Uno de los últimos hitos de lo anteriormente indicado son las masivas protestas vividas las últimas semanas en Bosnia, en respuesta a la cada vez más complicada situación económica y social que vive su población: un paro real que supera el 40%, uno de cada cinco habitantes viviendo en la pobreza, un salario medio de 425 euros mensuales, que no alcanza ni a la mitad de lo necesario para sobrevivir,...  Unas protestas que han unido en el descontento a todos los grupos nacionales por primera vez desde el fin de la guerra de los Balcanes. 
El origen de esta crisis hay que buscarlo al final de esa misma guerra en 1995, cuando se inició el desmantelamiento de todo el sector productivo, privatizando las grandes empresas de la época yugoslava que fueron entregadas a precio de saldo a magnates capitalistas que, bien directamente, desguazaron y sacaron de ellas lo que pudieron, o bien las han reducido a su mínima expresión, manteniendo a los trabajadores sin cobrar durante meses. Ese es el caso de la fábrica Dita, situada en la antiguamente poderosa zona industrial de Tuzla, dedicada a producir detergentes y donde ha surgido la llama que ha incendiado la situación en todo el territorio. Los 110 trabajadores de esta empresa llevan 28 meses sin cobrar y 50 meses sin que el propietario, un millonario de Sarajevo que busca cerrar la fábrica para recalificar los terrenos y dar un pelotazo urbanístico, pague las contribuciones a las pensiones y el seguro médico. Los trabajadores han ocupado la empresa para evitar que dicho “emprendedor” se lleve las pocas cosas que puedan quedar de valor. No es una situación aislada sino que es lo habitual, no sólo en la propia Tuzla donde la industria se está dejando caer fábrica tras fábrica, sino en todo el Estado bosnio.
En Tuzla fue donde se iniciaron las protestas a partir de una manifestación de trabajadores de varias fábricas contra el gobierno cantonal al que acusaban de no hacer nada para impedir el cierre de empresas privatizadas. Tras dos jornadas de protestas que dejaron decenas de heridos y detenidos en duros enfrentamientos con la policía, el viernes 7 de febrero los enfrentamientos se trasladaron a otras 33 ciudades bosnias incluyendo la capital, Sarajevo, que registró durísimos choques entre manifestantes y antidisturbios, con un intento incluido de asalto al gobierno cantonal y ataques a sedes gubernamentales que también se produjeron en Bihac y Zenica. Las propias autoridades tuvieron que rectificar sus declaraciones iniciales en las que calificaron a los manifestantes de alborotadores y hooligans, el propio jefe de turno de la terna presidencial de Bosnia-Herzegovina, el croata Zeljko Komsic, tuvo que  reconocer la gravedad de la situación social y económica. Al tiempo Sabic Kopic, uno de los principales líderes sindicales de las industrias cerradas, calificó las protestas como “el inicio de la primavera bosnia”, aludiendo a la “primavera árabe”.

El capitalismo y su fracaso ante la cuestión nacional

Evidentemente, la situación se complica todavía más ante el difícil entramado institucional producto de la división interna entre bosnios, croatas y serbios, producida por la intervención que los imperialismos alemán y estadounidense llevaron a cabo en los Balcanes tras la caída de la Unión Soviética y que cristalizó en las guerras que asolaron la antigua Yugoslavia durante toda la década de los años 90. Aunque Bosnia pudo conformarse como un teórico estado independiente por primera vez en 1996, esa independencia no pudo ser más formal dado su sometimiento a las potencias imperialistas y a los enfrentamientos internos entre las diferentes nacionalidades. Bosnia, como también Kosovo, o la misma Ucrania muestran como bajo el capitalismo es imposible dar una resolución a los problemas nacionales, y más bien al contrario, estos problemas se enquistan y reproducen cada vez con una mayor virulencia. De hecho, durante estas protestas en Bosnia las diferentes autoridades tanto serbias como bosnio-croatas han intentado derivar la situación hacia un conflicto nacional culpando a las otras entidades de desestabilizar a la suya propia. Maniobras en las que han intervenido también los gobiernos de Croacia (con visita del primer ministro a Herzegovina) y Serbia (cuyo viceprimer ministro se reunió en Sarajevo con varios líderes serbobosnios).
El cada vez más evidente fracaso capitalista en Europa del Este sitúa en primera línea la necesidad de ofrecer una alternativa socialista que pueda revertir el actual estado de cosas. Aunque de forma tortuosa, no siempre en línea recta y lastrados por la falta de direcciones políticas y sindicales en la izquierda que estén a la altura de las circunstancias, la clase trabajadora de estos países empieza a recorrer a través de estas luchas el principio de ese camino que les permitirá sin duda, con el tiempo, recuperar la senda del verdadero socialismo.


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