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La Fundación Federico Engels acaba de publicar el gran libro de Larisa Reisner, Hamburgo en las Barricadas. Su figura y su obra, olvidada y sepultada como la de otros revolucionarios por años de censura estalinista, es toda una inspiración. Lev Sosnovsky, un gran periodista comunista que la conoció muy de cerca, resume muy bien lo que fue: “...lo que identificó a Larisa Mijáilovna podía definirse con una tosca combinación de palabras: una pasión salvaje por la vida”.

Larisa Reisner fue una gran escritora como atestiguan sus textos, cuadros precisos, detallados y envolventes, de una fuerza irresistible, que nos acercan a las escenas descritas con la sensación de estar dentro de ellas y poder tocar con las manos a sus protagonistas. Su gran talento como narradora fue reconocido por numerosos escritores consagrados, entre los que destacan Viktor Sklovski, padre del formalismo ruso, y Boris Pasternak, Premio Nobel de Literatura en 1958.

Pero, ante todo, Larisa fue una revolucionaria entregada a la causa del socialismo y, a donde quiera que fuera, escribía apasionadamente sobre sus experiencias. Sólo de esta forma, combinando un talento probado para la literatura con el espíritu de la militante comunista, pudo asimilar y comprender tan profundamente la psicología de las masas, sus anhelos, sus miedos, sus miserias, su heroísmo…, y plasmarlos convincentemente en sus escritos. Larisa conoció de primera mano el espíritu y los sacrificios de los trabajadores en lucha, y ese conocimiento le proporcionó una amplia perspectiva para retratar la falta de escrúpulos del capitalista para amasar beneficios, la mezquindad de la vida parlamentaria, la cobardía y el cinismo del dirigente socialdemócrata, la inercia conservadora de la aristocracia obrera y el egoísmo estrecho de la pequeña burguesía. Siempre manifestó una independencia de criterio insobornable y un compromiso ardiente con los oprimidos que le llevó a desafiar el orden establecido, incluyendo también los prejuicios y las actitudes machistas de su época.

 “Un meteoro de fuego”

Larisa Mijáilovna Reisner nació en la ciudad de Lublin, hoy territorio polaco, el 13 de mayo de 1895. Su padre era abogado y profesor, y por sus actividades como miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) fue obligado a exiliarse junto a su familia. En 1906 los Reisner regresaron a San Petersburgo, donde Larisa terminó su educación académica al graduarse en el Instituto Neuropsi­cológico de la capital rusa.

Larisa siempre manifestó un vivo interés por la literatura. En 1909 escribió una obra de teatro titulada Atlántida y en 1910 publicó sus primeros poemas. Entre 1912 y 1913 se editaron los perfiles que realizó sobre dos célebres personajes de Shakespeare; Cleopatra y Ofelia.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, su padre decidió imprimir un periódico socialista con sus propios medios y Larisa trabajó activamente en el mismo. Más tarde, Larisa pasó a colaborar en el diario Nóvaia Zhizn1 y en la revista Létopis, ambas publicaciones dirigidas por Máximo Gorki2.

Larisa participó activamente en la revolución de Febrero y prontó destacó como una opositora a la política de coalición con la burguesía defendida por los mencheviques y los socialrevolucionarios. Entusiasmada con el triunfo de la revolución de Octubre, Larisa se unió a los bolcheviques y trabajó junto a Anatoli Lunacharski, comisario del pueblo para la Instrucción Pública, en la preservación de monumentos artísticos. En 1918 se casó con un joven militante bolchevique, Fiódor Raskólnikov, que destacó por su papel en la insurrección de Octubre y como comandante de la flotilla roja del Volga y el Caspio. Larisa le acompañó a Afganistán cuando fue nombrado representante soviético.

La actuación militante de Larisa adquirió sus verdaderos rasgos en los duros y peligrosos años de la guerra civil. A finales de verano de 1918 recibió su bautismo de fuego en la célebre reconquista de la ciudad de Kazán por el Ejército Rojo, batalla dirigida por León Trotsky.

Cuando las Guardias Blancas y la Legión Checoslovaca, integrada por prisioneros de guerra, se levantaron contra el poder soviético y capturaron la ciudad de Kazán, a 800 kilómetros de Moscú, la alarma cundió entre los bolcheviques. La posibilidad de que Moscú, y poco más tarde Petrogrado, fuesen cercadas por las tropas contrarrevolucionarias era muy real. En ese momento de máxima gravedad, León Trotsky, nombrado recientemente comisario del pueblo para la Defensa, organizó el tren blindado que partió urgentemente desde Moscú a la localidad de Sviyazhsk, a las orillas del Volga, dónde se habían reagrupado los restos de los destacamentos rojos huidos en desbandada de Kazán.

Larisa Reisner tomó parte activa en los combates, destacando por su arrojo y gran inteligencia, y fue nombrada comisaria del 5º Ejército. En su autobiografía Mi vida (1929), Trotsky escribió respecto a ella:

“Larisa Reisner ocupa también un puesto importante en el 5º Ejército como en toda la revolución en general. Esta maravillosa mujer cruzó por el cielo de la revolución, en plena juventud, como un meteoro de fuego cegando a muchos. A su figura de diosa del Olimpo unía una fina inteligencia aguzada de ironía y el coraje de un guerrero. Tras la toma de Kazán por los blancos, se infiltró, vestida de aldeana, en las filas enemigas, para reconocer el terreno. Pero su aspecto extraordinario la delató y fue detenida. Mientras un oficial del espionaje japonés la interrogaba, aprovechó un descuido, se lanzó a la puerta, que no estaba debidamente vigilada, y desapareció. Tras esto trabajó en el servicio secreto. Más tarde se embarcó en la flotilla del Volga y tomó parte en los combates. Sus apuntes sobre la guerra son páginas literarias admirables. Con la misma plasticidad escribiría sobre la industria de los Urales y sobre el levantamiento de los obreros alemanes de la cuenca del Ruhr. Todo lo quería conocer y ver, en todo quería participar. En unos pocos años, se convirtió en una reputada escritora. Y esta Palas Atenea de la revolución, que había sobrevivido al fuego y al agua, fue a morir, repentinamente, víctima del tifus, en los tranquilos alrededores de Moscú, cuando aún no había cumplido los treinta años”.3

Cuando la guerra civil terminó, Larisa regresó a Petrogrado y dedicó sus energías al estudio de la nueva realidad soviética, escribiendo sobre las condiciones de vida de la clase obrera. En 1923 se trasladó a Alemania junto a Karl Radek4, para participar en los acontecimientos revolucionarios y actuar como enlace entre la Internacional Comunista y el Partido Comunista Alemán (KPD).

Tras su regreso, se dedicó a recorrer la URSS, especial­mente las zonas mineras de los Urales, donde narró las duras condiciones de trabajo de los mineros y la lucha por edificar un nuevo orden social heredado de la barbarie. De estas experiencias germinó su libro Carbón, hierro y hombres vivientes, y también su afinidad política con la Oposición de Izquierda liderada por León Trotsky.

Reisner contrajo la malaria y volvió a Alemania en 1925 para tratar la enfermedad. Durante su estancia escribió En el país de Hindenburg, una formidable radiografía de la república de Weimar5, donde disecciona al gran capital alemán y los medios de comunicación de masas, y nos acerca a las penurias que tuvo que soportar la clase obrera ante la escasez, el desempleo y la hiperinflación.

Éste sería su último libro. Poco después de su regreso a Moscú, Larisa contrajo tifus. Su cuerpo, todavía devastado por la malaria, no pudo soportar la enfermedad y falleció el 9 de febrero de 1926. Tenía 30 años. De Larisa Reisner escribió Karl Radek: “Murió una mujer profundamente revolucionaria, precursora del nuevo tipo de persona que nace en medio de la revolución”.

Considerando la reacción burocrática que había sepultado los años heroicos del Octubre soviético y aniquilaba a sus protagonistas, en 1937 el poeta Osip Mandelstam afirmó que Larisa tuvo la suerte de haber muerto a tiempo. Para entonces, la inmensa mayoría de las personas de su círculo más próximo habían desaparecido víctimas de la represión estalinista.

Alemania en revolución

Larisa Reisner fue un testigo de excepción de los acontecimientos revolucionarios que se desataron en Alemania en 1923. De aquella experiencia nació Hamburgo en las barricadas, el libro que ahora publicamos, un texto que fue prohibido y quemado públicamente por orden de los gobiernos reaccionarios de la república de Weimar.

La escuela de la traición socialdemócrata y la barbarie de la Primera Guerra Mundial supuso un duro aprendizaje para los trabajadores alemanes, que en noviembre de 1918 se alzaron en un intento de cobrarse la revancha. La insurrección de ese mes barrió la monarquía prusiana y tiñó de rojo toda la geografía del país con los consejos de obreros y soldados. El ejemplo de la revolución rusa penetró en la conciencia de millones de proletarios amenazando la existencia del capitalismo en un país clave.

El Alto Estado Mayor, la burguesía y sus lacayos socialdemócratas, lograron aplastar la república de los consejos mediante una violencia salvaje: en enero de 1919 los trabajadores de Berlín fueron masacrados y sus dos dirigentes más carismáticos, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht6, asesinados por un comando de militares monárquicos a las órdenes del ministro del Interior socialdemócrata, Gustav Noske. En los meses siguientes la represión fue brutal: miles de obreros comunistas fueron detenidos, torturados, encarcelados y cientos de ellos fusilados sin juicio. La república burguesa de Weimar se levantó sobre una feroz lucha de clases, sostenida en volandas por las Guardias Blancas contrarrevolucionarias que posteriormente lograrían su triunfo absoluto con Hitler.

A pesar de la derrota de 1919, las masas no cejaron en sus aspiraciones revolucionarias. En 1923 se produjo un nuevo punto inflexión. Como consecuencia de las cargas que impuso el infame Tratado de Versalles7 sobre el pueblo alemán, y de la ocupación de la cuenca del Ruhr por el ejército francés, estalló una nueva crisis revolucionaria. La respuesta de los trabajadores alemanes fue contundente: se organizaron grandes huelgas de masas y un potente movimiento de delegados de fábricas emergió. Los obreros giraron hacia los comunistas, que ganaron la mayoría en numerosos sindicatos. También se empezaron a formar brigadas armadas de trabajadores.

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) estaba desorientado y la burguesía profundamente dividida. Era el momento de una estrategia clara para tomar el poder. Pero cuando se requería la iniciativa y la decisión enérgica de la dirección revolucionaria para empujar el movimiento hacia la victoria, el Partido Comunista se mostró incapaz de asumir sus tareas. En lugar de conquistar a la base descontenta de la socialdemocracia, que miraba con extraordinaria simpatía hacia los comunistas, los dirigentes vacilaron, renunciando a la ofensiva. Los consejos de Stalin y Zinóviev8 , implicados en el seguimiento de los acontecimientos alemanes, fueron desastrosos: partidarios de frenar la acción revolucionaria, manifestaron una vez más los errores políticos que ya cometieron en el período de febrero a octubre de 1917 en Rusia, con la diferencia fundamental de que en Alemania no existía ningún Lenin capaz de corregir el rumbo político del KPD.

Los trabajadores alemanes sufrieron su tercera derrota en tan sólo cinco años. Este fracaso tuvo un profundo impacto en las filas de la Internacional Comunista en general, y en el Partido Comunista de la URSS (PCUS) en particular. La discusión sobre el balance de la revolución alemana de 1923 fue mediatizada por la lucha fraccional en el seno del PCUS entre la burocracia del partido, representada en ese momento por el “triunvirato” de Stalin, Zinóviev y Kámenev10, y la recién formada Oposición de Izquierda, encabezada por Trotsky.

En Hamburgo en las barricadas la propia Larisa Reisner refleja la confusión con que se trasladó ese debate en toda una serie de apreciaciones que hace, ya sea sobre el aislamiento del “Hamburgo rojo” del resto de Alemania o las causas de la derrota. Larisa atribuye el fracaso al papel traidor de la socialdemocracia, a la fortaleza militar de la reacción, a la pasividad de la aristocracia obrera y a la actitud hostil de la pequeña burguesía. Es indudable que todos estos factores estuvieron presentes en mayor o menor medida pero, como señaló Trotsky y fue reconocido posteriormente por muchos de los protagonistas de aquellos acontecimientos, el KPD y la dirección de la Internacional Comunista carecieron de una política clara y audaz para tomar el poder. Por supuesto, aunque Larisa no considerara este factor, en nada disminuye el gran valor histórico y literario de este texto, y la épica revolucionaria que tan brillantemente plasma en él.

Sobre el libro

Esta edición de Hamburgo en las barricadas está dividida en dos partes:

Berlín, octubre 1923. Publicado por primera vez por el MOPR (organización internacional para la ayuda de los combatientes revolucionarios, conocido popularmente como Socorro Rojo) en Moscú, 1924, como apéndice a Hamburgo en las barricadas. Nos parece más adecuado incluirlo como introducción en lugar de como apéndice.

Hamburgo en las barricadas. Apareció por primera vez en la revista Zhizn (nº1, 1924) aunque sin el último capítulo. Fue publicado en forma de libro por la editorial Noraya Moskva en 1924. La represión policial obligó a Larisa a proteger la identidad de la mayoría de los participantes en la sublevación de Hamburgo, mencionándolos por las iniciales de sus nombres, como es el caso de los tres hombres que componían el estado mayor efectivo de Barmbeck: T., C. y Kb. Posteriores investigaciones han ido revelando que T. era Ernst Thälmann10, C. era Hans Botzenhardt y que Kb. podría ser Hans Kippenberger, jefe de la organización militar del Partido Comunista en Hamburgo.

Hemos incluido también un breve texto, Sviyazhsk, del libro El frente, escrito durante la guerra civil rusa entre 1918 y 1922 y publicado en Moscú en 1923, que describe la reconquista de Kazán por el ejército Rojo. Posteriormente, la censura estalinista hizo desaparecer de El frente el capítulo Sviyazhsk, por su mención al papel protagonista de León Trotsky. Finalmente hemos añadido un apéndice con escritos sobre Larisa de Karl Radek, Víctor Sklovski, Boris Pasternak y Lev Sosnovsky.

La presente edición no hubiera sido posible sin la amable colaboración de Isabel Vericat, que nos ha cedido la magnífica traducción que realizó de este libro cuando la Editorial ERA de México lo publicó en 1981. Desde la Fundación Federico Engels queremos trasladar nuestro agradecimiento más sincero a Isabel Vericat, confiando en que su trabajo en esta cuidada edición acerque a las nuevas generaciones de luchadores y luchadoras, y especialmente a todas aquellas mujeres jóvenes que empiezan a militar en las filas del feminismo revolucionario, la figura de una militante bolchevique extraordinaria.

Notas.

1. Nóvaia Zhizn (Vida Nueva): Diario dirigido por Máximo Gorki en el periodo revolucionario de febrero a octubre de 1917. Mantuvo una postura conciliadora y contraria al partido bolchevique en muchas ocasiones. Lenin dedicó numerosos artículos a su línea oportunista, denunciando su política como una cobertura a favor de la coalición con la burguesía. Larisa Reisner colaboró con este diario hasta que publicó un durísimo artículo contra el gobierno de Kérenski. A partir de ese momento se acercó a los bolcheviques.

2. Máximo Gorki (1868-1936): Escritor ruso ligado al movimiento revolucionario. Su verdadero nombre era Alexei Maksímovich Péshkov, Gorki es un seudónimo que significa ‘amargo’. Su obra más conocida es La madre. Aunque conocía a Lenin desde tiempo atrás, fue hostil a los bolcheviques durante la Revolución de Octubre. Posteriormente se sometió servilmente al estalinismo.

3. León Trotsky, Mi vida, FUNDACIÓN FEDERICO ENGELS, 2010, pág. 374.

4. Karl Radek (1885-1939): Miembro de la socialdemocracia polaca desde 1900 a 1908, se traslada a Alemania donde colabora con el SPD y posteriormente con la Liga Espartaquista. Viaja a Rusia tras la revolución de Octubre de 1917 y asiste al congreso fundacional del KPD, en diciembre de 1918, como representante del partido bolchevique. Trabaja para la Internacional Comunista desde su fundación donde ocupó puestos dirigentes. Miembro del Comité Central del partido ruso entre 1919-24, y destacado dirigente de la Oposición de Izquierda. Expulsado del partido en 1927, capituló ante Stalin dos años más tarde. Readmitido en 1930. Condenado a 10 años en el segundo juicio de Moscú, murió en prisión.

5. República de Weimar: República burguesa alemana que se extendió entre enero de 1919 y 1933, cuando Hitler la liquidó legalmente proclamando el III Reich.

6. Rosa Luxemburgo (1871-1919): Principal dirigente del comunismo alemán, jugó un papel de primera línea en el movimiento obrero antes de la Primera Guerra Mundial. Nacida en Polonia, en 1893 fundó el Partido Socialdemócrata Polaco (conocido más adelante como Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania, SDKPiL). En 1897 comenzó a participar activamente en el Partido Socialdemócrata Alemán, iniciando una dura lucha a partir de 1900 contra el revisionismo, primero contra Bernstein y luego contra Kautsky. En el congreso de 1907 del POSDR apoyó a los bolcheviques contra los mencheviques en todas las cuestiones decisivas. Desde 1910 encabezó el ala marxista de la socialdemocracia alemana. Internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, organizó la Liga Espartaquista agrupando a las fuerzas del marxismo revolucionario en el seno de la socialdemocracia alemana. Encarcelada desde junio de 1916 hasta que es liberada tras la revolución alemana de noviembre de 1918. En enero de 1919 fundó el Partido Comunista de Alemania y dirigió su órgano central, Die Rote Fahne (La Bandera Roja). Tras la derrota de la insurrección de Berlín de enero de 1919, ella y Liebknecht fueron arrestados y asesinados el día 15 por orden del gobierno socialdemócrata. (La FUNDACIÓN FEDERICO ENGELS ha editado sus obras principales).

Karl Liebknecht (1871-1919): Dirigente marxista alemán y fundador, con Rosa Luxemburgo, de la Liga Espartaquista y el KPD. Junto con Rosa Luxemburgo, encabezó la oposición a la guerra dentro de la socialdemocracia y mantuvo una postura internacionalista. El 2 de diciembre de 1914  fue el único diputado que votó en contra de los créditos de guerra en el Reichstag. Expulsado del grupo parlamentario socialdemócrata en enero de 1916. El Primero de Mayo de ese año distribuyó propaganda antibélica en Berlín, siendo arrestado y condenado a trabajos forzados. Puesto en libertad durante la revolución alemana de noviembre de 1918, participó en la fundación del KPD. En enero de 1919 encabezó el levantamiento de los obreros de Berlín. Arrestado con Rosa Luxemburgo el día 15, ambos fueron asesinados inmediatamente por orden del gobierno socialdemócrata de Scheidemann y Noske.

7. Tratado de Versalles: Firmado el 28 de junio de 1919 por EEUU, Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón y las potencias que se les habían unido, por una parte, y Alemania, por otra. El tratado de Versalles puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial. Lenin dijo sobre él: “Es una paz inaudita, expoliadora, que coloca a decenas de millones de personas, entre ellas las más civilizadas, en situación de esclavos”. El tratado tenía como objetivo refrendar el reparto del mundo capitalista a favor de las potencias vencedoras y crear un sistema de relaciones entre los países dirigido a asfixiar a Rusia y derrotar el movimiento revolucionario en todo el mundo.

8. Grigori Zinóviev (1883-1936): Miembro del POSDR desde 1900. Bolchevique desde 1903, inmediatamente después del II Congreso del partido. Participó en la revolución de 1905. Miembro del comité central en 1907. Durante la Primera Guerra Mundial fue un estrecho colaborador de Lenin y participó en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal. Volvió a Rusia tras la Revolución de Febrero de 1917. En octubre, junto con Kámenev, se opuso a la insurrección. Presidente de la Internacional Comunista en vida de Lenin, a la muerte de este formó parte de la troika, con Kámenev y Stalin. En 1925, él y Kámenev rompieron con Stalin a raíz de la teoría del socialismo en un solo país y se unieron a Trotsky en la lucha contra la burocracia, dando lugar a la Oposición Conjunta. Expulsado del partido en 1927, capituló al año siguiente y fue readmitido. Expulsado nuevamente en 1932, volvió a capitular. En 1935 fue condenado a diez años de prisión con cargos falsos. Fue nuevamente juzgado en el primer proceso de Moscú y ejecutado.

9. Lev Kámenev (1883-1936): Afiliado al POSDR en 1901. Detenido en 1902 y deportado, consigue fugarse, sale de Rusia y se une a los bolcheviques. Encabezó la fracción bolchevique de la Duma en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Detenido en 1914 y condenado a deportación perpetua, quedó libre tras la caída del zar. Junto con Zinóviev, se opone a la insurrección de octubre de 1917. Después de la toma del poder por parte de los bolcheviques jugó un papel dirigente en el nuevo Estado soviético. Miembro del Buró Político de 1919 a 1927. A la muerte de Lenin, forma parte de la troika dirigente junto con Zinóviev y Stalin, iniciando la lucha contra Trotsky y la Oposición de Izquierda. En 1925, Zinóviev y él rompen con Stalin a raíz de la teoría del socialismo en un sólo país y se unen a Trotsky en la lucha contra la burocracia, dando lugar a la Oposición Conjunta. Destituido y expulsado del partido por la burocracia, capitula finalmente ante Stalin. Condenado en el primer juicio de Moscú y ejecutado.

10. Ernst Thälmann fue un destacado dirigente del Partido Comunista de Alemania (KPD), siendo su secretario general desde 1925. Partidario incondicional de Stalin. Encarcelado el 3 de marzo de 1933 por los nazis, fue ejecutado en 1944 en el campo de concentración donde estaba preso, por orden directa de Hitler.

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