La semana pasada conocíamos que el Gobierno PSOE-UP había aprobado enviar cazas y una fragata para dar apoyo a la OTAN en su escalada militarista contra Rusia en Ucrania. Una decisión que ha levantado una polvareda política, pues sitúa al “Gobierno más progresista de la historia” como fiel vasallo de las intenciones bélicas del imperialismo norteamericano en su lucha contra Rusia y China por la hegemonía mundial.

A pesar de que los dirigentes de UP han intentado desmarcarse posteriormente en declaraciones públicas, haciendo un alegato a favor de la “paz”, de la diplomacia y de la distensión, la realidad es que la medida de apoyar con tropas españolas el despliegue de la OTAN había sido tomada colegiadamente en el Consejo de Ministro el 21 de diciembre, con el apoyo de Yolanda Díaz y del resto de ministros de UP.

Las palabras del responsable español de Exteriores, José Manuel Albares, o de la ministra de Defensa, Margarita Robles, señalando que el objetivo es defender la “soberanía” de Ucrania, o que el cometido de la OTAN es proteger "los valores de libertad, democracia y sobre todo de paz en el mundo", son mezquina propaganda imperialista y un insulto a la inteligencia. Se trata del mismo tipo de patrañas que tuvimos que escuchar del Gobierno de Aznar en 2003 de cara a justificar la invasión de Iraq, con las consecuencias que todos conocemos: una guerra devastadora contra el pueblo iraquí librada en beneficio de los monopolios petroleros y las empresas de seguridad de EEUU.

Hipocresía occidental

El Gobierno ucraniano no es más que un mero títere del imperialismo norteamericano, sin voz ni voto, como están demostrando las conversaciones entre EEUU y Rusia, de las que han quedado completamente excluidos. Su “soberanía” está subordinada completamente a las decisiones que se toman sin pudor desde Washington. Y es importante recordar que EEUU y las potencias occidentales no dudaron en financiar y armar a grupos fascistas en el movimiento Euromaidán (como Sector Derecho/Práviy Sector), algo que han continuado haciendo hasta el día de hoy.

El exministro del Interior del actual Gobierno, Arsen Avakov, estaba vinculado a la organización paramilitar pronazi Batallón Azov, que ha sido integrado, junto a otros destacamentos de extrema derecha, chovinistas, racistas y antisemitas, como unidades del nuevo ejército y la nueva policía ucraniana. Tanto la ONU como diversas ONG han señalado al Gobierno ucraniano por graves violaciones de derechos humanos, incluidas agresiones sexuales, torturas y asesinatos. Estos hechos demuestran que los alegatos a favor de la “democracia” para justificar las maniobras de la OTAN son una falacia total.

Evidentemente lo que hay detrás de esta escalada militarista es el intento de EEUU de recuperar la iniciativa tras la humillante derrota de Afganistán en septiembre de 2021, dar un puñetazo en la mesa para garantizar su influencia estratégica en Europa y obligar a sus aliados, especialmente a Alemania, a romper el acuerdo con Rusia del gaseoducto Nordstream2, que supone una ventaja geoestratégica para el régimen de Putin. Ucrania es una pieza en la lucha librada por una superpotencia en decadencia y que está acusando una debilidad orgánica frente a China y Rusia.

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El Gobierno ucraniano es títere del imperialismo norteamericano, sin voz ni voto, como están demostrando las conversaciones entre EEUU y Rusia, de las que han quedado completamente excluidos.


EEUU y sus voceros mediáticos han lanzado una campaña abrumadora denunciando los supuestos planes de intervención rusos, pero lo cierto es que tanto Washington como Londres no han dejado de suministrar armamento a Ucrania, que ha pasado de dedicar un 1,2% de su PIB a un 4% en gasto militar, y además han propuesto su entrada en la OTAN para reforzar el cerco contra Rusia, después de que entre 1999 y 2020 catorce países se unieran a la alianza, todos ellos de Europa Oriental. ¿Podríamos imaginar lo que sucedería si México o Canadá suscribieran un acuerdo de colaboración militar con Rusia, que permitiera desplegar al régimen de Putin misiles y armamento nuclear en sus fronteras compartidas con EEUU? Basta formular la pregunta para saber cuál sería la respuesta del imperialismo norteamericano.

El PSOE: Viva la OTAN y viva Washington


Toda la palabrería democrática y humanitaria que sale de la boca de la socialdemocracia solo trata de disfrazar los espurios intereses de las diferentes potencias capitalistas, que no tienen problema en que países enteros queden reducidos a cenizas con tal de garantizar los intereses económicos de sus respectivas élites y oligarquías.

El PSOE, y el Gobierno en su conjunto, con este envío de ayuda militar ridículo, en relación a la magnitud de las fuerzas puestas en tensión, lo que hace es dar un apoyo político claro y contundente a la OTAN cumpliendo fielmente con las exigencias del imperialismo norteamericano. Toda una declaración de intenciones nada sorprendente por parte del PSOE, pero decepcionante en el caso de UP.

De hecho, el Gobierno español, “feminista” y “progresista”, es uno de los que más contribuye a las misiones de la UE y de la OTAN, siendo el único que participa, tras la retirada de Alemania y EEUU, en la misión militar en la frontera turco-siria, para satisfacción del régimen autoritario de Erdogán.

Ante el escándalo que está suponiendo la posición del Gobierno, y con el recuerdo del No a la Guerra, Pablo Iglesias ha tenido que salir a la palestra para criticar duramente la actuación sumisa del PSOE. Una posición que se han cuidado mucho de no reproducir los dirigentes de UP que se sientan en el Consejo de Ministros, limitándose a señalar que apuestan por la paz y la vía diplomática.

Pero Pablo Iglesias ha justificado sus críticas afirmando que, como ya “no soy político, ahora puedo decir la verdad”. Entonces ¿mientras fue vicepresidente nos mentía, o camuflaba la verdad? Y ahora ¿Yolanda Díaz, Irene Montero o Ione Belarra nos engañan, y en lugar de hablar claro hacen propaganda para vender unos logros que no lo son?

En ese mismo mitin de Valladolid en el que Pablo Iglesias vertía sus duras palabras contra el PSOE, vaticinaba que “lo que dice el Partido Socialista se va a empezar a suavizar”. Pero el problema no es que el PSOE suavice sus palabras y sus discursos, o que incluso los esconda, sino qué política exterior concreta lleva a cabo un Gobierno que se autodenomina “el más progresista de la historia”. ¿O es que acaso se van a retirar la fragata y los refuerzos militares comprometidos con la OTAN? ¿O va a haber algún tipo de cambio respecto a la traición a la causa del pueblo saharaui, en los acuerdos infames con las dictaduras del Golfo, en el sostenimiento de una agenda antiinmigración basada en la xenofobia y el racismo más cruel?

Los próximos 29 y 30 de enero la OTAN celebra una gran Cumbre en Madrid auspiciada por el Gobierno de Sánchez. Sin duda, Pablo Iglesias escribirá artículos críticos y nos hablará de ello en sus tertulias radiofónicas. Pero ¿Va a poner Unidas Podemos la carne en el asador para impulsar una movilización de masas contra la OTAN y su Conferencia? ¿Veremos a Yolanda Díaz salir públicamente animando a acudir a las manifestaciones y estando en la cabecera de las mismas? Podemos imaginar lo que ocurrirá.

Las críticas al PSOE de Pablo Iglesias y otros dirigentes de UP, IU o el PCE, como Enrique Santiago, les han terminado llevando, a pesar de sentarse en el Consejo de Ministros, a firmar un manifiesto junto a otras fuerzas como EH Bildu o la CUP, que señala la responsabilidad de EEUU y la OTAN en esta peligrosa escalada militar. Pero no basta con firmar un manifiesto, “el papel lo resiste todo”. Lo que necesitamos es una oposición real en las calles, organizada, contra el militarismo de la OTAN, EEUU y la UE. Una oposición que no puede llevarse a cabo sentándose en un Gobierno que participa de la propia amenaza belicista.

La política exterior es una continuación de la política interior. Las constantes cesiones de los ministros y los dirigentes de UP frente al PSOE y la patronal, en aras de practicar una política realista y de “unidad nacional”, que no moleste a la CEOE y que asegure la paz social, supone en materia exterior aceptar, en los hechos, la política dictada por el imperialismo norteamericano. Por este camino se va hacia un callejón sin salida, donde los principios quedan en pura superchería y la reacción sale fortalecida.

¡No a la OTAN! ¡No a las guerras imperialistas!


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