La lectura de los escritos de León Trotsky recogidos en el libro Una escuela de estrategia revolucionaria, recientemente publicado por la Fundación Federico Engels, nos ofrece toda una serie de valiosas lecciones que pueden ayudarnos a comprender mejor tanto la dinámica actual en la que se encuentra el sistema capitalista, como cuáles son las tareas primordiales a realizar para acabar con éste y sustituirlo por otra forma de organización social y económica más justa.

La curva de desarrollo capitalista

La Primera Guerra Mundial dejó tras de sí una estela de horror y sufrimiento, lo cual, unido al poderoso influjo que la Revolución Rusa tuvo entre millones de trabajadores en todo el mundo, llevó a que una serie de procesos revolucionarios y grandes convulsiones sacudieran a múltiples países abriendo la expectativa de la revolución mundial. En 1921 la situación parece cambiar: han fracasado los intentos revolucionarios en Alemania, Italia o Hungría y, tras un primer auge económico después de la guerra, nos encontramos ante una nueva crisis. La burguesía ha resistido el primer embate revolucionario, se ha reforzado y presenta esa crisis económica como un hecho puntual que pronto dará paso a otra fase de prosperidad. Es en este punto de donde parte el análisis que aquí se nos plantea.
"Las crisis y las recuperaciones son propias del capitalismo y lo acompañarán hasta la tumba". Eso es cierto, pero no es suficiente. La clave es ver si la curva de desarrollo capitalista se encuentra en una fase de auge o de caída. Trotsky explica que estamos ante una fase de declive del sistema capitalista, el cual no ha conseguido recuperar su equilibrio. Más allá de una posible alza temporal se abre una perspectiva de crisis más profunda y nuevos enfrentamientos entre las potencias imperialistas. La historia demostrará posteriormente la veracidad de esas previsiones. Tras unos años de recuperación ficticia, el capitalismo caerá en los años 30 del pasado siglo en su mayor crisis hasta ese momento, desembocando finalmente en la más brutal guerra que la humanidad haya conocido. Sólo a partir de la inmensa destrucción producida por esa contienda podrá recuperar finalmente una situación perdurable durante cierto tiempo de equilibrio y estabilidad.

Una escuela de estrategia revolucionaria

El segundo texto que aquí se nos presenta empieza planteando una pregunta: Si el capitalismo se encuentra en una fase de decadencia, ¿podemos esperar que la clase social que lo dirige, la burguesía, se suicide por sí misma arrojándose al cubo de basura de la historia? No parece que ese sea su objetivo, más bien buscará perpetuar su hegemonía a cualquier coste, utilizando todos los mecanismos que el poder le da y sin importarle el daño que pueda producir. Únicamente la organización y el trabajo consciente de la clase trabajadora podrán ejecutar la sentencia de muerte de esa clase parasitaria. ¿Y cuáles deben ser las bases para conseguir este objetivo? Por un lado, combatir paciente pero contundentemente al reformismo socialdemócrata, que al final no es más que la muleta en la que se apoya la burguesía para seguir sometiendo a la clase obrera. Y, por otra parte, establecer otro combate, igualmente paciente y contundente, contra las ideas sectarias y ultraizquierdistas que, amparándose en posiciones aventureras y en una verborrea revolucionaria, alejan y aíslan a los comunistas de la clase trabajadora. Como Trotsky nos dice: "No llega con luchar, lo importante es vencer". En definitiva, los comunistas deben a partir de la comprensión de la situación actual y con el aporte de las ideas, tradiciones y métodos del marxismo, ganar a los trabajadores y saber darles la dirección revolucionaria adecuada que permita conseguir la victoria final contra el capitalismo y todas sus lacras.

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