Lucha de clases en Corea del Sur

Corea del Sur, uno de los países más industrializados del mundo, cuenta con una poderosa y combativa clase obrera. Una clase que ha sufrido crueles dictaduras primero y gobiernos autoritarios después. La democracia burguesa no se estableció en el país hasta fechas tan tardías como 1987. Y esta supuesta democracia castiga con cárcel a los sindicalistas que organizan huelgas.

En 1945 se produjo la división de la península de Corea y la formación de Corea del Sur. Desde entonces se sucedieron las dictaduras de derechas hasta que en 1960 una revuelta popular desencadenada por el asesinato de un estudiante (la conocida como Revolución de Abril) forzó la caída del Gobierno y el establecimiento de una república. Ocho meses más tarde, el militar derechista Park Chung-hee –padre de la actual presidenta del país- encabezó un golpe de estado que impuso una feroz dictadura.

En ese momento Corea del Sur era un país fundamentalmente agrícola y menos industrializado que Corea del Norte. Tanto la burguesía surcoreana como el imperialismo estadounidense necesitaban desarrollar económicamente al país para enfrentarlo a su vecino. Park llevó acabo entonces una política proteccionista, estableciendo una suerte de capitalismo dirigido, destinado a industrializar el país, produciéndose incluso nacionalizaciones, destinadas a desarrollar los conglomerados industriales conocidos como chaebol. La feroz represión sindical de la dictadura posibilitó la sobreexplotación de los trabajadores y la acumulación de capital.

Pero la industrialización del país trajo consigo el surgimiento de una poderosísima clase obrera, muy concentrada, en sectores como la construcción naval y la automoción que hizo frente a la dictadura. En 1980 en la ciudad meridional de Gwangju tuvo lugar un levantamiento popular contra el régimen. La población tomó el control de la ciudad durante varios días. Posteriormente, tropas del ejército surcoreano (con el visto bueno de EEUU) entraron a sangre y fuego en la ciudad, asesinando a cientos de personas (hay fuentes que hablan de hasta 2.000) en lo que ha pasado a la historia como la masacre de Gwangju.

Siete años más tarde, en 1987, en medio de una oleada huelguística protagonizada por los obreros de Hyundai, la clase dominante es empujada a “democratizar” el país y convoca elecciones.

Diez años después, en 1997, Corea del Sur sufre los efectos de la crisis económica asiática. La burguesía intenta llevar a cabo una contrarreforma laboral para facilitar los despidos y aplicar leyes antisindicales. Entre éstas está la de retrasar hasta el año 2000 la legalización de la nueva central sindical: la KCTU (Confederación de sindicatos de Corea, por sus siglas en inglés). La reacción de la clase obrera no se hace esperar: se convocan varias huelgas generales (protagonizadas por los trabajadores de Daewoo, Hyundai, astilleros, hospitales…) produciéndose la mayor oleada huelguística de la historia del país. Finalmente, el gobierno tiene que retirar los ataques.

Huelga indefinida en el sector ferroviario

En 2012 la crisis económica se hace sentir también en Corea. Ese año se celebraron elecciones presidenciales y por el partido tradicional de la derecha –Saenuri- se presentaba Park Geun-hye la hija del dictador Park. En la joven democracia surcoreana, los partidos burgueses siguen firmemente unidos al pasado dictatorial.

El miedo a la crisis –y, sobre todo, la ausencia de oposición por la izquierda- provocó una importante movilización de voto de capas medias hacia Park, con la esperanza de que ésta pudiera emular el “milagro” económico de su padre, y ganó las elecciones.

Poco después, el nuevo gobierno derechista anunció su intención de crear una filial para operar el tren de alta velocidad de Corea. Los trabajadores del sector ferroviario vieron en esto una maniobra para privatizar el ferrocarril (aunque el Gobierno lo negase), despedir trabajadores y encarecer el billete, por lo que el pasado noviembre decidieron ir a la huelga.

El 22 de noviembre el 80% de 10.000 afiliados al sindicato de la empresa Korail (ferrocarriles estatales) votaron ir a la huelga indefinida; ésta dio comienzo el 9 de diciembre.

Ese mismo día la empresa anunció el despido de 4.213 trabajadores y presentó denuncia contra 194 sindicalistas.

El 16 de diciembre, tras una semana de huelga, la presidenta Park cargó públicamente contra la huelga. Simultáneamente un tribunal ordena la detención de 10 sindicalistas.

El 17 de diciembre la policía asalta la sede del sindicato ferroviario. Al día siguiente el Primer ministro califica la huelga de ilegal y exige su cese. El tribunal ordena la detención de otros 11 sindicalistas.

El 22 de diciembre la policía asalta la sede del sindicato más combativo del país (KCTU ) buscando a los sindicalistas ferroviarios huidos. En el asalto se producen casi 130 detenciones. El KCTU convoca huelga general contra esta acción y en solidaridad con los trabajadores ferroviarios.

El 28 de diciembre tiene lugar la huelga general: una marea humana marcha de forma militante sobre Seúl.

Finaliza la huelga ferroviaria. La represión continúa.

El Gobierno mantuvo su pulso y anunció la contratación de esquiroles así como medidas punitivas contra todos los huelguistas. Simultáneamente, se mostró dispuesto a crear una comisión parlamentaria para “evitar” la privatización del ferrocarril si la huelga era desconvocada.

El día 30, la huelga finaliza. Tras 22 días se ha convertido en la huelga ferroviaria más larga de la historia de Corea y marcará un hito.

Desgraciadamente las promesas del gobierno no parecen nada serias. La comisión parlamentaria, que debe velar por la no privatización del servicio, formada por 4 representantes del partido gobernante y 4 de la oposición liberal, no es más que una pantomima. Y la campaña represiva antisindical se mantiene.

El 6 de enero los fiscales pidieron orden de arresto para otros ocho sindicalistas. También un grupo de sindicalistas que se presentó voluntariamente en la comisaria fue detenido.

“El jefe de policía Lee Sung-han declaró ante los periodistas que las autoridades podrían haber tratado a los líderes sindicales que se presentaron voluntariamente con condescendencia, pero no lo hicieron porque lideraron una huelga en la que se cometieron infracciones graves y que tuvo un gran impacto sobre la economía y el Estado” (7/1/14, Agencia surcoreana de noticas Yonhap)

Este es el lenguaje de las fuerzas represivas de un Estado que no se molesta en disimular su reciente pasado dictatorial

En estos momentos hay 2 sindicalistas en prisión y el máximo dirigente del sindicato ferroviario, Kim Myung-hwan se encuentra huido.

Frente a esto, la Confederación de Sindicatos de Corea (KCTU) tras la huelga general del 28 de diciembre han asegurado que van a continuar la lucha, a pesar de que la huelga ferroviaria haya finalizado. El 3 de enero exigieron la dimisión de Park y han anunciado dos días más de huelga general.

El proletariado surcoreano vuelve con fuerza a escena y está llamado a jugar un papel clave en los acontecimientos revolucionarios que se desarrollarán en el sudeste asiático.

Última hora:

El pasado 29 de enero, el Tribunal del Distrito Oeste de Seúl dictaminó que cuatro líderes del sindicato de la compañía ferroviaria estatal, acusados de organizar una huelga "ilegal", permanezcan en prisión.

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