Solo la movilización de la clase trabajadora podrá impedir una nueva matanza
Israel y EEUU han comenzado su criminal agresión imperialista contra Irán. Tras semanas de acumulación de poderosas fuerzas militares estadounidenses, incluyendo portaviones y el equivalente a dos flotas de guerra, hoy el ejército sionista de Netanyahu en coordinación con la Administración Trump ha bombardeado numerosos objetivos militares en Teherán y otras localidades del país, y ya ha provocado una masacre en una escuela matando a 60 niñas.

El presidente estadounidense ha señalado que será una intervención “masiva”, y ha apelado al pueblo iraní a que se levante y derroque el régimen fundamentalista. También Benjamín Netanyahu, después de perpetrar un brutal genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, de anexionarse por las armas de los colonos fascistas partes fundamentales de Cisjordania, de ocupar el sur de Siria y bombardeado a discreción el Líbano, ha proclamado con la arrogancia de quien se siente impune que esta operación será “mucho más fuerte” y que no parará hasta “eliminar la amenaza existencial que representa” el Irán de los ayatolás.
Según recoge la prensa de todo el mundo, Trump ha prometido la “aniquilación” de la Marina, del programa nuclear y de misiles de Irán, y una “muerte segura” para todos los integrantes de las Fuerzas Armadas, la Policía y la Guardia Revolucionaria Islámica que no se rindan. También ha reconocido que esta vasta incursión militar podrá implicar bajas de soldados estadounidenses.
En definitiva, después de comprobar que la llamada comunidad internacional no movía un solo dedo para impedir esta agresión, que la UE ha mirado hacia otro lado otorgando su plácet, y que Rusia y China tampoco han reaccionado en las vísperas del ataque de otra manera que no haya sido con las tradicionales llamadas diplomáticas a la negociación y el respeto a las reglas del juego “del derecho internacional”, Trump y Netanyahu se han lanzado a esta nueva aventura militarista para volver a moldear el mapa de Oriente Medio a la medida de sus intereses.
Después de lo ocurrido el 3 de enero en Venezuela, del secuestro del presidente Maduro y de la imposición de un sistema neocolonial con la colaboración de Delcy Rodríguez y de los militares venezolanos, Trump ha pensado que es el momento de desatar un golpe devastador sobre Irán. También especula con que la brutal represión que ha causado la muerte de miles de personas en Irán en el mes de enero ha debilitado lo suficiente al Gobierno reaccionario de los mulás como para precipitar un levantamiento interno, un golpe de Estado o el colapso del régimen.

Pero estas suposiciones tienen un riesgo evidente. No está claro que la cúpula fundamentalista no vaya a luchar con todos los recursos a su alcance, ni tampoco que China vaya a permitir tan fácilmente un cambio de régimen que suponga un avance tan poderoso de EEUU en un país con el que ha estrechado lazos económicos y financieros, y que constituye una fuente de provisión de petróleo tan importante. Pero tampoco es ningún secreto que los movimientos del imperialismo chino en los últimos meses han sido consentir a EEUU golpes de mano en áreas estratégicas para Washington, y adoptar una línea de equidistancia y permisividad evidente.
Las patrañas aducidas por Trump sobre la lucha contra el totalitarismo no engañan a nadie. Esto no va de defender la democracia en Irán, la misma democracia que Trump pisotea todos los días en suelo norteamericano. Esto va de los intereses del imperialismo estadounidense en su pugna por la hegemonía mundial contra el bloque liderado por China y Rusia, y la determinación de la clase dominante norteamericana de golpear con todas sus fuerzas para no retroceder más en la escena internacional.
Aunque todavía es pronto para tener un cuadro completo de las operaciones militares, las informaciones hablan claramente de que Irán ha respondido la agresión con misiles contra Israel y las bases norteamericanas en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Qatar y Arabia Saudí.

Una guerra de la envergadura que alientan Trump y Netanyahu no tiene precedentes, pero hay que mirar las cosas con realismo. Después de las experiencias catastróficas en Afganistán e Iraq, está prácticamente descartada la intervención de soldados norteamericanos y de Israel en territorio iraní. Por tanto, las acciones se circunscribirán a bombardeos, obviamente con la intención de causar el máximo daño a las infraestructuras militares, y buscando descabezar el régimen eliminando a personajes claves. Pero si el enfrentamiento se agudiza, y los dirigentes iraníes responden con contundencia alentados por China, la agresión de EEUU e Israel puede precipitar otro tipo de consecuencias para el imperialismo occidental.
Por ejemplo, la posibilidad de que se cierre el estrecho de Ormuz, con el que ha amenazado Irán, y por el que transita el 20% del petróleo y del gas licuado del mundo, cause un terremoto en la economía global. Si el conflicto se sostiene en el tiempo, las movilizaciones contra la guerra imperialista también pueden multiplicarse por el mundo árabe, por las principales capitales europeas, y por supuesto dentro de EEUU, donde el cuestionamiento de la política trampista y su agenda totalitaria ha puesto patas arribas las calles de Minneapolis y de numerosas ciudades.
Esta nueva y brutal agresión imperialista de EEUU y su aliado nazisionista de Israel debe ser condenada y combativa con toda contundencia. Los comunistas revolucionarios no mantenemos una posición neutral, exigimos el fin inmediato de este ataque criminal y las manos del imperialismo fuera de Irán. Todos aquellos que desde la izquierda dan cobertura a esta agresión, esgrimiendo el carácter reaccionario del régimen de Teherán, ayudan a los planes imperialistas en la zona y en todo el mundo.
Pero acabar con al Estado teocrático es una tarea que incumbe a las masas iraníes, que en estos años se han levantado una y otra vez contra sus opresores. Y esta lucha no debe ser conducida por fuerzas contrarrevolucionarias, como las del Sha Pahlevi, que es un testaferro de Washington, una marioneta de Trump y Netanyahu. La lucha contra el integrismo, contra la burguesía iraní, contra los militares corruptos que han ensangrentado las calles del país, debe ser entablada bajo una política revolucionaria, socialista y de clase.

El objetivo no es reemplazar unos verdugos por otros, en este caso afines a Washington y Tel Aviv, sino derrocar el capitalismo, en alianza con todos los pueblos oprimidos de la región, y abrir el camino hacia una democracia obrera y socialista, lo que implica confrontar abiertamente contra la intervención imperialista en marcha, denunciar sus objetivos reaccionarios, y dejar claro el derecho legítimo a la defensa que tiene Irán.
Esta agresión se intenta encubrir como una operación para impedir que Teherán pueda hacerse con armas nucleares. Y lo dicen potencias nucleares como Israel, que ha arrasado Gaza con un poder de destrucción equivalente al de varias bombas atómicas, y EEUU, el campeón de la barbarie imperialista y la única nación que ha utilizado armamento atómico contra población civil.
El derecho internacional, como ha señalado Trump con su transparencia habitual y como han demostrado los nazisionistas masacrando al pueblo palestino, es una cortina de humo en favor del imperialismo occidental. Volver a apelar al mismo, como hace la UE, o la izquierda institucional, es una completa farsa.
Que Netanyahu, un criminal de guerra a la altura de Hitler y Mussolini pueda campar a sus anchas y decidir el futuro de Oriente Medio, es simple y llanamente porque responde a los mismos fines que persiguen sus mentores imperialistas occidentales.
La escalada de intervenciones imperialistas y militarismo, que recuerda cada vez más a lo que se vivió en los años 30 tras la imposición de la dictadura nazi en Alemania, solo podrá ser derrotada con la movilización revolucionaria de los trabajadores y oprimidos de todo el mundo.
El único instrumento efectivo contra el terrible genocidio en Gaza ha sido la solidaridad internacionalista, una rebelión global que se extendió por EEUU, Europa, los países árabes… y que puso contra las cuerdas al Gobierno norteamericano y a sus vasallos europeos. Ahora, frente a esta nueva agresión, y frente al peligro de una destructiva y terrible guerra regional, que pagaremos con miles de muertes y más miseria los trabajadores y los oprimidos, es necesario levantar de nuevo la bandera del internacionalismo e impulsar movilizaciones de masas y huelgas para paralizar la maquinaria de guerra norteamericana y sionista, y la de todos sus aliados en la región.

Una movilización internacionalista que explique sin ambigüedad que esta nueva y brutal agresión imperialista, así como el ascenso de la extrema derecha belicista, es el modo natural de funcionar del capitalismo en esta época de decadencia, y que solo transformaremos la situación en beneficio de la humanidad levantando la bandera de la revolución socialista.
¡Abajo la guerra imperialista! ¡Socialismo o barbarie!
Os dejamos con el enlace a nuestra declaración del pasado 13 de febrero, un análisis en profundidad de la situación en Irán, del papel de Rusia y China, y los objetivos que persigue el imperialismo estadounidense y su aliado sionista.
Irán. Entre la represión salvaje al pueblo y las amenazas de intervención imperialista



















