A tan solo 3 meses de que el admirador de Pinochet e hijo de un nazi alemán, José Antonio Kast, asumiera la presidencia chilena, miles de estudiantes, docentes, trabajadoras y trabajadores han respondido a su primer gran ataque con una movilización masiva que ha despertado un enorme apoyo social, mostrando el camino para derrotar al Gobierno de la extrema derecha.

Las imágenes de la brutal represión contra la movilización protagonizada por estudiantes y docentes el 3 de junio han dado la vuelta al mundo. El aparato represivo del Estado chileno, que no ha sufrido ninguna depuración en los 37 años transcurridos desde el fin de la dictadura, ha vuelto a mostrar su auténtica cara, destacando por su saña y violencia, los carabineros.

Los agentes de este cuerpo policial militarizado, repleto de fascistas y cuya disolución fue una de las reivindicaciones más sentidas del levantamiento revolucionario protagonizado en octubre de 2019 por la juventud y la clase obrera chilena, desataron toda su furia dejando decenas de heridos y 35 personas detenidas.

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A tres meses de que Kast asumiera la presidencia chilena, miles de estudiantes, docentes, trabajadoras y trabajadores han respondido a su primer ataque con una gran movilización mostrando el camino para derrotar al Gobierno de la extrema derecha. 

Carros lanzaaguas, gases lacrimógenos y perros sin bozal para amedrentar a jóvenes y trabajadores son una clara demostración de que Kast no solo es pinochetista de nombre, sino también de hecho. Mientras escribimos estas líneas, las 35 personas detenidas siguen sin ser liberadas y una de ellas permanece hospitalizada con fracturas faciales graves causadas por la policía.

Esta brutal represión se producía después de que la delegación presidencial ordenase clausurar el paso por la Alameda, intentando borrar la memoria de las multitudes, que han hecho de esa avenida su trinchera desde el levantamiento de 2019, en el cual la juventud estudiantil actuó precisamente como punta de lanza.

El movimiento estudiantil marca el camino

La gran jornada de paro nacional y manifestaciones masivas del 3 de junio unificaba y daba continuidad a diferentes movilizaciones y protestas protagonizadas por estudiantes, profesores y otros sectores desde la toma de posesión de Kast, el 11 de marzo.

La jornada fue convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) contra el brutal plan de ajustes y las políticas de criminalización estudiantil derivados del Plan de Reconstrucción Nacional y el proyecto de Ley de Escuelas Protegidas aprobados por el Gobierno.

No se trató de una simple protesta de algunos sectores escolares, como los medios de comunicación burgueses han sostenido; la Confech congrega a las principales universidades del país y la convocatoria incluyó a múltiples organizaciones estudiantiles de educación básica media y superior, como la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarixs (ACES), y contó con la adhesión activa del Colegio de Profesores, consolidando un frente único de la comunidad educativa al que se sumaron organizaciones sociales y sindicatos como el Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación (SUTE).

Las calles de Santiago, Valparaíso y otras ciudades retumbaron con consignas como “Hay plata pa los pacos [policías] y no para estudiar”, y “Educación primero, al hijo del obrero”, dejando claro que la educación pública y los derechos sociales se defienden ahí, en las calles, pero también dando muestra del carácter de clase y combativo de la jornada.

Kast lanza su primer gran ataque y sufre su primera gran crisis

El plan de ajuste de Kast incluye un recorte brutal a sectores estratégicos como salud, trabajo, vivienda, desarrollo social y desde luego, educación. El recorte más alto en términos absolutos ha sido en el sector salud con 413 mil millones de pesos chilenos (aproximadamente 462 millones de dólares), seguido del ajuste en el ámbito de la vivienda con 200 mil millones de pesos chilenos (unos 224 millones de dólares). Asimismo, el tijeretazo de casi 198 mil millones de pesos chilenos (más de 220 millones de dólares) al presupuesto educativo, concentrado sobre todo en la Educación Superior, ha sido el principal detonante de las movilizaciones.

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El plan de ajuste de Kast incluye un recorte brutal a sectores estratégicos como salud, trabajo, vivienda, desarrollo social y educación. El recorte educativo, ha sido el principal detonante de las movilizaciones. 

Además, la reciente aprobación del proyecto de Ley de Escuelas Protegidas, con el que los títeres del imperialismo y el sionismo que gobiernan en Chile buscan establecer medidas de control, hipervigilancia y criminalización sobre los y las estudiantes, como la revisión de mochilas, restricciones en la vestimenta y distintas sanciones disciplinarias.

A esto se suma la megarreforma fiscal, una iniciativa que reduce el impuesto sobre la renta a las grandes empresas del 27% al 23%, financiando este privilegio a costa de los servicios públicos y los derechos sociales que el pueblo de Chile ha arrebatado con la lucha en las calles. Dentro de esta ofensiva salvaje -que sigue los pasos de su jefe de la internacional ultraderechista global, Donald Trump- Kast ha prometido expulsar del país a 330.000 inmigrantes.

Este ataque generalizado contra la clase trabajadora chilena no es casualidad. El Gobierno de Kast se inscribe en la ofensiva del imperialismo yanqui por recuperar el control de América Latina en su pugna con China y aplica la misma agenda contra los derechos democráticos y sociales que el resto de Gobiernos oligárquicos del continente, como vemos en las vecinas Bolivia y Argentina y otros países con presidentes de derecha y extrema derecha.

La memoria de 2019 sigue viva

Para entender la magnitud de las movilizaciones del 3 de junio es necesario mirar hacia atrás. Hace casi 7 años, el 18 de octubre de 2019, Chile vivió un auténtico estallido social, su mayor rebelión popular desde el fin de la dictadura.

Hoy, cuando las movilizaciones estudiantiles vuelven a tomar la Alameda, lo hacen con la misma e incluso más rabia acumulada y sosteniendo las demandas inconclusas de aquel octubre, como queda de manifiesto con la consigna “El único camino es el ejemplo de octubre”, impresa en volantes que se reparten en las calles.

El estallido social de 2019  no fue una protesta más, se trató de una insurrección donde uno de los símbolos más visible fue la Wenufoye, la bandera Mapuche, y ya no solo una estrella; millones de personas inundaron las calles con la consigna "No son 30 pesos, son 30 años", pero también gritaban fuerte y claro "No son 30 pesos, son 500 años", refiriéndose a la lucha antiimperialista y vinculándola con la resistencia histórica del pueblo mapuche y los pueblos originarios de Chile.

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El estallido social de 2019  no fue una protesta más, se trató de una insurrección que podría haber culminado con la tomar el poder por parte de las masas y abierto el camino hacia la transformación socialista de la sociedad. 

El levantamiento estudiantil contra la subida del transporte se extendió al conjunto de la clase obrera, transformándose en un movimiento insurreccional. Se crearon embriones de poder obrero y popular (asambleas, cabildos abiertos, etc.) y arrastró a amplios sectores de las capas medias, que giraron masivamente a la izquierda. Si los dirigentes del Partido Comunista Chileno, el Frente Amplio (FA) y la CUT (central sindical) hubiesen planteado la unificación de todas esas asambleas y cabildos en un asamblea revolucionaria habría sido posible tomar el poder.

Pero estos dirigentes aceptaron la estrategia diseñada por la burguesía y los dirigentes socialdemócratas del Partido Socialista de convocar una Asamblea Constituyente para frenar la lucha revolucionaria en las calles y desviarla al terreno parlamentario, desgastando a las masas y ganando tiempo para recomponer sus fuerzas.

Las masas hicieron todo lo que estaba en sus manos: votaron masivamente eliminar la Constitución y leyes procedentes de la dictadura, votaron masivamente para la Convención Constitucional a la izquierda y en las elecciones presidenciales de 2022 dieron un triunfo arrollador a Gabriel Boric, precisamente frente a Kast.

El mandato era claro: cumplir las reivindicaciones del levantamiento revolucionario de 2019, acabando con la privatización de la educación, la sanidad y las pensiones, elevando los niveles de vida, disolviendo a los carabineros, legalizando el derecho al aborto y otras reivindicaciones del movimiento feminista y LGTBI, reconociendo plenamente la lengua, cultura y derechos del pueblo mapuche y los demás pueblos originarios y restituyendo sus tierras.

Pero el Gobierno de coalición del FA de Boric con el PCCh y el PS hizo todo lo contrario: mantuvo en esencia las políticas privatizadoras y a favor del gran capital de los Gobiernos anteriores y la militarización los territorios mapuche, encarcelando incluso a varios de sus dirigentes; reforzó al cuerpo de carabineros, asumiendo el discurso de la derecha sobre más policía para “combatir la inseguridad” y hasta cedió a prejuicios contra la inmigración.

Todo ello asfaltó el camino a la victoria arrolladora del Trump chileno, que ganó en barrios y ciudades donde cuatro años antes había sido aplastado por Boric. Tras la debacle electoral los dirigentes de la izquierda institucional culparon a las masas, acusándolas de falta de conciencia, y vaticinaron que harían falta años para recuperar la movilización en las calles.

Como Milei en Argentina o Paz en Bolivia, Kast también creyó que tenía el camino libre para aplicar su agenda trumpista sin resistencia. Pero se ha encontrado una respuesta inmediata en la calle, una caída abrupta de su popularidad y la primera crisis en su Gabinete.

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La lucha estudiantil contra el ajuste chileno es el primer paso para derrotar a Kast. Hay que organizar inmediatamente un nuevo paro nacional y exigir a los dirigentes de la CUT la convocatoria de una huelga general de 24 horas. 

Continuar y extender la lucha. Por una huelga general de 24 horas

Fiel a su tradición de lucha antifascista, el proletariado chileno no ha aceptado esa derrota como definitiva y la juventud ha sido la primera en tomar las calles.

La lucha contra el ajuste que está protagonizando el movimiento estudiantil chileno es el primer paso para derrotar a Kast. La simpatía masiva que despierta la defensa de la educación pública y la indignación que han causado dentro y fuera de Chile la brutal represión y detenciones de estudiantes abren un escenario enormemente favorable para continuar e intensificar la movilización.

Hay que organizar inmediatamente un nuevo paro nacional educativo por la educación pública llamando a participar al conjunto de la clase obrera en las manifestaciones. Inseparable de ello hay que exigir a los dirigentes de la CUT la convocatoria de una huelga general de 24 horas contra todos los ataques, recortes y medidas reaccionarias del Plan de Reconstrucción Nacional como parte de un plan de lucha que mantenga y extienda la movilización hasta vencer.

Este es el camino para levantar un movimiento de masas como los que ya vemos en Bolivia y Argentina y echar a Kast y su Gobierno de oligarcas pinochetistas.

¡Por una huelga general de 24 horas para exigir la libertad inmediata de todos los detenidos, la retirada de la Ley de Escuelas Protegidas y del plan de Reconstrucción nacional!

¡Abajo Kast! Levantar un gran frente antifascista unificando las reivindicaciones estudiantiles, obreras, campesinas y de los movimientos sociales

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