La Unión Europea ha empezado muy mal 2026. Tras la intervención imperialista estadounidense en Venezuela, las declaraciones de Trump sobre la anexión de Groenlandia a EEUU han adquirido un carácter de amenaza inminente.

Lo que fue considerado como un despropósito de un presidente poco acostumbrado a los modales de la “diplomacia” internacional, ahora toma unos visos de realidad y ha provocado una declaración solemne de los jefes de Gobierno europeos.

La creciente debilidad del capitalismo europeo, cuyo reflejo es la postración en que está sumida la Unión Europea, no ha permitido que esa respuesta a Trump pase de mera retórica. Conscientes de su impotencia y de su dependencia militar de EEUU, se han limitado a lanzar protestas vacías y a ofrecer a Trump aún mayores seguridades de que su sumisión es completa.

La burguesía europea ha unido su suerte al capitalismo norteamericano

Cuando en 2014 el Gobierno de los EEUU, bajo la presidencia del “progresista” Barack Obama, decidió intervenir agresivamente en Ucrania para completar un amenazante cerco militar a Rusia que desembocaría en la actual guerra, una entusiasta UE se puso a sus órdenes. Cuando bajo la presidencia de Biden, otro “progresista” según la socialdemocracia europea, se impuso un plan de sanciones a Rusia que incluía el cese de las compras de petróleo y gas rusos, la UE se apuntó al carro de unas medidas cuyo principal perjudicado iba a ser Alemania, la mayor potencia económica de Europa.

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La creciente debilidad del capitalismo europeo está detrás de que la respuesta a Trump sobre Groenlandia no pase de la mera retórica. La UE se ha limitado a lanzar protestas vacías y a ofrecer a Trump aún mayores seguridades de que su sumisión es completa. 

Cuando, para certificar la definitiva ruptura de los contratos europeos de gas rusos, los gasoductos North Stream 1 y 2 fueron volados, los líderes europeos aprobaron esta acción terrorista. Sin gas ruso, la Unión Europea se vio obligada a comprar gas norteamericano a un coste cuatro veces mayor, y los efectos para la economía alemana fueron devastadores. La consecuencia fue una recesión cuyos efectos empobrecedores estamos sufriendo la población trabajadora de ese país y del resto de Europa.

Pero mientras, la clase dominante europea ha visto en la asociación con el capital norteamericano una oportunidad histórica para incrementar sus ya enormes patrimonios.

En plena guerra de Ucrania, Biden incluyó en su Ley de Reducción de la Inflación (2022) un paquete de estímulos para atraer a territorio norteamericano capital europeo: importantes inversiones previstas en Europa, sobre todo en los sectores de movilidad eléctrica y de energías renovables, se trasladaron a EEUU. Grandes empresas europeas, entre ellas la española Ferrovial, empezaron a cotizar en Nueva York, y esta tendencia sigue. Cinco Días explicaba recientemente[1] que un billón de dólares en acciones podría cruzar el Atlántico este año en busca de las mayores oportunidades de negocio que ofrece el mercado de capitales norteamericano.

La derrota de EEUU en Ucrania ha agudizado su clara desventaja frente a China en la batalla por la hegemonía global y esa situación es lo que empuja a Trump a llevar más lejos las medidas de extorsión a las economías de los países de su entorno y a sus aliados históricos. América Latina, la UE, Japón o Corea del Sur ya están sufriendo, unos más crudamente que otros, las consecuencias de esta agresiva política imperialista.

Las razones para ocupar Groenlandia: control del Atlántico Norte, minerales críticos… y desconfianza ante el futuro de la UE

EEUU esgrime dos buenas razones para ocupar Groenlandia. La primera es que esa isla es crucial para el control del tráfico marítimo en el Atlántico Norte. Ya en 1940 el ejército de EEUU ocupó Groenlandia e instaló allí varias bases militares, entre ellas la célebre base de Thule (hoy, Pituffik) que sigue activa y con tropas yanquis. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, EEUU se ofreció a comprar la isla, pero Dinamarca se negó a venderla.

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La derrota de EEUU en Ucrania ha agudizado su clara desventaja frente a China en la batalla por la hegemonía global y ello empuja a Trump a llevar más lejos las medidas de extorsión a las economías de los países de su entorno y a sus aliados históricos. 

Esta posición relevante para el tráfico marítimo se hace aún más crítica por la desaparición del hielo ártico debido al cambio climático. Dos de las tres nuevas rutas de navegación que este deshielo hace viable pasan por las costas de Groenlandia y la previsión de la OMC es que para 2035 el tráfico por esas rutas se triplique.

Por las mismas razones por las que hace unos meses EEUU le arrebató a China el control de los puertos del Canal de Panamá y de 21 instalaciones portuarias más repartidas por el mundo, Trump quiere asegurar para las empresas de su país el control de estas nuevas rutas comerciales, que le darían una importante baza para frenar, o al menos ralentizar, la expansión comercial china.

A esta razón se suma la mayor accesibilidad de los recursos mineros de Groenlandia gracias al deshielo. Se estima que podría contener hasta el 25% de las tierras raras no descubiertas del planeta e importantes recursos de zinc, plomo, cobre, oro, molibdeno, grafito, niobio, tantalio y otros minerales críticos.

A pesar de que Dinamarca, con el apoyo de la UE, haya propuesto a EEUU un tratado que le garantice el control y acceso exclusivo de la navegación y la minería en Groenlandia, Trump no se fía. Es consciente de que la política que promueve en el viejo continente conducirá, antes o después, a un conflicto social de consecuencias imprevisibles. Por eso, al tiempo que apoya a las fuerzas de extrema derecha en toda Europa y que hace todo lo posible para enterrar a una Unión Europea que agoniza, Trump quiere estar seguro de su control de Groenlandia. ¿Quién sabe lo que podría pasar en Europa en momentos de crisis social y política aguda? ¿Quién puede descartar que sectores empresariales y financieros europeos miren al imperialismo chino como una alternativa para mantener sus beneficios y garantizar a la vez una mínima paz social?

Trump ha optado por la alternativa más segura. Desde hace meses corteja a los partidos independentistas groenlandeses, especialmente al Naleraq, segunda fuerza parlamentaria. Los 54.000 habitantes de Groenlandia, en su mayoría de etnia inuit, tienen muy poco que agradecer a Dinamarca, que mantuvo su estatus colonial hasta 1953. Pero su reconocimiento como ciudadanos daneses de pleno derecho no mejoró gran cosa sus vidas. Hasta 1991 Dinamarca, bajo Gobiernos socialdemócratas, promovió la esterilización forzosa de mujeres inuit[2] y separó de sus familias a miles de niños, trasladándolos a Dinamarca para hacerles olvidar su lengua y cultura.

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Con intervención militar o a través de un tratado, es seguro que Trump cerrará sus garras sobre Groenlandia. Los sueños de una Europa capitalista unida y próspera, capaz de jugar un papel determinante en el orden mundial, se desvanecen. 

No es de extrañar que la élite inuit groenlandesa se deje cortejar por Trump y, aunque no apoye de momento una invasión, vea con buenos ojos un mayor acercamiento a EEUU. Puestos a elegir entre un EEUU en plena demostración de poderío y una UE paralizada y en proceso de descomposición, hay pocas dudas.

De una forma u otra, con intervención militar o a través de un tratado, es seguro que Trump cerrará sus garras sobre Groenlandia. Será una nueva herida para la Unión Europea. Los sueños de una Europa capitalista unida y próspera, capaz de jugar un papel determinante en el orden mundial, se desvanecen arrastrados por la decadencia del capitalismo europeo. Y con los sueños europeístas se desvanecen también las ilusiones en el reformismo socialdemócrata. Lo poco que todavía queda de las conquistas históricas de la clase obrera europea se enfrenta a un horizonte de acelerada destrucción. Solo una movilización enérgica, armada con el programa de la revolución socialista, podrá salvaguardar y ampliar las conquistas democráticas y sociales de la clase obrera europea.

 

Notas:

[1] El goteo constante de cotizadas europeas que se mudan a EE UU

[2] Dinamarca pide perdón a miles de mujeres de Groenlandia a las que sometió a esterilizaciones forzosas entre 1960 y 1991

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