A menos de tres meses de que nos quedemos sin convenio, la dirección de Navantia presentó en abril sus propuestas para el IV Convenio Colectivo. Esas propuestas suponen un punto de inflexión en la situación laboral, pues, de aplicarse, significarían la liquidación de las conquistas de décadas de luchas en la negociación colectiva. Además, en la medida que por primera vez la empresa dirige un ataque abierto y directo contra los trabajadores de la principal, tendrán también hondas repercusiones en el terreno sindical.

Como era de esperar, la propuesta es muy agresiva: aumento de la jornada laboral en tres días al año, recorte en permisos retribuidos (asistencia a consulta médica y enfermedad u hospitalización de familiares), desplazamientos entre factorías de hasta un año de duración con una notificación previa al trabajador de tan sólo cinco días laborables, reducción del complemento salarial en las bajas por enfermedad común en la primera baja de cada año y eliminación del mismo para las siguientes, recortes y eliminación de muchas conquistas sociales (cartucho de navidad, etc.) o redefinición de la clasificación profesional y el sistema retributivo antes de que finalice el año son algunas de las medidas presentadas por la empresa.

La debilidad invita a la agresión, vendrán más ataques

Pero que nadie se lleve a engaño, esto es el principio, no el final. En el cajón quedan ataques más salvajes (bajada drástica del sueldo, aumento mucho mayor de la jornada laboral o incluso el cierre de algún centro). La estrategia del PP es clara: ante la perspectiva de que la desaparición de miles de convenios el 7 de julio genere una oleada de protestas, están optando por la vía de, apoyándose en la política del mal menor que siguen los sindicatos, llegar a acuerdos para, una vez pasada la fecha y ya con muchos trabajadores desmovilizados, volver a la carga con medidas mucho más contundentes, en la línea de lo visto en Iberia o Paradores.
Además, la actual política sindical los invita a ello porque, como siempre hemos dicho, la debilidad invita a la agresión. Presentarse a una negociación de convenio sin más plataforma reivindicativa que mantener el convenio que ya tenemos y asumiendo la congelación salarial de los últimos cuatro años y la de los años que pueda durar el nuevo convenio es una muestra de debilidad en toda regla. ¿Qué pensaríamos nosotros si fuésemos el PP? Que los trabajadores tienen miedo y que es el momento de lanzar un ataque sobre sus condiciones laborales. Las muestras de comprensión y de responsabilidad hacia la empresa sólo sirven para envalentonarla.
¡Hay que luchar!

Debemos abandonar esa filosofía del “mal menor” que nos acompaña desde hace muchos años y que es la responsable de la respuesta tan equivocada que están dando los dirigentes sindicales a los envites del PP. Con un enfoque basado en minimizar los ataques sólo podemos aspirar a perder derechos, y de la mano de esa pérdida de derechos cundirá entre los trabajadores la idea de que somos débiles y el enemigo, poderoso. Hay que romper este escenario de forma inmediata.
Pasar a la ofensiva tiene un gran valor, por un doble motivo: le transmitimos al enemigo que estamos dispuestos a luchar y, sobre todo, insufla ánimos en nuestras filas (no es lo mismo luchar por perder lo menos posible, que luchar por conquistar nuevos derechos).
Por la unificación de las luchas

De la misma forma que un trabajador no se puede librar de un mal convenio en su empresa, una empresa no se puede librar de la dinámica de empobrecimiento general al que la burguesía está sometiendo a la clase obrera. Por eso es necesario extender las luchas, confluyendo con otros trabajadores. Hoy el punto de conexión está claro: los 3.000 convenios que se extinguen el 7 de julio.
Esta tarea corresponde a los sindicatos de clase, que para eso están. Pero tristemente estamos viendo que nuestros dirigentes no tienen el más mínimo interés en organizar a los trabajadores, más bien al contrario. De igual forma, los dirigentes sindicales de Navantia demuestran cada día en los hechos que tampoco están por esa labor. Es injustificable que, tras dos años de lucha en demanda de carga de trabajo, no haya habido una huelga estatal del sector y una manifestación conjunta de todas las factorías en Madrid, especialmente cuando esto se hizo por conflictos menos graves que el actual. Esto no es casualidad, es el resultado de un enfoque localista que aísla la lucha de cada zona geográfica (ría de Ferrol, bahía de Cádiz y Cartagena), una estrategia que solo es entendible en direcciones sindicales cuyo horizonte no alcanza más allá de la comarca.
Por eso tenemos que ser los trabajadores quienes desde abajo empujemos en ese sentido, planteando que las asambleas voten resoluciones haciendo un llamamiento a la unificación de todas las luchas, empezando por la de las seis factorías de Navantia, para levantar un gran movimiento capaz de frenar los gravísimos ataques de los empresarios y el PP contra los derechos de los trabajadores.


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