La universidad no ha quedado al margen de los planes draconianos de recortes en sanidad, con el cierre de plantas en hospitales, supresión de turnos de tarde en quirófanos, incremento de las listas de espera..., en justicia, con el cierre de juzgados por falta de personal administrativo de apoyo, o en educación, con preocupantes recortes en funcionamiento y en personal. En el caso de las universidades públicas catalanas, el Govern de la Generalitat ha fijado un recorte de 144 millones de euros en los presupuestos de este año. Cuarenta y cinco millones de recorte en la UB, cerca de 40 para la UAB y 37,5 para la UPC. Es un recorte drástico, que se suma a los incumplimientos de financiación del gobierno anterior.
Las primeras medidas de las universidades están siendo parar todas las convocatorias de acceso (convocatoria de oposiciones) y no renovar al personal interino. Es el caso de la UAB y de la UPC, donde ya se está enviando a casa a personal administrativo que lleva años trabajando en la universidad y que esperaban la convocatoria de las oposiciones por parte de la universidad para poder consolidar su situación laboral.
El recorte en la universidad va a repercutir tanto en el personal de administración y servicios (PAS) como en el personal docente e investigador (PDI). Las bolsas de interinos (más de 200 PAS interinos sólo en la UAB) han ido creciendo en los últimos años, tanto en el sector PAS como en el docente. Profesores en precario y personal vinculado a proyectos de investigación están seriamente amenazados si los planes de recorte salen adelante.
Esta precariedad creciente, agudizada de manera extraordinaria en los últimos años, no ha hecho más que reforzar la sensación de que en la universidad vivimos en un mundo gobernado por castas. Mientras en las castas superiores (que son las que deciden y gobiernan) se han ido incrementando las prebendas y se justifican complementos retributivos extraordinarios, en las castas inferiores se encuentra toda una generación precaria, que va saltando de un tipo de contratación a otro, confiando que le llegue el momento de poder estabilizar su situación laboral si acierta a arrimarse a la sombra del cátedro adecuado, con el cual habrá de procurar estar a bien siempre.

Además de los recortes, planes de privatización

Como en el caso de la sanidad, detrás de los recortes no sólo hay un tijeretazo brutal en los presupuestos para reducir el déficit, sino que hay también un fondo político determinado, otro objetivo que no se puede dejar pasar desapercibido: la privatización. Como en sanidad y en educación, el gobierno pretende poner a la universidad pública todavía más en manos del sector privado.
Las intervenciones del conseller Mas-Colell han sido diáfanas: las universidades han de procurarse financiación privada, han de buscar acuerdos con grandes grupos empresariales, multinacionales, bancos y entidades financieras… Y bancos y cajas cada vez tienen mayor protagonismo en la universidad: becas de la Caixa, portal Universia del Banco Santander…
Con los Campus de Excelencia Internacional, una etiqueta con la que las universidades públicas quieren posicionarse en el ránking de las universidades a escala internacional, las universidades están entrando al juego de la financiación pública variable, en función de los objetivos logrados… La paradoja es que para los gobiernos (tanto el estatal como el autonómico) uno de los objetivos principales para las universidades debe ser la obtención de recursos privados, con lo que recibirá más subvención pública la universidad que más recursos privados obtenga. Esto va a conducir a una degradación clara y evidente de la mayoría de las universidades, que ya actualmente no tienen una dotación presupuestaria suficiente para mantener los servicios (bibliotecas, laboratorios…) con la misma calidad que hasta ahora.
Por otro lado, el conseller también ha anunciado que va a incrementar de forma considerable las matrículas, haciendo que los estudiantes y sus familias paguen mucho más por los estudios universitarios. Ya lo han hecho con los estudiantes de posgrado extracomunitarios, a los que ha multiplicado la matrícula del máster por 3,5 veces. Ahora, dentro del paquete de los recortes, también está este punto: el del aumento de las matrículas de los estudiantes. Una nueva vuelta de tuerca que, como denunciamos con la aplicación de los planes de Bolonia, busca impedir el acceso a la universidad a la gran mayoría, a la clase trabajadora, mientras la universidad se va convirtiendo cada vez más en un reducto elitista.

Las movilizaciones contra los despidos

En el caso de la UAB, las movilizaciones contra los recortes y los despidos se han iniciado con fuerza este mes de abril. El despido de tres trabajadores vinculados a proyectos de investigación ha encendido la mecha de las protestas. El pasado 7 de abril más de 200 trabajadores se concentraron en el Rectorado para reclamar que los tres trabajadores fueran recolocados en otros proyectos. La universidad se ha echado atrás en el despido de uno de los tres trabajadores, pero mantiene el despido de los otros. Está claro que no quiere sentar un precedente, que es lo que los trabajadores, con la lucha, sí pretendemos.
Posteriormente a esta concentración, el Consell de Govern de la UAB no se ha podido constituir por dos veces, ante las protestas de delegados sindicales, trabajadores y estudiantes. La rectora y su equipo se mantienen firmes en los planes de ataques que la Generalitat les impone y parecen dispuestos a enfrentarse a la comunidad universitaria para aplicarlos. Pero como en el caso de la sanidad, si unificamos a las siete universidades públicas catalanas en un plan de lucha conjunto y conseguimos que la mayoría del PAS, del PDI y de los estudiantes se sumen a las movilizaciones, la rectora, el conseller y los planes de recortes tienen los días contados.


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