¡Basta de criminalización del movimiento antifascista!
El 12 de febrero el nazi Quentin Deranque perdía la vida tras una pelea con militantes antifascistas en la ciudad de Lyon. Este hecho ha sido cogido con las dos manos por la clase dominante francesa para orquestar una campaña de criminalización contra el antifascismo y toda la izquierda combativa francesa, alentando aún más la ofensiva fascista que señala peligrosamente a miles de activistas, militantes y sindicalistas.
Todos los editoriales de los grandes medios de comunicación, los discursos y declaraciones de ministros y diputados…, todos, señalan una idea central: declararse antifascista es poco más que ser un criminal despreciable.
Una campaña de mentiras y criminalización
La primera mentira de este relato ha sido lo que ocurrió el 12 de febrero. Ese día el grupo de mujeres fascistas Némesis preparó un asalto al acto de solidaridad con el pueblo palestino que se iba a celebrar en la Sciences Po de Lyon y que contaría con la participación de la eurodiputada de La Francia Insumisa (LFI), Rima Hassan. Este tipo de asaltos son una práctica habitual de estos grupos, como ha revelado L’Humanité con la publicación de 154 mensajes en los que se organizan acciones violentas de la extrema derecha contra militantes antifascistas[1].

Para llevar a cabo esta provocación, contaron con la ayuda de otro grupo fascista de la ciudad. Como se puede apreciar en las imágenes publicadas, armados con una muleta metálica, paraguas, granadas de humo y gases lacrimógenos —una realidad que se parece muy poco a la de unas “víctimas indefensas” que se ha difundido mediáticamente—, este grupúsculo tendió una emboscada a varios militantes antifascistas que derivó en una pelea en la que Quentin Deranque quedó gravemente herido, lo que causó su posterior muerte.
Aunque ahora nos intentan presentar a Deranque y a sus amigos como jóvenes universitarios pacíficos y hartos de la “violencia” de la extrema izquierda, la realidad es bien distinta. Deranque era miembro del grupo neofascista Allobroges Bourgoin. También militó en el grupo Audace, sucesor del Bastión Social disuelto por el Ministerio del Interior en 2019 por su actividad violenta. Quentin y su grupo eran firmes defensores del III Reich y formaban parte de la red de grupos neonazis que, especialmente en Lyon, han desatado una oleada de agresiones contra la comunidad migrante, el colectivo LGTBI, las mujeres y la izquierda en general.
Esta oleada de agresiones y ataques fascistas también ha sido conscientemente ocultada por los medios de comunicación. Solo algunos ejemplos: en 2022 Emine Kara, Mehmet Şirin Aydin y Abdurrahman Kizil, activistas kurdos, fueron asesinados a tiros en París; Federico Martín Aramburú, jugador de rugby argentino, también fue asesinado a tiros por dos miembros de la organización fascista GUD; Djamel Bendjaballah fue atropellado en 2024 por un militante de la Brigada Patriotica Francesa; Ángela Rostas, madre romaní embarazada de 7 meses, asesinada a tiros en 2024; Aboubakar Cissé, hombre maliense, asesinado de 57 puñaladas en una mezquita en abril de 2025; el tunecino Hichem Mirauri, asesinado a tiros en mayo de 2025 por elementos de la extrema derecha[2].
Que ninguno de estos asesinatos, relacionados todos con la extrema derecha, hayan recibido la más mínima atención mediática no solo refleja el doble rasero y la hipocresía de los capitalistas y sus defensores, sino también los firmes vínculos que estos grupos fascistas tienen con el aparato del Estado y con la extrema derecha parlamentaria de Rassemblement National (RN) y Reconquête.
En el caso de Lyon, la violencia de la extrema derecha es una realidad cotidiana y goza de una impunidad total. Según una exhaustiva investigación de Rue89Lyon[3] entre 2010 y 2025 se produjeron 102 agresiones y ataques de este tipo. De ellos, un 40% contra minorías (personas negras, norteafricanas, musulmanas, judías o miembros de la comunidad LGBTI+), y de todos estos, el 70% quedaron impunes.

Un nuevo salto en la ofensiva contra la clase trabajadora y la juventud
La campaña contra la izquierda, y muy especialmente contra La Francia Insumisa de Mélenchon no se ha hecho esperar. La extrema derecha parlamentaria ha arremetido contra la supuesta “violencia de la extrema izquierda” y ha exigido la ilegalización de “antifa”, como ya hizo Trump en EEUU. Emmanuel Macron —este firme cómplice del genocidio sionista contra el pueblo palestino— considera que “Quentin fue víctima de un estallido de violencia sin precedentes”; por su parte, el ministro del Interior explicó que había enviado “un telegrama (…) a los prefectos pidiendo mayor vigilancia en torno a las reuniones políticas, así como en torno a las oficinas de campaña, para evitar cualquier alteración del orden público y garantizar la seguridad de las personas y los bienes”.
Ninguna de estas declaraciones es casual. Se trata de imponer un clima de terror y disciplinar al conjunto de la clase obrera y la juventud. Es evidente que esta campaña será el primer paso para justificar que se emprendan nuevas medidas represivas y autoritarias.
El Gobierno francés ya ha realizado ilegalizaciones contra grupos antifascistas, como es el caso de la Joven Guardia, y ha aprovechado para anunciar que emprenderá nuevas acciones en este sentido. No es un detalle: es el reflejo del giro autoritario y bonapartista que está emprendiendo la clase dominante francesa. Es lo mismo que sucedió en EEUU con el asesinato de Charlie Kirk, que permitió a Trump darle una vuelta de tuerca más a la represión contra la izquierda militante.
En esta situación, la gran interpelada es La Francia Insumisa. Mientras el Partido Socialista y Los Verdes se han sumado al carro del señalamiento contra la “violencia antifascista” y contra la LFI de forma escandalosa. De hecho, desde el 12 de febrero los ataques contra los militantes y espacios de la izquierda se han multiplicado. LFI ha sufrido ataques en 10 de sus locales y su sede nacional fue desalojada por una amenaza de bomba[4]. También otras organizaciones como Union Étudiante o Union Solidaires han sufrido agresiones y ataques[5]. De la misma forma el 21 de febrero se convocó y se permitió una manifestación en memoria de Quentin que se convirtió en una reivindicación de los ideales neonazis del joven y que contó con la presencia de numerosos dirigentes de la extrema derecha, algunos de ellos implicados en palizas y agresiones contra militantes de la izquierda[6]. Un salto de calidad muy importante en el blanqueamiento de la amenaza fascista.
Frente a todo esto es clave que la izquierda combativa, empezando por La Francia Insumisa y los sindicatos de clase, responda de forma contundente y a la ofensiva, organizando una gran movilización en las calles contra la extrema derecha, su blanqueamiento y en defensa de nuestros derechos democráticos, constituyendo comités de autodefensa en los centros de trabajo, de estudio, en los barrios; porque al fascismo no lo derrotaremos con la acción de minorías y confiando en las instituciones burguesas.

El discurso del coordinador de LFI, Manuel Bompard, condenando sin más explicación toda violencia física, comparando a víctimas con verdugos, en definitiva, echando agua al molino del relato de la “violencia de los antifascista”, es un grave error. ¿Acaso se pueden comparar la violencia de los grupos fascistas, realizada de forma organizada, premeditada y con la complicidad de la policía y el Estado, con la autodefensa de los actos, asambleas y espacios de la izquierda militante? Seguir esa lógica es realmente peligroso y no ayuda en absoluto a frenar la violencia fascista contra la clase obrera y la juventud.
No es la primera vez que se utilizan acontecimientos como este para generar un shock en la opinión pública y avanzar en medidas cada vez más autoritarias. Sin duda, la clase dominante ha tomado nota de los acontecimientos que han recorrido Francia en los últimos años: la lucha de los chalecos amarillos, los estallidos populares en los suburbios como el desencadenado tras el asesinato a tiros del adolescente Nahel, las huelgas generales, la rebelión obrera contra la reforma de las pensiones… La burguesía ha sentido verdadero pánico ante la movilización de la clase obrera y la juventud, que les ha obligado en muchas ocasiones a dar marcha atrás en sus planes. Por eso usan ahora este acontecimiento para intentar imponer el terror y aislar a la izquierda militante y cercenar los derechos democráticos de la clase obrera y la juventud.
Pero se puede y se deben devolver los golpes. Como demuestra la experiencia reciente contra el Trump y el ICE en las calles de Minneapolis, la clase obrera y la juventud pueden sobreponerse a las dificultades y entrar en la arena de la lucha de manera masiva. Confiar en las instituciones del sistema como antídoto contra el avance del fascismo es un callejón sin salida. Para barrer a la extrema derecha hay que confrontar con el capitalismo y defender un programa socialista coherente, que pasa por la expropiación de los bancos y los grandes poderes económicos si queremos resolver los graves problemas sociales que nos aplastan. Y para ello hay que construir una organización comunista con una influencia real entre la clase trabajadora, en sus sindicatos, en los movimientos sociales. Este es el único camino.
Notas:
[1]En conversaciones secretas entre Némesis y neonazis para atacar a activistas de izquierda en Lyon
[2]La violence politique à l’heure du deux poids, deux mesures
[3][Data] 70% des violences de l’extrême droite radicale restent impunies à Lyon
[4]Après la mort d’un militant d’extrême droite à Lyon, La France insoumise et l’antifascisme dans la nasse
[5]https://www.instagram.com/p/DUyEw9RCJbh/
https://www.instagram.com/reel/DUSojYBiAh0/
https://www.instagram.com/p/DU8gsCTjHSZ/
[6]Detrás del homenaje a Quentin, la extrema derecha neofascista desfila con total desinhibición



















