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¡Levantemos una alternativa propia desde la clase obrera!

El 28 de Julio Venezuela celebra elecciones presidenciales. Unas elecciones totalmente condicionadas por la decisión antidemocrática del Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el Gobierno de Nicolás Maduro, de excluir cualquier candidatura de izquierdas crítica con sus políticas y permitir que solo puedan competir con él opciones de derecha y ultraderecha.

Tanto Maduro como su principal oponente, Edmundo González Urrutia, coinciden en puntos fundamentales por más que la propaganda oficialista se niegue en reconocerlo. Ambos quieren seguir ofreciendo en bandeja de plata los recursos del país a las multinacionales imperialistas, atacar los salarios y derechos laborales otorgando más poder a una clase empresarial que obtiene beneficios récord, y reducir a cenizas todos los avances conquistados por la clase obrera bajo los Gobiernos de Hugo Chávez.

La diferencia más clara entre ellos es si aplicar esta agenda capitalista y antiobrera de la mano del FMI, los bancos y monopolios estadounidenses y europeos, como defienden Machado y Urrutia, o de los capitalistas rusos, chinos y de otros países que Maduro considera sus aliados, como el régimen ultrarreaccionario del turco Erdogan o el Irán de los mulás.

Durante los últimos años el Gobierno ha sellado acuerdos con varios de estos países que no han beneficiado en nada al pueblo trabajador pero sí han enriquecido a las capas superiores de la burocracia que dirige con puño de hierro el Estado y a los capitalistas, y otorgado jugosos ingresos a sectores de la pequeña burguesía.

 Las políticas antiobreras favorecen a la derecha y a la contrarrevolución

De la mano de los imperialistas chinos y rusos así como de la cúpula militar, cada vez más determinante en el gobierno, la burocracia madurista y la burguesía surgida de sus filas están intentando consolidar un régimen de capitalismo de Estado con los rasgos más típicos del bonapartismo burgués.

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De la mano de los imperialistas chinos y rusos, la burocracia madurista y la burguesía surgida de sus filas están intentando consolidar un régimen de capitalismo de Estado. 

Maduro y los dirigentes del PSUV siguen disfrazándose con la imagen de Chávez, hablando cínicamente de revolución, socialismo, antiimperialismo y anunciando medidas sociales que incumplen sistemáticamente. Lo que si cumplen, y a rajatabla, son sus compromisos con los empresarios, recurriendo a una represión cada vez más brutal contra el movimiento obrero y la izquierda militante. El Gobierno está utilizando su control del poder judicial y el aparato del

Estado para golpear e ilegalizar en la práctica a los partidos de izquierda que critican su política, además de amenazar, despedir e incluso encarcelar a sindicalistas y trabajadores por impulsar luchas e intentar formar sindicatos que escapan a su control.

El resultado está siendo una auténtica contrarrevolución contra los derechos sociales y laborales: salarios de hambre, la emigración de millones de personas y la lucha cotidiana por sobrevivir. Todo ello mientras una minoría se llena los bolsillos de forma insultante, paseándose en sus coches de lujo por las urbanizaciones, comprando viviendas de alto standing y saqueando los recursos del país.

Esta situación es aprovechada por elementos como Machado y Urrutia para ganar apoyo entre las masas, utilizando de forma demagógica los bajos salarios y prometiendo un futuro de color de rosa de la mano del FMI, sin sanciones ni conflictos con Washington, afluencia de inversiones, etc. Incluso hablan de “regeneración democrática” y “reconciliación nacional”. ¡Qué hipocresía!

Por mucho que se pongan la piel de cordero, Machado, Urrutia y todos los demás son los mismos que organizaron golpes de Estado que costaron decenas de vidas, y los que no dudaron en pedir una intervención militar estadounidense en Venezuela como las que anegaron en sangre Irak, Libia, Siria o Afganistán.

Si estos perritos falderos de Biden (o Trump) llegan a Miraflores sus políticas serán las mismas de sus amigos Milei, Uribe o Bolsonaro. Todo para los ricos y los sectores más retrógrados de la sociedad y nada para el pueblo, sometimiento a las multinacionales estadounidenses, apoyo al genocidio sionista contra el pueblo palestino, ...

Por eso resulta escandaloso que dirigentes de un partido de izquierda como el PCV, que ha sufrido en sus carnes la represión de los regímenes reaccionarios anteriores y ahora del Gobierno de Maduro, abandonen una posición clasista y planteen la posibilidad de votar por alguno de esos candidatos de derechas.

El argumento de que “la prioridad es salir de Maduro” no puede ser una coartada para apoyar a las fuerzas de la reacción. Desde Izquierda Revolucionaria hemos denunciado con firmeza la persecución y las maniobras antidemocráticas del Gobierno contra los militantes y dirigentes del PCV, pero la posición de respaldo a un candidato de derecha representaría una ruptura total con los intereses de la clase obrera y solo contribuiría a lavar la cara a las marionetas del imperialismo y brindarle justificaciones innecesarias a la burocracia del Gobierno.

Antes y después del 28J, la tarea principal es levantar una alternativa de la clase obrera

Estamos ante las elecciones más difíciles que ha enfrentado la izquierda combativa venezolana en décadas. Por los factores que hemos analizado no solo las capas medias, también sectores de trabajadores desesperados y desmoralizados, incluso activistas frustrados y golpeados por la represión, pueden caer en la trampa de votar a la derecha creyendo que nada es peor que seguir bajo este Gobierno. Otros, aunque muy desencantados y críticos con el Gobierno, harán lo contrario: votarán por el PSUV y Maduro, precisamente para evitar la llegada de la derecha controlada por EEUU a Miraflores.

En ausencia de una alternativa creíble al Gobierno y la derecha, también habrá millones de trabajadoras y trabajadores que se abstendrán, como ya ocurrió en las últimas convocatorias electorales. Pero esta vez no serán solo sectores desmoralizados. Muchos de los activistas más combativos utilizarán la abstención para denunciar la represión contra la izquierda y expresar el rechazo tanto a las políticas capitalistas del Ejecutivo como a la derecha y el imperialismo.

Los comunistas de Izquierda Revolucionaria comprendemos esta posición y defendemos que tanto durante esta campaña como después del 28J el punto clave es levantar una alternativa propia desde la clase obrera, una izquierda de combate que rompa con cualquier seguidismo, apoyo electoral o colaboración tanto con la derecha como con el Gobierno y la burocracia.

El trágico desenlace de la revolución bolivariana no hace más que confirmar que cualquier intento de negociar con sectores de la clase dominante (o la burocracia), pactar con la derecha, etc., solo puede llevar al desastre.

Chávez consiguió un apoyo de masas y ganó elección tras elección porque los oprimidos sentimos que la posibilidad de acabar con el capitalismo estaba al alcance de la mano. Se enfrentó al imperialismo y a la oligarquía de manera decidida y valiente, e impulsó reformas progresivas que supusieron un punto de inflexión histórico, despertando la politización de millones y alentando la lucha por el socialismo. Pero también cometió errores estratégicos que ahora revelan sus consecuencias.

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Chávez consiguió un apoyo de masas y ganó eleccion tras elección porque los oprimidos sentimos que la posibilidad de acabar con el capitalismo estaba al alcance de la mano. 

En lugar de llevar a cabo una política consecuente destruyendo el Estado capitalista, expropiando a los bancos y las grandes empresas, y establecer de este modo las bases para la gestión y participación democrática de los trabajadores en la administración de todos los asuntos de la vida social y económica, intentó avanzar mediante acuerdos con los imperialistas chinos y rusos. También fomentó los pactos con esa burguesía supuestamente “nacional y patriota “, pero que en la práctica es igual de depredadora y a la que solo la mueven sus beneficios y el poder.

El resultado fue el crecimiento desmedido del aparato del Estado y el fortalecimiento de una casta de burócratas que muy pronto se despegaron de los intereses del pueblo buscando ventajas materiales y privilegios. Un proceso que degeneró más y más, y les llevó a fusionarse con una parte de la burguesía venezolana. El resultado es que hoy esos mismos burócratas liquidan y arrastran por el fango el legado de Chávez.

La catástrofe que sufrimos no tiene su origen en “el socialismo” sino en el mantenimiento por parte de la burocracia madurista del régimen capitalista, consolidando y agrandando el poder de una burguesía extremadamente corrupta y parásita como la venezolana.

Si Maduro logra imponerse, apoyándose en su control del poder judicial y estatal con el apoyo de la cúpula militar y el respaldo de China y Rusia, continuarán las mismas políticas capitalistas y represivas. Si la derecha apoyada por la Casa Blanca y la Unión Europea consiguiese poner a uno de los suyos en Miraflores (algo que solo parece factible abriéndose una división dentro de la burocracia y la cúpula militar que hoy no se ve muy probable) el resultado será más ataques, recortes sociales y represión, igual que ocurre en países donde ya gobiernan como Argentina, Perú o Ecuador.

Las dificultades para levantar una alternativa obrera revolucionaria son innegables. El escepticismo y desmoralización que ha provocado la liquidación del proceso revolucionario por los propios dirigentes del PSUV, el miedo a la represión y la desconfianza en las propias fuerzas siguen pesando. A ello se une la dispersión y debilitamiento organizativo que causa la lucha cotidiana por sobrevivir, consecuencia del colapso económico.

Estos obstáculos solo pueden ser superados empezando por imponer claridad en las políticas y el programa a defender, explicando pacientemente a las masas que no hay atajos y combatiendo cualquier ilusión en pactos con sectores de la burocracia o la derecha.

Debemos empezar por organizar asambleas y reuniones en todos los centros de trabajo y estudio, barrios y comunidades para recoger las reivindicaciones de todas las oprimidas y oprimidos (movimiento obrero, campesino y estudiantil, colectivos feministas y LGTBI, luchadores por el medio ambiente -contra los megaproyectos-, pueblos originarios...) unificándolas en un plan de acción y un programa que sirvan para organizar las luchas basándonos en nuestras propias fuerzas.

De estas asambleas deben salir comités de acción en cada centro de trabajo, barrio, etc. para organizar la respuesta a cualquier ataque o medida represiva venga de donde venga: del Gobierno y aparato del Estado, empresarios, gobernadores, alcaldes, etc. Es necesario defender además la coordinación local, regional y nacional de esos comités mediante delegados elegibles y revocables.

Este plan de acción debe ir unido a un programa socialista genuino que plantee la expropiación de los bancos, la tierra y las grandes empresas que hoy controlan capitalistas, burócratas y multinacionales, colocándolas bajo la administración directa de los trabajadores y el pueblo para planificar democráticamente la economía y satisfacer las necesidades sociales.

Un programa que debe ser internacionalista, que luche por la revolución socialista en América Latina y en el mundo, por la solidaridad de clase con todos los pueblos oprimidos, contra el genocidio sionista en Gaza, y por no conceder ningún crédito político ni al imperialismo occidental, responsable de las matanzas más terribles, ni a regímenes que aunque se presentan como adversarios de Washington y Bruselas son también enemigos de los trabajadores y las luchas populares.

Hoy en Venezuela necesitamos reconstruir una izquierda revolucionaria sin sectarismos pero consciente de las experiencias que hemos atravesado, y que lleve a cabo una política de frente único con todas las fuerzas clasistas que aspiran a un cambio revolucionario. No hay otro camino.

¡Únete a los comunistas de Izquierda Revolucionaria para luchar por estas ideas!


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