Entrevista a Ainoa Murcia, activista del Sindicat d’Estudiants y víctima de la represión

 

Hace un año se produjo la llamada Primavera Valenciana. Las imágenes de estudiantes de 14, 15 o 16 años golpeados por la policía y el ambiente de lucha encendieron la indignación popular. Cientos de personas ocuparon la calle Xàtiva en solidaridad con los reprimidos, a partir del mediodía del 16. Desde entonces y hasta el martes 21, el centro de Valencia fue un escenario en el cual una multitud de jóvenes, la gran mayoría estudiantes de instituto, cortaba pacíficamente la calle, y la policía (y el Gobierno del PP detrás) intentaba impedir por todos los medios esta lección de determinación, acorralando a los manifestantes, identificándolos, y aporreándolos salvajemente. Desde entonces la lucha continúa, en los tribunales y en la calle. 116 personas han sido multadas por su participación en esas manifestaciones, y 41 están procesadas por ello, mientras la denuncia colectiva de las 23 organizaciones agrupadas en la Assemblea per les Llibertats i contra la Repressió (entre ellas el Sindicat d’Estudiants) fue archivada.
Entrevistamos a Ainoa Murcia, estudiante del IES Joanot Martorell en ese momento y miembro de la Ejecutiva Estatal del Sindicato de Estudiantes. Ainoa participó en las concentraciones y fue víctima de la represión como tantos otros.

El Militante.— ¿En qué contexto se produjo la Primavera Valenciana?
Ainoa Murcia.— El inicio del curso pasado se vio marcado por un fuerte ambiente de rechazo a todos los ataques y recortes que estaba sufriendo la educación pública en el estado. En el País Valencià, tras 20 años de gobierno del PP, la educación pública se encuentra en peor estado que en el resto de comunidades.
En este contexto de lucha y movilizaciones —con manifestaciones como la del día 21 de enero, en que salieron a la calle 160.000 personas (en Valencia y Alicante) por la educación pública; con las decenas de concentraciones que se producían a diario en los centros educativos por parte del profesorado y de los estudiantes; o las manis que el día 26 recorrieron toda la Comunitat Valenciana con unos 200.000 manifestantes en contra de los ataques a los servicios públicos— es donde se enmarca el estallido de la llamada Primavera Valenciana.
El día 15 de febrero, justo un día antes de la convocatoria estatal del Sindicato de Estudiantes en contra de los recortes en educación, los estudiantes del instituto Lluís Vives salieron otro día más a realizar una concentración a las puertas de este. Aquí comenzaron las detenciones y cargas policiales, que continuaron y se acrecentaron hasta el día 20 del mismo mes.
EM.— La represión fue brutal. ¿Qué se pretendía con ello?
A.M.— El objetivo era bastante claro.  Por un lado, pretendía amedrentar y atemorizar a los estudiantes a base de porrazos y agresiones para frenar toda la oleada de movilizaciones y contener así la explosión social que se está desarrollando, donde la juventud juega un papel muy importante. Además esto también les servía para asustar a nuestros padres, que preocupados por la brutalidad de las cargas podrían intentar impedirnos participar en la lucha. 
Por otro lado, buscaban provocar altercados durante las protestas para así criminalizar la lucha de los jóvenes que peleamos por una buena educación y un futuro digno. Por ello no es casual que las primeras cargas se produjeran antes de nuestra convocatoria del día 16, donde se preveía una masiva asistencia, y así fue, con una manifestación de 20.000 estudiantes en Valencia.
EM.— ¿Tuvo éxito la represión?
A.M.— Por supuesto que no. A pesar de la brutalidad de las cargas policiales y del ambiente de terror que intentaron instaurar en todo el centro de Valencia (con decenas de lecheras recorriendo las calles) los jóvenes continuamos saliendo a la calle con determinación. Cada día se unían más estudiantes y, con ello, la represión aumentaba, pero dejamos claro que no nos pararían a base de palos. Además, un factor importantísimo que sumó fuerza a las protestas fue el respaldo por parte de los los padres, abuelos, trabajadores...
Con este ambiente de lucha firme, todas las organizaciones de izquierda convocaron de urgencia una movilización para el día 21: 10.000 personas en Valencia salimos a la calle en contra de la represión, consiguiendo así frenar las cargas policiales.
También recibimos el apoyo de miles de trabajadores y estudiantes de todo el Estado, después de que el Sindicato de Estudiantes convocara una jornada de lucha el día 23 y una huelga general en todo el Estado el día 29 en solidaridad con nuestra lucha: ese día hubo en Valencia una manifestación monstruo con más de 60.000 jóvenes). Esto demostró una vez más que cuando nos tocan a uno, nos tocan a todos, que no tenemos miedo y menos cuando estudiantes y obreros unimos nuestras fuerzas.
EM.— Antonio Moreno, jefe superior de la Policía de Valencia, se hizo famoso con sus declaraciones, tildando a los jóvenes manifestantes de “el enemigo”. ¿Qué tienes que decir?
A.M.— Moreno no hizo otra cosa que decir lo que realmente piensa la derecha, y la policía como aparato represor. Claro que somos su enemigo en cuanto a que nos oponemos completamente a este sistema corrupto que nos condena a una vida de miseria, el capitalismo. Por ello, como enemigos suyos en la lucha de clases, cada vez se hace más necesaria la organización y la lucha consciente por una alternativa revolucionaria.
Así, desde el Sindicato de Estudiantes, tras la convocatoria de la reciente Semana de Lucha en defensa de la enseñanza pública, llamamos a continuar con la movilización, organizada y contundente, para acabar con la pesadilla del gobierno del PP.


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