Documentos del Congreso de Izquierda Revolucionaria

Los próximos 13, 14, 14 y 16 de abril Izquierda Revolucionaria celebrará su Congreso estatal en Madrid. Durante cuatro más de 150 delegados e invitados de todos los territorios del Estado español, de Europa y América Latina, debatiremos intensamente. El orden del día constará de los siguientes debates: 1.Perspectivas para la lucha de clases mundial y en el estado español. 2. La revolución rusa y la lucha por la liberación de la mujer trabajadora hoy. 3. El proceso de unificación de Izquierda revolucionaria con el Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT/CWI). 4. La construcción del Partido Revolucionario. A continuación publicamos la parte del documento político congresual dedicado a la crisis del capitalismo mundial y las tareas de los marxistas. Este material se terminó de escribir a mediados del mes de enero de 2017.

La crisis del capitalismo mundial. Un análisis marxista

Toda crisis descarta lo convencional, arranca las envolturas exteriores, barre lo caduco, deja al desnudo las fuerzas y los resortes más ocultos.”

Lenin

1. La crisis iniciada en 2008 ha puesto punto y final a décadas de regímenes estables en los países desarrollados, acelerando la deslegitimación de la democracia burguesa, una fuerte polarización social y política, y la radicalización hacia la izquierda de amplios sectores de la clase trabajadora y la juventud. Era difícil de imaginar el escenario actual hace tan sólo una década, cuando la clase dominante desbordaba euforia y confianza en el futuro.

2. Acontecimientos de un calado histórico se suceden sin tregua. Uno de ellos ha sido la elección de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, un auténtico punto de inflexión en esta etapa convulsa. Los efectos de su presidencia se están dejando sentir a lo largo y ancho del mundo, empezando por los mismos EEUU, y amenaza con recrudecer todas las contradicciones del sistema. En apenas dos semanas desde su juramento como Presidente, una oleada de movilizaciones en las que han participado millones de personas le han dado la bienvenida.

3. Los efectos de la presidencia Trump se dejarán sentir en la economía mundial, en las relaciones internacionales, en el equilibrio militar geoestratégico y en la lucha de clases de todo el planeta. En este punto cabe recordar que la influencia de los procesos políticos en la marcha de la economía también son fundamentales: las causas se transforman en efectos y los efectos en causas. Cuando abordamos la dinámica del ciclo económico y la caracterización de una época histórica, el marxismo no sólo considera los factores derivados propiamente del proceso de producción y circulación, toma muy en cuenta todos aquellos aspectos relacionados con la lucha de clases.

La crisis de sobreproducción continúa

4. A finales de los años ochenta, el capitalismo mundial experimentó un periodo de crecimiento que se prolongó casi dos décadas. Las derrotas del proletariado europeo y en los países neo coloniales, el giro a la derecha de las organizaciones tradicionales y el colapso del estalinismo, permitieron la imposición de la agenda neoliberal e indujeron una nueva división del trabajo internacional, con la apertura de nuevos mercados, la expansión del comercio mundial y el avance de la “globalización”. El capitalismo europeo y estadounidense, junto con China, registraron un importante crecimiento salpicado de breves recesiones (desde 1987 hasta 2007 aproximadamente). Por supuesto, el recurso al endeudamiento masivo y la expansión del capital ficticio ayudaron a prolongar el boom más allá de sus límites naturales, y en dar un carácter explosivo a la crisis actual.

5. La gran interdependencia económica y financiera creó el substrato para que la gran recesión que estalló en 2008 se extendiera virulentamente. A partir de entonces nuevas contradicciones se han desarrollado a gran escala.

6. El caso de China es muy relevante. El gigante asiático fue clave para absorber cantidades ingentes de capital occidental y mercancías de alto valor añadido (provenientes de EEUU, Japón o Alemania), con el que el Estado y la burguesía china levantaron su músculo industrial y exportador. Los efectos en los países desarrollados fueron evidentes, aumentando la tasa de beneficios capitalista, deprimiendo los salarios y reduciendo los costes de producción gracias a deslocalización de la industria.

7. Pero el auge de China tuvo también otros efectos: al convertirse en el taller del mundo y obtener un superávit comercial extraordinario, se transformó en una potencia económica. China habla el mismo lenguaje que EEUU y la UE y, de representar un factor de progreso para el capitalismo, dialécticamente se ha transformado en una fuente de desestabilización. Por supuesto, también ha llegado el momento de que China sufra los efectos de la sobreproducción y los males que aquejan al resto de las economías desarrolladas.

8. Antes de la crisis de 2008 el régimen chino se jactaba de un crecimiento anual del PIB en torno al 10 %, pero en 2013 pasó al 7,3 %, mientras que en 2016 ha descendido al 6,7 % y la previsión para 2017 es de un 6,5%. En los buenos viejos tiempos, China invertía cerca del 50% del PIB en su industria nacional, pero ahora se encuentra ahogada por la sobrecapacidad y sus desequilibrios internos están llegando a un punto límite.

9. A través de numerosos planes de inversión estatal (keynesianismo) la burguesía china evitó temporalmente los efectos más negativos de la gran recesión mundial, pero no se pudo librar de que la sobreproducción contagiase a su economía. Los desequilibrios del capitalismo chino se han multiplicado en estos años: la deuda pública se triplicó desde 2008 y roza el 300% de su PIB (4,45 billones de euros); se ha creado una formidable burbuja bursátil, bancaria e inmobiliaria que ha estallado parcialmente, y la perspectiva de millones de despidos pende como una espada de Damocles sobre el régimen. No es casual que The Financial Times haya planteado que China se aproxima a su “momento Lehman”.

10. La situación de las otras llamadas economías emergentes es aún más dramática. Brasil ha terminado 2016 con una caída del PIB superior al 3,5% y el despido de millones de trabajadores. Según el FMI el conjunto de Latinoamérica sufrió una contracción del 0,7% en 2016. La situación en Rusia, en Sudáfrica, en Turquía, muestra el mismo panorama: una recesión generalizada como consecuencia del colapso del precio de las materias primas y de una deuda pública que crece exponencialmente y que, al estar comprometida en divisa fuerte (dólar y euro), multiplica el déficit de los presupuestos del Estado.

11. En otros centros neurálgicos del capitalismo mundial, la perspectiva es igual de deprimente. Es el caso del capitalismo japonés, que tras inyectar cientos de miles de millones de dólares en su economía, sigue lastrado por el estancamiento más largo de la historia: 0,9% de crecimiento en 2016 y 0,8% de previsión para 2017. También Corea del Sur está sufriendo las adversidades de la desaceleración china, y ha vivido un periodo de movilizaciones intensas que han forzado la dimisión de su Presidenta.

12. Respecto a la recuperación económica en EEUU, la falta de vigor y consistencia sigue siendo la nota dominante. Según el FMI, el PIB ha crecido un 1,6% en 2016 y prevé un 2,3% para 2017, y las estadísticas oficiales hablan de un total de 15 millones de puestos de trabajo creados desde 2010, lo que no ha impedido una caída espectacular de los niveles de vida ya que los nuevos empleos en su mayoría son con bajos salarios. Más del 60% de la fuerza laboral estadounidense cree que su situación ha empeorado y ahora es más consciente de ser “clase obrera” que antes.

13. En Europa, los obstáculos que se interponían en el camino hacia la recuperación han aumentado con el Brexit. El comportamiento de la zona euro en 2016 ha sido malo, tan sólo un crecimiento del 1,6% y la previsión del FMI para 2017 es del 1,7%. La desaceleración de Alemania es evidente: 1,7% de crecimiento del PIB en 2016 y una previsión del 1,6% para 2017. En Francia e Italia la situación es alarmante: 1,3% y 0,9% en 2016 y 1,3% y 0,7% para 2017 respectivamente y, en el caso italiano, se suma el caos de su sistema bancario. En Gran Bretaña, con un crecimiento del 2% en 2016 la perspectiva para 2017 se reduce a 1,5%. El último informe de la comisión europea desprende pesimismo: “La incertidumbre es generalizada (…) Los riesgos se han intensificado en la estela del Brexit, que es una especie de indicador adelantado de una nueva oleada de protestas antiglobalización y de la tendencia hacia el proteccionismo, el nacionalismo económico y el aislacionismo tanto en Europa como en el mundo”.

14. La economía europea camina hacia el abismo. La decisión del Banco Central Europeo (BCE) de ampliar en medio billón de euros adicionales el programa de estímulos monetarios y extenderlo hasta finales de 2017, es una confesión de que la cosa no marcha. Más 1,6 billones se ha gastado el BCE en dos años comprando deuda soberana de los países y de los bancos, pero la inversión productiva no remonta, el consumo permanece en encefalograma plano, y el desempleo no deja de crecer en los países centrales.

15. Los políticos burgueses afirmaron haber sacado “todas las lecciones” del estallido financiero de 2008, y prometieron que las cosas cambiarían. Sin embargo, en palabras de The Guardian: “Casi una década después lo más impactante es lo poco que han cambiado”. Los planes de ajuste, recortes y austeridad no han logrado generalizar la recuperación y han provocado graves desequilibrios económicos, sociales y políticos.

16. A pesar de los billones invertidos en su rescate y saneamiento desde 2008 , los problemas del sector financiero no han dejado de multiplicarse. La razón sigue siendo la gran cantidad de activos tóxicos y créditos impagables que todavía lastran el sector. En un contexto de estancamiento y recesión, las enormes cantidades de liquidez puestas al servicio de los bancos no han servido para reanimar la inversión productiva, pero si han provocado un trasvase formidable de la deuda financiera a los Estados nacionales. Según el Instituto Internacional de Finanzas en estos momentos la deuda pública global supera los 217 billones de dólares. Esta cantidad, que agrupa lo que deben las empresas, los hogares y los gobiernos, equivale a un 327% del PIB de todo el mundo.

17. La dinámica caótica del sistema se observa también en una actividad especulativa frenética. Desde verano de 2015, a raíz de la abrupta caída de los parqués chinos, las bolsas mundiales acumulan una pérdida de capitalización de más de 18 billones de dólares, y la situación no se ha revertido en 2016. Pero una gran cantidad de este capital es ficticio, no refleja la creación de riqueza productiva. Instituciones capitalistas como la OCDE, Unctad, FMI, etcétera, han advertido que el mundo está a punto de “entrar en la tercera fase de la crisis financiera”.

18. En las llamadas economías emergentes se han creado las condiciones para que una crisis semejante a las de las subprime en EEUU se repita. Se calcula que la lluvia de crédito que ha inundado América Latina en particular, pero también Asia y África, supone la mitad de los préstamos bancarios y bonos de deuda emitidos en todo el mundo durante la primera mitad de la década: en total cerca de 7 billones de dólares que se están volviendo impagables poniendo las bases para un nuevo movimiento de rechazo a pagar la deuda.

19. La recesión ha reforzado las tendencias inherentes en esta fase de decadencia imperialista: el dominio absoluto del capital financiero y la concentración de capital. En su estudio sobre el Imperialismo, Lenin señaló: “El capital financiero es una fuerza tan considerable, puede decirse tan decisiva, en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de someter, y realmente somete, incluso a los Estados que disfrutan de la más completa independencia…”. En nuestra época el fenómeno ha alcanzado niveles asombrosos. Una reciente investigación ha demostrado que tres corporaciones, Blackrock, Vanguard y State Street, ya son las mayores accionistas del 40% de todas las compañías estadounidenses, y del 88% de las 500 mayores empresas del país. Según The Mckinsey Global Institute, el 80% de todos los beneficios empresariales que se obtienen en el mundo los genera el 10% de los grupos cotizados en Bolsa. Si se ponen por orden las entidades según su potencia económica, Estados Unidos sería la primera, y la compañía Walmart, la décima...

20. Pero el sistema sigue atenazado por la “falta de demanda”. Y, todo ello, cuando el exceso de liquidez es tal, que la deuda alemana o austriaca está pagando intereses negativos, los fondos especulativos vuelven a alcanzar niveles record y una parte sustancial de los beneficios mundiales se refugian en paraísos fiscales. La razón de toda esta sin razón es evidente: la crisis de sobreproducción persiste, y no tiene sentido invertir en la producción real si no hay posibilidades de alcanzar una tasa de ganancias significativa.

La lucha por los mercados y el nacionalismo económico

21. La contracción del mercado mundial ha desatado el incremento de las medidas proteccionistas y la política de sanciones con la que las potencias se golpean mutuamente. . EEUU y Europa no paran de denunciar que China usa sus finanzas públicas para subvencionar empresas deficitarias que venden productos por debajo del coste de producción. Pero ¿acaso Obama no hizo lo mismo cuando ‘ayudó’ a sus empresas automovilísticas, por no hablar de las subvenciones a la producción agrícola o el rescate bancario con billones de dólares del presupuesto público? ¿No es esta la estrategia que utiliza el BCE comprando cientos de miles de millones de deuda pública de las naciones europeas, o directamente deuda privada de empresas?

22. Todas las potencias recurren a estas políticas. Pero la diferencia actual es la irrupción de China y la amenaza que supone a la supremacía estadounidense. La economía china reacciona como el resto de las potencias ante la sobrecapacidad y la sobreproducción: lucha por sus mercados con uñas y dientes, y busca conquistar otros nuevos. No sólo exporta el acero que le sobra a precios dumping, sobre todo exporta capitales acumulados gracias a un superávit comercial gigantesco.

23. Según la revista Fortune, China solo es superada por EEUU en el número de empresas multinacionales de la lista Global 500 del año 2015: 106 multinacionales chinas (incluidas las radicadas en Hong Kong), por 128 multinacionales estadounidenses. Señalando un rasgo diferenciador de este “capitalismo de estado” peculiar, la mayoría de las 106 multinacionales chinas que aparecen en Forbes son de propiedad estatal y sólo 22 son privadas. Esta es una de las razones que alega el gobierno estadounidense para negarse a conceder a China el status de “economía de mercado” dentro de la OMC; pero lógicamente no se trata de un debate sobre la “pureza” del capitalismo chino, sino de la amenaza a su supremacía.

24. Es en este contexto donde debemos situar las declaraciones del nuevo inquilino de la Casa Blanca y su cruzada a favor del nacionalismo económico: “la globalización (…) elimina la clase media y nuestros empleos (…) Nuestro país estará mejor cuando empecemos a fabricar nuestros propios productos nuevamente, volviendo a atraer a nuestras costas nuestras otrora grandes capacidades manufactureras.” Pero no hay que ser ingenuos. Trump utiliza la demagogia contra el establishment, y apela a los sentimientos de una parte considerable del pueblo norteamericano vapuleado en estos años de crisis, pero su nacionalismo económico es la envoltura de un programa imperialista que pretende salvaguardar la posición de los monopolios estadounidenses en el mercado mundial. La verdad es que EEUU no puede retirarse de los asuntos mundiales, sino todo lo contrario. Las exportaciones estadounidenses se han encarecido bruscamente porque la divisa estadounidense se ha apreciado mucho, hasta alcanzar recientemente su mayor nivel de los últimos 14 años. Y en términos de las relaciones internacionales, es precisamente su pérdida de influencia, y el avance de China, incluso de Rusia como se ha puesto de manifiesto en la guerra de Siria, lo que está detrás del discurso incendiario de Trump.

25. Trump no es la opción de los sectores estratégicos del capital norteamericano. Pero la burguesía norteamericana ha preferido a Trump en la Casa Blanca antes de ver a Bernie Sanders como Presidente de los EEUU. Intentando frenar la lucha de clases, y apartando lo que ellos consideraban el mayor peligro, los capitalistas han cosechado un resultado inesperado. Las palabras de Trump de que su Gobierno podría imponer aranceles del 35% a las multinacionales norteamericanas que produzcan en China y en México —para forzarlas a repatriar sus inversiones— y del 45% a los bienes provenientes de China, ya ha provocado severas reacciones.

26. Muchos jefes de las grandes empresas norteamericanas ya han instado a Trump a que se distancie de su retórica amenazadora y adopte una posición matizada. “Hay dos millones de empleos en el sector manufacturero en este país que dependen de nuestra relación comercial con Canadá y México”, recordó Linda Dempsey, vicepresidenta de asuntos internacionales de la Asociación Nacional de industrias manufactureras. El presidente ejecutivo de Ford, Mark Fields, señaló a CNBC que “hemos establecido nuestra estrategia corporativa basándonos en los acuerdos comerciales”, agregando que un arancel de un 35% a las importaciones desde México dañaría a toda la industria automotriz estadounidense.

27. Las medidas proteccionistas de Trump tienen implicaciones tan graves que, de ponerse en práctica, se volverían en su contrario. Una guerra comercial con China y Europa sería inevitable. La respuesta del régimen de Beijing no se haría esperar mucho, tanto en lo que respecta a las importaciones estadounidenses como a la posible repatriación de una parte de los billones de dólares que financian la deuda pública norteamericana y que están en manos del Tesoro Chino. También en Europa, las manifestaciones de Trump han causado una gran irritación. El ex primer ministro francés las calificó de declaración de guerra. Trump ha visto en el Brexit británico una gran oportunidad para firmar un gran acuerdo bilateral con Gran Bretaña y debilitar a la UE, o lo que es lo mismo, a uno de los principales competidores de EEUU en el mercado mundial, Alemania.

28. Las sanciones económicas se multiplicarían, y la paralización de los acuerdos multilaterales como el famoso TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), el TTP (Tratado Transpacífico), o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), del que Trump ha dicho que retirará a Estados Unidos a menos que se renegocie de una forma que lo satisfaga, hundirán aún más el comercio mundial y pueden provocar una recesión inmediata en México.

29. Una política de acción-reacción semejante, arrastraría a la economía internacional hacia una depresión profunda, y no parece que los sectores decisivos del capitalismo norteamericano —que dependen del mercado mundial— estén locos de alegría ante este escenario ¡Más bien se les ponen los pelos de punta! Lo que está en juego es mucho, y por eso mismo habrá muchas presiones para impedir que Trump precipite una situación que nadie quiere. En cualquier caso es prematuro establecer ninguna perspectiva cerrada. Como la historia demuestra, en los periodos de crisis aguda los acontecimientos tienen su propia dinámica y la volatilidad es muy alta.

30. La otra pata de las promesas de Trump, su plan de inversión en infraestructuras, tiene mucho de truco. La mayor parte del billón de dólares prometidos dependería de la iniciativa del sector privado, al que se pretende estimular con grandes rebajas fiscales (Trump sólo se compromete a invertir 150.000 millones de fondos públicos). Y aquí está el quid de la cuestión. En realidad, en el sector privado sobra liquidez que podría haberse invertido productivamente (la tesorería de las empresas americanas y europeas desbordan) y más con los tipos de interés en cero o negativos. ¿Por qué no se hace? Porqué las expectativas de retorno de beneficio empresarial en el sector productivo son muy bajas: en el segundo trimestre de 2016 retrocedieron un 1,9%, encadenando seis trimestres de descenso consecutivo. Como siempre, si el capital se bloquea en este frente, es el juego bursátil y la especulación lo que capta su atención. Desde la elección de Trump el índice Dow Jones no ha dejado de subir, alcanzando a finales de enero los 20.000 puntos por primera vez en su historia.

31. En definitiva, una cosa son las promesas y otra los hechos. Muchos han comparado el plan de Trump con el de Reagan, que elevó el déficit presupuestario a niveles estratosféricos pero logró crear millones de empleos. Sin embargo, esta comparación es mecánica y no contempla que Reagan se benefició de un entorno internacional favorable, marcado por la derrota del movimiento obrero en EEUU, Europa y en el mundo neo-colonial, y por el colapso del estalinismo. ¿Estamos ante la misma situación? Por supuesto que no. Trump se enfrentará a una feroz lucha de clases en casa, y la perspectiva corto plazo no es precisamente un periodo de auge económico mundial.

32. El nacionalismo económico vuelve a renacer, no por factores subjetivos derivados del carisma de ciertos individuos, sino como una tendencia objetiva fruto de los procesos que se dan en la economía mundial. La globalización es atacada como la causa de la decadencia nacional, pero es la propiedad privada de los medios de producción y la existencia del Estado nacional lo que impide el avance de las fuerzas productivas.

33. Las graves contradicciones que corroen el capitalismo del siglo XXI han vuelto a traer a colación los viejos demonios, abriendo la caja de Pandora de todos los problemas acumulados durante décadas. Y esto afecta también a la productividad del trabajo, que a pesar del avance de la robótica, las tecnologías de la información, de la globalización, está disminuyendo lastrada por la caída de la inversión productiva.

34. En resumen. Cada vez más economistas burgueses reconocen que si las tendencias actuales se mantienen, puede ser inevitable una nueva recesión en Europa y EEUU, incluso una depresión severa de la economía mundial. Sería imprudente infravalorar las maniobras del gran capital para evitar a toda costa una nueva recaída que desemboque en una depresión similar a la de los años 30 del siglo XX. Es difícil afirmar de antemano si conseguirán evitar este desenlace o, por lo menos, lo aplazarán a corto plazo. Pero de lo que no cabe duda es que la actual situación de estancamiento del comercio mundial, de crisis de sobreproducción, de desempleo masivo y desigualdad creciente, seguirá alimentando la polarización económica, política y social, y tendrá consecuencias dramáticas para la lucha de clases internacional.

EEUU afronta una era de turbulencias políticas

35. La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales provocó una profunda conmoción entre decenas de millones de trabajadores, jóvenes, mujeres e inmigrantes. Pero las primeras reacciones, tanto el día del resultado electoral, como el 20 y 21 de enero, han sido formidables. EEUU ha vivido las movilizaciones más masivas en décadas, y la sensación de ilegitimidad de este Presidente está muy arraigada entre amplios sectores de la población.

36. A la hora de analizar las perspectivas para el gobierno Trump hay que partir de lo concreto: ¿podrá su agenda reaccionaria, populista y demagógica de derechas, atenuar la polarización y la radicalización política? La respuesta es un rotundo no. No existe razón alguna para pensar que el giro a la izquierda de amplios sectores de la sociedad norteamericana de los últimos años se detenga, o que la lucha de clases se mitigue.

37. EEUU ha registrado luchas importantes en estos años, como el movimiento por un salario mínimo de 15 dólares, Ocuppy Wall Street, las huelgas de Wisconsin en 2006, o la resistencia de los nativos sioux recientemente. Pero dónde mejor se ha apreciado el cambio profundo en la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes, fue en el apoyo entusiasta a la candidatura de Bernie Sanders y su “revolución política” contra la élite millonaria. En realidad, Trump podía haber sido vencido en estas elecciones, si en lugar de un oponente como Clinton hubiera tenido enfrente a Bernie Sanders. Pero el avance de Sanders activó las alarmas del aparato demócrata y la clase dominante, que utilizaron todos sus recursos hasta lograr su renuncia. Finalmente, millones de personas simplemente no sintieron la necesidad de elegir entre los dos candidatos (Clinton y Trump) más impopulares de la historia del país.

38. Los medios de comunicación liberales han descrito a la “clase obrera blanca”, como una masa reaccionaria que sigue a Trump, cosa que rechazamos enérgicamente. Por supuesto, no ignoramos que el racismo y el sexismo sea un factor real para un sector de sus seguidores. No es la primera vez en la historia que los fracasos acumulados de la izquierda reformista han abierto la puerta a ideas derechistas peligrosas. Pero esta situación se puede revertir con un movimiento de masas decidido, que levante una política de clase y una a todos los oprimidos.

39. Lo que hemos dicho es que Trump se ha aprovechado de la ira provocada por los efectos del neoliberalismo y la globalización —especialmente de la pérdida de empleos en la industria—, del empobrecimiento de la clase media y la frustración de las expectativas que generó Obama, para presentarse como un candidato contra el establishment y poder colar su demagogia reaccionaria. Los análisis que ocultan estos hechos son parte interesada en el asunto.

40. Ese fue precisamente el método utilizado por Clinton y la administración Obama en la campaña: recurrir a un mensaje triunfalista y creerse sus propias mentiras ignorando la realidad de las familias trabajadoras. La pobreza sigue anclada en un 14%, con cuarenta millones malviviendo en la marginalidad. Las capas medias se proletarizan, y el nivel de renta familiar es todavía un 1,6% inferior al de 2007 y un 2,4% al de 1999. Según la OCDE, los dos países desarrollados donde más ha aumentado la desigualdad social y económica son EEUU y el Estado español.

41. Es obvio que los republicanos acumulan un poder institucional enorme: se han hecho con el control de la Casa Blanca y de las dos cámaras, y Trump está colocando a sus peones en lugares estratégicos. En su discurso tras jurar su cargo, Trump anunció que “drenaría el pantano” de Washington para sacar a los arribistas y halcones corporativos y “entregar el poder al pueblo”. Sin embargo, ha designado como secretario del tesoro a un ejecutivo de Goldman Sachs, y un selecto ramillete de multimillonarios ocuparán las principales carteras de su gobierno.

42. Los sindicatos y los derechos de los trabajadores están en su punto de mira, especialmente en el sector público. Trump también quiere eliminar la protección medioambiental con la excusa de “volver a crear puestos de trabajo” en el sector energético, lo que en la práctica será un gigantesco regalo para las grandes petroleras. También ha tomado medidas para acabar con el Obamacare, dejando a millones de personas sin seguro médico, y persigue reducir el alcance del Medicaid (programa sanitario para las personas necesitadas) y privatizar el Medicare (programa de salud para los mayores de 65 años).

43. Sus promesas más reaccionarias, como expulsar a tres millones de inmigrantes o levantar un muro con México costeado por este país, son una declaración de guerra contra una parte de la clase obrera más explotada. De hecho, el reciente decreto aprobado para impedir la entrada en EEUU de inmigrantes y refugiados musulmanes provenientes de determinados países, ha levantado una oleada de protestas inmediata, llenando los aeropuertos y las calles de las principales ciudades con decenas de miles de manifestantes. Los tribunales han dictado ya la paralización parcial de la medida, pero si Trump continúa adelante con esta política racista, o intenta llevar a cabo la promesa de deportaciones masivas, va a impulsar un movimiento de protesta extraordinario que tendrá un contenido cada vez más clasista y revolucionario. Los efectos de estas decisiones no sólo se dejarán sentir en EEUU, tendrá efectos en México, desestabilizando aún más la situación precaria por la que atraviesa el gobierno de Peña Nieto. México podría vivir una auténtica explosión social.

44. Trump sabe que se enfrentará a una oposición de masas y pretende criminalizar la disidencia (de hecho se está tramitando una ley para permitir a la policía utilizar armas de fuego contra los manifestantes). Específicamente reforzará la represión contra Blacks Live Matter, que agrupa a decenas de miles de activistas y es el desarrollo más serio y clasista del movimiento de liberación negro desde los Black Panthers.

45. Trump intentará satisfacer a su base social más reaccionaria, alimentando así la polarización y las luchas. Y para contar con un contrapeso, cuenta con su plan de inversión en infraestructuras e incentivos fiscales, con el que pretende crear miles de puestos de trabajo y ganar el apoyo de capas atrasadas de la clase obrera. Pero esta perspectiva está en el aire por los motivos que hemos señalado anteriormente. Más temprano que tarde, Trump chocará con aquellos sectores desesperados que creyeron en su demagogia.

46. Hay muchos factores que pueden ayudar al movimiento contra Trump. En primer lugar, la ideología derechista es mucho más débil en la sociedad norteamericana que en los años ochenta, cuando el neoliberalismo tenía una base social de apoyo, incluso entre sectores de la clase obrera. La extrema derecha está envalentonada por la victoria de Trump, pero su base social es reducida. Los sectores con más peso de la clase dominante están contrariados con el ascenso al poder de Trump, y lo ven como un elemento potencialmente perjudicial para sus intereses domésticos y globales. Es verdad que Wall Street está entusiasmado con sus propuestas de reducir impuestos a los super ricos y eliminar la regulación financiera. Pero existe una posibilidad real de recesión interna y global en el próximo período que arrastraría a la administración Trump hacia una crisis profunda. Con o sin recesión, sectores de la clase dominante podrían comenzar a ejercer presión contra Trump, especialmente si se excede y provoca una resistencia seria, empezando por bloquear sus decisiones más polémicas en la Cámara de Representantes o el Senado, donde ya muchos dirigentes republicanos han mostrado su desagrado con las recientes medidas adoptadas. Pero una cosa está clara. Trump no es un lacayo sin más, no es un mayordomo como lo son los dirigentes socialdemócratas o los burócratas sindicales. Creé en su discurso, creé en sus ideas, y está confiado para llevarlas a la práctica, lo que añade aún más material incendiario a una situación ya de por sí explosiva.

47. El potencial para crear el movimiento de masas más grande en la historia de EEUU está madurando y la clave es reforzar su contenido clasista: los trabajadores deben ocupar una posición protagonista en esta batalla. Las encuestas indican un apoyo creciente al socialismo, especialmente entre los jóvenes, y eso también se observa en el crecimiento de la izquierda socialdemócrata. Pero la salida no es reformar el Partido Demócrata, ni un capitalismo de rostro humano. A través de tácticas flexibles, participando de una manera enérgica en el movimiento, sin ningún tipo de sectarismo hacia las decenas de miles que todavía miran con esperanza a Bernie Sanders, con argumentos y consignas correctas, construiremos las fuerzas del marxismo revolucionario en los EEUU. El trabajo tenaz y la intervención audaz de nuestros camaradas de Socialist Alternative son la mejor prueba de que es posible.

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