Las elecciones en Gran Bretaña se han saldado con una impactante victoria de Boris Johnson y el Partido Conservador. Con 13.966.565 votos, el 43,6%, los tories han alcanzado una cómoda mayoría absoluta de 365 diputados, ganando 47 nuevos escaños respecto a las elecciones de 2017. A pesar de que el incremento de votos ha sido bastante limitado, tan solo 329.881 más (un 1,2%), la noticia del fuerte retroceso del Partido Laborista liderado por Jeremy Corbyn ha conmocionado las filas de la izquierda, de amplios sectores la clase obrera y la juventud británica, y de activistas en todo el mundo.

Comprender lo sucedido es una tarea de primer orden para preparar las futuras batallas de la lucha de clases que, inevitablemente, estallarán con fuerza bajo el mandato de este reaccionario chovinista. Y esto exige, sin duda, un examen serio de las causas de esta derrota, no solo para responder a las mentiras de la clase dominante y sus medios de comunicación —enfangados hasta el cuello en una sucia campaña de descalificaciones y calumnias contra el candidato laborista—, también para no caer en explicaciones superficiales que buscan ocultar la responsabilidad de Corbyn, de los dirigentes de Momentum y de las cúpulas sindicales en lo que ha sucedido. Solo sacando las lecciones políticas de estos acontecimientos, por amargas que sean, se podrá fortalecer y construir una alternativa capaz de superar la pesadilla de los Gobiernos tories.

Campaña de difamaciones… y algo más

La clave de estas elecciones ha sido la sangría de votos sufrida por Corbyn, que respecto a las elecciones de 2017 pierde 2.582.853, pasando del 40% al 32,2%. Los medios de comunicación burgueses han mentido descaradamente presentando este resultado como el peor desde 1935, pero en realidad Corbyn ha cosechado más de 10 millones de sufragios, por encima de lo que obtuvo Blair en su última victoria electoral en 2005, y mucho más del 29% logrado por Gordon Brown en 2010.

Numerosas explicaciones, muchas de ellas aportadas por organizaciones que se declaran marxistas, han situado la causa fundamental de estos resultados en la salvaje campaña de descrédito y mentiras ponzoñosas que la burguesía y sus medios de comunicación de masas han orquestado contra Corbyn. Las acusaciones rastreras de su supuesto antisemitismo han sido repetidas machaconamente en todos los foros, y amplificadas por el ala blairista del laborismo, que tampoco se ha recatado en sabotear su candidatura con declaraciones hostiles que llenaron las páginas de periódicos y numerosas tertulias en las televisiones.

Estas últimas se han esmerado en presentar a Corbyn como un “demonio rojo”, ávido de venganza contra los empresarios y responsable de la quiebra económica que sufriría Reino Unido de aplicarse su programa de “nacionalizaciones”. Es imposible negar la avalancha de ataques furiosos contra el candidato laborista que reflejaba, en última instancia, el pavor de la clase dominante ante su posible triunfo. Todo esto es muy cierto. Pero también debemos recordar que una campaña semejante se dio en 2017, y los resultados fueron diferentes con una gran remontada de Corbyn. Es evidente que la burguesía británica no iba a quedarse cruzada de brazos y permitir la aplicación de un programa que podría romper la agenda de recortes y austeridad trazada desde hace más de tres décadas. Lo que estaba en juego era mucho.

A lo que hay que responder es por qué la dirección laborista en manos de Corbyn no ha podido resistir esta presión, y cuáles han sido los motivos para que más de dos millones de votantes, mayoritariamente de la clase obrera, le hayan dado la espalda. En este sentido hay cuestiones importantes a plantear.

Primero. Cuál ha sido la actitud de Corbyn ante el Brexit y la campaña pro segundo referéndum, y cómo se posicionó frente al cierre del Parlamento británico el pasado mes de agosto.

Segundo. La clase obrera y la juventud británica viene sufriendo un vendaval de contrarreformas laborales, ataques salariales, extensión de la precariedad, deterioro del sistema público de la salud (NHS), privatización de la enseñanza universitaria, controles migratorios racistas, especulación desenfrenada de la vivienda, alquileres abusivos y crecimiento de la pobreza… Pero los sindicatos han mantenido una estrategia general de paz social y desmovilización. ¿Qué ha hecho Corbyn ante la política de la burocracia sindical?

Tercero. Miles de concejales y alcaldes laboristas diseminados por todo Reino Unido siguen aplicando políticas de recortes. ¿Cuál ha sido la postura de Corbyn?

Cuarto. En Escocia, el laborismo ha sido barrido en las urnas: conservan tan solo 1 escaño de los 59 en disputa. Es importante conocer cómo se ha posicionado el líder laborista ante el derecho a la autodeterminación del pueblo escocés y las aspiraciones independentistas crecientes.

El Brexit y la posición de Corbyn

No pocos “revolucionarios de salón” se quejan amargamente de lo malo que ha sido el debate del Brexit para la clase obrera. Protestan desde sus ordenadores por la “polarización” en torno a esta cuestión, que ha “dividido” a la sociedad británica no en líneas de clases sino bajo “argumentos reaccionarios” creando una bruma de confusión y despiste que ha sido aprovechada por Johnson. Argumentos que recuerdan a los que utilizan en el Estado español los dirigentes de Unidas Podemos cuando se lamentan del estallido de la cuestión nacional catalana, y suspiran por los buenos viejos tiempos en que no eran molestados con estos asuntos.

La dinámica de la lucha de clases pocas veces responde a los esquemas de los doctrinarios y los oportunistas. Es cierto que el Brexit se originó como una maniobra de la clase dominante británica para buscar una salida a la grave crisis económica y política del momento, y escurrir así el bulto de sus responsabilidades agitando la bandera del chovinismo. Pero el resultado del referéndum del Brexit también reflejó el hartazgo de los trabajadores con las medidas de austeridad y recortes de la élite capitalista europea, convirtiéndose en un aldabonazo para romper con un statu quo completamente desfavorable para los intereses de los oprimidos.

Algunos “teóricos marxistas” afirmaron que después del referéndum se viviría una bacanal reaccionaria en Gran Bretaña. Pero lo que realmente se produjo fue una dura división de la burguesía, la crisis institucional más grave de la historia reciente, y una lucha interna sin precedentes dentro del partido tory y del laborismo. Precisamente en este periodo asistimos a la irrupción de Corbyn y su triunfo arrollador frente a los candidatos del aparato blairista. Todo ello confirmaba la enorme polarización social y política que carcome a Gran Bretaña, y el giro a la izquierda de amplios sectores de las masas.

La afiliación de cientos de miles de jóvenes y trabajadores al laborismo —si bien es cierto que una parte muy considerable no ha participado en la vida interna del partido— se desató tras la primera elección de Corbyn como líder del partido el 12 de septiembre de 2015, y apuntaló su segunda reelección el 24 de septiembre de 2016, cuando obtuvo el apoyo del 61,8% de los militantes derrotando al candidato blairista Owen Smith. El referéndum del Brexit se celebró exactamente el 23 de junio de 2016, es decir, entre la irrupción de Corbyn y su reelección. Así que todas las condiciones estaban dadas para que el laborismo de izquierdas aprovechase las condiciones creadas por el Brexit.

Sin embargo, en lugar de defender beligerantemente la ruptura con la UE del gran capital levantando una alternativa socialista, en lugar de confrontar con los poderes económicos de dentro y fuera de Gran Bretaña a través de la movilización independiente de la clase obrera, empezando por impulsar un cambio de 180 grados en la política de los sindicatos, Corbyn cedió ante las posiciones de los blairistas alineándose con la petición de un segundo referéndum.

Esta fue una política desastrosa que se profundizó en estos dos años. Los trabajadores con su voto en el referéndum abrieron una brecha que podía haber sido llenada de contenido clasista y socialista, pero los dirigentes de Momentum –muchos de ellos pequeño burgueses embriagados de prejuicios europeístas– dejaron el campo libre para que Johnson pudiera desplegar su demagogia acusando a Corbyn de no respetar la voluntad popular.

Cuando la crisis del Brexit alcanzó su cenit el pasado 28 de agosto, fecha en que Boris Johnson decidió cerrar el Parlamento británico, la actuación errática de Corbyn y su equipo tuvo también consecuencias muy negativas. Su planteamiento de un Gobierno “sensato” de unidad nacional con los conservadores pro UE y los liberales para frenar el Brexit solo benefició al Gobierno tory. Corbyn recurrió a maniobras parlamentarias con representantes del establishment, en lugar de promover la lucha independiente de la clase obrera y exigir a los sindicatos una acción huelguística decidida contra la deriva autoritaria de Johnson.

La derrota de los laboristas se ha saldado con fuga de votos en todas las direcciones pero, sin duda, destaca su retroceso en zonas obreras que tradicionalmente votaban a laborismo, la llamada “muralla roja”, circunscripciones del Norte de Inglaterra y de Gales, entre otras. En áreas donde el voto por el Brexit fue mayoritario, superior al 60%, los laboristas retroceden de media un 10%, llegando la caída en algunas circunscripciones al 16% e incluso al 24%. El gráfico siguiente es significativo.

 

 

Circunscripción % votos a favor del Brexit % de variación votos Partido Labor. % de variación votos Partido Conser. % de variación de votos Partido del Brexit
Bassetlaw 67,80% -24,90% 11,90% 10,60%
Redcar 66,20% -18,10% 12,80% 7,10%
Don Valley 69% -17,80% 1,40% 13,70%
Sedgefield 57,50% -17,10% 8,40% 8,50%
Rotter Valley 67,90% -16% 4,80% 12,90%
Bolsover 70,80% -16% 6,90% 9%
Blyth Valley 53,40% -15% 5,40% 8,30%
Stoke-on Trent North 69,40% -14,30% 7% 5,90%
Newcastle-under-Lyme 63% -12,30% 4,40% 4,30%
Workington 58,60% -11,90% 7,50% 4,20%
Birmingham Northfield 50,40% -10,70% 3,60% 3,80%

 

Obviamente, la burguesía utiliza todo tipo de estrategias para diluir y esconder los aspectos de clase y dividir a la clase obrera. Esto es ABC. Por eso mismo culpar al Brexit, o aquí en el Estado español a la cuestión nacional catalana, de los retrocesos electorales de Corbyn o de Podemos, resulta ridículo. El punto central es qué estrategia política es necesaria de cara a revertir esta situación y combatir la demagogia y los planes de la burguesía. El Brexit ha sido un factor central en estas elecciones. Sin embargo, eso no implicaba que tuviera necesariamente que perjudicar a Corbyn. Su posición en este asunto crucial ha contribuido a esta derrota electoral despejando el camino a los conservadores.

Corbyn y la lucha de clases

Si algo han demostrado estas elecciones es que no basta solo con discursos y un programa escrito, sino que es necesario que las palabras se correspondan con los hechos. El programa de Corbyn y del laborismo en estas elecciones, sin duda el más a la izquierda en décadas, contaba con un amplio apoyo social según muchas encuestas, pero la acción política práctica de Corbyn durante estos meses ha ido en la dirección opuesta, restándole credibilidad.

La idea difundida desde los medios de comunicación de la burguesía, y desde sectores de la izquierda reformista, de que la derrota laborista es fruto de este programa radical no se corresponde con la realidad. ¿Cómo explicar si no los resultados históricos de Corbyn en 2017, con casi 13 millones de votos, con un programa del mismo tipo?

En muchas ciudades de Inglaterra y Gales, cientos de ayuntamientos laboristas siguen dominados por el ala blairista y mantienen las políticas de austeridad y ataques a los servicios públicos, siguiendo la misma estela que los ayuntamientos conservadores. El propio Boris Johnson se ha hecho eco de esta situación, señalando demagógicamente durante la campaña que también los laboristas hacen recortes, al tiempo que prometía más inversiones para el NHS.

Los laboristas de derechas han boicoteado activamente la campaña de Corbyn, le han denunciado en todo foro que han podido, incluso han pedido que no se le vote en vallas y anuncios pagados. Sin embargo, la pregunta es: ¿qué ha hecho Corbyn durante estos cuatro años al respecto? ¿Por qué no ha denunciado pública y abiertamente las políticas de recortes de los ayuntamientos laboristas? ¿Por qué no se ha apoyado en la base del partido para abrir un nuevo proceso de reselección de estos concejales para sustituirlos por militantes combativos antiausteridad? ¿Por qué no se ha basado en la organización y movilización de los trabajadores y la juventud, rompiendo la política de paz social de la burocracia sindical, para impulsar en los hechos el giro a la izquierda que predicaba de palabra?

Este último aspecto es sin duda decisivo. Las elecciones burguesas son un aspecto más de la lucha de clases, y no es el terreno más favorable para los trabajadores y sus organizaciones. De ahí la importancia de apoyar la actividad electoral con la movilización en las calles, las huelgas, la organización consciente de las y los trabajadores.

Las poderosas palancas que tiene a su disposición la burguesía (los medios de comunicación, el aparato del Estado, los dirigentes reformistas y la burocracia sindical…) solo pueden ser contrarrestadas mediante la lucha de clases. Tras la crisis constitucional de septiembre, Corbyn, en vez de basarse en la movilización exigiendo la convocatoria de una huelga general a los dirigentes del TUC y promoviéndola efectivamente, decidió apostarlo todo a los cauces parlamentarios, institucionales y electorales, para que el Gobierno cayera como fruta madura en sus manos. Pero las cosas no son tan sencillas, ¡y menos en estos tiempos de gran convulsión y volatilidad!

La falta desde hace bastante tiempo de movilizaciones masivas unificadas de los trabajadores contra la política de los conservadores —no huelgas sectoriales defensivas y separadas una de otras, sino grandes demostraciones que se conviertan en el eje de la política nacional (como ahora, por ejemplo, sucede con la huelga general en Francia)— ha sido decisiva para la supervivencia de los diversos Gobiernos conservadores. Y esto es la consecuencia directa de la pasividad de las TUC y de la burocracia sindical —tanto de derechas como de sectores que se arropan con un lenguaje más izquierdista y “apoyan” a Corbyn—.

Todos los factores anteriormente mencionados explican por qué la crisis de los tories, la más aguda en 150 años, no se ha resuelto en beneficio de la clase trabajadora ni del laborismo. Fenómenos semejantes los encontramos frecuentemente en la historia de la lucha de clases. Sin duda, las circunstancias objetivas para una victoria de Corbyn han estado presentes durante estos últimos cuatro años, pero los errores en política se pagan, y a veces muy caro.

Escocia e Irlanda del Norte

Uno de los grandes vencedores de estas elecciones ha sido el SNP (Partido Nacional Escocés), que obtiene 264.803 votos más que en 2017, 1.242.372 votos (el 3,9% de los votos totales), y 48 de los 59 diputados en disputa en Escocia.

Escocia era hace décadas un feudo del laborismo y muchos de sus diputados se alineaban con la izquierda del partido. Sin embargo, décadas de ataques brutales contra las conquistas históricas de la clase obrera y de ofensiva furiosa contra los servicios públicos, tanto bajo Gobiernos blairistas como conservadores, han creado las condiciones para el recrudecimiento de la cuestión nacional y el avance del independentismo escocés.

Esto fue lo que se verificó en el referéndum de independencia celebrado el 18 de septiembre de 2014. El Partido Laborista fue uno de los pilares de la campaña por el NO uniendo sus fuerzas a la de los conservadores, pero la victoria de este bloque fue pírrica. La negativa del laborismo a la independencia ha sido vista por amplios sectores de la clase obrera y la juventud como un golpe a sus aspiraciones de liberación nacional y social. Pero aquí la cosa se complica aún más, porque la dirección del SNP, que ha salido muy beneficiada de estos comicios, se ha opuesto al Brexit y liga la independencia a la permanencia en la UE.

En lugar de defender con claridad el derecho a la autodeterminación y luchar por una Escocia socialista, la política de Corbyn se ha manifestado en una oposición abierta a la celebración de un nuevo referéndum de independencia. Alineándose con el unionismo británico, el laborismo ha cosechado el peor resultado en Escocia de toda su historia, 511.838 votos (18,6%). En una década, el Partido Laborista ha perdido al 50% de su electorado.

Escocia, donde el voto por la permanencia en la UE fue mayoritario, será uno de los conflictos centrales para el Gobierno conservador de Johnson. Las tensiones en torno a la cuestión nacional son otro reflejo de la profunda crisis que padece el capitalismo británico.

Finalmente, por primera vez en unas elecciones generales en Irlanda del Norte, la suma de las candidaturas favorables a la permanencia en la Unión Europea ganan (Sinn Féin y del Partido Socialdemócrata Laborista), mientras los unionistas del DUP, tradicional aliado de los tories, pierden 48.188 votos y un diputado.

Un periodo de inestabilidad y batallas decisivas

A pesar de los resultados electorales, el Gobierno de Boris Johnson y el Partido Conservador van a seguir atravesados de contradicciones y se enfrentan a un contexto general de crisis que poco ha cambiado. El capitalismo británico, igual que el sistema a escala mundial, atraviesa una etapa de decadencia y convulsiones, donde prima una completa volatilidad. Una situación a la que se viene a añadir ahora la perspectiva de la desaceleración económica que puede transformarse en cualquier momento en una situación abierta de recesión.

Lo primero que tendrá que enfrentar Boris Johnson es la propia gestión del Brexit, su ejecución en los próximos meses, mientras no se han despejado muchos de los interrogantes sobre cómo hacerlo y sobre sus efectos en la economía. Como hemos explicado en otros artículos, el Brexit es otra cara de la guerra comercial y de la lucha feroz entre las distintas potencias imperialistas por el control y la hegemonía del mercado mundial.

Trump ha salido rápidamente a felicitar a Johnson, planteando la necesidad de que Gran Bretaña haga efectivo el Brexit de cara a alinearse con el imperialismo estadounidense, y una parte significativa de la burguesía británica también es favorable a esta alternativa. Sin embargo, el Tratado de Libre Comercio con EEUU puede acelerar las contradicciones y atizar la lucha de clases al poner encima de la mesa una nueva oleada de privatizaciones y desregulación laboral. La amenaza de desmantelamiento del NHS, la sanidad pública, en beneficio de poderosas empresas privadas norteamericanas y británicas, que ya cuentan con planes muy avanzados, desataría sin duda una guerra abierta y movilizaciones mucho más masivas y duras de las que ya se han producido en estos años.

El Gobierno reaccionario de Johnson supondrá una escuela amarga para la clase obrera y la juventud. La burguesía, tanto la favorable como la más contraria al Brexit, necesita continuar con sus políticas de austeridad, y más ante una perspectiva de recesión económica. Ninguno de los problemas que están detrás del caos que vive Gran Bretaña, el crecimiento exponencial de la pobreza y la desigualdad, la enorme precariedad laboral, la degradación de los servicios públicos, va a resolverse o atenuarse bajo este Gobierno.

La renuncia de Corbyn y de algunos de sus colaboradores más cercanos también representa un golpe para miles de jóvenes y activistas que se encuentran en estos momentos desmoralizados y desilusionados. Sería un error sacar la conclusión de que no hay posibilidades para levantar una alternativa de izquierdas que enfrente a los tories y los blairistas. ¡Es justo lo contrario! Lo que se necesita es acabar con las vacilaciones y la ambigüedad, y adoptar la misma determinación que nuestros adversarios para conquistar la victoria.

La lucha de clases dará grandes oportunidades a los marxistas revolucionarios en el Reino Unido, pero ante todo es necesario comprender lo ocurrido para agrupar a miles de luchadores, muchos de ellos en las filas del laborismo de izquierda, en los sindicatos, en los movimientos de la juventud… y avanzar en la construcción de un partido de los trabajadores que sí rompa con la lógica del capitalismo y no ceda ante las presiones de clases ajenas por muy fuertes que estas sean.

 

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