Si aún no has visto u oído hablar de la película “La invasió dels bàrbars”, es porque, debido al veto ideológico de muchas compañías distribuidoras, solo se puede visionar en cines de barrio y salas reducidas.
El boca a boca ha conseguido mantenerla por más semanas y situarla en cines de València, Alicante, Barcelona, Castelló, Tarragona, Burgos y Madrid, como el de Embajadores Río donde yo he podido verla.
Es una película rodada en València y en valencià, como no podía ser de otra manera, para otorgarle un matiz más a esta magnífica obra. A pesar de no contar con el gran presupuesto de otras producciones, es una creación bien construida, emotiva, muy cuidada en los detalles más ínfimos y con un trasfondo de imágenes para un manifiesto mayor.
Necesaria, ¡sí!, muy necesaria, ya que rinde homenaje y justicia. Visceralmente antifascista y valiente. Es una adaptación cinematográfica de la obra teatral de Chema Cardeña, dirigida por Vicent Monsonís, con el que tuvimos la gran suerte de debatir después del visionado del film; y nos aclaró y contó muchas cosas. Es pedagógica para las nuevas generaciones y está siendo material didáctico para los docentes.
Según palabras del propio director: "Los profesores coinciden, en su mayoría, que a los alumnos —los 117 minutos que dura— les resume horas, días y semanas de lecciones de historia".
La música ha sido expresamente creada por Vicent Barrière e interpretada por la Orquestra Filarmònica de la Universitat de València bajo la dirección de Hilari García Gárquez. Incluye un tema original de Pascual Gassó (Marxa del Mestre de Gules) y una adaptación muy fiel del pasodoble Amparito Roca, arreglados y dirigidos por Víctor Yusá Esteve e interpretados por la agrupación Filarmònica de Burriana. Esa atmósfera musical tiene una habilidad especial y minimalista para no sobrecargar las escenas, permitiendo respirar y procesar la información de cada plano. La interpretación de Olga Alamán, una de las protagonistas principales, le da un ritmo y una tensión adecuada a cada escena.
Guarda una fidelidad histórica en el vestuario y decorados que hacen que la ambientación esté totalmente lograda. Los diálogos mantienen un pulso constante. La película se desarrolla en dos líneas temporales:
Una en 1939: Al acabar la guerra, Esperanza, una conservadora de arte del Museo del Prado trasladada a València, es detenida e interrogada por un coronel del ejército franquista que busca con ferviente deseo un cuadro, La invasión de los bárbaros, para apropiarse de él.
Ochenta años después: Aurora, una periodista, busca en una pequeña población cercana a València la fosa común en la que cree poder estar su abuela. Allí se enfrenta a un alcalde que intenta sabotear su lucha y la exhumación.
Con sollozos no solo en los ojos y un sepulcral silencio en la sala, la cinta finaliza fiel, sin filtros, representando un alegato antifascista sin precedentes.
Mientras suena como acompañamiento final de los últimos créditos la canción Fosses del silenci de Pau Alabajos, se solapan imágenes de las fosas de Paterna —"El paredón de España"— con las de también los jóvenes que participaron en el coro de Burriana visitando las fosas, para terminar con imágenes de familiares pudiendo recuperar los restos de sus parientes, víctimas de la barbarie.
Ir a verla es, además, un acto de resistencia contra la censura y el blanqueamiento del cine imperialista. Es prácticamente un visionado para mantener viva nuestra memoria histórica, con la maestría de conmovernos mediante la historia y los detalles que señalan la represión y las atrocidades del régimen totalitario de Franco.
Un relato que, si bien cuenta con una trama de ficción, está cimentado sobre la verdad absoluta de quienes lo vivieron; una realidad que a algunos les interesa borrar. La cultura como el teatro, el cine, la música, los libros... dejan una huella que no se puede borrar.
De ahí la importancia del papel que juega el cine en contar historias. Vicent nos ha dicho con palabras textuales: "El cine es primordial, el cine es más importante de lo que pensamos. Yo creo que el gran triunfo de los norteamericanos fue vendernos el cine como entretenimiento; es infinitamente más poderoso el cine de Hollywood como potencia invasora que el propio ejército americano".
Nos cuenta además, en relación con esto último, una anécdota que le contaron en una reunión con directores del cine del Este. "A la caída del muro de Berlín, los Estados Unidos habían aterrizado en los países como Polonia, Hungría, República Checa... para proponerles tratados bilaterales económicos de ayuda, pero todos esos contratos tenían solo una cláusula innegociable para los americanos: que ni un solo dólar podía destinarse al cine, a producción de cine y televisión. Los americanos sabían muy bien que si acababan con el cine de esos países iban a conquistarlos intelectualmente y culturalmente. Durante años su cine, filmoteca y cultura se hundieron y abrazaron al capitalismo de forma salvaje".
¡Memoria o barbarie!




















