

Los argumentos para este rechazo han sido, en nuestra opinión, erróneos y contraproducentes. No tiene sentido argumentar que una huelga feminista socavaría al nuevo Gobierno. En realidad, mostrar nuestra fuerza mediante una nueva huelga general es la manera más efectiva de enviar un golpe demoledor al bloque reaccionario de PP, Vox y Cs, al mismo tiempo que empujar al Gobierno de PSOE y Unidas Podemos a que cumpla con nosotras.

La violencia machista sigue siendo una realidad, como la justicia patriarcal, la precariedad, la desigualdad laboral y salarial, la opresión de los cuidados, los recortes en dependencia y en la enseñanza pública o los desahucios. No podemos, no debemos, otorgar un cheque en blanco a este Gobierno. Tenemos que garantizar que nuestras demandas se cumplen y hay un cambio real, y solo lo lograremos aumentando la fuerza de nuestro movimiento. La huelga general feminista sigue siendo una pieza clave de esta estrategia.

Gobierno PSOE-Unidas Podemos. ¡Basta de palabras! ¡Queremos hechos!

Este clamor de la juventud también iba dirigido al Gobierno PSOE-UP. Y es que, no por casualidad la misma semana del 8-M la ministra de Igualdad, Irene Montero, hacía gala del nuevo Anteproyecto de Ley de Libertad Sexual aprobado en el Consejo de Ministros.

Desde las calles le hemos dicho: ¡por supuesto que queremos que las leyes reconozcan nuestros derechos! Pero no es suficiente. Este borrador de ley no garantiza que se cumpla ya que la judicatura que la ejecuta está plagada de franquistas y machistas que nunca fueron depurados tras la caída del dictador.

En segundo lugar, se deja fuera un aspecto central: la abolición de la prostitución, la forma más descarnada de explotación y violencia contra las mujeres. ¿Cuándo será el momento de perseguir y expropiar a quienes se hacen de oro a costa de la explotación de las más oprimidas?

En tercer lugar, ¿dónde están los recursos materiales necesarios para sacar efectivamente a las mujeres de la situación de violencia que viven? Los siguen teniendo los grandes banqueros, la patronal, la jerarquía de la Iglesia católica, y hay que confrontar con ellos, con los y las que nos oprimen cotidianamente y luego se ponen un lacito morado en la solapa.

Las pequeñas reformas o poner por escrito lo que nosotras hemos conquistado luchando —como en el caso de la sentencia de La Manada— no van a solucionar nuestra situación. ¡Basta de medias tintas y de renuncias!
Para acabar con el machismo en las aulas reclamamos: ¡Prohibición por ley del “Pin Parental”, implantación inmediata de una asignatura de educación sexual inclusiva y evaluable, fin de los recortes educativos y de las subvenciones a la concertada! Ni podemos esperar, ni queremos buenas palabras. Hacen falta hechos.

El 8-M llena las calles contra la extrema derecha y la reacción

Las mismas consignas que el 6-M se coreaban a pleno pulmón resonaban también en las manifestaciones del 8-M. ¡Abascal es un criminal! ¡Contra la brecha, fuera la derecha! Mientras dirigentes de Vox como Ortega Smith se referían al 8 de marzo como “una fecha para olvidar” y Rocío Monasterio lo calificaba de “aquelarre” la masividad en las calles ha sido la mejor contestación a su discurso fascista y machista, así como a las maniobras de los partidos de la derecha para tratar de descafeinar, un año más, el contenido de clase y anticapitalista de nuestro movimiento.

Algunas mujeres de Cs y el PP han salido públicamente diciendo que son feministas y que irían al 8 de Marzo. De nuevo, intentando introducir la venenosa idea de que “todas las mujeres” estamos del mismo lado de la barricada. Pero nuestro movimiento ya conoce de sus artimañas y, sobre todo, sabe muy bien que ellas no defienden los derechos de las oprimidas, no son nuestras aliadas, sino que se levantan sobre nuestra explotación.

La fuerza de este 8-M ha sido la mejor demostración de cómo combatir a la extrema derecha, a la derecha y a la reacción. Frente a los discursos parlamentarios o los “frentes constitucionalistas” que se han mostrado completamente inútiles, la lucha de masas es la respuesta. El sello antifascista está grabado en el ADN del poderoso movimiento que hemos levantado. Y es que —a diferencia de lo que nos tratan de hacer creer los medios al servicio del sistema— esta no es una lucha de mujeres contra hombres, sino de oprimidas y oprimidos contra opresores y opresoras. Así, el 8M ha vuelto a ser una jornada histórica y a dejar claro que somos las trabajadoras, las jóvenes de las familias humildes, las explotadas, luchando codo a codo con nuestros compañeros, las que hemos llenado las calles.

Por un feminismo revolucionario y anticapitalista

Las jornadas del 6 y el 8 de marzo ponen de manifiesto la determinación del movimiento, con la juventud a la cabeza, de no ceder un palmo en la defensa de nuestros derechos democráticos, por la igualdad real y contra la opresión a la que nos condena el sistema capitalista. Ningún derecho importante se ha logrado solo con una votación parlamentaria, sino que es el fruto de la lucha masiva en las calles. Por eso tenemos que defender un feminismo revolucionario y anticapitalista, que luche por la transformación socialista de la sociedad. ¡Solo atacando la raíz del problema podremos liberarnos de nuestras cadenas y conquistar una sociedad libre de machismo y de cualquier otro tipo de opresión!

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