En Euskal Herria están estallando, una tras otra, fuertes luchas obreras, grandes movilizaciones y huelgas en los últimos meses. Especialmente en la industria, la ofensiva de la patronal ha tomado por objetivo la destrucción masiva de empleo. Los ERTE se convierten en ERE y los despidos colectivos se extienden como una plaga, tanto en las empresas principales como en las auxiliares. La patronal pretende crear un clima de "terror" empresa a empresa, incluso en las que aún no hay planes de despidos sobre la mesa. Pretenden así que los trabajadores sientan la amenaza y agachen la cabeza mientras atacan sus derechos fundamentales, extienden la subcontratación, la precariedad o el paro, sobre todo entre los jóvenes.

Sin embargo, la clase trabajadora está dejando claro que está dispuesto a presentar batalla en esta guerra. Empezando por la base, muchos trabajadores están sacando grandes e importantes conclusiones. Los ejemplos más claros los hemos visto en la multitudinaria manifestación del 30 de enero en Vitoria-Gasteiz con el apoyo de 50 comités de empresa o con la escuela que está ofreciendo la huelga indefinida de Tubacex: el paro del 5 de marzo en la comarca de Ayala, la manifestación conjunta con el PCB-ITP de Barakaldo el 13 de marzo o la manifestación del 22 de marzo en Llodio con el apoyo de 17 comités de empresa y la movilización de toda la comarca contra los despidos.

La ofensiva que se prepara supondrá destrucción de empleo también para el el sector público y los servicios privatizados, así como el aumento de la precariedad. Por eso la respuesta de estos sectores a través de la movilización también ha sido muy potente: las huelgas en la educación, en las escuelas infantiles, en Osakidetza, en las residencias y demás trabajos de cuidados, la lucha de los interinos, etc.

Esta fuerza es la que ha impulsado la convocatoria de huelga en el sector público el 22 de abril por parte de los sindicatos ESK, SATSE, ELA, LAB, CCOO, y Steilas. Pero convocar a la huelga sólo a los trabajadores del sector público, tiene una limitación evidente. Los servicios privatizados son tantos, que para responder con contundencia y lograr terminar con la precariedad imperante es necesario unir las fuerzas de los trabajadores del sector público con los de los servicios privatizados, defendiendo la garantía y mejora de sus puestos de trabajo, y para exigir que se publifiquen los centros en los que trabajan.

No nos cansaremos de subrayarlo, porque lo que está en juego es muy importante. Unificar las luchas obreras al nivel más amplio posible y golpear juntos con todas nuestras fuerzas es un punto central. Esa es la única vía para hacer frente a la amenaza de la patronal, poniendo sobre la mesa la enorme fuerza que tiene la clase trabajadora. Ante esta situación de ataques generalizados y destrucción del empleo ¿quién puede poner en duda la necesidad de poner en marcha de inmediato una dinámica continuada de huelgas generales? ¿Cuál es la excusa para que los sindicatos de Euskal Herria no la hayan convocado aún?

Gobierno del PNV-PSE al servicio de la patronal

El Gobierno de la patronal que preside Urkullu lo tiene claro: va a regalar otros 430 millones de euros de dinero público a los grandes empresarios que están destruyendo puestos de trabajo para que luego los paguemos con más recortes y privatizaciones. Al mismo tiempo envía a los ertzainas a reprimir salvajemente luchas obreras como la de Tubacex, cargando directamente con porras y pelotas de goma. Son los destacamentos armados en defensa de la propiedad privada y los intereses de la patronal: ese es el único “modelo” de policía que puede existir bajo el sistema capitalista, a pesar de lo que digan los dirigentes de EH Bildu.

Es evidente que los miles de millones que se han regalado a los grandes capitalistas desde Europa, el Gobierno central y los Gobiernos autonómicos, en forma de fondos, "rescates", ERTE, privilegios fiscales… etc. tendrán consecuencias directas para la clase trabajadora. Pero a diferencia de lo que se argumenta permanentemente, todos estos recursos públicos no serán para mantener los puestos de trabajo ni para garantizar condiciones dignas.

El Ibex 35 pretende hacer pagar este enorme endeudamiento público con más recortes y privatizaciones y, entre otras, con la reforma de pensiones. Dirigentes del PP, Cs, Vox, PNV y PSOE están dispuestos a declarar la guerra a la clase trabajadora. Pero EH Bildu, que se ha situado al lado de la movilización social y las luchas obreras, no puede volver a tender la mano a la derecha del PNV y avalar sus políticas capitalistas, tal y como ha hecho pidiéndoles defender juntos en Madrid los fondos europeos. Los partidos de la izquierda y también los sindicatos de clase, deben romper con la lógica del sistema y confrontar directamente con la derecha y la patronal basándose en la lucha de la calle y defendiendo consecuentemente una alternativa anticapitalista.

No es una "crisis coyuntural" provocada por la COVID

Desde las direcciones sindicales, sean CCOO y UGT, LAB o ELA, se insiste una y otra vez en los conflictos laborales más importantes en que la crisis es "coyuntural".

Se ha utilizado como argumento para decir a los empresarios que no hay que hacer despidos estructurales y para presionar a las instituciones que les han dado cuantiosas subvenciones para que les den aún más.

En esta lógica, los sindicatos también han aceptado estar dispuestos a renunciar temporalmente a algunos derechos o a dejar por el camino algunos puestos de trabajo si se da una buena solución a los trabajadores. Esto es un grave error, ya que la experiencia nos demuestra que la debilidad invita a la agresión. Pero además hay que preguntarse ¿es una crisis que durará unos meses? ¿Terminará cuando acabe la "coyuntura" provocada por el virus?

Que la respuesta es negativa ya se puede ver claramente en las previsiones de las instituciones capitalistas a nivel mundial. Pese a la enorme propaganda que han hecho para ocultar la naturaleza y la profundidad de la crisis, la realidad ha vuelto a confirmar el análisis marxista y los capitalistas, a regañadientes, se ven obligados a reconocer la gravedad de la situación, incluso la burguesía vasca. El portavoz del Gobierno Vasco, Bingen Zupiria, dijo en una entrevista en marzo que "aunque los primeros informes internacionales decían que la crisis económica sería hasta el verano y subiría como un cohete en forma de 'V', los hechos han demostrado que esa 'V' no ha existido y que estamos en un valle que va a costar salir, con consecuencias económicas y sociales".

En marzo de 2021 el FMI rebajó una vez más  las previsiones de crecimiento del Estado español, estableciendo que el PIB crecerá un 5,9% y en 2022 un 4,2% (teniendo en cuenta que en 2020 cayó un 11,1%). Estas previsiones, que no está descartado que empeoren más, cuentan con una importantes ataques contra la clase trabajadora, como, por ejemplo, que el paro siga creciendo hasta el 2026. ¿Cuál es la cuestión de fondo?

Para ser exactos, ni la de 2008 fue sólo una "crisis financiera", ni la de ahora es por el COVID. Estamos ante una crisis de sobreproducción de la economía capitalista, que no ha tenido solución desde 2008, y que se ha agravado en esta década. Existe una sobrecapacidad de producción de mercancías que el mercado capitalista no es capaz de absorber. Los grandes propietarios no pueden obtener ganancias vendiendo sus productos porque las masas a las que han empobrecido durante años no pueden comprarlos. El cierre de fábricas, empresas y el aumento de la precariedad  para seguir obteniendo grandes beneficios son su respuesta.

Basarse en el crédito y en la especulación ha sido hasta el momento la vía para que los grandes capitalistas sigan acumulando ingentes fortunas. Los "planes de rescate" que se realizaron desde 2008 permitieron a los bancos realizar gigantescas operaciones especulativas con el endeudamiento público, creando una burbuja de capital ficticio sin precedentes.

En 2019, sin necesidad de ningún virus, todos los elementos para la crisis de la economía mundial estaban sobre la mesa. Por ejemplo, la deuda pública y privada alcanzó el récord de 253,6 billones de dólares, ¡el 322% del PIB mundial! En 2020, todas las potencias imperialistas en plena guerra internacional de mercados, decidieron dar a esta crisis la misma solución catastrófica que en el pasado, con un mayor endeudamiento público que ya sabemos cómo se va a saldar. No se va a solucionar el problema fundamental, pero nos lo quieren hacer pagar duramente.

Levantar una alternativa revolucionaria es el único camino

La crisis económica es real y profunda. Por eso la lucha sindical no puede condicionarse a la lógica capitalista de la oferta-demanda. EH Bildu o Podemos no pueden plantear que con la mera gestión de los parlamentos en Euskadi o a nivel estatal se pueden solucionar los problemas de las masas trabajadoras, porque eso es imposible.

La única manera de defender consecuentemente los puestos de trabajo y los derechos, es apostar por la alternativa revolucionaria apoyándose en la movilización unificada de nuestra clase: expropiar los grandes bancos y empresas de las manos de la burguesía y ponerlas bajo el control  democrático de las y los trabajadores, planificar la economía de acuerdo con las necesidades sociales y no del lucro privado.

Necesitamos una izquierda de combate, que confronte directamente con los intereses del gran capital: que se enfrente al autoritarismo y a la reacción en las calles, que garantice servicios públicos de calidad acabando con la privatización, que garantice un subsidio de desempleo de 1.200 euros al mes financiado con impuestos a los ricos y que defienda el derecho a una vivienda pública digna, prohibiendo desahucios y expropiando millones de viviendas en manos de bancos y fondos buitre. Si los capitalistas se niegan a mantener los puestos de trabajo y a garantizar condiciones dignas - como ocurre en Tubacex y en tantas otras empresas -   ¡hay que luchar por la nacionalización de las fábricas sin indemnización bajo control obrero!

¡Organízate en Ezker Iraultzailea para construir la alternativa que necesitamos!


Teoria Marxista

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