Trump busca generar un ambiente de miedo que amordace a todo aquel que ofrece resistencia a las políticas racistas y reaccionarias del MAGA. Aunque su objetivo central son los activistas de izquierda, los defensores de los derechos civiles y el movimiento obrero en general, no son los únicos que se encuentran en su punto de mira. En tan solo un año Trump ha golpeado duramente también a un sector de la ciencia norteamericana. Respecto a este punto su objetivo es silenciar todo discurso que señale, con datos contrastables, las desigualdades que genera el sistema capitalista y que desmonte su discurso negacionista sobre el cambio climático.
Primer Gobierno Trump (2017-2021): censura y comienzo de la ofensiva
Trump hoy está intensificando la campaña de censura ya lanzada durante su primer mandato. Un ejemplo claro es el control al que fueron sometidas la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA)[1],[2]. Estas instituciones, de referencia internacional en la investigación del Cambio Climático, fueron sometidas a importantes filtros políticos para la publicación de datos y pronósticos.

El sistema de censura impuesto entonces, y que durante el año 2025 ha sido renovado, consiste en la necesidad de autorización explícita de la Casa Blanca para la publicación de estudios e informes científicos, entrevistas a medios de comunicación, y actualizaciones en las webs y redes. En concreto, los burócratas trumpistas de la Casa Blanca persiguen conceptos como “cambio climático”, “calentamiento global”, “descarbonización”, “genero”, “mujer” o “raza”, entre muchos otros que consideran vinculados a la agenda “woke”, es decir, la izquierda.
La EPA redujo sus comunicados abruptamente[3] a causa del retraso y paralización provocada por la Casa Blanca, e incluso muchos informes y publicaciones fueron reescritos para alinearse con la agenda política de Trump. También desaparecieron de las webs portales de datos de estas agencias, y otras fueron modificadas para enfatizar artificialmente la “incertidumbre” sobre el cambio climático.
Por otro lado las políticas racistas también golpearon duramente a la ciencia norteamericana. Con la Proclamación Presidencial 9645, una ley de carácter indiscriminado coloquialmente conocida como Muslin Ban (Bloqueo al musulmán)[4], se prohibió la asistencia a congresos y estancias en EE.UU. a alumnos e investigadores de diversos países, fundamentalmente musulmanes. Algunas instituciones científicas, como la asociación Americana para el Avance de la Ciencia junto con decenas de universidades, protestaron contra esta norma[5],[6]. Obviamente, desde estas instituciones la crítica fue enfocada desde un punto de profundamente elitista y burgués. Sin embargo, sí reflejan la aptitud racista que ha promovido Trump y cómo sus políticas empujan a ciertos ámbitos de la ciencia norteamericana a la decadencia absoluta.
Su objetivo es la sumisión de la investigación y el discurso científico a los principios de MAGA, lo que se traduce en la persecución a gran escala de toda investigación científica que aborde cuestiones como el cambio climático, la desigualdad y la identidad de género, la visualización de los problemas que soportan las personas trans, o la desigualdad racial.
Por ejemplo, un acontecimiento muy destacado ha sido el cierre en 2025 del sitio web globalchange.gov, gestionado por el Programa de Investigación en Cambio Global Norteamericano (U.S. Global Change Research Program), que se dedicaba a la publicación periódica de informes clave sobre el estado del clima [7],[8],[9]. Además, su Sexto Análisis Nacional del Clima se ha detenido por el recorte repentino de financiación[10]. Sin embargo, una parte de los investigadores implicados no se resignan y han lanzado una web alternativa denominada climate.us[11], en la que publican el contenido censurado en la web original. Además existe un movimiento más amplio conocido como data rescue o guerrilla archiving[12], en la que científicos, bibliotecarios y archivistas que se resisten a las políticas de Donald Trump están preservando y haciendo público el contenido censurado.
Globalchange.gov no es un caso aislado. También se ha cerrado la Oficina de investigación y desarrollo de la EPA[13], las Unidades de Salud y Clima de los Institutos Nacionales de Salud (NIH)[14], o la Oficina de Cambio Climático del departamento de Salud y Servicios Humanos[15].

Recortes y asfixia económica
Otras muchas unidades y programas formalmente permanecen, pero con recortes presupuestarios que les impiden funcionar con normalidad. De hecho, el mecanismo principal para someter a la ciencia norteamericana está siendo la asfixia económica y el condicionamiento de los fondos al alineamiento con las directrices MAGA. Esto ha quedado muy claro con su estrategia hacia las universidades, que recuerda mucho a la empleada con los aranceles.
Acusando a las universidades de adoctrinamiento, Trump les canceló más de 2.500 millones de dólares entre abril y septiembre del 2025, condicionando su restauración al cumplimiento de sus directrices. Destaca la suspensión presupuestaria a las universidades de Brown, Columbia, Harvard, Princeton y la Universidad de Pensilvania. Estamos hablando de sumas millonarias congeladas en el mes de abril: 510 millones a Brown, 175 millones a la universidad de Pensilvania, o 210 millones a Princeton[16]. De estas al menos Brown y Columbia llegaron a acuerdos miserables con el Gobierno. Harvard rechazó las exigencias de Trump y llevó la congelación de fondos a los tribunales consiguiendo la Universidad una victoria parcial aunque el proceso sigue abierto[17].
Otra vía por la que están optando estas universidades de élite es intentar compensar los recortes de estas subvenciones públicas con fondos privados. Sin embargo, estas estrategias conducen a un callejón sin salida si lo que realmente se busca es defender un conocimiento científico independiente y al servicio de los oprimidos.
Trump también moviliza a la masa reaccionaria contra la ciencia
Una consecuencia inmediata de todas estas medidas ha sido la de una pérdida importante de puestos de trabajo. Al mismo tiempo la política salvaje de secuestro y deportaciones añade más leña al fuego. Como colofón, el Departamento de Educación ha puesto a 60 universidades bajo investigación por “antisemitismo” durante este mismo año —es decir, por no reprimir lo suficiente a la comunidad universitaria insumisa ante el genocidio palestino—, y a otras tantas por su participación en programas de igualdad, inclusión y diversidad.
No extraña por tanto que muchos investigadores ya no vean USA como un lugar seguro. En marzo, una encuesta de la revista Nature concluyó que un 75% de los investigadores consultados pensaban en abandonar el país[18]. Existe un caso destacado, el de Mark Bray[19], investigador norteamericano que se ha refugiado en el Estado español por las amenazas de muerte recibidas en USA por seguidores del MAGA. Esta campaña de hostigamiento se debe a sus investigaciones y posicionamientos antifascistas, y los ataques arreciaron especialmente tras el anuncio de Donald Trump de ilegalizar a la inexisten organización “antifa”, inventada para ser utilizada como cobertura para intentar ilegalizar a toda la izquierda organizada.
Este episodio revela claramente el ambiente de persecución que se ha ido gestando contra determinados ámbitos de la investigación sospechosos de “simpatizar con el comunismo”. Pero también revela que Donald Trump, además de utilizar las herramientas de la censura estatal y la asfixia económica, está incitando a su movimiento reaccionario a tomar acción directa en la persecución.
Fruto de esta situación, en septiembre de 2025 seis premios nobeles se posicionaron en contra de estas políticas[20], estableciendo con claridad algunos de ellos una analogía con el régimen de la Alemania Nazi. Es el caso de Roald Hoffmann (Nobel de Química 1981), cuyo padre, judío polaco, fue asesinado por los nazis en 1943 por organizar una rebelión en el campo de concentración en el que se encontraba secuestrado. Mostró la misma preocupación Joachim Frank (Nobel de Química 2017), de origen alemán, afirmando que la analogía más cercana es con el régimen de Hitler, que forzó a muchos científicos a abandonar el país por sus políticas raciales. En la misma línea se expresa Helmut Schwarz, otro destacado químico norteamericano[21]: Cuando Hitler llegó al poder la ciencia alemana, que lideraba el mundo, fue completamente desintegrada. […]. Hoy, la Administración de Donald Trump ve a las universidades como el enemigo, entendiéndolas como focos de ideología progresista. Él quiere someterlas a su control”.

Trump ha dado pasos firmes hacia un régimen más autoritario, amenaza directamente los derechos democráticos conquistados con la lucha de los y las trabajadoras y no dudaría en imponer, si pudiera, una férrea dictadura. Pero tiene un poderoso enemigo enfrente con la fuerza y la energía suficiente para frenarlo: el movimiento obrero.
Solo los oprimidos pueden sostener una lucha consecuente contra el trumpismo
Lo cierto es que nada decisivo se puede esperar de las prestigiosas instituciones norteamericanas. Aunque se pueden conseguir victorias judiciales puntuales, el poder judicial norteamericano respalda al movimiento MAGA y participa de él. Si no es difícil entender por qué Donald Trump y muchos de los policías y militares implicados en el asalto al Capitolio pudieron salir impunes.
No, el poder judicial no va a proteger la independencia científica. Pero tampoco se puede confiar en los inversores privados de las universidades de lujo, es obvio. Se trata de las mismas fortunas conservadoras que han elevado a Donald Trump a la Casa Blanca o, en el mejor de los casos, que lo toleran en la medida que defiende furiosamente sus intereses dentro y fuera de EE.UU.
En cambio, el movimiento obrero ha dado una gran muestra de su capacidad para hacer frente y superar a la reacción. En marzo del 2025 se desencadenó el movimiento “Levántate por la Ciencia” (Stand Up for Science). Un movimiento, eminentemente sindical, muy politizado con miles de trabajadores y estudiantes movilizados en más de 100 localidades norteamericanas, y actos de solidaridad en varias ciudades europeas. Este movimiento fue uno de los primeros en desafiar de forma abierta y seria al nuevo Gobierno de Trump apenas un par de meses después de que este tomara posesión[22]. Desde entonces, los trabajadores de la investigación y la comunidad universitaria han seguido activos con multitud de movilizaciones locales y actos de protesta. De hecho, este es uno de los precursores indudables del gran movimiento antitrumpista “No Kings”, que protagonizó las masivas manifestaciones en octubre. Junto con estas, la gran movilización y autoorganización desplegada contra las unidades del ICE también demuestra la gran fuerza de que dispone el movimiento obrero para frenar al trumpismo.
La brutal presión generada por las movilizaciones contra el ICE, las jornadas de huelga celebradas los días 26 y 30 de enero en Minneapolis, las manifestaciones y acciones que han tenido lugar también en todo EE.UU. durante estos días de huelga, las propias declaraciones de Trump intentando rebajar la tensión, la retirada de Gregory Bovino de la primera línea en Minneapolis y el pavor que produce en la clase dominante la idea de que una huelga general pueda extenderse a toda la nación, demuestra que solo el movimiento de masas puede frenar al MAGA.
Pero para frenar esta deriva autoritaria en los EE.UU. hace falta una alternativa no solo para derrocar a Trump, sino también al propio sistema capitalista. Prueba de ello es que el Gobierno Demócrata que ha alternado entre los dos Gobiernos de Trump no ha blindado los derechos democráticos, ni la libertad científica. Tampoco ha protegido a la población migrante norteamericana o los gazatíes del genocidio, antes al contrario; en estos puntos la política de Trump es una profundización de la ya aplicada por las distintas Administraciones demócratas.

Solo un movimiento político independiente y liberado de compromisos con la burguesía puede desarrollar la tarea de confrontar de forma seria con los magnates que están detrás de Trump. Los partidarios del socialismo en USA disponen de grandes oportunidades para levantar esta alternativa, impulsando un movimiento desde la base que se apoye inquebrantablemente en los métodos de la clase obrera, la huelga general, la acción directa y la autoorganización democrática junto con el resto de movimientos sociales. Solo así podemos conquistar una ciencia al servicio de los oprimidos, derribar a Trump y derrocar este sistema capitalista podrido que lo alimenta y sostiene.
Notas:
[1]Climate Web Pages Erased and Obscured under Trump
[2]Websites hosting major US climate reports taken down
[3]Trump Administration Prevented the Publication of Climate Change Research
[4]Summary of Presidential Proclamation 9645
[5]Trump’s Latest Travel Ban Threatens Science Partnerships, Economic Gains
[6]ACE, Higher Education Groups Say the Trump Administration’s Third Travel Ban Threatens Colleges’ Ability to Attract International Students, Scholars
[7]Trump administration shuts down U.S. website on climate change
[8]Disappearing Data: Trump Administration Removing Climate Information from Government Websites
[9]Disappearing Data, Part II: Distorted Science and Deregulation
[10]Climate of Suppression Environmental Information Under the Second Trump Administration
[11]Our Mission. Keeping trusted climate information up to date and easy to find.
[13]EPA eliminates research and development office, begins layoffs
[14]US National Institutes of Health will stop funding climate health research
[15]HHS Removed Office of Climate Change and Health Equity from Website
[16]NIH Freezes Millions More in Funding for Columbia
[17]Harvard gana una batalla a Trump: una jueza falla que la congelación de fondos es ilegal
[18]75% of US scientists who answered Nature poll consider leaving
[19]Mark Bray: “En Estados Unidos nos encontramos ante una situación sin precedentes para el antifascismo”
[20]Six Nobel laureates speak out against Trump: ‘The closest analogy is with the Hitler regime’
[21]“Quieren destruir el sistema científico y reemplazarlo con algo que refleje su ideología”: la ciencia bajo Trump



















