El pasado 19 de febrero Argentina quedó paralizada por una huelga general contra la reforma laboral que Milei y su Gobierno intentan imponer. Al mismo tiempo decenas de miles de trabajadoras y trabajadores abarrotaban la plaza y alrededores del edificio que alberga la Cámara de Diputados que en esos momentos debatía dicha reforma. Y una vez más los manifestantes fueron atacados por la policía con gases lacrimógenos y balas de goma, y ocho personas, dos de ellas menores de edad, acabaron detenidas.
Tras introducir algunos cambios[1], el Gobierno sacó adelante la reforma con los votos de los diputados de La Libertad Avanza y el apoyo, como ya ocurriera cuando fue tramitada en el Senado, de los congresistas del PRO, la UCR y los bloques de los gobernadores.
El Gobierno tiene previsto que el viernes 27 de febrero la reforma laboral vuelva a pasar por el Senado para su aprobación definitiva.
Millones de argentinos, jóvenes, pensionistas y trabajadores han inundado las calles del país para mostrar su más profundo rechazo a esta reforma, incluso las encuestas muestran el rechazo mayoritario de la población hacia ella y hacia la gestión del Ejecutivo argentino en general[2], y sin embargo Milei, su Gobierno y sus socios parlamentarios siguen adelante con la reforma laboral; la única razón que explica que esto esté siendo posible es la nefasta política seguida por los dirigentes de los sindicatos, teniendo la principal responsabilidad los líderes de la CGT como central mayoritaria. También hay que señalar el vergonzoso papel de una parte de los diputados del peronismo que han pactado con Milei y sus secuaces y votado a favor de la reforma.
La clase obrera lucha por derrotar las medidas de Milei y contra la pasividad de los dirigentes sindicales
Las intenciones de Milei de hacer retroceder las condiciones laborales un siglo[3] no han sido ningún secreto. El presidente argentino lo viene anunciando desde que tomó posesión del cargo. Finalmente fue el pasado diciembre cuando el Gobierno hizo públicas las características concretas de su reforma y el alcance de la profunda regresión social que supondría.

Los líderes de la CGT y las dos CTA, los principales sindicatos argentinos, deberían haber puesto encima de la mesa desde el minuto uno un plan de movilizaciones contundente, con un calendario claro e in crescendo y declarado la determinación inequívoca de seguir incrementando la intensidad de la movilización hasta que Milei y su Gobierno retiraran la reforma laboral.
Un plan de lucha que para llevarlo a cabo e implicar a cada vez más trabajadores en su puesta en marcha, debería haber estado acompañado de la organización de asambleas en todos los centros de trabajo, de la formación de comités en las empresas para, entre otras tareas, implicar a toda la población trabajadora en la pelea inundando las calles de propaganda, llamando a la organización de plataformas contra la reforma laboral en los barrios, centros de estudio sumando así a la juventud estudiantil a la lucha, y de esta forma generar un movimiento de tal magnitud y fuerza que obligaría al Ejecutivo a retirar su reforma y que incluso podría provocar la caída de Milei y su Gobierno.
Pero lejos de adoptar esta actitud combativa, la dirección sindical, principalmente la de la CGT, se ha limitado a declarar su oposición formal a la reforma, a lanzar comunicados con un llamamiento general a la movilización, a la vez que sus portavoces han estado intentando minar continuamente la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas prodigándose en declaraciones sobre la ineficacia de las huelgas y las movilizaciones, y orientando todas las esperanzas al proceso de discusión parlamentario, a que los diputados del PRO, UCR y partidos provinciales impulsaran enmiendas, o incluso frenaran la aprobación, mientras, además, negociaban el porcentaje de recaudación sindical que iban a mantener.
Finalmente la presión ejercida por el movimiento obrero alcanzó tal intensidad que el “triunvirato” (los máximos dirigentes de la CGT), se vio obligado a convocar la huelga general del pasado 19 de febrero, aunque sin movilización que la complementara.
Esta actitud timorata, conciliadora y nefasta de los líderes de la CGT incrementó exponencialmente el ya profundo rechazo, que la política que estaba llevando a cabo la mayor central sindical argentina desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, había suscitado en millones de trabajadores y trabajadoras argentinas.
Como expresión de este gran descontento surgió, el pasado enero, el FreSu (Frente de Sindicatos Unidos) que nació como una coordinadora de gremios disconforme con la línea sindical de los dirigentes de la CGT. Esta agrupación fue impulsada por iniciativa de los sindicatos ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), Aceiteros, Aeronáuticos (todos pertenecientes a la CGT), las dos CTA, al que se han ido sumando numerosos gremios, alcanzando ya la cifra de 100, pertenecientes a todos los sindicatos.
El FreSu dio un paso adelante en su fortalecimiento en las movilizaciones del 11 de febrero cuando la reforma se discutía en el Senado por primera vez, consolidándolo durante la huelga general del 19 de febrero llamando a organizar manifestaciones en Buenos Aires y en las principales capitales del país ante la negativa de la CGT de convocar movilizaciones, iniciativa que también impulsaron los sindicatos de la izquierda combativa.
Aunque el posterior desarrollo, alcance y consolidación del FreSu está todavía por verse, estamos ante una muestra muy gráfica de la profundidad del abismo que separa las aspiraciones y demandas de los y las trabajadoras y la acción sindical de los dirigentes de los sindicatos mayoritarios, y de la crisis política y social que se está produciendo en Argentina.
Solo la movilización decidida y contundente puede derrotar a Milei ¡Por una huelga general de 48 horas!
Tras la contundente huelga general del 19 de febrero y las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar ese día por todo el país, los dirigentes de la CGT, en vez de anunciar inmediatamente el siguiente paso en la lucha y concretar la convocatoria de otra huelga general esta vez de 48 horas, se han negado a continuar la movilización.

En eldiarioar.com, podemos leer: “Para este miércoles (25 de febrero), la central obrera convocó a su mesa directiva. Pese a la presión de sus bases, quedó descartada la posibilidad de un nuevo paro general en lo inmediato. La estrategia de la CGT apunta ahora a judicializar la reforma e ‘inundar’ los tribunales con presentaciones por inconstitucionalidad”[4].
Frente a esta escandalosa posición, los dirigentes del FreSu en un primer momento hicieron rotundas declaraciones criticando la “pasividad” de los líderes de la CGT, conminando a estos a que convocaran una huelga general de 36 horas, aseverando que en todo caso el FreSu sí la llevaría a cabo. "Vamos a hablar con el triunvirato de la CGT para que convoquen a un paro de 36 horas. Si no lo hacen, iremos a un paro nosotros con el Frente de Sindicatos Unidos"[5], eran las palabras de Daniel Yofra, secretario general de la Federación Aceitera y Desmotadora de Algodón.
Pero después de varios días de debates (un precioso tiempo perdido que podría haberse utilizado para lanzar y organizar la huelga), los responsables del FreSu han limitado la nueva acción a una jornada de protesta el viernes con una manifestación que culminará frente al Congreso.
Es precisamente la deserción de los dirigentes de la CGT y esta indecisión y falta de contundencia y la pasividad en la práctica también mostrada por los dirigentes del FreSu, lo que da oxígeno a Milei, a su Gobierno y a sus aliados y les posibilita seguir adelante con sus medidas para destruir los derechos que la clase obrera ha conquistado con gran esfuerzo a lo largo de décadas de lucha.
La fuerza de la clase obrera se abre paso sin que esta nefasta estrategia sindical lo evite
A pesar la decisión de los dirigentes sindicales de acotar la movilización del 27 de febrero a una protesta frente al Congreso, el empuje de los y las trabajadoras hará de ese día una gran jornada de lucha y protesta contra el ultraderechista Milei y su reforma laboral.
Numerosos colectivos se movilizarán el viernes además de contra la reforma laboral, por demandas más específicas. Estarán presentes los trabajadores judiciales en defensa de sus puestos de trabajo, los del Estado llamados a la huelga por la Asociación de Trabajadores del Estado; así mismo la federación docente universitaria (CONADU) convoca huelga general el 27 y el 2 de marzo se realizará una segunda jornada de paro junto a los docentes de todos los niveles educativos, en defensa del sistema educativo público, etc.
En este contexto de máxima tensión social, con la clase obrera tomando las calles y con los principales sindicatos profundamente divididos, la izquierda combativa organizada en torno al Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad (FIT-U) tiene una magnífica oportunidad para avanzar en su desarrollo y crecer en influencia y número de militantes.

El FIT-U tiene en sus filas a miles de luchadores probados que cuentan con una reconocida autoridad ante sectores muy importantes de los trabajadores de la vanguardia, y las organizaciones que lo componen tienen una larga trayectoria. Un llamamiento fraternal y compañero al frente único al FreSu para organizar la lucha contra la reforma laboral de Milei y contra su Gobierno, sumando a este llamado a los integrantes de los numerosos gremios combativos encuadrados en la CGT y las dos CTA, sin sectarismo, proponiendo un plan conjunto de lucha, caminando separados, cada uno con sus banderas, pero golpeando juntos bajo una plataforma de lucha común, supondría un gran paso adelante para que el FIT-U ganara la atención, la simpatía y el apoyo de esos miles de sindicalistas que se encuadran en esos sindicatos y gremios que han dado sobradas muestras de oponerse con todas sus fuerzas a la indigna estrategia sindical seguida por sus dirigentes, y que buscan ávidamente una alternativa sindical y política de clase y combativa.
Aunque este viernes 27 el Senado argentino dé luz verde a la reforma laboral, la lucha de clases no remitirá, todo lo contrario. Milei y los grandes capitalistas que lo apoyan han chocado con la respuesta masiva de una clase obrera que, desde el primer momento, ha plantado cara a las medidas aplicadas por el presidente argentino y sus ministros. Y lo ha hecho teniendo que vencer las continuas maniobras de la burocracia sindical, a la que ha forzado a convocar cuatro huelgas generales desde diciembre de 2023, y de todo el peronismo, por evitar la movilización y para desviar la lucha en la calle hacia el terreno, institucional, judicial, electoral y parlamentario. Que se apruebe la reforma laboral echará más leña al fuego del descontento social que cada vez pugna con más fuerza por salir a la superficie en toda su magnitud.
Lo único que puede echar a Milei y derrotar esos planes es mantener e intensificar la movilización en las calles. A la burocracia sindical, profundamente dividida por la acción de la clase obrera, le va a ser muy difícil contener esta cada vez más intensa presión social.
Las y los trabajadores tienen la fuerza suficiente para acabar con la pesadilla que representa para millones este Gobierno de la extrema derecha, esa es la tarea.
Notas:
[1]En concreto ha sido retirado el artículo 44. Este establecía principalmente que, “en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación”, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% del sueldo que percibía al momento del accidente durante 3 meses si no tuviera personas a cargo, o 6 meses si las tuviera. Si la imposibilidad de trabajar no resultara de una acción voluntaria y riesgosa, el trabajador recibirá el 75% de su salario en los mismos plazos.
El texto aprobado en la Cámara de Diputados mantiene la legislación vigente y durante la baja médica se seguirá cobrando el 100% del salario promedio.
[2]Milei avanza en el Congreso, pero retrocede en la opinión pública
[3]Argentina. Una reforma laboral para esclavizar a la clase obrera
[4]Crece la presión de los gremios duros y la oposición antes de la sanción de la reforma laboral
[5]Reforma laboral: el sector duro lanzó un paro de 36 horas, pero en la CGT creen que no hay clima para otra protesta



















