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¡Todas y todos a las manifestaciones!

¡Viva la lucha del pueblo palestino!

Una nueva masacre en Gaza y en los territorios palestinos ocupados está en marcha sin que ninguna potencia mueva un solo dedo para impedirlo. Tras la declaración del estado de guerra y la movilización de cientos de miles de reservistas, los duros bombardeos sobre la Franja ya han dejado miles de víctimas, muchas de ellas niñas y niños, miles de heridos y barrios enteros reducidos a escombros. Pero estas cifras pueden ser una broma si se produce una invasión terrestre.

EEUU y la Unión Europea han dado su beneplácito a esta nueva carnicería. Ya sea Joe Biden y el Partido Demócrata estadounidense, Ursula von der Leyen, Macron, el primer ministro británico o el Gobierno español encabezado por Pedro Sánchez y en el que participa el PCE, Podemos e IU… los representantes gubernamentales del imperialismo occidental han cerrado filas en apoyo a Netanyahu y a su Gobierno ultraderechista.

Todos ellos hablan de ¡terrorismo! para calificar la incursión militar de Hamás. Pero guardan un silencio repugnante ante el terrorismo de Estado, sistemático y criminal, del Gobierno sionista de Israel.

Estos “demócratas” de Occidente, protagonistas de una larga historia de extrema violencia colonial e imperialista, apoyan al Gobierno de Netanyahu integrado por organizaciones ultraortodoxas abiertamente fascistas que exigen borrar definitivamente a Gaza del mapa y una limpieza étnica contra los palestinos. No es ninguna casualidad que Netanyahu hace tan solo unos días culpara del genocidio nazi no a Hitler, ¡sino a los árabes!, sin que apenas se levantaran críticas por parte de sus aliados otanistas. Por eso no hay que engañarse por la propaganda occidental. Las reiteradas declaraciones sobre el derecho de Israel a defenderse son un llamamiento abierto para que se masacre a la población civil palestina.

En este contexto intentar igualar la resistencia palestina o las acciones de Hamás con la violencia del Estado de Israel es un auténtico fraude. Para miles de palestinos en Gaza, que no tienen ninguna perspectiva de futuro, que sufren un horror cotidiano, luchar es su única alternativa, ya que no tienen nada que perder. Desde Izquierda Revolucionaria Internacional defendemos el derecho del pueblo palestino a combatir con todas sus fuerzas contra el Estado asesino y colonialista sionista, a las movilizaciones de masas, a la huelga general y, por supuesto, a la autodefensa armada. No nos ponemos de perfil ni somos equidistantes. La cuestión es bajo qué programa político se puede dar esta lucha para derrocar a la burguesía sionista y su aparato represivo y militarista. Y es ahí donde la estrategia integrista y burguesa de Hamás y de las milicias islamistas se demuestra, en última instancia, completamente impotente.

La liberación nacional palestina no solo pasa por enfrentar al Gobierno asesino de Netanyahu, sino también a la burguesía palestina y árabe. La clase dominante árabe es cómplice de la ocupación y fue partidaria de los acuerdos de Camp David y de Oslo. Y la Autoridad Nacional Palestina, heredera de la OLP de Yasir Arafat, es un apéndice de ella. Han actuado bajo las directrices de Washington y Bruselas en numerosas ocasiones y como carceleros de su propio pueblo. La estrategia de los “dos Estados” tal como la ha diseñado el imperialismo, es una trampa cruel y ahora se ven los resultados. El único Estado que existe es el sionista, y su supervivencia la basa en aniquilar o esclavizar al pueblo palestino.

Las masas oprimidas de Palestina han sido traicionadas en innumerables ocasiones. Hay que reconocerlo honestamente y es necesario sacar las conclusiones de ello.

La alternativa a este desastre no es el Irán de los mulás, no es el integrismo fundamentalista por el que aboga Hamás o Hezbola, sino una estrategia y una política revolucionaria que se base en la lucha de masas, en la huelga general y en la insurrección. En definitiva, en un programa socialista capaz de unir a los oprimidos de Palestina e Israel y expropiar a los capitalistas israelíes y palestinos, y a todas la multinacionales imperialistas presenten en la zona, que extraen sus beneficios de la explotación de ambos pueblos y de la ocupación.

Una política así es difícil que se abra paso entre el veneno del supremacismo sionista y el fundamentalismo integrista, pero no es imposible: es la única que conectaría las aspiraciones de las masas palestinas con las crecientes batallas de las masas israelíes.

Los comunistas revolucionarios apoyamos incondicionalmente el combate del pueblo palestino contra décadas de ocupación y exterminio. Y lo hacemos proponiendo el programa y los métodos de la revolución socialista. Una Palestina libre será una Palestina socialista, y eso implicará, necesariamente, la revolución socialista también en Israel aplastando al Estado sionista y su maquinaria militar.


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