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La elección Javier Milei como presidente de Argentina ha conmocionado a millones de personas en todo el mundo. Milei no es ningún antisistema, ni un “verso suelto”, es un fascista identificado con Vox, Trump y Bolsonaro que se dispone a llevar a cabo una política ultraneoliberal de privatizaciones salvajes y ataques contra la clase obrera y los derechos democráticos.

Milei no duda en justificar la dictadura que masacró a decenas de miles de activistas de izquierda en los años 70. Su predilección por la violencia de extrema derecha, supremacista y racista no está en discusión: después de apoyar públicamente el genocidio sionista contra el pueblo palestino, ya ha anunciado que antes de asumir la presidencia viajará a Tel Aviv para rendir honores a Netanyahu.

Este personaje viene con el pack completo. Es un machista confeso, que ha hecho de la abolición del derecho al aborto de las mujeres un eje fundamental de su campaña. Y, como no podía ser de otra manera, es un negacionista acérrimo del cambio climático, dispuesto a que Argentina se convierta en el paraíso de las empresas multinacionales que arrasan el medio ambiente.

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Milei no es ningún antisistema, ni un “verso suelto”, es un fascista identificado con Vox, Trump y Bolsonaro que se dispone a llevar a cabo una política ultraneoliberal de privatizaciones salvajes y ataques contra la clase obrera y los derechos democráticos. 

Todo esto es Milei, y por eso mismo causa tanto impacto que se haya impuesto con el mayor apoyo obtenido nunca por un candidato: 14.476.462 votos, el 55,69% con el 99,3% escrutado, ganando en 20 de las 23 provincias y superando en 11,38 puntos y 2.960.323 votos a Sergio Massa, el cabeza de cartel del peronismo.

Con 11.516.142 votos, el 44,31 %, Massa, ministro de Economía del Gobierno peronista de Alberto Fernández, obtiene uno de los peores resultados de esta fuerza política. Aunque millones de trabajadores peronistas y militantes de la izquierda le votaron tapándose la nariz para  impedir la victoria ultraderechista, amplios sectores de la población no perdonan a Massa y le responsabilizan directamente del desastre económico y social que sufre el país: 142% de inflación, 18,6 millones de personas viviendo en la pobreza y 4 millones de ellos en la indigencia. 

En este contexto de colapso, Milei ha tenido éxito en movilizar masivamente a las capas medias, radicalizadas hacia la derecha, y conectar con sectores de jóvenes y trabajadores muy desmoralizados y frustrados con el Gobierno peronista, presentándose como la única alternativa para “salir del caos” y utilizando cínicamente consignas como “que se vayan todos” o “echar a la casta”. La campaña de Massa durante la segunda vuelta, planteando un Gobierno de unidad nacional con la derecha tradicional, apelando a los empresarios y el “voto de centro” y  eliminando cualquier referencia de izquierdas en su discurso no ha hecho más que facilitarle el trabajo.

Contra la clase obrera

Milei es el candidato de la reacción más extrema y de una mayoría de la clase dominante y del capital financiero que ha visto en él una oportunidad para descargar un golpe demoledor sobre la clase obrera. Pensar que es un individuo que va por libre es una completa estupidez. El programa de Milei, cocinado a fuego lento durante meses en los consejos de administración de los grandes bancos y empresas, representa una declaración de guerra:

-Recorte y supresión de impuestos a empresarios y terratenientes. Situar a Argentina como vanguardia de la evasión impositiva y convertirla en un paraíso fiscal continental.

-Dolarización de la economía, lo que significaría un trasvase masivo de riqueza de las rentas más bajas a las más altas e incrementará brutalmente las desigualdades.

-”Achique del Estado”, privatizando empresas públicas estratégicas, además de la educación, la sanidad, las pensiones y los servicios sociales.

-Contrarreforma laboral garantizando el despido libre mediante la eliminación de diferentes indemnizaciones. Golpear el poder de los sindicatos mediante leyes represivas que limiten los derechos de huelga y manifestación.

-Abolición del derecho al aborto y otras conquistas arrancadas por el movimiento feminista con su lucha durante los últimos años.

-Legalización del derecho a portar armas, una medida para impulsar el pistolerismo fascista.

-Incremento de la legislación represiva, reforzando la financiación, poder e impunidad de ejército y policía.

-Recortes drásticos en los derechos de los inmigrantes, facilitando su deportación y marginación[i]

Toda la hipocresía y cinismo sobre “la casta” y el “que se vayan todos “se desvela con claridad nada más conocerse que estas medidas serán aplicadas por un Consejo de Ministros en el que se integrarán funcionarios y exfuncionarios del FMI, directivos de  bancos, fondos de inversión y think tanks imperialistas, entre ellos varios que ya ocuparon cargos en los Gobiernos neoliberales de Menem o Macri[ii].

En definitiva, todo pura patraña, como siempre han hecho los fascistas, encubriendo de demagogia populista lo que no es más que una forma totalitaria de gobernar a favor de la oligarquía financiera.

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Toda la hipocresía sobre “la casta” se derrumba al conocerse que compondrá un Consejo de Ministros en el que se integrarán funcionarios y exfuncionarios del FMI, o varios personajes que ya ocuparon cargos en los Gobiernos de Menem o Macri. 

La amenaza global de la extrema derecha

Lo que vemos en Argentina forma parte de un proceso que muestra cada vez más similitudes con los años 30 del siglo XX. Por supuesto no se trata de una repetición exacta y claro que hay diferencias. La clase obrera es más numerosa hoy que entonces, la memoria histórica de lo que significaron los regímenes fascistas o las dictaduras militares moviliza a amplios sectores de las masas. Pero eso por sí solo no garantiza nada.

La “locura” y delirios de Milei, Trump o Bolsonaro, que sectores de la izquierda reformista e incluso algunos autodenominados marxistas utilizan como argumento para minimizar el peligro que representan, o las referencias a sus discursos incendiarios o “antisistema” para definirlos como outsiders en lugar de caracterizarlos como reaccionarios de extrema derecha, solo sirven para echar tierra a los ojos de los activistas y de la población obrera, escondiendo la gravedad de lo que está en juego.

Salvando todas las diferencias, Hitler o Mussolini compartían muchos de esos mismos rasgos, excentricidades y delirios, y también entonces muchos les presentaban como elementos accidentales y efímeros para minimizar el peligro mortal que representaban. “La democracia es fuerte” se consolaban en decir.

La esencia de la cuestión hoy es la misma que entonces. El empobrecimiento y las desigualdades intolerables se suman al descrédito de la democracia parlamentaria, de los partidos burgueses tradicionales, y de la izquierda tradicional que sostiene al sistema. Es la descomposición social lo que provoca la polarización política y los bandazos cada vez más bruscos a derecha e izquierda, empezando por las capas medias.

En los años treinta León Trotsky analizaba las bases objetivas de estos acontecimientos: “La decadencia de los partidos democráticos es un fenómeno universal que tiene sus razones en la decadencia del propio capitalismo (…) ¿Quién presentará primero, más ampliamente y con mayor fuerza, a las clases medias el programa más convincente, y —lo más importante— conquistará su confianza, mostrando con palabras y hechos que es capaz de eliminar todos los obstáculos en el camino de un porvenir mejor: el socialismo revolucionario o la reacción fascista? De esta cuestión depende la suerte de Francia por muchos años. No solo de Francia: de Europa. No solo de Europa: del mundo entero”[iii].

¿Por qué ha ganado Milei? 

La victoria en las presidenciales de octubre de 2019 del Frente de Todos, coalición entre el kirchnerismo, ala izquierda del peronismo liderada por Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y la derecha peronista de Alberto Fernández y Massa, fue recibida con enorme esperanza por la clase trabajadora, que esperaba medidas enérgicas contra una crisis que ya entonces golpeaba duramente.

Las elecciones legislativas del 14 de noviembre de 2021 fueron una primera expresión del malestar creciente entre las masas y de la polarización. Por la derecha emergía por primera vez la figura de Milei, que entraba en el Parlamento con dos diputados y 1.291.999 votos (un 5% pero concentrado en Buenos Aires, donde rondaba al 20%). El descontento de las bases peronistas se reflejaba en el clamor demandando a Cristina Kirchner que se enfrentase a Fernández y Massa. Más a la izquierda, la principal expresión de la izquierda anticapitalista, el Frente de la Izquierda y Los Trabajadores-Unidad (FIT-U) obtenía un resultado histórico: 1.280.240 votos, igualando en votos y porcentaje a Milei pero obteniendo 4 diputados frente a 2 de La Libertad Avanza.   

Dos años después, Milei ha disparado su apoyo hasta liderar el bloque de derechas y conseguir la victoria, pero dentro del peronismo el kirchnerismo ha enmudecido, dejando la lucha contra Milei en manos de Massa, y a su izquierda el FIT-U ha visto reducir su apoyo en medio millón de votos, de 1.240.000 de las legislativas de 2021 a 709.000 votos en la primera vuelta presidencial de este mes de octubre.

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El alimento de la extrema derecha hoy es el mismo que en los 30. El empobrecimiento y las desigualdades que se suman al descrédito de la democracia parlamentaria, de los partidos burgueses tradicionales, y de la izquierda tradicional que sostiene al sistema. 

¿Cómo es posible esto cuando la crisis económica ha empeorado y aumenta el cuestionamiento al sistema? La explicación no está en las masas, que cada vez que han sido convocadas a la lucha han respondido, protagonizando grandes movilizaciones como la marea verde feminista o levantamientos sociales como el de Jujuy en junio de este mismo año.

El problema ha sido la política derechista y capitalista del Gobierno peronista, su capitulación permanente ante el FMI, la burguesía argentina y el aparato del Estado. El problema está en la completa subordinación de los sindicatos de filiación peronista a esta estrategia, bloqueando permanentemente cualquier respuesta obrera sólida y sostenida, negándose a convocar a la huelga general para pelear contra los recortes sociales y la inflación desbocada, blindando una paz social que solo beneficia al capital. Políticas desmovilizadoras que han llevado a numerosas luchas obreras a terminar en derrotas amargas.

Estos factores han sido decisivos para extender la desmoralización social y la desesperanza colectiva. Los dirigentes peronistas han asfaltado el ascenso de la extrema derecha, que se ha ido fraguando golpe a golpe, decepción a decepción. Y en esto, la llamada izquierda peronista también ha contribuido por sus incoherencias y manifiestas vacilaciones.

Cristina Fernández y la izquierda kirchnerista han actuado como Podemos en el Estado español o el PCCh en Chile: criticando las políticas más derechistas de la socialdemocracia pero a la hora de la verdad negándose a enfrentarlas, manteniéndose en el Gobierno en lugar de movilizar en las calles y levantar una alternativa.

Así se ha alimentado intensamente el escepticismo y la frustración entre las masas, facilitando a la ultraderecha explotar su demagogia populista para llegar a los sectores más desmoralizados y golpeados de trabajadores empobrecidos, desempleados y jóvenes sin expectativas. También en este aspecto hay similitudes con los apoyos sociales que conquistaron los fascistas en el siglo pasado.

En cuanto a las formaciones que integran el Frente  de Izquierdas y de los Trabajadores FIT-U, a pesar de su dedicación a movilizar y enfrentar al Gobierno, han desaprovechado una oportunidad tras otra de ganar el oído de las bases peronistas de izquierda, negándose en redondo a una política de frente único que les hubiera permitido avanzar. El doctrinarismo y el sectarismo son muy malas influencias cuando hay que desplegar políticas de unidad de clase contra la extrema derecha.

Como explicamos en nuestro balance de la primera vuelta: “Denunciar el capitalismo y plantear consignas correctas como las nacionalizaciones solo puede ganar el apoyo de las masas si va unido a una política no sectaria de unidad de acción en la lucha y una práctica revolucionaria en el día a día, caracterizando y denunciando a Milei claramente como lo que es, un fascista, y llamando a la movilización masiva en las urnas y la calle para derrotarle. El FIT no debería tener ningún problema en impulsar manifestaciones, asambleas, comités de acción y autodefensa llamando a las bases de la izquierda peronista y kirchnerista a combatir juntos. Esto es parte de la lucha por aplicar un programa socialista (…)  La izquierda revolucionaria debe manifestar con claridad una actitud intransigente de lucha contra Milei, y no puede desentenderse del frente electoral. Llamar al voto nulo o la abstención es decir que da igual quién gane, que Milei es lo mismo que el peronismo. Y eso sería un error de calado que pagaría un precio enorme para la izquierda combativa y militante”[iv].

El FIT-U ha malogrado una oportunidad de oro para liderar con decisión y valentía la lucha contra Milei y conectar así con millones de trabajadores peronistas. Su posición abstencionista en esta segunda vuelta, y su renuncia a participar activamente en ella poniendo el foco en la derrota del candidato ultraderechista, se parece mucho más a las políticas ultraizquierdistas y sectarias del "tercer periodo" estalinista, que tanto denunció Trotsky, que a la táctica leninista de frente único con las organizaciones reformistas y socialdemócratas para combatir a la reacción.

¿Y ahora qué?

La magnitud de la victoria electoral de Milei y la derrota del peronismo reflejan un proceso de fondo que va más allá de un simple cambio de Gobierno. La crisis del capitalismo argentino es tan profunda que empuja a un enfrentamiento frontal entre las clases.

Algunos sectores de la burguesía, temiendo las consecuencias sociales de un choque prematuro, apostaban por un Gobierno de unidad nacional de la derecha peronista y la derecha tradicional y una política de ataques y recortes más graduales, apoyándose en la burocracia sindical para controlar a las masas. Pero a medida que la crisis del capitalismo argentino se profundizaba y Milei conseguía el apoyo de las capas medias en la campaña electoral, los sectores decisivos han apostado por lanzar una ofensiva frontal.

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La política de Milei agudizará aún más la crisis y provocará nuevos levantamientos sociales. Al calor de estos choques se presentarán grandes oportunidades de levantar una alternativa revolucionaria con raíces en el movimiento de masas. 

Una derrota electoral tan dura como la de este domingo a corto plazo provocará un shock en millones de jóvenes, trabajadoras y trabajadores. Los próximos meses serán muy difíciles para los oprimidos. Pero la clase obrera argentina no ha sido aplastada. La lucha de clases ha entrado en un periodo decisivo porque la agenda de Milei no puede resolver la carcoma que sufre el capitalismo argentino. Todo lo contrario. Agudizará aún más su crisis y descomposición provocando nuevos levantamientos sociales.

En los próximos meses y años, y al calor de estos choques y de la experiencia que vivirán en carne propia millones de trabajadores y jóvenes, se van a presentar enormes oportunidades de levantar una alternativa revolucionaria con raíces en el movimiento de masas y tomar el poder para transformar el país en líneas socialistas. Esto es lo único que puede derrotar a Milei y conjurar escenarios aún más terribles pero que la historia de Argentina ya conoció entre 1976 y 1982.

La salida no es fácil y los obstáculos son muchos. Por eso necesitamos sacar todas las lecciones de los errores de los últimos años y emprender la construcción de una izquierda revolucionaria de masas con un programa socialista y una táctica marxista de frente único que agrupe a todos los oprimidos. Los acontecimientos que están por venir no dejan margen para escurrir el bulto. Y los trabajadores argentinos volverán a demostrar que sus tradiciones de lucha no son un recuerdo del pasado.

Notas: 

[i] Este es el programa electoral completo de Javier Milei y su partido La Libertad Avanza con el que es el ganador de las elecciones en Argentina

[ii]  Javier Milei no quiere "coalición" y ya tiene al ministro de Economía

[iii] A dónde va Francia, León Trotsky, Fundación F. Engels.

[iv] Elecciones Argentina. La movilización obrera golpea duramente a Milei pero la ultraderecha aún no ha sido derrotada


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