En agosto de este año se cumplirá el 70º aniversario del asesinato por orden de Stalin del gran revolucionario y teórico marxista León Trotsky. Con el fin de homenajear su vida, su intensa actividad revolucionaria y sus ideas, fundamentales para el desarrollo y preservación de la teoría marxista hasta nuestros días, El Militante publicará una serie de artículos a lo largo de los próximos meses. Aparte de comentar textos que van al núcleo central de su pensamiento como La revolución permanente, La revolución traicionada o El programa de Transición, queremos abordar diferentes aspectos de gran relevancia para la teoría marxista con el propósito fundamental de animar a nuestros lectores a un estudio profundo y extenso de todos los escritos de León Trotsky. Empezamos con un tema de primerísima actualidad, los ciclos económicos, y seguiremos con otros igualmente interesantes como el materialismo dialéctico, la cuestión nacional, la revolución española, la guerra civil rusa, arte y literatura, etc. En www.elmilitante.net dedicaremos un apartado especial al 70º aniversario del asesinato de León Trotsky, donde encontrarás una bibliografía completa y organizada temáticamente.

Una parte menos conocida de la obra de Trotsky son sus análisis económicos. En diversos artículos abordó cuestiones muy importantes y consiguió orientar a sus compañeros de lucha en unas décadas tan complejas y llenas de cambios bruscos y repentinos como fueron los años 20 y 30 del sigo XX.
En primer lugar cabe destacar que, siguiendo lo que habían anticipado Marx y Engels, y que Lenin explicó tan bien en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, Trotsky consideraba la economía mundial como una realidad concreta, un conjunto interdependiente en continuo movimiento, con tendencias generales y cambios en las relaciones entre las partes, no como una mera suma de economías nacionales.  En sus propias palabras:
"Unificando en un sistema de dependencias y de contradicciones países y continentes que han alcanzado grados diferentes de evolución, aproximando los diversos niveles de su desarrollo y alejándolos inmediatamente después, oponiendo implacablemente todos los países entre sí, la economía mundial se ha convertido en una realidad poderosa que domina la de los diversos países y continentes" (Stalin, el gran organizador de derrotas).

La cuestión de los ‘ciclos largos' y la curva de desarrollo capitalista

Como ya explicó Marx, los ciclos económicos de boom-recesión son consustanciales al capitalismo. Son la manera en que éste funciona, los latidos de su corazón. Sin embargo, al igual que el latido del corazón es un reflejo de la edad y estado de salud del organismo, los ciclos económicos derivan de la dinámica de funcionamiento general del capitalismo. Sin embargo, Trotsky también señalaba: "...no podemos decir que estos ciclos explican todo: ello está excluido por la sencilla razón de que los ciclos mismos no son fenómenos económicos fundamentales, sino derivados" (La curva de desarrollo capitalista, 1923).
El capitalismo no se limita a una mera repetición de ciclos de boom y recesión. Existen oscilaciones a largo plazo, periodos largos de desarrollo de las fuerzas productivas en que los booms sobrepasan ampliamente la intensidad de las crisis, y otros contractivos o de estancamiento, en que las crisis llevan a la economía de vuelta al punto de partida e incluso más atrás. Esto tiene enormes efectos en toda la sociedad. Como señalaba Trotsky (Op. Cit.): "las épocas de enérgico desarrollo capitalista deben poseer formas -en política, en leyes, en filosofía, en poesía- agudamente diferentes de aquellas que corresponden a la época de estancamiento o de declive económico. Aún más, una transición de una época de esa clase a otra diferente debe producir necesariamente las más grandes convulsiones en las relaciones entre clases y entre estados (...) No es difícil demostrar que en muchos casos las revoluciones y guerras se esparcen entre la línea de demarcación de dos épocas diferentes de desarrollo económico".
El economista ruso Kondratiev elaboró su teoría de los ciclos largos intentando explicar estos periodos que abarcaban varias décadas (cincuenta años, según él). Pero lo hizo atribuyéndoles un carácter totalmente mecánico, similar al funcionamiento de los ciclos "cortos". En primer lugar hay que señalar que Kondratiev no explicó las causas de estos superciclos, sino que simplemente los construyó mediante la suma de cinco ciclos "normales", presentando después las series estadísticas que se ajustaban a su esquema como "prueba" y desechando las demás. Sus ideas han tenido cierto eco entre los economistas burgueses, que periódicamente intentan predecir el movimiento de la economía con distintas versiones de las ondas largas. Una de las razones de este éxito es que las ideas de Kondratiev son compatibles con puntos centrales de la teoría económica burguesa como la existencia de un equilibrio de carácter estático en torno al cual el capitalismo oscila de manera simétrica y regular. Esto permite concebirlo como un sistema eterno en movimiento perpetuo, sin contradicciones internas que son su verdadero motor.
Trotsky, en La curva de desarrollo capitalista (1923), respondió a las ideas de Kondratiev explicando que las oscilaciones a largo plazo dependían también de los aspectos políticos e ideológicos que forman la superestructura (guerras, revoluciones, etc). Como siempre hemos explicado los marxistas, la relación entre la base económica y la superestructura social es compleja y dialéctica, no mecánica y unidireccional. En palabras de Trotsky: "Por lo que se refiere a las fases largas (...) el carácter y duración están determinados, no por la dinámica interna de la economía capitalista, sino por las condiciones que constituyen la estructura de la evolución capitalista".
Por ejemplo, para el gran auge de tres décadas tras la Segunda Guerra Mundial no sólo fueron necesarias precondiciones económicas (aún incluyendo entre ellas la destrucción causada por la guerra) sino también políticas, como el propio resultado de la guerra (fortalecimiento de la URSS y el estalinismo) y el fracaso de las revoluciones en Europa Occidental por la traición de los dirigentes reformistas y estalinistas. El triunfo de una revolución sana en Francia o Italia habría dado paso a un periodo totalmente distinto, aun con las mismas "bases" económicas iniciales.
Para el estudio histórico, Trotsky propone establecer una curva de desarrollo capitalista basada, a su vez, en agregar otras dos curvas: la básica, que refleja el crecimiento general de las fuerzas productivas y se mueve hacia arriba en todo el desarrollo capitalista (con mayor o menor inclinación), y las ondas periódicas, que reflejan las fluctuaciones cíclicas de la coyuntura. Una vez fijada, habría que dividirla en periodos según el grado de ascenso o descenso, y después buscar sincronizarla con los sucesos políticos, hallando la interrelación entre la las épocas de la vida social y los segmentos de la curva, sin ser mecánicos, teniendo en cuenta la persistencia y dinámica interna de los acontecimientos de la superestructura y sin olvidar nunca que la economía es decisiva sólo en último análisis.
A la hora de analizar el periodo y fijar perspectivas, Trotsky respondió a Varga (Sobre la cuestión de la "estabilización" de la economía mundial, 1925) que para analizar si nos encontramos en una fase ascendente o descendente del desarrollo capitalista no nos podemos basar solamente en las cifras, ya que la estadística siempre refleja el pasado, sino estudiar dialécticamente la situación económica: "Por lo tanto la cuestión básica se resuelve no calculando la producción sino por medio de un análisis de los antagonismos económicos".

Relación entre ciclo y lucha de clases

Trotsky, al igual que Lenin, combatió la idea de ciertos izquierdistas sobre la "crisis final" del capitalismo. Este sistema sólo será destruido mediante la acción consciente de la clase trabajadora, ya que por su propia dinámica de destrucción de fuerzas productivas toda crisis capitalista crea las condiciones para una recuperación más o menos intensa.
También existen supuestos "revolucionarios" para los que la lucha siempre es imposible. En épocas de auge económico porque la clase obrera se ha "aburguesado" ya que tiene coche y sale de vacaciones, y en épocas de crisis porque el miedo al paro paraliza a la gente. Para otros, en cambio, el crecimiento económico permitirá llegar al socialismo automáticamente, hacer la revolución sin que la burguesía se dé cuenta. Existen también los apologistas de la recesión, para los que sólo la crisis, la caída en la miseria, provoca la rebelión de las masas.
Todas estas visiones tienen en común su carácter mecánico. Frente a ellas, Trotsky afinó el enfoque marxista:
"Esta circunstancia refuerza nuestra convicción de que los efectos de una crisis sobre el curso del movimiento obrero no son todo lo unilaterales que ciertos simplistas imaginan. Los efectos políticos de una crisis (no sólo la extensión de su influencia sino también su dirección) están determinados por el conjunto de la situación política existente y por aquellos acontecimientos que preceden y acompañan la crisis, especialmente las batallas, los éxitos o fracasos de la propia clase trabajadora, anteriores a la crisis. Bajo un conjunto de condiciones la crisis puede dar un poderoso impulso a la actividad revolucionaria de las masas trabajadoras; bajo un conjunto distinto de circunstancias puede paralizar completamente la ofensiva del proletariado y, en caso de que la crisis dure demasiado y los trabajadores sufran demasiadas pérdidas, podría debilitar extremadamente, no sólo el potencial ofensivo sino también el defensivo de la clase" (Flujos y reflujos, 1921).
En definitiva, el efecto de la crisis sobre la conciencia de la clase trabajadora depende de su experiencia en el periodo anterior. Así, por ejemplo, mientras la crisis de los años treinta tuvo el efecto momentáneo de deprimir las luchas en los EEUU (para retomarlas con más fuerza con los primeros signos de recuperación), no frenó sino que atizó la revolución española. También hemos visto estallidos revolucionarios cuyo detonante ha sido una crisis económica, como Alemania en 1923 o Argentina en 2001.
La conclusión a la que llega Trotsky, para los tiempos en que la crisis económica dificulta las luchas empresa a empresa (aunque también tiene el efecto de radicalizar algunas hasta la toma de la fábrica) es la necesidad, por un lado, de potenciar el lado político de la lucha sindical, dotándola de un programa que incluya la transformación de la sociedad, y por otro de generalizar y unificar las luchas, para superar así las dificultades. Es la misma conclusión a la que están llegando hoy día miles de activistas obreros en todo el mundo.
Los escritos económicos de Trotsky, al igual que toda su obra, son una magnífica escuela para todos los revolucionarios que pretendan orientarse en un periodo turbulento como en el que nos encontramos.
 
Bibliografía
· Flujos y reflujos (1921): www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/flujosyreflujos.htm
· La curva del desarrollo capitalista (1923): www.fundacionfedericoengels.org/index.php?option=com_content&view=article&id=91:la-curva-de-desarrollo-capitalista&catid=33:marxismo-hoy-no8&Itemid=53
· Sobre la cuestión de la "estabilización" de la economía mundial (1925): www.marxists.org/espanol/trots-ky/ceip/economicos/sobrelacuestiondelaestabilizacion.htm
· Sobre la cuestión de las tendencias en el desarrollo de la economía mundial (1926): www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/sobrelacuestiondelastendencias.htm

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