En los últimos años hemos asistido a una imparable escalada de violencia por parte de la Ertzaintza. En movilizaciones obreras, en las manifestaciones de la juventud, contra los activistas que paran desahucios, las imágenes de cargas salvajes y brutalidad policial son la norma en las calles de Euskal Herria. Pero sin duda alguna, contemplar como los beltzas unieron sus fuerzas a la de los falangistas para atacar a los jóvenes antifascistas en Gasteiz supuso un punto y aparte.

El debate sobre el carácter de este cuerpo represivo, sobre si es o no es posible su “democratización”, y qué actitud debe tener la izquierda combativa y clasista, cobra una gran importancia, precisamente cuando la utilización del ICE en EEUU como una policía neofascista contra el “enemigo interno” y la legislación totalitaria y antidemocrática se extienden por todo el mundo.

La historia de este cuerpo policial vasco es muy larga y no tenemos espacio para meternos en detalles que ya son conocidos. Nacida de la mano del Estatuto, lo que en su día se presentó como una fuerza vasca que sería muy diferente a la policía española, se vino abajo con gran celeridad. Entrenada por los mandos del SAS británico especializados en la lucha contra el IRA, dirigida por políticos burgueses del PNV, los mismos que mantienen excelentes relaciones con los sionistas y los imperialistas norteamericanos, era imposible que la policía vasca escapara al papel que realmente juegan los organismos de represión bajo el Estado capitalista: la defensa armada del orden establecido y de los intereses de la clase dominante.

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El debate sobre el carácter de la Ertzaintza, y qué actitud debe tener la izquierda combativa y clasista, cobra una gran importancia, más cuando la actuación del ICE en EEUU y la legislación totalitaria y antidemocrática se extienden por todo el mundo. 

Los casos de brutalidad de la Ertzaintza contra la izquierda militante llenarían artículos y libros. Es evidente que la burguesía vasca mima a sus policías. Entre 2018 y 2024 el presupuesto dedicado a la Ertzaintza fue de más de 5.000 millones de euros, y tal como ocurre entre los Mossos d'Esquadra y la policía nacional española, el progreso de los sectores de extrema derecha dentro de la Ertzaintza, y de sus sindicatos, ha sido vertiginoso. Un avance que ha ido acompañado de la militarización del cuerpo, con la entrada en acción de la brigada PRI (Patrullas de Prevención y Respuesta Inmediata), conocida popularmente como Bizkor, organizada para situaciones de “emergencia y terrorismo” siguiendo el modelo de la policía británica.

¿Policía vasca democrática?

Los cientos de miles de trabajadores y jóvenes que apoyamos a Bildu en las elecciones, algunos de manera abiertamente crítica, aspiramos a que las reivindicaciones más sentidas por el movimiento popular se hagan realidad. Tomamos nota de la amenaza de la extrema derecha en el mundo, de los Trump, de los Netanyahu y las Ayuso. Somos feministas, antifascistas, jóvenes en lucha, sindicalistas, pensionistas. No queremos ni Gobiernos del PNV-PSE, ni que PP o VOX gobierne estatalmente.

La izquierda abertzale, precisamente por haber estado en el corazón de la movilización social y sindical de Euskal Herria durante décadas, ha sufrido en carne propia la represión del Estado: la de los cuerpos legales, como la Guardia Civil o la Ertzaintza, y también la guerra sucia de los GAL. Y el PNV ha sido y es todavía un actor necesario para ello.

Es imposible no ver la escalada represiva en Euskal Herria y en el Estado español. Bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, la ley Mordaza sigue sin ser derogada, y la violencia policial y judicial contra la izquierda combativa se recrudece. Las 6 de Zaragoza, las 6 de la Suiza, las 7 de Somosaguas, el encarcelamiento de Pablo Hasél, y los montajes policiales y judiciales que acabaron con el encarcelamiento de los 8 jóvenes de Altsasu, la sentencia del Tribunal Supremo contra los acusados del sumario 13/13, el archivo de la causa del ertzaintza que hirió al menor en un ojo en Tolosa en 2024 y muchos casos más… son una prueba real de que el aparato del Estado no se democratiza, sino que se endurece y derechiza.

La Ertzaintza no escapa de este proceso y los ejemplos son abundantes: la salvaje operación de desalojo del Gaztetxe de Rekalde que se saldó con un joven perdiendo un testículo, la petición de Esan de recuperar las pelotas de goma, el frente único entre la Falange y la Ertzaintza contra los antifascistas de Gasteiz, las numerosas cargas contra sindicalistas en piquetes y concentraciones, la colaboración con los neonazis de Desokupa…

Por eso es inevitable sentir que la dirección de Bildu, dentro de su giro hacia la política institucional y a la búsqueda de acuerdos con el PNV, intenta cuando menos edulcorar lo que representa este cuerpo policial, y añadir la ilusión de que con ellos gobernando todo sería distinto. Y sí, podría serlo, siempre y cuando el objetivo fuera acabar con el orden de los capitalistas mediante la lucha de clases.

Desde 2024, Bildu ha reclamado un cambio de “modelo policial”. Una propuesta chocante para las generaciones que han luchado primero contra una dictadura, y luego contra leyes injustas, contra la guerra sucia y el terrorismo de Estado, la ilegalización, las persecuciones, torturas y el exilio. Que llenaron las calles de Euskal Herria exigiendo la amnistía de los presos, y luchando por el socialismo. Pero también ha generado el rechazo de amplias capas de la juventud vasca, que en nuestra vida consciente solo hemos vivido crisis, pandemia, precariedad, guerras imperialistas, genocidios y la bota de la Ertzaintza y la Ley Mordaza.

La cuestión es concreta: ¿Nos reprime el modelo policial, o nos reprime la policía?

Julen Arzuaga, presentando la propuesta del modelo policial de Bildu, nos habló de “una serie de medidas para transformar la Ertzaintza y que sea espejo de la sociedad plural, bilingüe y muchas veces crítica, a la que se debe”, y afirmaba que “no podemos tolerar más víctimas policiales”.

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El problema de la Ertzaintza, de la Guardia Civil, de la policía nacional, de la inglesa, la alemana o la estadounidense, no es la falta de formación en “valores democráticos”, es que su función es garantizar el orden y la gobernabilidad de este sistema criminal. 

Pero seamos claros. Depositar esperanzas en que el Parlamento de Gasteiz pueda democratizar la Ertzaintza obvia el papel que cumplen de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad Del Estado e ignora la tendencia de estos años. Si el Gobierno de Sánchez con todo el apoyo de la izquierda parlamentaria, incluida Bildu, ha sido incapaz de hacer nada en este sentido ¿por qué va a ser diferente con un futurible Gobierno de Bildu? ¿Acaso el PNV va a facilitar el cambio?

El problema de la Ertzaintza, de la Guardia Civil, de la policía nacional, de la inglesa, la alemana o la estadounidense, no es la falta de formación en “valores democráticos”. El problema es que su función es garantizar el orden, la estabilidad y la gobernabilidad de este sistema injusto y criminal.

Hasta el momento, las instituciones capitalistas, y las políticas socialdemócratas no han evitado el auge de la extrema derecha en ningún continente. Si se apuesta por frenar su avance buscando alianzas, grandes acuerdos de país o candidaturas conjuntas con los representantes de Confebask y los lamebotas de Trump, se apostará por desarmarnos frente a frente al fascismo.

Una Euskal Herria Sozialista no vendrá de instituciones capitalistas “mejor gobernadas”, sino de la lucha en las calles. Ese es el camino a retomar sacando las conclusiones de la experiencia más inmediata. Podemos llegó al Gobierno del Estado español con la intención de hacer girar al PSOE a la izquierda, y a cambio de pequeñas mejoras renunció a la mayoría de las reivindicaciones que se peleaban en la calle, justificando renuncias por el ‘bien mayor’ o por la ‘correlación de fuerzas’. Su situación actual debería ser un aviso frente a las esperanzas de que puede haber otra forma, mejor y más justa, de dirigir y gestionar el Estado capitalista.

El riesgo de hacer seguidismo del Gobierno de Sánchez cada día se profundiza. Un Gobierno central que ha seguido garantizando los beneficios del Ibex 35, la agenda de la OTAN y el imperialismo occidental, y usando la represión a mansalva. El ministro Marlaska nos lo recuerda siempre que puede: lanzando a sus policías contra los huelguistas del metal en Cádiz, machacando a los inmigrantes, haciendo la ola a las manifestaciones fascistas...

La decadencia del capitalismo crea esta dinámica: militarismo, guerras imperialistas, auge de la extrema derecha y tendencias autoritarias dominantes en el aparato estatal. Y las fuerzas policiales juegan un papel fundamental en este engranaje.

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