El 7 de mayo el coronavirus ha acabado con la vida de unos de los más destacados represores y torturadores de la policía política del franquismo, la Brigada Político Social. Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño” como le gustaba que le conocieran sus víctimas durante los interrogatorios, ha fallecido con todos sus honores y condecoraciones, con los pluses de pensión por sus medallas —que recibió tanto durante la dictadura franquista como en los años de Transición y que los Gobiernos del PSOE y del PP conservaron—, con sus suculentos negocios intactos y sin haber rendido cuentas ante la justicia por sus crímenes. Está claro que el régimen del 78 y el sistema capitalista no dejan tirados a sus lacayos.

Un historial de represión y torturas

Desde que fuera nombrado el 1 de septiembre de 1969 como funcionario en prácticas, la carrera policial de Antonio González Pacheco durante la dictadura fue fulgurante. Se especializó en infiltrarse en el movimiento estudiantil antifranquista, haciéndose pasar por un simple estudiante. De hecho, la primera condecoración que recibió, el 10 de agosto de 1970, fue por su “eficiente labor llevada a cabo en actividades estudiantiles”.

En esos años llegó a recibir un total de 25 felicitaciones públicas, con suculentas recompensas que oscilaban entre las 1.500 y las 30.000 pesetas, por detener a estudiantes que militaban en organizaciones clandestinas, como la LCR o el FRAP, por repartir propaganda o participar en asambleas. El 26 de julio de 1972 recibió una cruz al mérito policial con distintivo rojo, por la cual logró un plus del 10 por ciento en su pensión. El 25 septiembre de 1975, justo dos días antes de los últimos fusilamientos del franquismo (Billy el Niño participó en las detenciones de algunos de los que iban a ser fusilados), la Dirección General de Seguridad le promocionó 500 puestos en el escalafón policial.

Todos estos premios, condecoraciones y ascensos estaban relacionados con el papel que jugaba González Pacheco en la lucha “contra la subversión”. De hecho su apodo se lo pusieron los que sufrieron sus torturas porque solía sacar con facilidad la pistola y amenazar de muerte si no decían lo que quería oír. Son diversos los testimonios de sus víctimas:

“Mi familia no sabía dónde estaba. Me abrieron la cabeza y me dieron golpes en todo el cuerpo. A veces estaba desnudo. Cuando no podía moverme me tenían como un fardo esposado a un radiador en un pasillo, y cuando pasaba un poli te volvían a golpear o te apagaban un cigarro en la cabeza (…) Pacheco era de los que más estaban presentes. Era un torturador compulsivo, disfrutaba y presumía de ello. Te miraba y te decía: 'He sido yo, Billy el Niño, el que te ha hecho estas cosas'. Le gustaba su apodo. Era pequeñito y debilucho. No causaba mucha impresión, andaba todo el día con la pistola en la mano para dar miedo. Y tenía una mente muy retorcida.” José María Galante, alias 'Chato', militante de la LCR, fundador de La Comuna-Presxs del Franquismo, y fallecido recientemente por coronavirus.

“Billy el Niño me partió la cara a puñetazos (…) Cuantas más preguntas me hacían y más silencio guardaba yo, más puñetazos me daban. Recuerdo su cara. Parecía que disfrutaba con aquello. Tenía como una cara de gusto”. María Rumin, militante de la UJCE en aquellos años y denunciante de las torturas de Billy el Niño en la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo.

“Jose Antonio González Pachecho y cuatro inspectores de la Brigada Político Social entraron en mi casa tumbando la puerta el 8 de octubre de 1974. Estaba sola, en la cocina, aterrorizada. Al oírlos me escondí detrás de la nevera [...] En unos segundos dieron conmigo, me sacaron de los pelos, a empujones, patadas y bofetadas. Me llevaron hasta la ventana del comedor que estaba abierta y me acorralaron. Pensé que querían tirarme por ella y comencé a gritar pidiendo auxilio. Billy el Niño, metiéndome un pañuelo en la boca, empezó a darme puñetazos.” Felisa Echegoyen, militante de la LCR en aquellos años.

“Me metió la pistola en la boca y apretó el gatillo. Fue una simulación de ejecución. Lo hacía mucho”. Luis Miguel Urbán.

Testimonios similares los hay por decenas.

En la Transición y después… la impunidad de un torturador protegido por el Estado

A pesar de ser conocido por sus torturas durante el franquismo, durante los años de la Transición, González Pacheco no sólo no fue depurado y juzgado, sino que incluso recibió más medallas que durante la dictadura: un total de cuatro. La primera de ellas se la otorgó el gobierno de Adolfo Suárez, el 13 de junio de 1977, tras la liberación del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, y el teniente general Emilio Villaescusa, secuestrados por los GRAPO. Dicha condecoración, esta vez con distintivo de plata, aumentó su pensión otro 15%. El 27 de junio, el Ejército le condecoró con la cruz al mérito militar con distintivo blanco. Después, también con distintivo rojo, le fue concedida una tercera por el Ministerio del Interior el 10 de octubre de 1980. Y la última, de plata, es del 30 de marzo de 1982, y se concedió a toda la Brigada de Información. Todas estas medallas incrementaron en un 50% la cuantía de su jubilación ¡Así paga la democracia burguesa a sus represores!

Ministros como Rodolfo Martín Villa justificaron la utilización de los policías torturadores como Billy el Niño para la “lucha anti-terrorista”. Con los Pactos de la Moncloa y con la Ley de Amnistía, apoyadas tanto por el PSOE como por el PCE, todos los delitos de torturas, represión y asesinatos cometidos por las fuerzas de orden público franquistas quedaron totalmente impunes.

En la democracia burguesa española, figuras como la de Antonio González Pacheco, fueron la norma. Tras participar en “brigadas anti terroristas” (que serían el preludio del terrorismo de estado de los GAL) e incluso ser juzgado por haber intervenido en la matanza de los abogados laboralistas de Atocha (aunque salió absuelto), se retiró de la policía y el PSOE le permitió durante los años 80 y 90 hacer suculentos negocios en la empresa privada, trabajando para firmas como Renault.

Es necesaria, de una vez por todas, la justicia y reparación para las víctimas del franquismo

En los últimos años, gracias al impulso de las víctimas de sus torturas y de las asociaciones memorialistas, se ha ido conociendo la actividad represora de este individuo. Sin embargo, su protección por parte del aparato del Estado ha contado con la complicidad de los sucesivos Gobiernos del PSOE y del PP, que se han mantenido firmes defendiendo un vergonzoso carpetazo a los crímenes franquistas.

Dentro de la jefatura de policía contó con importantes lazos. Gerifaltes como el responsable de la policía del distrito de Ciudad Lineal en Madrid, José Manuel Mariscal, invitó a González Pacheco a sus fiestas en la comisaría. La justicia española ha impedido tanto que se le juzgara en nuestro país como que fuera extraditado para Argentina para que fuera procesado allí. El PP de Rajoy no permitió la extradición de Billy el Niño, ni que se conocieran las condecoraciones que los Ejecutivos de Felipe González y Rodríguez Zapatero mantuvieron. El Gobierno de coalición de PSOE-UP, que prometió quitarle las medallas al torturador, no ha hecho nada por llevar esto a cabo, ni tampoco para que se juzgue a González Pacheco. Permitió que este represor franquista siguiera percibiendo incentivos por sus premios por maltratar a luchadores antifranquistas.

Tras su muerte, hemos visto como a líderes de UP, como Pablo Iglesias e Irene Montero, colgar tweets “lamentando” y mostrando su “rabia” de que muriera con todo tipo de condecoraciones, honores y pidiendo perdón a las víctimas del franquismo y luchadores antifranquistas. Pero esto suena a lágrimas de cocodrilo e hipocresía, cuando hace más de un año (en otoño de 2018) que Pedro Sánchez prometió retirarle sus medallas. Este es el pecio a pagar por rendir tributo al régimen del 78, en lugar de luchar consecuentemente contra una legalidad que ampara la impunidad del franquismo.

Basta ya de esta vergüenza. No queremos gestos, queremos hechos. Que los torturadores, y los responsables de los crímenes de la dictadura sean llevados ante la justicia. Que se derogue la Ley de Amnistía. Que se haga justicia con las víctimas y se las repare moral y económicamente. Que se depure el aparato estatal de reaccionarios y franquistas y se les suprima sus privilegios, sus condecoraciones, medallas y pluses en sus jubilaciones. Sólo así se conseguirá de verdad honrar a los luchadores antifranquistas.

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