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La infamia (“Three Girls”) es una miniserie de tres capítulos de 45 minutos de duración cada uno, producida por la BBC, y que se puede ver de forma gratuita en RTVE Play. La serie describe con una crudeza y realismo impactantes un caso real de violencia sexual contra menores ocurrido en la ciudad de Rochdale, situada en el Gran Manchester (Gran Bretaña), entre los años 2008 y 2012.

Las víctimas fueron al menos 47 mujeres menores de edad (estos fueron los casos probados, todo indica que hubo más víctimas) pertenecientes a familias obreras, muchas de ellas con problemas de desestructuración familiar y/o riesgo de exclusión social. La gran mayoría de estas adolescentes padecía problemas de salud mental, falta de integración social y fracaso o absentismo escolar. Fueron violadas y explotadas sexualmente por una red formada por propietarios de locales de comida rápida que las captaban ofreciéndoles comida, alcohol y otras drogas de forma gratuita, en un clima de aparente “libertad” y “colegueo”, en algún caso incluso asumiendo el papel de “novios”.

La red se completaba con taxistas que transportaban a las chicas y decenas de puteros que, como denuncia una de las víctimas, de 13 años, se las “pasaban como una pelota”, sometiéndolas a todo tipo de prácticas sexuales humillantes y vejaciones aprovechando la confusión y vulnerabilidad en que se encontraban a causa de la depresión, dependencia y anulación de su voluntad que les provocaban las propias violaciones sufridas. 

La infamia representa una denuncia brutal no solo del salvajismo de los violadores y proxenetas (hombres adultos de entre 20 y 60 años), sino también del abandono y machismo del sistema, empezando por la policía, jueces y fiscales que —pese a las denuncias recibidas— miraron a otro lado durante años. Incluso, cuando se vieron obligados a actuar, sometieron a las víctimas a una auténtica pesadilla. Los diálogos de la serie, tomados directamente del sumario del caso e interpretados con un realismo estremecedor, hacen que se te revuelvan las tripas; pero no muestran nada que no veamos a diario en cada juicio por violencia de género: exponiendo a las víctimas, criminalizándolas y despedazándolas psicológicamente en los interrogatorios.

No es un caso aislado, es el sistema

Un mérito de la serie es que deja muy claro que la causa de la negligencia policial y judicial no fue el miedo a actuar de forma contundente porque los implicados en la red de violaciones y explotación sexual de Rochdale eran británico-paquistaníes, como plantearon entonces la extrema derecha y los medios de comunicación. Esta es la versión que predomina, incluso hoy, si uno consulta el caso en Wikipedia.

La realidad es que policías, jueces, fiscales y autoridades políticas consideraron a las víctimas “poco creíbles” por tratarse de adolescentes con una vida “demasiado caótica” o “disipada” y que, en algunos casos, “pese a su juventud, ya habían mantenido relaciones sexuales”. Por no hablar de los consabidos argumentos culpabilizando a la víctima por “no haberse resistido” o porque varias de ellas “habían vuelto al lugar de la violación” y “mantenido relación con sus agresores durante un periodo prolongado”.Y ¡cómo no!, la guinda: considerar a la educadora sexual que planteó las primeras sospechas sobre lo que podía estar ocurriendo en Rochdale como una feminista “tocapelotas”.

El intento de la ultraderecha de utilizar el origen asiático y religión islámica de los culpables para fomentar una ola de racismo e islamofobia también es denunciado y contestado. Como señala uno de los personajes, más del 90% de violaciones y otras situaciones de violencia sexual que se producen en Gran Bretaña son perpetradas por adultos de origen británico y raza blanca. El que los responsables de la red de Rochdale perteneciesen a minorías étnicas o religiosas tiene su explicación no en su religión o cultura, sino en las condiciones de exclusión y marginación social que genera el sistema capitalista en ciudades obreras como la que muestra la serie.

Aunque La infamia se centra en denunciar la negligencia policial y el abandono y machismo institucional contra las víctimas, también deja constancia de ese contexto de degradación social (desempleo, falta de perspectivas para la juventud, deterioro de los servicios sociales...) y de que estos hechos no son una excepción, sino la realidad cotidiana de opresión, violencia y barbarie que sufren millones de niñas, adolescentes y mujeres adultas en todo el mundo bajo este sistema capitalista y patriarcal.


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