El rescate europeo de 100.000 millones de euros para salvar la banca, anunciado el sábado 9 de junio, supone un nuevo y brutal episodio de saqueo del dinero público, un nuevo y brutal ataque a los intereses de los trabajadores y de la gran mayoría de la sociedad, con gravísimas consecuencias para las actuales y futuras generaciones.

Los dirigentes de CCOO y UGT deben convocar ya una huelga general de 48 horas

El capitalismo empuja la sociedad hacia la catástrofe

El rescate europeo de 100.000 millones de euros para salvar la banca, anunciado el sábado 9 de junio, supone un nuevo y brutal episodio de saqueo del dinero público, un nuevo y brutal ataque a los intereses de los trabajadores y de la gran mayoría de la sociedad, con gravísimas consecuencias para las actuales y futuras generaciones.

El PP miente descaradamente

El gobierno del PP está mintiendo de forma descarada y sistemática sobre la naturaleza de este rescate, incluso negándose, ridículamente, a utilizar esta palabra. Dicen que es una “simple línea de crédito” que “no tiene contrapartidas” por parte de la UE. Con este tipo de afirmaciones pretenden que la población no lo vincule con las catastróficas consecuencias sociales que el rescate está teniendo en Grecia y otros países, pero efectivamente este es el camino por el que la derecha y los capitalistas nos están empujando desde hace meses.

Igual que pasó en Grecia el rescate no es para salvar a la población sino para salvar a los banqueros. Los 100.000 millones de euros se van a utilizar para capitalizar la banca española, para sanear sus pérdidas, para garantizar la devolución de la gigantesca deuda que ha contraído con la banca internacional. Por lo tanto es un dinero que el Estado no va a recuperar. ¿De dónde va a sacar el dinero el gobierno para devolverlo a la Unión Europea? La respuesta es bastante obvia: de los recortes sociales que están en marcha y otros nuevos que tratarán de imponernos. Además de los 8.000 millones de recorte anunciados en enero, de los 27.000 millones de los presupuestos en marzo y de los 10.000 millones en sanidad y educación en abril, ahora está sobre la mesa un nuevo ajuste en las pensiones, nuevos recortes salariales en la administración pública, recortes en el subsidio de desempleo y una subida del IVA, exigencias hechas públicas por FMI que por otra parte están en total sintonía con los deseos de la patronal y de los banqueros. El gobierno del PP ya se está preparando para ponerlas en práctica en las próximas semanas. Luego vendrán más y más ataques, en una dinámica sin fin que sólo podrá ser detenida por una profunda rebelión social.

Rajoy presentó el rescate bancario como una medida fundamental para que la economía española volviera a crecer. Sin embargo, la crisis del capitalismo (de la que los grandes banqueros y empresarios son los responsables), es tan general y profunda que esta medida no ha servido ni siquiera para bajar temporalmente la presión sobre los intereses de la deuda que cobran los llamados “mercados”; al contrario, desde el lunes siguiente del rescate la prima de riesgo se ha disparado y no para de subir. Las medidas de apoyo del Estado a la banca privada han llegado tan lejos que ahora existe el peligro real de que las finanzas públicas lleguen a una situación de colapso y bancarrota, y somos los trabajadores y la mayoría de la sociedad los que vamos a pagar las consecuencias. Ya se habla abiertamente de la necesidad de un nuevo rescate que, de nuevo, sólo servirá para garantizar el pago de la deuda pública a los especuladores y vendrá acompañado de nuevas exigencias de recortes y destrucción de conquistas sociales.

Efectivamente, “quieren acabar con todo”

Es necesario y urgente oponer a esta brutal y decidida ofensiva de los capitalistas una movilización masiva, continuada, contundente y ascendente de la clase trabajadora y de la juventud. Es completamente inaceptable la pasividad que están mostrando los máximos dirigentes de CCOO y UGT (que no es compartida por la mayoría de los afiliados) ante la más grave situación en la que se encuentra la clase trabajadora en los últimos 40 años. Efectivamente, los capitalistas “quieren destruirlo todo”. Esta idea, divulgada por los sindicatos, responde exactamente a la realidad, pero su dirección no está siendo consecuente con ella. Se ha cometido el gravísimo error de no dar continuidad a la exitosa huelga general del 29 de marzo. Ni siquiera se están coordinando y unificando luchas tan importantes como la de la minería, el sector naval, la educación o la sanidad, por citar las más recientes. Ahora, después de las manifestaciones convocadas para el día 20 de junio la única perspectiva de lucha que se ofrece es… un referéndum en otoño “para medir el apoyo” del gobierno del PP. ¿De verdad los dirigentes sindicales piensan seriamente que con esta orientación vamos a frenar los ataques?

El gobierno del PP está cada vez más aislado socialmente y el ambiente que hay entre los trabajadores y los jóvenes es de rabia y ganas de luchar. Si los dirigentes sindicales de CCOO y UGT convocasen una huelga general de 48 horas, con perspectivas de continuidad y ligado a una alternativa socialista al desastre que supone el capitalismo, toda esta energía se podría transformar en una rebelión masiva contra el gobierno del PP y sus planes de ataque, que podría llevar a su caída.

Por la transformación socialista de la sociedad

Las medidas que habría que tomar para que, efectivamente, la banca cumpliera la función de impulsar la creación de riqueza y de empleo, son:

1- Nacionalización de todo el sistema financiero, con el objetivo de ponerlo al servicio de la mayoría de la sociedad, no como hace el PP, que es nacionalizar para socializar pérdidas y una vez los bancos son saneados con dinero público, volver a privatizarlos.

2 – La nacionalización de la banca debe ser controlada por abajo, por los trabajadores, para atajar directamente cualquier tipo de maniobra contable, fuga de capitales y corrupción allí donde se produzca.

3 - Esta nacionalización tiene que ser sin indemnización (salvo a los pequeños accionistas o casos de necesidad comprobada)

4 - Expropiación de las grandes fortunas personales de los que se han enriquecido especulando en el boom inmobiliario, beneficiándose de los intereses de la deuda pública y con los salarios astronómicos autoasignados en las entidades financieras.

5 - La nacionalización de la banca tendría que completarse, con la expropiación de las principales industrias y monopolios del país, muchos de los cuales ya eran públicos. Sólo así se podría evitar el caos y la anarquía destructiva inherente a la propiedad privada y al modo de producción capitalista. Es perfectamente posible que la economía se rija por un plan consciente y en beneficio de la mayoría.

Todas estas fuerzas productivas se podrían poner en marcha para garantizar un plan de inversiones públicas en equipamientos sociales en los barrios, en un sistema público de enseñanza y una sanidad de calidad, para desarrollar la industria, la agricultura y, cómo no, para facilitar el consumo y la inversión en pequeños negocios. Los pisos vacíos propiedad de los bancos se podrían utilizar con alquileres baratos y se resolvería de golpe el problema del acceso a la vivienda. ¿Qué problema habría, desde el punto de vista del funcionamiento de la economía, para llevar a cabo estas medidas? Ninguno, salvo que los banqueros se verían privados de sus insultantes beneficios. Inversiones “improductivas” desde el punto de vista del beneficio privado, no tienen por qué ser improductivas o inviables desde el punto de vista social.

La vigencia de las ideas marxistas

Nunca la percepción del papel parasitario de los capitalistas ha estado tan extendida socialmente. Nunca un programa verdaderamente socialista, la única solución frente a la crisis capitalista, ha tenido un potencial apoyo social tan extenso. De hecho, si los dirigentes del PSOE, IU, CCOO y UGT lo defendiesen, encontrarían un eco entusiasta e inmediato, y no sólo entre la clase trabajadora, sino entre amplios segmentos de las llamadas capas medias, también afectadas por la crisis capitalista.

Es en momentos históricos como los que estamos viviendo cuando mejor se comprende la idea de que el marxismo no es un compendio de ideas arbitrarias y utópicas sino la expresión consciente de las necesidades de la clase trabajadora, la única clase capaz de evitar la destrucción y la barbarie a la que el sistema capitalista empuja a toda la humanidad. Y como también dice el marxismo, por más profundas y catastróficas que sean las crisis capitalistas, es necesario el factor consciente, una organización revolucionaria y socialista con apoyo entre la mayoría de la población trabajadora, para que efectivamente esta crisis sea la última crisis capitalista, y podamos abrir paso a una nueva etapa histórica, sin clases, sin opresión y sin límites para las futuras generaciones. Esta es la tarea.

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